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LA HABANA,
TESTIMONIO 69
Los barcos entran
al puerto de La Habana
como gigantes ciegos
tanteándole el alma a la bahía.
A bordo traen
tractores
carros, maquinarias agrícolas
que horas después opera una muchacha en Camagüey
o un adolescente que abandonó su casa
que dejó la ciudad y se rompe las manos contra la tierra
porque el futuro
el pueblo
la esperanza.
A bordo vienen
los marinos
poseídos por sus antepasados
nuevos conquistadores
llenos de baratijas
radios portátiles, grabadoras sanyo, camisas y perfumes
a perderse en las calles del Vedado
a cambiarlas por la piel
por la noche
por la labor de Celestina que ejerce sin prejuicio
el maricón moderno.
Los grandes
barcos entran al puerto de La Habana
con sus marinos y sus máquinas
como gigantes ciegos
tanteándole el alma a la bahía.
(de Papel
de hombre)
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