POESÍA CUENTO NOVELA TEATRO
IMPACTO

 

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(...) Beba desde el fondo avanza hacia un primer plano.
BEBA. (Como el padre.) Lalo, ¿qué has estado haciendo? ¿Y esa cara? ¿Por qué me miras así? Dime, ¿con quién anduviste? ¿Y esos cuchillos? ¿Qué vas a hacer? Responde. ¿Te has tragado la lengua? ¿Por qué has llegado tarde?
LALO. (Como un adolescente.) Papá, unos amigos...
BEBA. (Como el padre.) Dame acá. (Le quita violentamente los cuchillos.) Siempre con porquerías. (Probando el filo de un cuchillo.) Corta, ¿eh? ¿Vas a matar a alguien? Dime, respóndeme. No te quedes ahí como un pazjuato. ¿Tú te has creído que te gobiernas? ¿Crees que voy a dejar que te gobiernes? ¿Crees que no tienes que pedirme permiso para nada? No te he repetido una y mil veces que éstas no son horas de andar por ahí. (Lo abofetea.) ¿Cuándo aprenderás a obedecer? ¿Cuándo...? ¡Ya ningún tipo de amenaza te detiene! ¿Entrarás por el aro, sí o no? ¿No ves a tu madre sufriendo, con el corazón en la boca? ¿Quieres, dime, matarnos de sufrimientos? ¿Qué te propones... No tienes consideración conmigo . No sigas haciendo muecas. (Lo empuja hacia una silla.) Siéntate ahí. ¿Quieres probar otra vez el cuarto oscuro? (Lalo hace algún gesto.) No me contestes. ¡Esta falta de respeto! Yo que te lo he dado todo. Mal hijo. Mala entraña. Yo, que me sacrifico... Y eso que algunas veces tu madre me echa en cara que salgo con los amigos y con las compañeras de trabajo. Más de un negocio me ha salido mal por ti, por ustedes... No estás viendo los sacrificios. Treinta años... Treinta años detrás de un buró, en el Ministerio, comiéndome los hígados con los jefes, pasando mil necesidades... No tengo un traje, no tengo un par de zapatos de salir... para que ahora nos pagues de esta manera. Treinta años, que no es cosa de juego. Treinta años soñando, para que ahora el hijo salga un vago, un mataperro... Que no quiere trabajar, que no quiere estudiar... Dime, ¿qué es lo que quieres? ¿Qué has estado haciendo?
LALO. (Tembloroso.) Estuvimos leyendo...
BEBA. (Como el Padre.) ¿Leyendo, qué? ¿Leyendo? ¿Cómo leyendo?
LALO. (Cabizbajo.) Una revista de aventuras, papá.
Cuca avanza desde el fondo segura, con malvada intención, hacia el primer plano. Beba va hacia el fondo.
CUCA. (Como la madre.) Revistas. Revistas. Revistas. Eso es mentira. Inventa otra. Di la verdad. (Beba, como el padre, se acerca de una manera agresiva a Lalo.) No, Alberto, no le pegues. (A Lalo, en otro tono.) Me alegro que esto te haya pasado. Me alegro, me alegro. (En otro tono.) ¿Dónde está el dinero que tenía escondido en el aparador? (Escena muda de Lalo.) ¿Lo cogiste? ¿Lo gastaste? ¿Lo perdiste? (Con odio.) Ladrón. Eres un canalla. Eres un sinvergüenza. (Con lágrimas en los ojos.) Se lo diré a tu padre. No, no me digas nada. (Escena muda de Lalo.) Es una desgracia. (En otro tono.) Te matará, si lo sabe. (En otro tono.) Ay, Virgen Santísima, ¿qué habré hecho yo para que me castigues así? (Furiosa, a Lalo.) A ver, dame el dinero. (Escena muda de Lalo.) Suéltalo o llamo a la policía... (Registra los bolsillos de Lalo, que está completamente anonadado. Gritando.) Ladrón. Mil veces ladrón. Se lo diré a tu padre. Debía golpearte. Arrastrarte. Meterte en un Reformatorio. (Lalo está de espaldas al público.)
BEBA. (Desde el fondo, como una niña.) Mamá, mamá, ¿esto es un elefante?
LALO. (Como el padre.) Beba, ven acá, enséñame las manos. (Beba avanza hacia el primer plano. Le enseña las manos.) Esas uñas hay que cortarlas... ¿Cuándo dejarás de ser tan... ? (A Cuca.) Dame acá unas tijeras, mujer. (Cuca se acerca a Lalo y le secretea al oído.) ¿Cómo? ¿Qué me dices? ... ¿Es cierto eso? ¿Y Lalo ...? ¿Dónde se ha metido? ... (Cuca y Lalo miran a Beba con malvada intención.) ¿Es cierto lo que dice tu madre? Confiesa, anda. Confiesa o...¿Así que te has levantado el vestido y le has enseñado los pantalones a un montón de mataperros? ¿Será posible? (Escena muda de Beba.) Eres sucia. (Cuca, como la madre, se sonríe.) Te voy a... (Entre Lalo y Cuca acorralan a Beba.) Serás una cualquiera, pero no mientras yo viva. ¿Me oyes? (Sacudiéndola por los hombros.) Óyelo bien. Te voy a matar, por puerca. (Pausa.) ¿Dónde está tu hermano? (Llamándolo.) Lalo, Lalo... (A Cuca.) ¿Dices que te ha robado?
BEBA. (Saliendo de situación.) No puedo. La cabeza me va a estallar.
LALO. (Imperativo.) Sigue, no te detengas.
CUCA. (Sarcástica.) Hazle caso al mandamás.
BEBA. (Angustiada.), Aire, un poco de aire.
LALO. (A Beba.) Ahora sonaba el timbre de la puerta.

(...)
En ese momento entra Lalo con un velo de novia, un tanto raído y sucio. Lato imita a la madre en su juventud, el día de la boda de la iglesia. Al fondo, Beba tararea la marcha nupcial. Los movimientos de Lalo no pueden ser exagerados. Se prefiere, en este caso, un acento de ambigüedad general.
LALO. (Como la madre.) Ay, Alberto, tengo miedo. El olor de las flores, la música ...Ha venido mucha gente, ¿verdad? No vino tu hermana Rosa, ni tampoco tu prima Lola... ¡Ellas no me quieren! ¡Lo sé, Alberto, lo sé...!
Han estado hablando horrores: que si yo, que si mamá es esto y lo otro... ¡Qué sé yo... ! ¿Tú me quieres, verdad, Alberto? ¿Te luzco bonita ...? Ay, me duele el vientre. Sonríete. Ahí están el canchanchán del Dr. Núñez, y su mujer... ¿Tú crees que la gente lleve la cuenta de los meses que tengo? Si se enteran, me moriría de vergüenza. Mira, te están sonriendo las hijas de Espinosa... esas pu... Ay, Alberto, tengo un mareo y me duele el vientre, sujétame, no me pises la cola que me voy a caer ... Ay, pipo, yo quiero sacarme este muchacho ....Es verdad que tú te decidiste por él; pero yo no lo quiero. Ay, que me caigo... Alberto, Alberto estoy haciendo el ridículo... No debimos habernos casado hoy, otro día mejor ... Ay, esa música y el olor de esas flores, qué asco. Y ahí viene tu madre, la muy hipó... Ay, no sé... Alberto; me falta la respiración...¡Esta maldita barriga! Quisiera arrancarme este...
CUCA. (Como la madre. Con odio, casi masticando las palabras.) Me das asco. (Le arranca el velo violentamente.) No sé como pude parir semejante engendro. Me avergüenzo de ti, de tu vida. ¿Así que quieres salvarte? No chico, deja eso de la salvación... Ahógate. Muérete. ¿Crees que voy a soportar que tú, que tú, te permitas el lujo de criticarme, de juzgarme delante de las visitas? ¡No te das cuenta de lo que eres! ¡Si apenas sabes dónde tienes las narices! (Al personaje imaginario. En otro tono.) Perdone usted, Angelita. No se vaya, por favor. (Con el tono anterior: duro, firme.) Durante mucho tiempo te he rogado que me ayudaras. Hay muchas cosas que limpiar en esta casa: los platos, la fiambrera, el polvo y las manchas de agua de los espejos. Y mucho que hacer: zurcir, bordar, coser... (Lalo se acerca a Cuca.) Apártate. Quieres virarme la casa patas arriba y eso no te lo permitiré, ni aún después de muerta. El cenicero a la mesa. (Pone el cenicero en la mesa.) El florero a la mesa. (Pone el florero en la mesa.) ¿Qué te has creído? Ahora mismo se lo diré a tu padre... (Con asco y rencor.) Miserable, ¿qué será de ti sin nosotros? ¿De qué te quejas? ¿Crees que somos estúpidos? Si piensas eso, yo te digo que no somos mejores, ni peores, que los demás. Pero si lo que te propones es que nos dejemos mangonear por ti, te advierto que cogiste el camino equivocado. ¿Sabes cuántas cosas he sacrificado, cuántas concesiones he hecho por mantener esta casa? ¿Crees que renunciaremos tan fácilmente a nuestros derechos?...Si quieres, vete. Yo misma te prepararé las maletas. Ahí tienes la puerta. Cuca permanece de espaldas al público. Lalo se acerca a la mesa y contempla el cuchillo con cierta indiferencia. Lo coge. Lo acaricia. Lo clava en el centro de la mesa.
LALO. ¿Hasta cuándo, hasta cuándo?
BEBA. No te impacientes.
LALO. Si fuera posible hoy.
BEBA. Qué bobo eres.
LALO. Ahora mismo.
Lalo se levanta rápidamente. De un golpe arranca el cuchillo del centro de la mesa. Mira a sus dos hermanas y se precipita hacia el fondo.
BEBA. No lo hagas.
CUCA. Eso te va a pesar.
BEBA. Ten cuidado.
CUCA. (Canta muy débilmente.) La sala no es la sala. La sala es la cocina.
Las dos hermanas están situadas: Beba en el lateral derecho; Cuca, en el lateral izquierdo. Ambas a la vez, de espaldas al público, emiten un grito espantoso, desgarrador. Entra Lalo. Las hermanas caen de rodillas.
LALO. (Con el cuchillo entre las manos.) Silencio. (Las dos hermanas comienzan a cantar en un murmullo apagado: "La sala no es la sala. La sala es la cocina. El cuarto no es el cuarto. El cuarto es el inodoro.") Ahora me siento tranquilo. Me gustaría dormir, dormir, siempre dormir... Sin embargo, eso lo dejaré para mañana. Hoy tengo mucho que hacer. (El cuchillo se le escapa de las manos y cae al suelo.) ¡Qué sencillo es, después de todo.. . ! Uno entra en el cuarto. Despacio, en puntillas. El menor ruido puede ser una catástrofe. Y uno avanza, suspendido en el aire. El cuchillo no tiembla, ni la mano tampoco. Y uno tiene confianza. Los armarios, la cama, las cortinas, los floreros, las alfombras, los ceniceros, las sillas lo empujan hacia los cuerpos desnudos, resoplando quién sabe qué porquería. (Pausa. Decidido.) Ahora hay que limpiar la sangre. Bañarlos. Vestirlos. Y llenar la casa de flores. Después, abrir un hueco muy hondo y esperar que mañana... (Pensativo.) ¡Qué sencillo y terrible!
Las hermanas han terminado de cantar. Cuca recoge el cuchillo y comienza a limpiarlo con el delantal. Pausa larga.
CUCA. (A Beba.) ¿Cómo te sientes?
BEBA. (A Cuca.) Regular.
CUCA. (A Beba.) Cuesta un poco de trabajo.
BEBA. (A Cuca.) Lo malo es que uno se acostumbra.
CUCA. (A Beba.) Pero, algún día...
BEBA. (A Cuca.) Es como todo.
LALO. Abre esa puerta. (Se golpea el pecho. Exaltado. Con los ojos muy abiertos.)Un asesino. Un asesino, (Cae de rodillas.)
CUCA. (A Beba.) ¿Y eso?
BEBA. La primera parte ha terminado.

Apagón.

(fragmento de La noche de los asesinos, del primer acto)


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©Redacción Editorial: Walfrido Dorta / Diseño Web: Ileana Sánchez // Actualización: 19/07/02