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POEMA 1

Ahora dejo el ómnibus
con el último rostro

Es tarde pero hay tanto quehacer
El calor invade la ciudad
conmigo las gentes
el grito despierto
y los niños con sus pañuelos al cuello
en deliciosa faena

De La Habana hay mucho que contar
cuando abre puertas al mercado
y se ven los vendedores
en los portales
con un gran cuchillo al cinto
y los ojos amarillos

De La Habana las iglesias barrocas
En sus escalones goyejos de naranja
y kilos prietos de sudor, sin brillo

Al mediodía se hunden sus calles en la tierra

Sube por las rejas encrespadas una melodía vieja
El anciano de la filarmónica, tiende su sombrero
gastado a las señoras
Se adivina la llegada del otoño
Tan triste puede ser esto
Tal vez tan alegre

La gran población sueña
y se precipita
En este estrépito
cuando aún no ha llegado el día
podemos contemplar el cielo
tranquilamente
Las luces son blancas en La Habana de noche
el malecón es propicio al amor
y junto a Yemayá
un barco se hunde lentamente ante mis ojos

Imposible dormir en el paseo
es demasiado hermoso
y esta nostalgia mía
y los fantasmas en mi traje
y las mujeres con las frutas en las manos
y las caderas anchas con olor a musgos
Y todo

Más que nunca el calor abrasa
¿verdad Juvenal que es bueno recordar
cómo se pudo capturar
un lagarto rojo, alguna vez, dichosamente.
Y recordar que en esta misma ciudad pocos años atrás
éramos un pedazo de vidrio que se quebraba en el verano
o una semilla seca.
Tal vez, la pluma de un ave muerta?

A mis amigos los legítimos
los que visten mi camisa
y al ama de casa que recibe sonriente
al vendedor de esencias
quiero más que nunca

Hay calor
y recuerdo el 8 de Enero
o quizás el 6
cuando vi llorar
al soldado aquel de los bigotes grises

Tan triste puede ser esto
Tal vez tan alegre

(de La piedra fina y el pavorreal)

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©Redacción Editorial: Walfrido Dorta / Diseño Web: Ileana Sánchez // Actualización: 19/07/02