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Pardo
"El miedo no se lleva en la mochila. Lo lleva el hombre dentro".
G. Piniella
...¿cuándo
se acaba esto? ¿cómo ha comenzado? Doy unos pasos
y presiento que las piernas me sobran. Y me sobra todo el cuerpo.
Quiero fumar pero no me atrevo a encender un cigarro. El miedo.
Yo inventé el miedo. Tengo los huesos impregnados de miedo.
Recojo la hamaca. Toco el fusil y me estremezco. Está frío
como el miedo. No sirve este fusil. Hace una llamarada grande este
fusil. Es una mierda este fusil. Han muerto muchos con este fusil.
Camino a ver al jefe. Tengo frío siempre. Frío en
los pies, en las manos, en el pecho, en la cabeza, en la voz, en
los huevos. Frío en las nalgas. No, no es frío. Es
miedo. Miedo al frío. Frío con miedo. Miedo al miedo
y al frío. Saludo al jefe que está acostado en el
yipi.¿Tiene frío el jefe? No, no tiene. -Jefe ,le
digo, ¿qué posta me toca? No me dice nada. Me señala
para la posta del cañaveral. La más lejana. ¡Es
de madre la posta del cañaveral! ¿Por qué esa
posta, jefe? ¿Por qué no la posta de las municiones?
No me dice nada el jefe. Creo que tiene frío el jefe. Esconde
la mano en el bolsillo del uniforme. Se duerme el jefe. No me habla
el jefe. Pero ¿por qué la posta del cañaveral?
Allí hay mucho frío, jefe. Y mucho miedo. A lo mejor
hay paracaidistas por allí, jefe. A lo mejor me matan allí,
jefe. Me mira el jefe. Bien, jefe. Iré, jefe. Voy al cañaveral
muy despacio. Pesa el fusil. Y el cansancio pesa también.
Hacen ruido las botas. !Alto, quién va! ¡Voy yo, el
Pardo! Por allá suena un fusil y una voz con frío
en el cañaveral. Viene tu relevo, Raúl -digo. Y me
quedo en el cañaveral. El jefe en el yipi y yo en el cañaveral
del frío, miedo, miedo, frío, miedo... Raúl
se va. Hay ruido, aquí. Y la oscuridad. Me escondo un poco
en la oscuridad. ¿Cuándo se acaba esto? Camino hacia
un algarrobo. Me siento en una piedra. Coloco el fusil sobre mis
piernas. Sigue frío el fusil frío en las piernas frías.
Me da sueño. No me puedo dormir. Los ruidos. Hay que mirar
el cañaveral. Esto no se acaba nunca. No se me olvidan los
gritos. Gente gritando todo el tiempo. Y el niño aquel llorando
allí al lado de la casa, con la madre en el suelo. ¿Por
qué estás llorando? Y él no responde. ¡No
llores más! le digo. ¡No se llora! Y yo también
estoy llorando. ¡Hay que matar, niño! le digo. ¡Mata,
niño, le digo, no hay que llorar! Y me voy, y el niño
sigue llorando. Y no veo a nadie para matar. Y el niño se
me pierde de los ojos, porque ahora no hay dos cuerpos. Porque el
niño ya no está de pie, sino abrazado, al cuerpo de
la madre. Y ya no tengo frío... La caña debe estar
fría también. Aquí todo está frío.
Tengo sueño y me voy a quedar dormido. Pero no puedo. Matan
a cualquiera en este cañaveral. No se puede. Sueño
y miedo. Sueño y frío, sueño, miedo, frío,
frío... ¡Eh, alto quién va! No. No va nadie.
Nadie va. La gente se está despertando. También el
jefe despierta. Aquél le dice ¡despierte, jefe! Pero
el jefe no está dormido. Nunca se duerme el jefe. Bueno el
jefe. Tremendo el jefe. Disparaba mucho ayer el jefe. Y estaba gritando
cuando vio que yo no me movía. ¡No te apendejes, coño!
-dijo. ¡Te fusilo por pendejo! dijo. -¡Tira, tira!...
No lo veía, jefe. No podía tirar, jefe. Estaba ciego,
jefe. El miedo a tirar. El miedo. Pero luego su voz, jefe. No era
voz de jefe. Era voz de hombre. Y su mano, jefe. No era mano de
jefe. Era mano de amigo. Pardo, dijo, ¿se te pasa? ¿Es
tu primera vez? Mira, dijo, levanta el fusil. Así, así,
dijo, aprieta el gatillo, Pardo... Y disparo. Disparo bien. Disparo
suave. ¿Así jefe?. Así, Pardo. Bien, Pardo.
Se te fue el miedo, Pardo. No eres un pendejo, Pardo. Arriba, Pardo.
Los jodimos, Pardo. Nos vamos, Pardo... Luego, camino con el jefe.
Y no lo miro. Camino...
(de La guerra
tuvo seis nombres)
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