Prensa
La izquierda no es un lugar común
A contracorriente: pensamiento alternativo vs. imbecilización monocorde y fascista.[i]
Por: Dmitri Prieto Samsónov
(investigador, coordinador de la Cátedra Haydée Santamaría).
“...si nada cambia, la tautología de la industria cultural turbinada omnipresente apunta hacia una imbecilización monocorde y fascista de la especie. Creo que vivimos los inicios de esta nueva fase y ya podemos identificar sus rimeros signos, del sampler a los reality shows. Es lógico que, al freír los huevos, muerto el sapo, aparezca el escorpión. Pero, ¿cuánto tiempo va a demorar para que aparezca, y qué quedará además de los chillidos cacofónicos de cucarachas kafkianas, y un pesado silencio entre un chillido y otro? Folclore.”[ii]
Quizás haya que corregir al notable historiador inglés de izquierdas Eric Hobsbawm, para quien el XX era un siglo “corto”, pues en materia de historia realmente importante su cronología cabría compactamente entre 1917 y 1991. Pero desde OTRA perspectiva de izquierda, convendría concebir un siglo más largo, aunque también premuerto respecto a su fecha oficial de defunción: comenzaría en la primavera de 1871, con la Comuna de París, y terminaría el 31 de diciembre del 1993, justo antes del alzamiento zapatista en México. Me explico: para Hobsbawm resultaban más importante la configuración y dinámica macro del sistema mundial, incluyendo las dos guerras mundiales, la llamada guerra fría y un abanico de revoluciones en cuatro continentes. Para nosotros, el peso de la máxima significación recae en la historia de la institucionalidad política de las izquierdas: las propuestas de sistemas alternativos, la organización de los sujetos populares, las continuidades y rupturas en los proyectos democráticos. El último tercio del siglo XIX marcó la entrada de las izquierdas en la “gran política”, que definió las conductas de los luchadores por la justicia social en el siglo XX. La vía reformista y la revolucionaria al poder estatal, concebido éste como un Santo Grial, se fueron consolidando; cada modelo implicó un consenso sobre sus prácticas de poder.
Después del 9 de mayo de 1945 el stalinismo se impuso en más de un país, por lo cual para miles de seres humanos salvados de un holocausto la victoria aliada en Europa sólo anunció el comienzo de otro. Reflexionemos sobre cómo valoraría un anarquista o un trotskista los resultados de la II Guerra Mundial. Lo que para un “compañero de viaje” social-demócrata o comunista-stalinista vendría siendo una victoria epocal contra la reacción capitalista, para un izquierdista alternativo fue necesariamente una señal de agotamiento de la diversidad y de imposición a escala mundial de un número bien corto de modelos – con el predominio hegemónico de la burguesía monopolista y de “degeneraciones” aclamadas en calidad de pretendidos socialismos. La pluralidad de propuestas de las izquierdas es derrotada en 1945, y los diversos movimientos llegan a subordinarse a los centros hegemónicos, desde donde es capitalizado el debate; los mismos modelos fueron usados como referente en las periferias del sistema-mundo. Los espacios de encuentro se redujeron a aquellos disponibles para los líderes y académicos, quedando la gran mayoría de los seres humanos de a pie aislados de la reflexión sobre su propia emancipación (excepto en momentos muy especiales, como 1968 y 1989). La recuperación del cuestionamiento institucional engendra orgánicamente la necesidad de espacios de encuentro de ideas diversas – a contracorriente de las ideas hegemónicas que estructuran el poder, el saber y el deseo. Por ello, de buena fe se puede afirmar que en el horizonte estratégico inmediato de la izquierda está el rescate de la pluralidad en su pensamiento. En Cuba, un esfuerzo válido en este sentido lo constituye el Concurso Internacional de Ensayo “Pensar a Contracorriente”; acaba de publicarse una selección de los trabajos presentados en su primera convocatoria[iii].
“Los desafíos comienzan en casa, pero van más allá porque al estar organizadas están cuestionando una serie de elementos que tienen que ver directamente con el poder, el de los hombres sobre las mujeres y el del gobierno sobre los pueblos” – escribe la mexicana Silvia Soriano, dando testimonio del valor de la institucionalidad alternativa, en su ensayo sobre la resistencia de las mujeres indígenas en Guatemala y Chiapas[iv] - probablemente el trabajo más atípico del libro. “Existe una gran distancia aún entre los intelectuales que se consideran de izquierda, revolucionarios, y los movimientos populares” – testimonia Claudia Korol, de Argentina, en el texto sobre las luchas de los petroleros desocupados en su país[v]. El nuevo siglo de las izquierdas ha comenzado, los paradigmas se rompen y las alternativas son construidas desde abajo.
Los análisis teóricos más enjundiosos del libro son, en mi criterio, el aportado por Ulrich Brand (Alemania), quien propone lo que pudiera ser una teoría crítica de las relaciones internacionales –lamentablemente, presuponiendo el conocimiento por el lector de un gran número de fuentes y concepciones de difícil acceso en Cuba- y el de Marco Schneider (Brasil), sobre la sociogénesis del capital mediático a través de la música. En ambos trabajos se desarrollan complejos aparatos conceptuales, potencialmente útiles para investigaciones empíricas de los respectivos temas en contextos diversos. Es de reconocer que, particularmente en Cuba, encontramos pocos estudios en las referidas áreas con semejante nivel de análisis, lo cual es otra prueba de que son oportunos y necesarios. El polémico tema del Estado-Nación es abordado en los textos de los argentinos Fernanda Beigel y Eduardo Grüner[vi]. El cubano Aurelio Alonso desarrolla, con énfasis en la economía y una óptica eminentemente crítica, un conjunto de tópicos que prevén varios scenarios para el desarrollo del orden mundial, en sus “Notas sobre la hegemonía, los mitos y las alternativas al orden neoliberal”. El trabajo brinda, además, una postura coherente sobre la problemática de las experiencias socialistas del XX.
Temas históricos fueron abordados por Jesús Arboleya (Cuba), Antonio Cuesta (España) y Roque Morgan (Argentina), quienes versaron sobre el proceso revolucionario cubano, la historia y cultura del País Vasco, y los militares latinoamericanos, respectivamente. Las contribuciones de Alejandro Moreano (Cuba), sobre la resistencia iraquí, de Luciano Vasapollo (Italia), sobre la Unión Europea, y de Alejandro Landaeta (Venezuela), sobre las condiciones de posibilidad de la emancipación de países periféricos, exponen apreciaciones acerca del contexto político mundial de estos tiempos. El texto “La utopía sostenible”, del cubano Gerardo Ortega considera los problemas de la construcción socialista y aporta la noción –muy interesante y necesaria, en mi criterio- de la propiedad compartida.
Es evidente que los trabajos presentados en el libro no constituyen una muestra representativa del pensamiento contemporáneo de izquierda: son obvios sus múltiples sesgos geográficos, lingüísticos, políticos, culturales. Pero es interesante señalar algunos territorios que permanecieron fuera del alcance de los autores. Primero que todo, se nota una total ausencia de reflexión coherente sobre el fenómeno del llamado “socialismo real”: el conjunto de paradigmas de la construcción del socialismo, implementados en los países que se deslizaron hacia el capitalismo en 1989-1991. El trabajo de Aurelio Alonso es el único que aporta algunas consideraciones críticas interesantes, aún cuando no las desarrolla a profundidad. Es lamentable que a 15 años del “derrumbe” la apropiación teórica de esa zona –ciertamente desagradable- de la historia de la emancipación humana se reduzca entre los concursantes contracorrientes a unas cuantas frases hechas, por lo demás carentes de originalidad y similares en su mayoría a los vagos e insuficientes estereotipos que manejan los doxósofos liberales y/o “socialistas” dogmáticos. Se trata, a mi modo de ver, de un olvido extremadamente peligroso. Recordemos la recurrente alusión de Fernando Martínez Heredia –prologuista del libro- a la urgencia de elaborar en el pensamiento socialista una teoría de la dominación, en especial de aquella a la que se enfrentaron en el siglo XX los habitantes del enorme triángulo centronororiental de Eurasia.
Otra carencia, de cuyo imperio absoluto el libro es salvado por el artículo de Silvia Soriano, es la falta de trabajos que abordan las problemáticas sociales desde un enfoque micro. Tal ausencia denota el gusto –necesario y nada perjudicial- por los análisis a grandes escalas, por cuestiones de las grandes políticas y las grandes economías. Pero si se trata de un pensamiento de combate – de luchas por la liberación de hombres, mujeres y niños de carne y hueso-, entonces debemos pensar (1) en cómo esas personas viven los macroprocesos sociales, y (2) en cómo ellas mismas se constituyen en sujetos concretos de su liberación. El protagonismo constituye y configura la emancipación; el exceso de mediaciones puede traer su constreñimiento en la práctica[vii] - y en la teoría, el temor de chocar con la realidad tangible, sustituyendo ese encuentro por el ejercicio consciente de una confortable navegación de alturas. Recordemos la oncena tesis sobre Feuerbach. Desdeñar el acercamiento micro y el contacto con la praxis vital del sujeto, puede implicar el peligro de caer en la trampa de la abstracción – y ya Bakunin dijo bien claro lo que pasaba en tales casos[viii].
Sólo resta saludar la publicación de “Pensar a contracorriente” y desear que se convierta en un título de referencia obligada para los cubanos (e hispanohablantes en general) que piensan críticamente la liberación[ix]. Alvin y Heidi Toffler escribieron hace más de una década: “la cuestión política fundamental no es quién domina en los últimos días de la sociedad industrializada, sino quién configura la nueva civilización que surge...”[x]. Este emplazamiento desde las derechas debe encontrar respuesta entre las izquierdas. Esperamos que las próximas ediciones del concurso aporten nuevas ideas. El pensamiento consecuente, reacio a ser monopolio, inconforme pero exento de falsos optimismos, es la única forma de saldar las deudas con nuestros muertos. El pensamiento de izquierda vale algo sólo si fecunda y concibe seres que son y se piensan libres, que llenan de vida su trozo de universo porque comparten solidariamente su libertad. Porque una izquierda que no es peligrosa para el poder no merece ser izquierda.
Notas
[i] P. 107. En esta y las demás citas, los números se refieren a las páginas del libro Pensar a contracorriente, de la Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2005. El libro, de 412 páginas, contiene 14 ensayos de autores provenientes de América y Europa.
[ii] P. 107.
[iii] No es objetivo de la presente reseña cuestionar el fallo del jurado.
[iv] P. 289. “Ese es el riesgo que corre cualquier poder, que hables, que cuestiones, que digas tu palabra.” Y: “Ellas se encontraron a sí mismas en la organización y solo entonces fueron capaces de valorarse y construirse. Ya tuvimos la experiencia y hay que luchar para que esto cambie.” Pp. 298 y 190.
[v] También: “La ausencia de cualquier consideración hacia los pueblos ha tenido como contrapartida la creación de una cultura de la autonomía”. Pp. 44 y 50.
[vi] Quienes, además, plantean: “Ya es hora de salir de la obsesión heterodoxa, pues constituye una forma de reconocimiento de la ortodoxia el seguir mirándose en su espejo –aunque sea para invertirlo- y es todavía un empobrecimiento mayor del marxismo procurar encontrar un único sujeto revolucionario, depositario de ´verdad revelada´ ” (p. 174), y: “lo que necesitamos es, más que nunca, un pensamiento fuerte, que vuelva a introducir en nuestros textos esa materia que la cultura del sistema-mundo pretende volatilizar” (p. 224).
[vii] Es grande, sin dudas, la utilidad de los grandes análisis, pero queda irredenta la cuestión del “¿cómo?”. Falta en la mayoría de los casos el know how que convertiría en pensamiento en praxis contestataria. Ésta, obviamente, no se puede reducir a las manifestaciones, performances y coreos de consignas. La emancipación incluye la subversión de la tradicional dicotomía liberal de experto – decisor, convirtiéndose los sujetos al mismo tiempo en detentores del saber y en actores inmediatos de las prácticas liberadoras.
[viii] “Quien ha decidido vivir en la abstracción, en la abstracción morirá”. La historia del siglo XX confirmó maravillosamente esos temores del gran luchador libertario ruso.
[ix] Queda un señalamiento crítico: lamentablemente, la presentación estética del libro es aburrida, como nunca debe ser el pensamiento contestatario, y los artículos de autores que escriben en otros idiomas presentan serios problemas en su traducción y edición.
[x] Toffler, A. y H. La creación de una nueva civilización. La política de la tercera ola. Plaza & Janés, Barcelona, 1995, p. 29.
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