Relación de Libros
Relación de Librerías
La  noche de los libros
Lecturas en el Prado
 

Una noche de libros, lectores y autores en el Prado

   
 

Osmany Oduardo y Ruth Lelyen

Lecturas en el Prado, el pasado viernes, fue, indudablemente y a todas luces, un acontecimiento cultural. Lecturas en el Prado no intentaba superar La noche de los libros, sino reinventar esa aventura para los lectores que se propuso el Instituto Cubano del Libro y en conjunto con la Unión de Jóvenes Comunistas. El Prado es, sin lugar a dudas, uno de los paseos más hermosos del país y viene siendo como la columna vertebral que une a Centro Habana y La Habana Vieja. Que se escogiera este espacio para tal evento fue una decisión acertada, aunque ya por la noche era demasiada la oscuridad.

Sabíamos de antemano que nos íbamos a perder la mayor parte de las actividades programadas, ya teníamos la experiencia de La noche de los libros, pero igual correríamos el riesgo de bajar por todo el paseo, no con la ambición de quien quiere abarcarlo todo, sino con la mirada del lector común que disfruta del espectáculo. Quisimos iniciar el recorrido desde la misma Fuente de la India, pero al pasar por el Capitolio, ya Marcolina estaba rodeada de cientos de niños y no pudimos dejar de presenciar aquel mar de niños, casi todos, hay que decirlo, con libros en las manos, casi todos con La sombrilla amarilla que se había presentado allí mismo.

Al otro lado estaban dispuestas las mesas para una simultánea gigante de ajedrez y se hablaba sobre el título El fascinante mundo del ajedrez. Allí había grandes maestros y estaba el tres veces Campeón Olímpico Félix Savón. En las mesas había personas de todas las edades esperando a que los grandes maestros, entre los que estaba Silvino García, comenzaran a mover las fichas.

En los portales del Gran Teatro ya Roberto Méndez había presentado El ballet y su mundo y en el Parque Central todo estaba dispuesto para que Eusebio Leal ofreciera una conferencia sobre Martí. Desde allí ya se podía escuchar la voz de Benny Moré. Coincidentemente ese mismo día se cumplía el 88 aniversario del nacimiento de El Bárbaro del Ritmo. Allí mismo, en Prado y Neptuno, justo en el comienzo del paseo, se exhibiría más tarde la película El Benny.

Seguimos caminando y en Virtudes pudimos presenciar, en medio del incesante trasiego de personas, parte de una lectura de narradores en la que estaban invitados Miguel Barnet, Leonardo Padura, Enrique Cirules y Miguel Mejides. De ahí nos fuimos al Café Paradiso, donde algunos escritores bebían café tranquilamente y conversaban. Por allí vimos a Pablo Armando Ferández, Alberto Guerra, Alberto Marrero, Basilia Papastamatíu, Jorge Fornet, Daniel Díaz Mantilla Luis Alfredo Vaillant y suponemos que muchos más pasaron mientras nosotros continuamos deambulando.

Cuando llegamos al Centro de Danza de La Habana, ya se había presentado la revista Tablas, pero por allí todavía andaban Omar Valiño, Norge Espinosa, Abel González Melo, el crítico de cine devenido dramaturgo Luciano Castillo. Seguramente había más dramaturgos, pero nos entretuvimos tomando fotos de una niña que “leía” La sombrilla amarilla y casi corrimos hasta Prado y Genio para ver un mural que varios de los más importantes artistas cubanos habían hecho en homenaje a Alejo Carpentier. Pero en lugar de uno encontramos dos murales, porque en la calle, en el asfalto, los niños habían pintado su propio mural que no tenía nada que envidiarle al de los maestros de la plástica.

El descanso lo tomamos justo al lado de la estatua del gran poeta Zenea. No hay un mejor lugar en La Habana para sentarse a descansar. Desde allí teníamos una vista envidiable de La Cabaña, El Morro, La Bahía, La Punta. Hicimos tiempo para escuchar la lectura de poemas de amor con los Premios Nacionales de Literatura César López, Miguel Barnet, Pablo Armando Fernández y Antón Arrufat, pero una llovizna que amenazaba con convertirse en aguacero nos obligó a refugiarnos en los portales y por ahí subimos hasta el Paradiso, donde tomamos un café mirando las fotos de Eliseo, Cortázar y otros escritores que adornaban las paredes del lugar. Llegó un momento en que el flujo de personas iba en un solo sentido, o sea, Prado arriba, porque todos esperaban ansiosos el concierto de Robertico Carcasés e Interactivo entre el Museo Nacional de Bellas Artes y la Manzana de Gómez, sin dudas una de las actividades más esperadas, que duró más allá de la medianoche.

La idea de que el libro fuera el centro del verano en nuestro país fue una gran idea. La respuesta del público fue rotunda y remite a varios análisis, el más importante, que la cantidad de libros vendidos da fe de que la Feria del Libro no es el único espacio donde los lectores demuestran su sed de lectura. Entonces, si cuando se sacan los libros a la calle la gente los compra con la misma avidez con que los compran en las Ferias, pues habrá que repensar en cómo atraer a estos lectores a las librerías, puesto que esos libros que se pusieron a la venta existen en esos espacios. Se impone una reflexión al respecto. Y se impone que, en lo adelante, haya más espacios para los libros, los lectores y los escritores.

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