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Festival Internacional de Ciencia Ficción de Nantes
Utopiales 2004
Un cubano en Nantes
¡por segunda vez!

Parte I

 
 
 
Otros trabajos del autor en Guaicán
Palacio de las Convenciones de Nantes

El Festival Internacional de Ciencia ficción de Nantes Utopiales 2004, se celebró del 4 al 7 de noviembre del pasado año, en su 5ta edición. El Centro Internacional de Congresos de Nantes, un lujoso palacio de cuatro pisos de altura, fue la sede de esta concurrida actividad de la CF..

Yoss fue invitado de nuevo a la famosa cita internacional y tuvo esta vez la ocurrencia de redactar esta crónica del evento, del la cual publicamos hoy (con algún retardo) la primera de las dos partes en que se presenta a los lectores del Guaicán.

 

¿Dudaría alguien si le proponen visitar por segunda vez el paraíso?

Por Yoss

Al uruguayo Roberto Bayeto lo conocí a principios de este año vía Internet, durante los chats y otros trajines fundacionales del ambicioso proyecto Comunidad CF, del argentino Sergio Gal Ver Hartman. Me impresionaron su entusiasmo, su dureza y su poca paciencia para con los “gorditos nerds fans de Internet que se creen con derecho a sentar cátedra sobre lo que es la ciencia ficción sin haber escrito nunca una línea” (por años fue policía de asalto en Montevideo... y se le nota) y el que me confesara que uno de los personajes protagónicos de MORDEDOR, novela suya de la que fue seleccionado un fragmento para la antología Utopiales 2004, era cubano.

Lucas Moreno (Uruguay); Silvie Miller (francia); Pablo Cestio (Chile) Yoss

Y cuando me dijo que además de publicarle lo habían invitado a las Utopiales junto con “Pablo Castro, un muchachito chileno ahí que no sé, ché, no me inspira confianza, todos los chilenos son unos pelotudos estirados ¿sabés?” y me pidió que le hablara del evento anual de Nantes, no pude superar la tentación del fácil juego de palabras y le dije que serían cuatro días fasci-Nantes. Y además y más en serio que era el más importante de Francia y uno de los más importantes de Europa en el ámbito fantástico, una verdadera fiesta de la imaginación... y lo envidié a granel: yo había sido ya invitado en el 2002, cuando mi cuento KAISHAKU fue también incluido en la antología del año y la verdad es que lo había pasado tan rebién que estaba loco por volver.
Pero mucho me temía que una cosa había sido pagarme el pasaje ida y vuelta desde Roma, donde me encontraba entonces, y otra muy diferente sería hacerlo desde la distante Habana... así que volver a la ciudad natal de Jules Verne a participar en las Utopiales se me antojaba, al menos de momento, algo bastante utópico, y valga la redundancia y otro fácil juego de palabras.
Pero a las pocas semanas del intercambio epistolar con Bayeto recibí un correo electrónico de otro uruguayo que además de políglota (español, inglés, francés, alemán, italiano y ¡chino!) es fanático de la fantasía y la ciencia ficción, solo que radicado en Suiza: Lucas Moreno, a quien tuve el placer de conocer en persona durante la edición de 2002 del evento y que luego tradujo magistralmente al francés mi cuento de fantasía heroica EL GUARDIAN, para la hoy desaparecida (esperemos que no para siempre) revista del género ASPHODALE. Tan cortés y protocolar como de costumbre, me preguntaba si estaría dispuesto a viajar a Francia a principios de noviembre como invitado a las Utopiales, y a participar en una mesa redonda sobre la ciencia ficción y el fantástico latinoamericano.
¿Dudaría alguien si le proponen visitar por segunda vez el paraíso?

Yoss con escultura del Museo de arte Fantástico y de CF de Patrick Gyser

Por supuesto que acepté sin pensarlo dos veces ¿mesa redonda sobre el fantástico latinoamericano? Pan comido para mí, que como tantos cubanos, muy bien podría usar Improvisación como segundo apellido.
Haciendo honor a la eficiencia europea, pocas semanas después la Sra. Stephanie Laik, secretaria de la Cité des Congrés y del evento, me envió por e-mail la propuesta de mi itinerario de viaje y luego mis pasajes de avión Habana-París y de tren París-Nantes, así como la reserva para pernoctar en un hotel del aeropuerto de Orly, dado que llegaría a París por Air Europa el 3 de noviembre a las 8 y 40 de la noche y el último tren para Nantes salía a las 9.
No obstante, teniendo en cuenta toda esa complicación, más la burocracia de visas, seguros de vida, permisos de salida y demás que implica para un cubano viajar a Europa (incluso para uno que, como yo, ha pasado en los últimos 7 años más tiempo allá que aquí) a algunos amigos mi presencia en las Utopiales 2004 les seguía pareciendo un asunto discutible... en el mejor de los casos.
Pero ¿cabe imaginar persona más optimista que un escritor cubano de ciencia ficción?
Es obvio que fui o no habría escrito esta crónica.
Así que, parafraseando a Mark Twain en TOM SAYWER, tenderé un piadoso velo sobre la esperada visa francesa que solo estuvo cuatro días antes de mi vuelo, sobre las dificultades para dar con la sede habanera de Amistur, la única empresa ¿cubana? autorizada a asegurar a los viajeros de la isla que van a Europa, y sobre cómo mi novia de entonces me llevó en su carro al aeropuerto José Martí y me despidió y suministró condones como si partiera por 10 años a un harén turco y no a Europa y por escasos 15 días. Tampoco me extenderé contando pormenores del maratónico vuelo con escala de seis horas en Madrid, ni del diminuto pero cómodo cuarto del hotel ni mucho menos de cómo perdí por cinco minutos el tren París-Nantes de las 9 por culpa de un embotellamiento en la autopista que alargó el viaje del autobús Orly-Gare de Montparnasse (unos 7 euros) de los 20 minutos que me habían informado a casi 50, poniendo a dura prueba mi escaso francés y mi pésimo acento en inglés y de paso obligándome a pagar un suplemento de casi 10 euros (otra dura sangría a mi presupuesto de viaje, tan reducido como el de la mayoría de los cubanos) para poder tomar el tren de las 10 y llegar finalmente a Nantes a mediodía, justo una hora después de cuando me esperaban.
Allí, tras tener la suerte de dar con una muchacha del comité de recepción del evento que chapurreaba un poco de español y cargar con mi equipaje unos 400 metros, llegué a la Cité des Congrés y al adyacente Novotel por segunda vez en mi vida el jueves 4 de noviembre de 2004 a eso de la 1 de la tarde.

Yoss con editores de Suiza y Grecia. Utopiales 2004. Nantes.

La Ciudad de los Congresos de Nantes no será tan grande como nuestros Pabexpo y Palacio de Convenciones... pero impresiona igual. La fachada de cristal de inspiración modernista está flanqueada por los cinco pisos del hotel, por un lado, mientras que al otro se alza un bosque de astas, entonces coronadas por las banderas de los países a los que pertenecían los invitados del evento... y admito que me emocionó no poco ver ondeando la de Cuba entre ellas, y más saber que era por mí. Luego, conversando con Bayeto (pero no nos adelantemos a los acontecimientos) confirmaría que él sintió lo mismo al ver flamear la de Uruguay.
Rodando mi equipaje sobre sus muy cómodas rueditas confirmé mi reservación, saludé efusivamente a un par de conocidos de otros eventos franceses similares (Utopiales 2002 e Imaginales 2003) y subí al ascensor en dirección a mi habitación. No, la coincidencia no fue completa, nunca se baña uno dos veces en el mismo río y todo eso; no era la misma de la vez anterior... pero sí idéntica en todos los detalles. Incluyendo ese raro hábito arquitectónico galo de reservar para la taza del servicio sanitario una pequeña habitación separada del baño con lavabo y ducha que en el 2002 me causó no pocos líos cuando me alzaba a medianoche medio dormido y con la vejiga llena...
Pero a todo se acostumbra uno, puedo atestiguarlo.
Cinco minutos más tarde corría hacia la entrada de la Cité des Congres, sabiamente dispuesta a menos de veinte metros del lobby del Novotel, lo que permite a los delegados salir del hotel al evento en mangas de camisa sin cargar pesados abrigos... y sin helarse. Bastaron un par de minutos para acreditarme, recoger el programa y los tickets para el restaurante y el bar. Mientras me ataba al cinto la credencial (hecha para colgársela al cuello, pero, yo, ya se sabe, siempre tan poco convencional...) me advirtieron que mostrándosela a los del bar podría tener todas las coca-colas que quisiera y, para mi infinita satisfacción de abstemio siempre sediento de refrescos pero corto de efectivo, completamente gratis.
Este año me perdí la primera ocasión de socializar: el coctel de inauguración del evento en el Bar de Madame Spock había sido la noche anterior y debió durar hasta bien entrada la madrugada. Y como los únicos que habían tenido programa matutino fueron los incansables fans a los juegos de roll, la abrumadora mayoría de los escritores estaban desayunialmorzando (o brunching, para decirlo de modo que parezca que uno domina el inglés).
Apenas entré en el excelente restorán, alguien brotó desde detrás de una columna y me envolvió en un abrazo osuno. Era Lucas Moreno, pero por poco no lo reconozco: el chico delgado que yo recordaba de dos años antes había engordado muchísimo... y al ver mi cara me advirtió, sonriendo, que no lo había visto en su máximo esplendor: en las últimas semanas y con los trajines de la organización hasta había bajado unos kilos.
Todavía me estaba reponiendo de esta primera sorpresa cuando alguien dijo “¡qué volá, asere!” en perfecto español, aunque con un acento feroz. Y otra voz dijo “Mirá, ché, pero si el Heavy Metal Parachute Corp nos ha invadido”. Eran Khristo Poshtakov, un sonriente escritor búlgaro de unos 60 años que por 9 años trabajó como ingeniero y vivió en Cuba; y Roberto Bayeto, mi amigo uruguayo del e-mail a quien finalmente conocía cara a cara. Lo miré de hito en hito: espaldas de escaparate, metro con ochenta y cabello canoso cortado casi al cero, pero a pesar de sus pantalones de fajina de los SWATS su aspecto no era precisamente marcial... y antes de que pudiera comentar nada se justificó “sí, ché, he engordado un poco, pero no es lo mismo laburando en la policía que tecleando todo el día frente al computer” Casi tímidamente me saludó también un muchacho delgado de traje, corbata y gafas: era Pablo Castro, y en un aparte lo primero que hizo Bayeto fue decirme que nada de huevón estirado, era un gran tipo, simple y asequible, que ni siquiera se vanagloriaba de ser el único latino presente (descontando a Lucas, claro) que hablaba perfectamente francés por haberlo estudiado de chico en un colegio bilingüe.
Con el tan cubano apetito canino cargué contra el menú: entre el pescado cubierto con espesa salsa y la moussaka, especie de pastel de carne de origen griego, opté por la segunda, y un par de yogures de postre. Khristo, jovialísimo, aprovechó para informarnos que la moussaka, como el yogurt, era un invento búlgaro y la emprendió animosamente con la historia de cómo el Lactobacilum bulgaricus solo quería vivir en su país, ante el suspiro paciente de Bayeto y Castro.
Luego descubriría que cada uno ya había tenido que escuchar el cuento un par de veces... cuando Poshtakov volvió a contársela a otros invitados incautos en mi presencia.
Entre bocado y bocado comenzó la socialización y el intercambio de chistes. El búlgaro y yo descubrimos que teníamos un par de amigos comunes en La Habana, el chileno quedó patidifuso cuando le conté que en 1999 había estado cerca de su diminuto pueblo natal y que conocía a Hugo Correa, un escritor chileno de estilo bastante lovecraftiano (yo quedé más sorprendido todavía al saber que aún vive), me enfrasqué con Bayeto en una deliciosa discusión sobre las cualidades combativas comparadas del AK-47 ruso, el FAL belga, el Galil y la UZI israelíes y otros rifles automáticos más recientes; descubrí que era el guionista de un comic que me gustó mucho, GENETICA GRUNGE... en fin, como ocurre cuando tres nacidos al sur del Río Bravo y otro latino por adopción se encuentran, las risas y las voces subieron de tono atrayendo la atención del resto de los comensales, que vinieron educadamente a saludar.
Y fue un desfile: pasaron a saludarnos el autor del inolvidable INCORDIA A JACK BARROW, el norteamericano Norman Spinrad, a quien ya conociera en el evento del 2002, con su compañera actual, que antes lo fuera del difunto Philip K. Dick (lo siento, pero no recuerdo el nombre de la señora... su cara, sí: memorable ejemplo de las bondades de la cirugía plástica); Michel Pagel, un pequeño gran autor francés que ya he encontrado en otras ocasiones; Michelle, su ex, una traductora encantadora de largos cabellos negros con la que siempre acabo intercambiando chistes franceses y cubanos macarrónicamente traducidos a la lengua de Shakespeare (sí, un día de estos tengo que aprender francés en serio); Melanie, corta de estatura y de cabellos, pero grandísima escritora de fantasía y una de las finalistas al Grand Prix de L´Imaginarie de ese año, encantadora pero siempre parpadeando como avergonzada de estar ahí; Christopher Priest, altísimo y dulcísimo, a cuya pluma se debe el singular EL MUNDO INVERTIDO y tantos otros libros del género, otro conocido de las Utopiales 2002; lo mismo que Robert Holdstock, el creador de la insoslayable saga fantástica de BOSQUE MITAGO y LAVONDISH; el alemán Andreas Eschbach, a quien me presentaran en julio del 2004 durante la Asturcom inserta en el marco de la Semana Negra de Gijón y cuya space-opera LOS TEJEDORES DE CABELLOS está siendo un exitazo en España, con toda justicia porque es absolutamente genial, como pude constatar al leerla; Leo Lukas, siempre sonriente bajo su boina de bohemio, un autor austríaco al que debo leer; los franceses Ayerdhal, Henry Loevenbruck y Jean-Marc Ligny, amabilísimos y con fama de buenos escritores (otro motivo para aprender francés en serio... uno de estos años); Patrick Gyger, uno de los eternos patrocinadores de las Utopiales, director de un museo de arte fantástico y de CF en Suiza (y que no es ni nieto ni sobrino nieto de Gyger el de los Aliens, ya se lo pregunté en el 2002) con su bellísima responsable de colecciones Natalie, la de los ojos color del tiempo y el busto más perfecto que ojos cubanos han visto; Sandrine Gestin, una amable y pequeña rubia de rostro élfico y notable pintora de temas ídem, con su igualmente amable esposo... y finalmente Sylvie Miller, traductora, scout editorial y last but not least, también escritora del género, de talento y corazón tan grandes como su maternal figura, a quien estaré siempre agradecido, no solo por haber seleccionado KAISHAKU para la antología Utopiales 2002 y haberme facilitado publicar otros cuentos en ASPHODALE, HAUTEURS y GALAXIE, ni tampoco por fungir prácticamente como mi agente en francés, sino sobre todo por el invalorable regalo de su sincera amistad...
Eramos todos los que estábamos, pero no estábamos aún todos los que debíamos ser: las estrellas de la convención, el gurú ciberpunk estadounidense Bruce Sterling y el genio inglés Michael Moorcock, a quien sería concedido el Prix Utopia de ese año (solo diré que en el 2002 lo mereció Robert Silverberg para dar idea de la categoría del galardón) no habían llegado.
Pero no solo escritores y artistas gráficos acuden a Nantes. Lucas Moreno nos presentó a su esposa Stephanie, de origen vietnamita que por amor a él había ¡aprendido español! venida desde Suiza con algunos amigos para participar en el evento. Como Sandrine, una fascinante morena que se habría alzado con el premio Al Mayor Encanto Femenino (su única rival era Natalie, la asistente de Patrick Gyger) pero que lamentablemente acudió con su novio; y una pareja de chileno y mexicana que viven en Lausana y cuyos nombres no puedo recordar, pero simpatiquísimos también.
Estaba también el Hombre Azul, un singular personaje que no falta en ninguna convención fantástica francesa; siempre sin decir palabra y encerrado en su traje de vinilo azul que le da el aspecto de protagonista de animado infantil. Su trabajo no se limita a vagar por los pasillos y dejarse fotografiar, por lo que oí, desarrolla una interesante labor de concientización ambiental y proecológica entre niños y jóvenes. Y en programa había un documental que recogía las singulares incidencias de su visita al Japón.
Entre chistes en español, inglés y hasta francés, comparaciones de las lecturas mutuas del género (Bayeto y yo, fans a Heinlein, pablo más Bradburiano, Poshtakov ponderó las virtudes de los hermanos Strugatsky), terminó el horario de almuerzo y búlgaro, uruguayos, chileno y cubano nos quedamos con ganas de seguir dándole a la sin hueso... y de intercambiar obsequios. Así que cada uno corrió a su habitación a lavarse los dientes, y de regreso al lobby del Novotel todos traíamos ejemplares de libros, revistas en las que habían aparecido cuentos nuestros, comics o en último caso diskettes con inéditos. Yo le regalé a cada uno un ejemplar de mi primer libro, TIMSHEL, Premio David de Ciencia Ficción 1988, pidiéndoles de antemano excusas porque ya no escribo así y por no tener nada más reciente. Pablo Castro nos obsequió con dos números especiales del fanzine chileno QUASARES, que reunían los cuentos ganadores del concurso homónimo en el país y Latinoamérica (¿cómo no me enteré de ese premio?) y para no ser menos, Bayeto repartió el también fanzine uruguayo DIAS EXTRAÑOS (con permiso del excelente film de Kathyn Bigelow) y ejemplares de las dos partes de su GENETICA GRUNGE... excusándose porque no los tenía en español para todos. Bueno, el holandés tampoco es tan difícil ¿no?
Aunque sin lugar a dudas el más generoso fue Khristo Poshtakov, empeñado en que nos lleváramos al menos cinco de sus 14 libros publicados. Lástima que ninguno de los demás leyera búlgaro, pero al menos nos pasó unos diskettes con las primeras 14 cuartillas de la traducción al español de su hilarante SABLE, PODER Y MAGIA que aparecerá en la península ibérica bajo el seudónimo de Christopher Postman, que es más o menos como vendría a traducirse su nombre en inglés.
Entre bromas e intercambio de obras exhibimos nuestras credenciales y sintiéndonos VIPs por una vez en la vida entramos al inmenso hall de la Cité des Congrés ante las miradas de envidia de los fans locales que hacían cola en un orden muy europeo.

Continúa.....

 

 
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