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Sobre Oscar Hurtado:

Mínima crónica sobre un gigante

Ángel Arango nos cuenta sobre Oscar Hurtado

 

Sobre Miguel Collazo:

Miguel Collazo


Mínima crónica sobre un gigante

Por Gerardo Chávez Spínola

e dijo un viejo sanador un día, que su padre le había enseñado a  leer en el sonido del viento, en el rumor de las hojas de los árboles,  en el murmullo de río, en las voces y el pelaje de los animales del monte. Después aprendí que era cierto. Y que se puede leer también en los espacios entre las palabras, donde el que escribe muestra sin saberlo el alma, o lo que en verdad lleva dentro de sí mismo y junto a ello, la verdadera intención que le mueve la mano y no deja trazo visible en el papel. Si no me cree, compruébelo aquí mismo.

Así, aprendí a leer a Oscar Hurtado. Aún lo estoy conociendo, pues tanto hay dentro de esos cotos, que no creo alcance una prestada vida para disfrutarlo.

Medía más de 6.2 píes de estatura y su peso bien puede que pasara de las doscientas libras, se confesó nieto de vampiros y a muchos de quienes le conocieron, no les hubiera extrañado, si algún día se descubre que nació en algún planeta de otra galaxia cercana.

Fue el creador del primer taller de Ciencia-ficción en Cuba. De donde surgieron los fundadores. Principal generación de gladiadores literarios que se lanzó a las arenas, armados de sus fantasías para conquistar imprentas. Fundó las colecciones Fénix y Cuadernos, dedicadas a la poesía y a la prosa respectivamente. Dejó la más profunda huella en la historia del género en nuestro país, al fundar la colección Dragón, de la editorial Arte y Literatura, donde se publicaron con la instantánea aprobación de los lectores cubanos, muchas de las mejores obras de esta gustada corriente literaria.

Publicó de su mano los poemarios La Seiba (1961), La ciudad muerta de Korad (1964) y Paseo del Malecón (1965); el libro de cuentos Carta de un juez (1963) y un ensayo sobre pintura cubana. Fue coautor de Cuba: cien años de humor político, en colaboración con Évora Tamayo. Escribió varios artículos en periódicos y revistas sobre temas tan variados como artes plásticas, cosmonáutica, ajedrez, Ciencia-ficción, misterios arqueológicos y otros.

Hizo los prefacios de la primera edición en nuestro patio, de La Guerra de los Mundos, de H. G. Wells y Las aventuras de Sherlock Holmes, de A. Conan Doyle. Así como también, en 1969, la recopilación y prólogo de Cuentos de Ciencia-ficción, considerada en su momento, la mejor selección de cuentos del género publicada en Cuba. Después... dejó de publicar. Y como si le faltara ese estado interior que alcanza, realiza y mantiene al que escribe, unos años más tarde, en 1977, luego de una imprevista y rápida enfermedad, es llamado a abandonar nuestro espacio-tiempo.

En el año 1969, la editorial Letras Cubanas publicó, en su colección Radar , Los papeles de Valencia el mudo, joya de gran valor dentro de los clásicos de la literatura criolla de CF. Si tuviese usted la suerte de encontrarse con alguna venta de libros viejos, que contenga este tesoro con hojas, no dude en pagar el precio que le pidan y trate de leer en aquellos espacios carentes de palabras, pero repletos de sentimientos, aquello que puso con el alma, el gigante de la Ciencia-ficción cubana.


Ángel Arango nos cuenta sobre Oscar Hurtado

Por Ángel Arango (Condensado de una entrevista realizada por G. Ch. Spínola,al prestigioso autor, en julio del año 2000).

scar Hurtado era amante y estudioso de la Ciencia-ficción. Si él veía algo meritorio en este terreno, de inmediato lo divulgaba. Consideraba que debía darse a conocer todo lo bueno que hubiera dentro del género. Por eso se publicó la Antología de Ciencia-ficción Universal, en la Biblioteca del Pueblo. En la colección Dragón, publicó el libro mío, ¿A dónde van los cefalomos? y El Planeta Negro. En la década de los sesenta, nos reuníamos aquí cerca, en su casa, en la calle 15 y L, una vez a la semana, porque él trabajaba en la editorial y yo en la aviación. En estas reuniones él me dio a conocer obras de la CF norteamericana y otras de la soviética, que intercambiábamos con otras que yo leía o conocía. Tenía una gran capacidad para valorar el género. En su casa, yo me acuerdo que estuvo asistiendo Virgilio Piñera, algún tiempo. Virgilio iba más a menudo, porque también en esa época la esposa de Hurtado era actriz.

Si yo tenía algo escrito, que estuviera concreto, terminado, lo llevaba a su casa. Así, le llevé el cuento de: "Un inesperado visitante", el Cristo cosmonauta, que él publicó en una selección de la CF internacional. Después le llevé: "¿A dónde van los cefalomos?, que fue mi primer cuento de CF a pulso. Porque, "El día que Nueva York penetró en el cielo", era de CF, pero tenía tonos humorísticos, tantos que la CF se perdía, pero "¿A dónde van los cefalomos?", él lo leyó, y eso que era un cuento algo complejo para esa época, porque se introducen toda una serie de elementos que entonces no existían en la ciencia todavía y se le da una personalidad a los robots, que no se usaba aún, y él cuando lo leyó dijo: -Es extraordinario. También me dijo una cosa muy importante, me dijo: -esto da para más. Esto da para una novela. Entonces pasaron los años. Yo hice mis Leyendas y Mitos. Recorrí un gran camino a través del pasado, y de otras regiones, en donde hice una interpretación nueva, tratando de dar un aporte sobre circunstancias históricas en las que había estado presente, o las que había conocido y al final, como en los años 80, me pregunté: -Bueno, ¿que haré ahora?, sigo escribiendo de mitos y leyendas, recreando el mundo, o me planteo algo nuevo. Nuevo es muy difícil, porque todos los temas están muy manoseados, muy trajinados. Entonces me acordé de los de Hurtado, pensé en "¿A dónde van los cefalomos?" y me di cuenta que allí había un mundo. Entonces me puse a la tarea de alargar el cuento y convertirlo en una novela. Desarrollé todo lo que tenía el cuento -de quince páginas-, pero sin cambiar ninguno de los asuntos planteados allí.

Yo agradezco a Oscar Hurtado, el haber escrito mis cuatro novelas. A la inspiración y la confianza que me dio él. Sobre todo a aquella sugerencia suya, de sacar una novela de: "¿A dónde van los cefalomos?".

 


Miguel Collazo
Por Omar Perdomo

Narrador, artista plástico y, en sus inicios en las letras, escritor de teatro, Miguel Collazo ( La Habana, 1936- 1999) tanto en la vida como en su quehacer artístico, tuvo un difícil aprendizaje. " Mundo sórdido -al decir de Fayad Jamis- que se inicia entre las cuarterías, acarreo de agua, pícaros baratos, bobos de barrio, locos , politiqueros, y personajes extravagantes ".

Collazo cursó estudios -años 50- en la Academia Nacional de Bellas Artes de San Alejandro, asumiendo en cambio la pintura " moderna " en el esplendor mismo del Círculo de Bellas Artes y de los pintores académicos oficiales. Conformó el grupo Los Cinco y, a partir de su primera muestra en la Galería Lex (1956), realizó numerosas exposiciones personales y colectivas dentro y fuera de Cuba.

Con su primer libro: El fantástico mundo de Oaj (Ediciones Unión, 1966), demostró que era posible escribir una ciencia-ficción cubana autóctona, no exclusiva de los países desarrollados, ni sus temas y personajes subsidiarios de sociedades de consumo, como señaló Agenor Martí (Granma, septiembre 25 de 1986), al comentar el vigésimo aniversario de esa obra fundamental de la ciencia-ficción en nuestro país.

En 1968, por la misma editorial, publicó la novela El viaje, donde la visión poética -como en su anterior título- , desemboca en la ciencia-ficción, mezcla de fantasía y de reflexión existencial. Las reacciones ante Onoloria (Ediciones Unión , 1973), su siguiente título, fueron de la indiferencia al asombro, así lo subrayó Roberto Méndez en su artículo "Aproximaciones a un libro misterioso" (La gaceta de Cuba, febrero de 1989) a propósito de la publicación en 1988 de Onoloria y otros relatos, merecedor del Premio de la Crítica y en el que el autor agregó los diez cuentos de El arco de Belén (1976) y su conjunto de prosas Estancias (1984), "Era difícil para los críticos, en un momento en que predominaban en nuestra narrativa temas como la lucha contra bandidos y la zafra, ubicar esta noveleta ubicada en un imaginario principado medieval con una acción apenas sugerida, penumbrosa, que parecía deberle más a Peleas y Melisanda de Maeterling que a las obras que publicaban sus contemporáneos. "

Otro libro de prosas: El laurel del patio grande (Editorial Letras Cubanas, 1978) otros dos de cuentos (Bajo la gorrita del Papa y Dulces delirios, publicados por Unión en 1991 y 1997, respectivamente) y la novela Estación central (Letras Cubanas, 1993), estos tres últimos ganadores del Premio de la Crítica correspondiente, completan hasta el momento la obra de este autor de huella indeleble en las letras cubanas, aunque poco favorecido por la crítica. Miguel Collazo continuó su labor de creación en silencio y , sin proponérselo, ejerciendo su magisterio en la narrativa cubana contemporánea.

Tomado de:
Nuestros Autores en Cubaliteraria

 

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