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La Casa de las Américas con cuarenta y cinco años
Roberto Fernández Retamar
La Casa de las Américas fue creada por ley de 28 de abril de 1959. Dos días antes de esa fecha, tras una visita a los Estados Unidos en que no fue recibido por el Presidente del país, Fidel Castro había viajado a Buenos Aires, donde el 2 de mayo propuso ante el Comité de los 21, unidad económica de la Organización de Estados Americanos, que los Estados Unidos, para viabilizar el desarrollo de la América Latina, le entregaran durante los próximos diez años, en forma de capital público, la cantidad de veinte mil millones de dólares. Fue una voz clamante en el desierto. Pero algunos han creído apreciar cierto eco de esa solicitud en el plan que presentaría más tarde el gobierno de los Estados Unidos, con fines bien distintos y el nombre Alianza para el Progreso: a la cual el Che Guevara impugnó, valiéndose de su conocida ironía, tan pronto como en agosto de 1961 fue anunciada, en el seno de un organismo colateral de la OEA reunido en Punta del Este, Uruguay. Aunque indudablemente provocada por la vasta resonancia que alcanzó la Revolución Cubana, sin embargo, para pretender poner en práctica esa Alianza (la cual, como tantas añagazas similares, nunca llegó a tomar cuerpo) fue menester expulsar en 1962 a Cuba, la oveja roja digna de un relato de Monterroso, de aquella Organización de Estados Americanos, y aislarla cuanto fuera posible. En el Continente, sólo mantuvieron relaciones diplomáticas con la Isla los gobiernos de México y Canadá: este último país aún no formaba parte de la OEA, a la cual ingresaría como miembro pleno en 1990.
Volvamos a la Casa de las Américas. Su historia no es un mero epifenómeno de la coyuntura política: pero no puede ser entendida a cabalidad sin relacionarla con ella. Por eso, a la luz de lo anterior, es curioso saber que la mencionada ley de 1959 que la creó, especificaba en uno de sus «Por cuanto»:
«En múltiples Congresos Internacionales se ha recomendado, con el apoyo de Cuba, la creación de una Casa de las Américas en las distintas naciones del Continente, para dedicarlas al alojamiento de las distintas organizaciones que tienen como finalidad el fomento del Panamericanismo.»
Con independencia de que otras entidades hayan podido reclamar igual denominación, por esa época (e incluso años después), la revista Américas, publicada en Wáshington por la Unión Panamericana, Secretaría General de la Organización de Estados Americanos, aseguraba que dicha Unión «es conocida como la “Casa de las Américas”». (1) De ser ello así, han existido una institución con tal nombre en Wáshington, como sede de la Secretaría de la OEA, y otra en La Habana, aunque sus objetivos iban a diferir profundamente.
Tampoco el edificio que se le encomendó a la flamante Casa de las Américas de La Habana se estrenaba con ella. La construcción, de tardío estilo Art Deco y la vaga apariencia externa de un templo, empezó a funcionar a principios de 1953, y llegó a albergar a un conglomerado heterogéneo de organismos, al parecer inoperantes. El propio edificio se llamaba Casa Continental de la Cultura; y uno de aquellos organismos, la Asociación de Escritores y Artistas Americanos, editaba la revista América: lo cual explica la existencia del mapa en piedra de toda la América (salvo las Antillas Menores y otras islas) que la construcción ostenta en su fachada. El que se estimara que tales organismos no cumplían sus funciones, hizo que fuesen disueltos, al igual que otros, por la misma ley que creó a la Casa.
Si la separación entre la sedicente Casa de las Américas de Washington y la que con ese nombre fue fundada en La Habana se inscribe dentro de la separación que experimentarían los gobiernos ubicados en las respectivas ciudades, muy pronto se hizo clara la divergencia. La medida inicial que la puso de manifiesto fue que la institución cubana estuviese regida desde el comienzo por Haydee Santamaría. Esta mujer, dotada de un valor, una energía, un talento y un carisma excepcionales, había participado en 1953 en el asalto al cuartel Moncada, raíz inmediata de la Revolución Cubana; y después de conocer la cárcel, sería integrante de la Dirección Nacional del Movimiento 26 de Julio, luchadora de primera fila en la clandestinidad, combatiente en la Sierra Maestra, enviada para complejas gestiones al extranjero. La heroína era un símbolo vivo de la Revolución Cubana cuando asumió la nueva tarea que se le encomendara; y tenía una insólita capacidad para fascinar y organizar a hombres y mujeres. Hasta entonces, lo había hecho con criaturas en lo esencial políticas. Ahora, iba a realizarlo fundamentalmente con escritores, artistas, pensadores. A nadie debe más la Casa de las Américas que a esta mujer relampagueante que, como consecuencia de los terribles padecimientos síquicos que sufriera a raíz del Moncada y un accidente agravó, acabaría privándose de la vida en 1980.
La recién nacida institución no brotó (no podía brotar) con todos sus lineamientos trazados. Por el contrario, fue creciendo a medida que la realidad le exigía. Y la realidad le exigió pronto y mucho. No hubo que esperar a la expulsión de Cuba de la OEA y la ruptura de relaciones diplomáticas. Casi desde el triunfo mismo de la Revolución en enero de 1959 comenzó la hostilidad de los Estados Unidos, bien conocida no sólo por Cuba sino también por muchos otros países de la América Latina y el Caribe, desde el México de mediados del siglo xix hasta la Guatemala de mediados del xx. Esa hostilidad, en lo que toca a la Revolución Cubana, incluyó una guerra económica que está lejos de haber concluido (como lo prueba la monstruosa ley Helms Burton), la usual catarata mediática de calumnias tampoco interrumpida, y agresiones como la invasión de abril de 1961. La política de la auténtica Casa de las Américas, la de Haydee, no podría ser la del panamericanismo imperialista de los Estados Unidos, impugnada ya por José Martí a propósito de la conferencia donde se hizo explícita: conferencia que, iniciada en Wáshington en 1889, llevó a Martí a exclamar ese mismo año que aquella nación, «como ni sobre México ni sobre Canadá se atreve a poner los ojos, los pone sobre las islas del Pacífico y sobre las Antillas, sobre nosotros»: pasmoso anuncio de la aventura imperialista de 1898, que ya cumplió un siglo. La política de la Casa de las Américas sería, en cambio, la del propio Martí, proclamado por Fidel desde el primer momento autor intelectual de la Revolución; la del Martí que había escrito: «Injértese en nuestras repúblicas el mundo; pero el tronco ha de ser el de nuestras repúblicas.» He ahí la divisa de la institución que lleva cuarenta y cinco años de vincular en lo espiritual a Cuba, por encima del bloqueo que se le impusiera, con el resto de los países latinoamericanos y caribeños; de difundir planetariamente lo mejor de la cultura de nuestra América, y de acercar entre sí a creadores de muchas partes, quienes con frecuencia han anudado amistades en la Casa.
Hay que subrayar la imprescindible colaboración que gran número de intelectuales han prestado a la Casa de las Américas a lo largo de estos años a menudo tan difíciles y siempre requeridos de imaginación y audacia. (En muchos casos, más que de colaboración, debe hablarse de la invención y la construcción en común de una nueva realidad.) Para no parecer un «suelta nombres», si se permite esta traducción del elocuente sintagma inglés name dropper, y puesto que es inevitable evocar a no pocos de esos intelectuales, que hoy ya son millares, serán mencionados casi siempre en notas al pie; y al aparecer en más de un caso, se tratará de repetir los menos posibles.
Cuando en el propio 1959 se pensó convocar a un concurso literario hispanoamericano anual (que al cabo se llamaría Premio Literario Casa de las Américas), se solicitó ayuda a Alejo Carpentier, cuyo centenario estamos celebrando. Él accedió generosamente, y con su prestigio y sus relaciones hizo posible configurar un jurado que impondría su nivel a los venideros. Ese jurado lo formaron escritores como Miguel Ángel Asturias, Roger Caillois, Miguel Otero Silva, Fernando Benítez, Benjamín Carrión, Carlos Fuentes; y entre los cubanos, Nicolás Guillén, Jorge Mañach, Lino Novás Calvo, Virgilio Piñera, Mirta Aguirre y el mismo Alejo. Al principio, sólo concursaban obras escritas en español por autores hispanoamericanos en los géneros de poesía, novela, cuento, ensayo y teatro. Con el tiempo, se añadieron obras escritas en portugués por autores brasileños, y en inglés y francés (y los correspondientes créoles) por autores caribeños de las áreas respectivas; se dividió el ensayo (en artístico-literario e histórico-social), se dio acceso en dicho género a latinoamericanistas de cualquier país que presentaran sus obras en español, y se sumaron otros géneros, como la literatura para niños y jóvenes y el testimonio: este último fue incorporado por vez primera en certámenes similares, lo que sin duda contribuyó a su reconocimiento. Fue la presencia del testimonio entre nosotros la que hizo posible, por ejemplo, la aparición en el escenario mundial de Rigoberta Menchú. También se han convocado Premios extraordinarios sobre múltiples cuestiones, o para obras escritas en lenguas indígenas. Y en cada oportunidad los miembros de los jurados participan en lecturas de sus obras y reuniones sobre muy variados temas. Durante los años sucesivos, integrarían los jurados autores de la jerarquía de José Lezama Lima, Julio Cortázar, José María Arguedas, Italo Calvino, José Bianco, Camilo José Cela, Mario Vargas Llosa, Ángel Rama, Alfonso Sastre, Leopoldo Marechal, José Juan Arrom, Max Aub, Augusto Monterroso, Efraín Huerta, Antônio Cândido, C.L.R. James, Ernesto Cardenal, Jaime Sabines, René Depestre, Eliseo Diego, María Rosa Oliver, José María Valverde, Nélida Piñón, José Agustín Goytisolo, Cintio Vitier, Leónidas Lamborghini o Juan Marsé; (2) mientras, desde el primer año, los premiados (y mencionados) incluían autores reconocidos, como Ezequiel Martínez Estrada, Alejandro Lipschütz, Jorge Zalamea, Manuel Galich, Joaquín Gutiérrez, Virgilio Piñera, Kamau Brathwaite, David Viñas, Miguel Acosta Saignes o Haroldo Conti, (3) hasta otros que prácticamente el Premio iba a revelar: José Soler Puig, Roque Dalton, Ricardo Piglia, Lisandro Otero, Abelardo Castillo, Eduardo Galeano, Luis Britto García, Osvaldo Soriano, Antonio Skármeta, Alfredo Bryce Echenique, Jesús Díaz o Reina María Rodríguez. 4 No pocos de unos y otros serían a su vez jurados. A partir del año 2000 la Casa otorga también, para obras publicadas, los premios honoríficos José Lezama Lima (de poesía), José María Arguedas (de narrativa) y Ezequiel Martínez Estrada (de ensayo), que ese año se concedieron, respectivamente, a libros de Raúl Hernández Novás, Sergio Ramírez Mercado y Beatriz Sarlo; en 2002, a José Watanabe, Miguel Bonasso y Julio García Espinosa, y en 2003 a Juan Bañuelos, Anacristina Rossi y Atilio A. Boron. El Premio Literario, de seriedad reconocida en los más variados medios, es la más difundida de las tareas de la Casa, y en 2004 sus labores fueron inauguradas con un discurso de Suzy Castor en homenaje al bicentenario de la independencia de Haití, pórtico de la de nuestra América toda.
La necesidad de publicar las obras premiadas llevó a organizar una Editorial de la Casa, que además de la Colección Premio se diversificaría en colecciones como Literatura latinoamericana (clásicos de nuestras letras); (5) La honda (por lo general, obras más recientes); Pensamiento de nuestra América; (6) Valoración múltiple; (7) Cuadernos Casa (ensayos varios), y otras, como Nuestros países. (8) También ha publicado una útil Memoria de los primeros cuarenta años del Premio Casa de las Américas. Entre quienes prestaron su colaboración al trazado y el contenido de aquellas colecciones (sobre todo Literatura latinoamericana) se contaron los sabios Ezequiel Martínez Estrada, que trabajó en la Casa durante los años iniciales, llenándola de su fuego y su devoción martiana; Manuel Galich, de quien de hablará después, y Camila Henríquez Ureña, que había aportado su serenidad y su colaboración al diseño de la Biblioteca Americana del Fondo de Cultura Económica. Después de haber publicado centenares de títulos, la Editorial fue muy afectada por la escasez de papel a que nos llevó el que llamamos en Cuba «período especial», pero vive ahora un remozamiento con el Fondo Editorial.
Paralelamente a la Editorial, en 1960 empezó a publicarse la revista Casa de las Américas bajo la dirección de Haydee, quien en 1965 invitó a asumir dicha dirección a quien escribe estas líneas (y, desde 1986 preside la institución). Se comprenderá que, por ser el área de la Casa más cercana a su corazón, es aquella de la que puede hablar con menor distanciamiento. Baste decir que ha cumplido con decoro su constante tarea de información e intercomunicación; difundido manifestaciones de la nueva narrativa, la nueva poesía, la nueva ensayística, la nueva crítica latinoamericanas y caribeñas; prestado atención a muy variados países, zonas o temas (África en América, las Antillas de lengua inglesa, la mujer, el estructuralismo, la semiótica, el renacido diálogo entre sicoanálisis y marxismo, el posmodernismo, el poscolonialismo, los estudios subalternos...). Entre sus colaboradores se han contado no pocos autores, como los futuros Premios Nobel Miguel Ángel Asturias, Pablo Neruda, Camilo José Cela, Gabriel García Márquez, Octavio Paz, Adolfo Pérez Esquivel, Rigoberta Menchú, Derek Walcott y José Saramago; y también Fernando Ortiz, Rafael Alberti, Jorge Amado, Adolfo Sánchez Vázquez, Leopoldo Zea, Louis Althusser, Pablo González Casanova, Frederic Jameson, Edward W. Said, Kamau Brathwaite, Antonio Melis. 9 Su número 220 estuvo dedicado a Textos canadienses y su número 221 a Cosas de españoles. Y en sus números 200 y 201 aparecieron juicios generosos sobre la revista. Estudios apreciables (hasta nutridas tesis universitarias) le han sido consagrados, en algunos de los cuales se encontrarán las mejores opiniones; y en otros, como es comprensible, criterios de diversos colores, sin que falte el ocasional menjurje de hiperuniversitarismo y chismorreo.
La Dirección de Artes Plásticas fue organizada por el gran pintor Mariano Rodríguez, que tras la muerte de Haydee sería, hasta su retiro en 1986, Presidente de la Casa, y de quien se realizó una hermosa exposición retrospectiva para conmemorar los treinta y nueve años de la institución. Mariano llevó a la Casa sus ricas vivencias en Cuba, como organizador de jóvenes comunistas, maestro en el Estudio Libre de Pintura y Escultura, cofundador con Lezama Lima de las revistas y los movimientos homónimos Espuela de Plata y Orígenes; y en el México germinal de Lázaro Cárdenas, como discípulo de Rodríguez Lozano. Logró atraer a la Casa a artistas de primera calidad, y abrió un camino que seguiría siendo transitado después de su muerte en 1990. En la Casa han expuesto artistas como Matta (cuyo mural de 1963 Cuba es la capital se encuentra a la entrada del edificio mayor), Le Parc, Obregón, Berni, Piza, Rojo, Negret, Palau, Soto, Gamarra, Cruz Diez, Saura, Guinovart, Rauschenberg, Toledo, Balmes, Barros, Kcho. 10 Ha habido además cuantiosas exposiciones colectivas, sobre todo de artistas de países latinoamericanos y caribeños, pero también de España y Canadá. Y han sido numerosas las de arte popular procedentes de muchos países del área, y cuyo ejemplo más connotado es el gigantesco Árbol de la Vida donado por México que corona el tercer piso del edificio principal. Hoy, Artes Plásticas dispone de tres Galerías, una de ellas enteramente dedicada al arte popular; en las otras se muestran ejemplos de pinturas, esculturas, textiles, grabados, carteles, fotografías. El conjunto integra la riquísima Colección Arte de Nuestra América, que entre sus características tiene la de estar formada sólo por donaciones hechas por los propios artistas, coleccionistas, instituciones o gobiernos, como el de Salvador Allende. Junto a esta colección permanente, y a exposiciones temporales, Artes Plásticas ha realizado Encuentros de artistas y críticos, la primera subasta de arte contemporáneo cubano (cuyas ventas, al igual que la posterior, se destinaron a fines humanitarios), convoca a concursos de grabados y fotografías, y suele realizar, al socaire de éstos, talleres con maestros de distintos países.
La Dirección de Teatro debe su existencia a Manuel Galich, quien desbordó lo teatral, pues fue además destacado ensayista, historiador, periodista. En su Guatemala natal había participado activamente en el proceso democratizador que se hizo gobierno entre 1944 y 1954. Representaba a su país en la Argentina cuando ocurrió la invasión mercenaria enviada por los Estados Unidos que derrocaría al Presidente Arbenz y tanto aleccionaría al joven Guevara, quien a la sazón se encontraba en Guatemala. Galich viviría exiliado hasta su muerte en Cuba en 1984, y conservaría una agudísima sensibilidad aun para las más sutiles maniobras del imperialismo. Su influencia en la Casa, cuya Subdirección ejerció un tiempo, fue muy fuerte. En lo estrictamente teatral, fundó en 1964 la revista Conjunto, que, entre otros, recibió el Premio Ollantay, del CELCIT. La revista suele publicar en cada número al menos una obra teatral casi siempre inédita. (11) Teatro ha organizado Festivales, en algunos de los cuales participaron los futuros Premios Nobel Wole Soyinka y Darío Fo, realiza representaciones (como las de Mayo Teatral), sesiones de teatro leído, Encuentros de teatristas. Otorga como premio El Gallo de La Habana. (12)
Harold Gramatges (que tenía un sólido historial organizativo, por haber estado al frente de la Sociedad Cultural Nuestro Tiempo, y en 1996 recibió el Premio Iberoamericano de Música Tomás Luis de Victoria) fundó la Dirección de Música. Lo acompañó la dinámica estadunidense Estela Bravo, quien se reveló luego como magnífica documentalista fílmica. Ambos tuvieron un papel destacado en la organización en 1967 del Encuentro de la Canción Protesta, que tendría notables repercusiones, sobre alguna de las cuales volveré. Al conmemorarse en 1997 sus treinta años, fueron organizados los Conciertos de la Rosa y de la Espina (así llamados por el cartel realizado por Rostgaard que anunció a aquel Encuentro: cartel con una rosa y una espina sangrante que devendría emblemático del cartelismo cubano). Algunos trovadores que habían participado en aquel Encuentro volvieron a ofrecer sus canciones, como Isabel y Ángel Parra o Barbara Dane, mientras se escucharon voces recientes como las de Gerardo Alfonso y toda una pléyade de novísimos. A lo largo de los años han cantado en la Casa figuras como Víctor Jara, Pete Seeger, Chico Buarque de Hollanda, Mercedes Sosa, Daniel Viglietti, Joaquín Sabina, Eduardo Aute, Víctor Heredia o Susana Rinaldi. Y músicos de muchos países, como Luigi Nono y Alirio Díaz, han participado en conciertos (cuyas muy valiosas grabaciones en vivo son conservadas con esmero) y Encuentros. Edita discos, casetes y el boletín Música. Cuando Argeliers León, compositor y destacado musicólogo cubano hoy fallecido, estuvo al frente de la Dirección, se creó un riguroso Premio de Musicología, que aún se otorga.
Al polifacético Mario Benedetti, quien ya había realizado en su Uruguay una obra literaria valiosa y compleja que crecería hasta hacerlo uno de los principales escritores hispánicos de estos años, se debe la creación del Centro de Investigaciones Literarias, el cual de inmediato asumió las responsabilidades del ya añoso Premio Literario. Pero Mario estuvo lejos de atenerse a lo existente. Por el contrario, creó la colección Valoración múltiple y diseñó sus primeros títulos; creó asimismo, a semejanza del que en España animó Tomás Navarro Tomás, el Archivo de la Palabra, para conservar textos de autores de nuestra América en sus voces: de allí se derivó la colección Palabra de esta América (semejante a Voz viva, de la Universidad Nacional Autónoma de México), donde aparecen figuras en general ya nombradas. Mario organizó además lecturas, conferencias, cursos. Dos veces tuvimos la suerte de contarlo entre nosotros, pues, habiéndose reintegrado a su país, tuvo luego que regresar a Cuba, al perseguírsele políticamente. En forma alguna deseamos que vuelva a ocurrirle algo similar (ni a él ni a su país). Pero no podemos dejar de sentir a Mario en la Casa, donde su huella sigue siendo tan fértil. El CIL ha seguido creciendo de acuerdo con las líneas que trazó: a lo anterior suma ahora, en unión de otras Direcciones (sobre todo Teatro) y aun otras instituciones, ciclos de videos, como los que en más de una ocasión ha ofrecido Gianni Minà. Con carácter anual celebra la Semana de Autor, encuentros dedicados a algunos de los más renombrados escritores del continente, como Ricardo Piglia, Luisa Valenzuela, Diamela Eltit, Ernesto Cardenal. Dentro de los habituales coloquios que organiza, los más recientes han estado dedicados a la literatura fantástica y a la literatura policial. Hay que añadir que el CIL publica además (junto con la Unión de Escritores y Artistas de Cuba) Criterios. Revista de Teoría de la Literatura y las Artes, Estética y Culturología, cuyos materiales, procedentes de cuantiosos países e idiomas, son escogidos por el investigador Desiderio Navarro, y casi en su totalidad traducidos por él. Como desgajamiento de la revista publica la colección también llamada Criterios.
Nuestro Centro de Estudios del Caribe contó con la asesoría del barbadiense George Lamming, a quien además de su magnífica obra de narrador (difundida en parte por la Casa) debemos haber sido quien primero trajo a Caliban a las Antillas. La independencia obtenida a partir de los años 60 por gran parte del Caribe de lengua inglesa, y su establecimiento de relaciones diplomáticas con Cuba, contribuyeron a hacer nacer nuestro Centro, el inicial de su género en Cuba, que se propone estudiar en conjunto, como la unidad cultural que es, el Caribe al que pertenece Cuba y con el cual tenemos vínculos crecientes. El CEC publica Anales del Caribe, en español, inglés y francés; y prepara un Diccionario enciclopédico de autores del Caribe. Ha otorgado el Premio Maurice Bishop a figuras como Rex Nettleford y Juan Bosch. Y organiza cursos, conferencias, paneles, encuentros interdisciplinarios como Mitos en el Caribe.
El Programa de Estudios de la Mujer de la Casa de las Américas nació bajo el influjo del Programa Interdisciplinario de Estudios de la Mujer, de El Colegio de México, entonces bajo la conducción de Elena Urrutia, y de Jean Franco, entre otras. Organiza Encuentros sobre temas relacionados con la mujer en nuestra América, y reúne en volúmenes (realizados por nuestra Editorial, a menudo en coediciones) las intervenciones en dichos Encuentros, así como antologías de producción textual femenina.
La Casa cuenta con una Biblioteca automatizada cuyos materiales están centrados en la América Latina y el Caribe. Posee cerca de doscientos mil volúmenes de libros y diez mil títulos de publicaciones seriadas, obtenidos en su gran mayoría gracias a una activa labor de Canje y a la generosidad de editores, instituciones, amigas y amigos. Ha publicado bibliografías, realiza exposiciones de publicaciones (así, en 1998, las del Instituto Caro y Cuervo, de Bogotá), y organiza lecturas, conferencias, paneles y reuniones como Del papiro a la biblioteca virtual. Se propone contar con una amplia edificación que le permita albergar gran parte del patrimonio de la Casa y ponerlo, de manera moderna y eficaz, a disposición de sus usuarios en todo el mundo.
Como institución de promoción cultural que es, nuestra Casa cuenta obligadamente con Direcciones y Departamentos otros: Relaciones Internacionales, Comunicación e Imagen, Económico, Administración, Servicio... Y, sobre todo, cuenta con un equipo de trabajo imprescindible cuya labor no siempre está a la vista, según la clásica imagen del iceberg.
No puede dejar de mencionarse entre las realizaciones de la institución Talleres como el que tempranamente organizó Arreola sobre narrativa; Encuentros como los dos realizados por la Soberanía de los Pueblos de Nuestra América y el consagrado a Cultura y Revolución a cuarenta años de 1959, uno sobre Estudios Literarios, o los centrados en torno a Darío, Casal, Vallejo, la revista Orígenes, Mariátegui o Sarduy; discusiones, polémicas (más o menos afortunadas), de resultas de las cuales algunos, al separarse tristemente de la Revolución Cubana, lo harían de la Casa; nuestra voluntad de defender lo que consideramos la verdad y la variedad (por eso no aceptamos nunca estrecheces como la del realismo socialista, que el Che desencuadernó). Hemos querido que nuestra América se haga sentir entera en la Casa: de ahí que nos hayamos movido hacia distintas lenguas, áreas, temas; y que la Casa se haga sentir en la América Latina y el Caribe, en el resto del mundo, donde es frecuente la presencia de nuestros integrantes. Y nunca pensamos que en los locales de la Casa, por crecientes que fueran, se agotaba nuestra responsabilidad. Del Encuentro de la Canción Protesta nacieron en Cuba la Nueva Trova, con figuras de la dimensión de Silvio Rodríguez (quien llamó a la Casa «el útero de la Nueva Trova») o Pablo Milanés, y quizá Nuevas Trovas en el resto de América; de los Festivales de Teatro y Música, y del Encuentro sobre Estudios Literarios, otros; de los Encuentros de Plástica, hechos como Telarte; de la Colección Literatura latinoamericana derivó algunos estímulos la superior Biblioteca Ayacucho; y de las Valoraciones múltiples, empresas similares. También el diseño gráfico de la Casa (que ejemplificaron artistas como Raúl Martínez y Umberto Peña y continúa Pepe Menéndez) ha marcado derroteros.
La Casa cuenta hoy con varios edificios. Algunos de sus locales llevan nombres de desaparecidos vinculados a nosotros: Sala Che Guevara, Galería Haydee Santamaría, Sala Manuel Galich, Galería Mariano. Cuando la Casa cumplió treinta años, se estableció la Medalla Haydee Santamaría, que desde entonces se ha estado otorgando a muchas personalidades nombradas, y a instituciones. 13 Además, para ordenar lo que es ya su amplio pasado, la Casa trabaja su riquísimo Fondo Documental (piénsese sólo en la inmensa e intensa correspondencia que atesora), junto con el Programa Memoria de la Casa.
Pero seguramente lo más señalado de la Casa sea su contribución al reconocimiento internacional que desde hace años han recibido, en primer lugar, la literatura, pero igualmente, en diverso grado, otras expresiones de nuestra América. No era así, ciertamente, cuando la Casa surgió, en 1959. Ello, en lo fundamental, debe remitirse al acontecimiento que hizo posible la creación de la propia Casa. Refiriéndose a los Estados Unidos, su país (y la observación es válida para muchos otros), escribió en 1982 el investigador y profesor de la Universidad de Pittsburgh John Beverley:
«Fue la Revolución Cubana la que dio origen al gran incremento de estudios latinoamericanos en la década de 1960 y principios de la de 1970. [...] La literatura latinoamericana, que cuando yo era aún estudiante se consideraba como la última de las literaturas en idioma extranjero, tiene hoy un prestigio y una influencia excepcionales [...]» 14
Sin exagerar su papel, la Casa ha tenido algo que ver con esto. No seré yo quien lo proclame. Dos años antes de escribir Beverley esas palabras, al dejar inauguradas las labores de nuestro Premio Literario correspondiente a 1980, había dicho Julio Cortázar que en la decisión de la Revolución Cubana
«de dar al máximo, de proyectarse más allá de la órbita local como la única manera de encontrarse auténticamente consigo misma, la labor de la Casa de las Américas asume una significación que ningún elogio podría abarcar, y que sobrepasa largamente su breve vida institucional.// [...] En estos últimos años la irradiación cultural de la Casa se ha visto multiplicada por muchas razones, que sólo mencionaré parcialmente. En primer lugar, sus publicaciones y actividades han ocupado un lugar permanente y muy importante en todos los centros de recepción de cultura del mundo, incluso en algunos cuya línea ideológica dista de ser la de Cuba pero que ya no pueden ignorar la calidad y la validez de la producción intelectual y artística que la Casa vehicula y estimula.»
Todas las áreas de la Casa tienen proyectos que van a realizar: por ejemplo, de consuno con la Biblioteca, la revista Casa está al publicar un CD-ROM que ha de abarcar sus primeras cuatro décadas. Pero nada es tan importante como que, cuarenta y cinco años de su fundación, la Casa burbujee de nuevas generaciones. Muchos de los responsables de nuestras Direcciones nacieron después de la Casa. Los demás directores por lo general son también relativamente jóvenes. Y, como suele ocurrir, los jóvenes tienen (y sobre todo tendrán) sus propias perspectivas, que acaso aún no conocen del todo. Tiempo al tiempo, dice el Refranero.
Por otra parte, concluiremos volviendo a la macrohistoria. Hoy, la revolución no está en el orden del día, ni en nuestro Continente ni en el resto del mundo. En nuestra América, después de batallas épicas de las fuerzas de izquierda, y de reacciones implacables por parte del Imperio, a lo cual hay que sumar el fracaso del experimento socialista europeo, Cuba, que tan tenazmente luchara por su autodeterminación y auxiliara y auxilia a otros pueblos, ha quedado como el único país socialista del área, y uno de los pocos del planeta. Sin embargo, a diferencia de lo que ocurría unos años atrás, está mejor acompañada en el Continente (cuyos pueblos rechazan con fuerza al neoliberalismo depredador), tiene relaciones diplomáticas con la casi totalidad de los países americanos, y se integra cada vez más a entidades supranacionales. Por razones obvias, hemos debido defender primero el ámbito inmediato, que Martí llamó «nuestra América». Pero fue también Martí quien dijo: «Patria es humanidad». Y nuestra área mediata es América, sin adjetivos. Asumirla a plenitud no es por el momento demasiado fácil. En la introducción a una antología publicada en Cuba, en 1997, de cuentos escritos en Canadá, afirmaron Margaret Atwood y Graeme Gibson:
«Los Estados Unidos de América separan a los canadienses de los países y culturas de América Latina y el Caribe. Cuando miramos al sur –lo que en Canadá hacemos con bastante frecuencia–, los Estados Unidos bloquean nuestra mirada. Lo mismo ocurre cuando los latinoamericanos levantan la vista hacia el norte. Como resultado de ello, canadienses y latinoamericanos conocen demasiado poco unos de otros.» 15
Pero las cosas no serán siempre así. Los bloqueos terminarán. Las opacidades cederán ante la luz. Y la Casa de las Américas lo será de las Américas todas. El panamericanismo imperialista ha secuestrado temporalmente al verdadero panamericanismo, como la globalización neoliberal pretende secuestrar a la globalización. Sin embargo, por hostiles que soplen los vientos de la tempestad, son pasajeros, como todos los vientos. Cuando Shakespeare hizo exclamar a Miranda, feliz por el amor y la belleza: «O brave new world» («Oh espléndido mundo nuevo»), es harto dudoso que la muchacha, primaveral como una doncella de Boticelli y grácil como una bailarina del Caribe, se estuviese refiriendo al Nuevo Mundo, aunque el concepto ya estaba en uso: Américo Vespucio lo había acuñado en su famosa carta de 1503, que es imposible que el Bardo desconociera. Huxley se valió de la expresión, con otro sentido, para titular sarcásticamente su distopía Brave New World (llamada en español Un mundo feliz), heredera del Nosotros de Zamiatin y precursora del 1984 de Orwell. No obstante, si la humanidad va a salvarse, habrá un mundo realmente nuevo, no distópico, con esta o aquella denominación. Aprovechamos la coyuntura para reafirmar nuestra convicción de que la Casa de las Américas será un día (cuán lejano, no lo sabemos) de todas las Américas: y será del mundo, del mundo nuevo. No concebimos mejor perspectiva.
NOTAS AL PIE:
1 Tal expresión aparece en la revista Américas al menos entre octubre de 1956 y julio de 1967.
2 Otros nombres: José Revueltas, Régis Debray, Ricaurte Soler, Ricardo Pozas, Suzy Castor, Emmanuel Carballo, Rodolfo Walsh, Juan Goytisolo, José Antonio Portuondo, Paul Estrade, Margaret Randall, Manuel Rojas, César Fernández Moreno, Antonio Cornejo Polar, José Bianco, Blas de Otero, Atahualpa del Cioppo, René Zavaleta Mercado, Alonso Aguilar, Pedro Mir, Fernando Alegría, José Pedro Díaz, Daniel Camacho, Frei Betto, Hernán Vidal, Aquiles Nazoa, J. M. Cohen, Federico Álvarez, Ernesto Mejía Sánchez, Ángel González, José Balza, Manuel Maldonado Denis, Carlos Barral, Manuel Claps, Rubem Fonseca, Paco Ignacio Taibo II, Ariel Dorfman, Luisa Valenzuela, Jaime Concha, Ana Miranda, Mario Monteforte Toledo, George Campbell, Jorge Semprún, Ana Pizarro, Arturo Alape, Amanda Berenguer, René Menil, Hans Magnus Enzensberger, Horacio Verbitsky, Ivan A. Schulman, Alfonso Chase, Keneth Ramchand, Emir Sader, Keith Ellis, Tomás Escajadillo, Vic S. Reid, Nicanor Parra, Robert Márquez, Hernán Loyola, Iván Egües, José Emilio Pacheco, Javier Villafañe, Tununa Mercado, Norman Brisky, Idea Vilariño, Mirko Lauer, Thiago de Mello, Diamela Eltit, Juan Manuel Roca, Héctor P. Agosti, Francisco Coloane, Sebastián Salazar Bondy, Roberto Díaz Castillo, Juan Bañuelos, Nelson Osorio, Fernando Morais, Oscar Collazos, Alejandro Romualdo, Daniel Moyano, Ignacio Chaves Cuevas, Miguel Rojas Mix, Jorge Ruffinelli, Iris M. Zavala, Pável Grushkó, Guillermo Cabrera Infante, Claude Couffon, Noé Jitrik, Carlos Droguett, José David Saldívar, Iverna Codina, Raúl Zurita, Walter Mignolo, César Rengifo, Chiqui Vicioso, Jaime Mejía Duque, Carlos Quijano, Isaías Peña Gutiérrez, Roberto Echazú, Juan Marinello, Onelio Jorge Cardoso, Félix Pita Rodríguez, Carilda Oliver Labra, Ambrosio Fornet, Humberto Arenal, Antón Arrufat, Edmundo Desnoes, Francisco de Oraá, Senel Paz, Julio Rodríguez Luis, Joel James, Jaime Labastida, Abel Prieto, Miguel Barnet, Óscar Oliva, Carlos Martí, Emilio Bejel, Jorge Timossi, Abilio Estévez, Marilyn Bobes, Elkin y Laura Restrepo, César López o Francisco López Sacha.
3 Otros nombres: Jorge Enrique Adoum, Fayad Jamís, Dora Alonso, Enrique Lihn, Emilio Carballido, Néstor García Canclini, Osvaldo Dragún, Gonzalo Rojas, Noé Jitrik, Pablo Armando Fernández, Carlos María Gutiérrez, Roberto Ibáñez, Mario Trejo, Marta Traba, Pedro Juan Soto, Alberto Flores Galindo, Anthony Phelps, Carlos M. Vilas, Denzil Romero, Isidora Aguirre, Antonio Benítez Rojo, Julia Calzadilla, Andrew Salkey, Françoise Pérus, Manlio Argueta, Felix Grande, Gerard Pierre-Charles, Beatriz González Stephan, Martín Lienhard, Manuel Medina Castro, Roberto Sosa, Ana Lydia Vega, Rubén Bareiro Saguier, Beatriz Pastor, Hugo Neira, Héctor Malavé Mata, James Carnegie, Paul Laraque, Armando Tejada Gómez, Claribel Alegría, Raphaël Confiant, Alfred Melon, Eduardo Mignogna, Lourdes Casal, Roger Toumson, Rolando Hinojosa, Pedro Orgambide, José de Jesús Martínez, Julio Pazos Barrera, Dalmiro Sáenz, Graciela Scheines, Oscar Pino Santos, Hugo Niño, Gioconda Belli, Raúl Pérez Torres, Hildebrando Pérez, Luis Rogelio Nogueras, Austin Clarke, Alfredo Gravina, Eduardo Rosenzvaig, Poli Délano, Manuel Cofiño, Fernando Martínez Heredia, Manuel Orestes Nieto, Omar Lara, Marilyn Bobes, Juan Flores, Jorge A. Boccanera, María Gravina, William Gálvez, Arturo Arias, Lucía Guerra, Luis Suardíaz o Tomás Harris.
4 Otros nombres: Antonio Cisneros, Nersys Felipe, Eduardo Heras León, Carlos Tablada o Reynaldo Montero.
5 Desde Pópol Vuh y Visión de los vencidos hasta el Inca Garcilaso, Sor Juana, Sarmiento, Hernández, Machado de Assis, Darío, Da Cunha, Quiroga, Mistral, Sanín Cano, Reyes, Henríquez Ureña, Borges, Vallejo, De Greiff, Neruda, Gallegos, Guzmán, Price-Mars, Uslar Pietri, Drummond de Andrade, Huidobro, Pellicer, Roumain, Picón Salas, González Tuñón, Palés Matos, Arguedas, Guimarâes Rosa, Mais, Rulfo, Roa Bastos, Parra, Pareja Diezcanseco, Césaire, Amado, Marechal, Rhys, Callado, Benedetti, Carew, Cortázar, Alexis, García Márquez, Cardenal, Gelman o Poniatowska.
6 Selecciones de Bolívar, Artigas, Juárez, Hostos, Arosemena, Rodó, Martí, Recabarren, Mariátegui, Ponce o el Che.
7 Estudios sobre autores como Bello, Onetti, Rulfo, García Márquez, Arguedas, Guillén, Carpentier, Dalton, Lezama Lima, Loynaz, Palacio, Jorge Cardoso, Vallejo, Benedetti o Piglia; o temas como la novela romántica, los vanguardismos, el teatro de creación colectiva o la novela de la Revolución Mexicana.
8 Que en sus varias series acogió breves visiones de las naciones del Continente, y estudios como los de Miguel Acosta Saignes, Juan Bosch, Suzy Castor, Gastón García Cantú, Elsa Goveia, Richard Hart, Adelaida de Juan, Rupert Lewis, James Millete, Federico Morais, Darcy Ribeiro, Volodia Teitelboim o un Panorama histórico-literario de nuestra América.
9 Otros nombres: Alessandra Riccio, Michael Löwy, Graziella Pogolotti, Noël Salomon, Álvaro Mutis, Tomás Gutiérrez Alea, Jaime Alazraki, Raúl Hernández Novás, Isabel Larguía, Juan Carlos Volnovich, Raúl Bueno, Peter Hulme, Manuel Vázquez Montalbán, Francine Masiello, Michèle y Armand Mattelart, Nelly Richard, Julio Ramos, Luis Sepúlveda, Doris Sommer, Ticio Escobar, Claude Julien, Adolfo Colombres o Mary Louise Pratt.
10 Otros nombres: Macció, Bursztin, Felguérez, Lublin, Homar, Carpani, Muñoz, Colombino, Camnizter, Tilsa, Porter, Krasno, Curnoe, Trujillo, Vigas o Brugueras.
11 Se han publicado obras de Osvaldo Dragún, Augusto Boal, Enrique Buenaventura, Jorge Díaz, Jorge Enrique Adoum, Manuel Galich, Daniel Boukman, Emilio Carballido, Derek Walcott, Yuyachkani, Ariel Dorfman, Griselda Gambaro, Isaac Chocrón, Abelardo Estorino, Roberto Cossa, Mauricio Kafun o Marco Antonio de la Parra.
12 Lo han recibido Vicente Revuelta, por su puesta en escena de La noche de los asesinos, de José Triana; el Festival de Teatro de Cali; el Odin Teater de Dinamarca; Carlos Giménez y el Festival de Teatro de Caracas; Javier Villafañe; Santiago García o el grupo Yuyachkani.
13 Estas últimas son El Galpón, de Uruguay; el Ateneo de Caracas; la Corporación Colombiana de Teatro; el Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos.
14 John Beverley: «¿Puede el hispanismo ser una práctica radical?» (1982), Del Lazarillo al sandinismo. Estudios sobre la función ideológica de la literatura española e hispanoamericana, Minneapolis, 1987, pp. 33-34.
15 Margaret Atwood y Graeme Gibson: «Introducción» a Desde el invierno. Veintitrés cuentos canadienses, trad. de varios, Toronto, La Habana, 1997, p. 12. |
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