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Juan Manuel Planas y Sainz:
Pionero de la Ciencia Ficción Cubana

Parte I

 
 

Por: Inv. Miguel Bonera Miranda y Lic. Victoria Gallardo Rubí
Dirección Provincial de Cultura de La Habana

“Todo lo que es posible se hará realidad”
Julio Verne

 

A propósito del Gigante

Cienfuegos, la Perla del Sur, es, aún hoy, la ciudad de Cuba donde la herencia intelectual de nuestros colonizadores franceses se conserva con mayor pureza. La música, la arquitectura, el gusto literario e, incluso la idiosincrasia galas florecen, como en ningún otro lugar de nuestro suelo, en la coquetona villa fundada en 1819 por el Coronel Don Juan Lorenzo Louis D`Clouet.

Don Juan Planas y Vives

Allí nació, en 1877, Juan Manuel Planas y Sainz, hijo de un prospero comerciante – banquero de la localidad, Don Juan Planas y Vives, fundador de la firma “Vital y Ferrer”, una de las más prosperas y activas del Cienfuegos decimónico.

Varios factores orientaron los primeros pasos de su formación intelectual. Como puerto, la antigua Fernandina de Jagua estaba, necesariamente, en estrecho contacto con las tendencias más avanzadas del pensamiento, arrastradas por el intenso tráfico comercial; unidas, en este caso, a las manifestaciones de un desarrollo industrial en constante crecimiento.

Cienfuegos contaba, por esta fecha, con dos teatros (uno de los cuales llevaba el nombre de nuestra Gertrudis Gómez de Avellaneda), cuyo número pronto se duplicaría. Los aficionados a instruirse podían escoger entre una docena larga de colegios, asistir a las reuniones del Liceo y la Sociedad Filarmónica o, si sus gustos se inclinaban a las Ciencias, visitar los restos del Gabinete de Historia Natural, fundado en 1832 o el incipiente Jardín Botánico que estaba fomentando un rico negociante.

Pocas zonas como esta, insistimos, experimentaban un despliegue industrial-constructivo tan notable y acelerado. El Faro “de Villanueva”, tan célebre en los anales de la Metrología cubana, protegía estas aguas desde 1848 y, en ese mismo año, se habían iniciado los trabajos de la vía férrea que enlazaría esta ciudad con Palmira, primero y, más tarde, con Santa Clara y el resto de la Isla.
Por estas rutas, pero más frecuentemente por el mar, llegaban a los lectores del poblado las primeras obras de un nuevo género literario, cuyo pontífice mayor era, por estas fechas, el francés Julio Verne: La ciencia-ficción. Desde la triunfal aparición, en 1863, de su novela Cinco semanas en globo iban llegando, año tras año, las fabulosas creaciones donde exploraba, con sus lectores, los últimos confines de la tierra, los mares y el espacio.

Planas, lector impenitente de las producciones del genio de Nantes, siguió también las de sus imitadores ingleses, italianos y españoles, como José de Elola y Jesús de Aragón, sin dejar de impregnarse, por esto, de las leyendas que poblaban la realidad en que vivía. Cienfuegos, como todo puerto de mar y pueblo de marineros, generaba profusamente historias de piratas, contrabandistas y tesoros, buscados con tesón digno de mejor éxito en los cayos y caletas de su bahía. El mar, en estas historias, era el camino del progreso y, en el plano de la realidad, el Gobierno Colonial Español limitaba las ansias de instruirse y comenzaba a saciar su sed en sangre criolla, sin rechazar siquiera la de niños y estudiantes. Tres años tenía el pequeño Juan cuando se efectuó el primer fusilamiento en su ciudad natal y menos de un lustro cuando llegaron noticias del crimen incalificable de 1871. Con tales antecedentes, no es de extrañar que su padre prefiriera otras latitudes para los estudios superiores que su hijo aspiraba recibir.

Juan Manuel Planas y Sainz

Tras graduarse de Bachiller en el Instituto de Santa Clara, en efecto, se embarcó a estudiar la ciencia del futuro, la Ingeniería Eléctrica, en una Universidad de Bélgica (a la cual dedicó, años más tarde, algunas de sus obras, entre ellas la novela anti-bélica La Cruz de Lieja) . En París, trabajó tempranamente en el periódico de los emigrados “La Republica Cubana”. Más tarde, fue nombrado corresponsal en Europa, entre 1897 y 1906, de la revista “Cuba y América”, una de las más prestigiosas de esta época. Una vez concluidos sus estudios, de vuelta a Cuba, obtuvo una plaza de Catedrático titular de Francés en el Instituto de Pinar del Río, donde obtuvo también el titulo de Agrimensor e inició, junto a la labor pedagógica, una ferviente actividad científica y literaria.

En 1912 salió a la luz pública, tras celebrar un sonado Torneo Intelectual con el Dr. Alfredo Rodríguez Molejón, sobre cuestiones de Geometría teórica.

En 1917 fue nombrado redactor de la revista “El Fígaro”, de la Habana. Allí publicó, en el año 1917, la primera de sus fantasías científicas, los relatos Las teorías del Profesor Miliscenios y, en 1918, una serie de crónicas tituladas: Palpitaciones de la Ciencia.

Entretanto, la villa natal de Planas, Cienfuegos decidió, en 1919, celebrar el Centenario de su fundación y para ello organizó festejos variados donde no faltaron concursos literarios y científicos. Nuestro Ingeniero, cuyo papel en los círculos literarios nacionales iba en ascenso, participó y ganó en tres de ellos:

En el concurso de narrativa, convocado por el Liceo, triunfó su cuento de costumbres cubanas: El fantasma del cayo, remoto o origen temático de su novela Flor de Manigua, publicada en 1926.

En el certamen de poesía, organizado por la Asociación de Dependientes, obtuvo el primer lugar su canto lírico: A Cienfuegos, incluido más tarde en su antología poética Rompiendo Lanzas, de 1920.

En el evento científico, patrocinado por la Cámara de Comercio, ganó su tesis: La decadencia de Cienfuegos como plaza mercantil; causas que la originan y medios para combatirla, que fue editada en ese mismo año como folleto.

Entre 1918 y 1919, además, editó una serie de narraciones sobre sus años de estudiante en los Países Bajos, tan afectados durante la I Guerra Mundial, bajo el título Cuando la paz reinaba...

En 1920 editó Planas la más popular de sus novelas:

La corriente del Golfo (The Gulf-Stream), considerado justamente el primer relato de Ciencia – Ficción escrito en Cuba.

Su trama describe, plásticamente, los resultados de una propuesta realizada por un enigmático científico, el Profesor Duna, a los jefes del Ejercito Libertador durante la Guerra de Independencia:

“Traemos, habló el profesor, una proposición de victoria. El Delegado en Nueva York la conoce y aprueba. Estamos respaldados por una poderosa compañía [...] En una palabra, venimos a proponer a los cubanos vencer a España en un plazo no mayor de dos años” [Planas, 1920, p. 17]

Se trata, en una palabra, de arruinar económicamente (con la ayuda de una empresa norteamericana) a España, desviando el curso de la Corriente del Golfo, el gran río marítimo y aéreo que da nombre a la obra, para alterar radicalmente el clima de la Península y el de sus aliados de Europa:

“... sin la rama del norte, Inglaterra sería un país glacial y Francia sería más fría de lo que es; sin la rama del sur, España y Portugal tendrían un clima tórrido, análogo al de Senegal. En una palabra, refiriéndome especialmente a España, con cuyo Gobierno están ustedes en guerra ¿qué sucedería en aquel país si la corriente del Golfo cambiase su dirección y no llevase más a España la humedad y temperatura que hoy le aporta?

Pues, simplemente, continuó el profesor Duna, se cambiaría por completo el clima de España. A unos veranos relativamente benignos seguirían unos veranos de muy alta temperatura. El pueblo español, no preparado, moriría de calor; o bien, a tiempo para advertirlo, el Gobierno de España entraría en transacciones “[Planas, 1920, p. 28]

Planteado esto a los independentistas, estos manifiestan, de entrada, ciertos escrúpulos:

“... ¿podríamos nosotros, los cubanos, efectuar ante nuestra conciencia y ante la humanidad [...] llevar la responsabilidad de un cambio que se sale de todo lo permitido, de todas las leyes de la guerra? ” [Planas, 1920, p. 29]

A lo cual responde el Profesor con el consabido axioma de que la guerra es la guerra, añadiendo, proféticamente:

“...¿Quién les asegura que ese motivo, que hoy los detiene, detendrá mañana a otras naciones? Los tiempos no están lejanos en que veamos surgir ideales de crueldad y opresión, en que los pueblos más adelantados invadan territorios amparados por pactos internacionales, en que se fusilen en masa hombres y mujeres por el delito de haber nacido en tierras deseadas por el más fuerte, en que se inventen gases mortíferos y se destruyan hospitales y buques de pasaje, por el sólo motivo de hacer daño al enemigo”
[Planas, 1920, p. 30. El subrayado es nuestro]

Tanto en América como en Europa los independentistas cubanos estuvieron materialmente abrumados de proposiciones aún más audaces. Como afirma un estudioso de este tema:

“A la Junta Revolucionaria de Nueva York afluían los más disímiles proyectos relacionados con la guerra en mayor o menor grado [...] entre otros: distintos modelos de rifles, cañones, chalecos protectores, balas, bombas y metralla de diferentes géneros ” unidas a invenciones como el submarino con ruedas que ofrecieron al general Calixto García o el “Velocípedo aéreo” que ideó el periodista bejucaleño Arturo Comas Pons, para bombardear a los españoles. En la Florida, entretanto, otro inventor, yanqui él, proponía la construcción de un “Cañón electromagnético” (sic) para bombardear con él la Ciudad de La Habana desde allí.

En la novela la propuesta es aceptada por los generales cubanos (con cierta desconfianza, por parte de Maceo, por tratarse de una empresa yanqui), los trabajos se inician, asesorados por un ingeniero cubano, el Coronel Acosta, que concluye enamorándose de Nivia, la hija del inventor.


El método adoptado es la creación de un dique monstruoso, entre Cuba y La Florida, mediante una flota de barcos:

“... cuyo fondo se abre en un momento dado, lanzando al mar , perpendicularmente, la carga que llevan” [Planas, 1920, p.34] .

Al señalar uno que este dique, sobre el cual iba ser erigido un ferrocarril entre Cuba y los Estados Unidos: “...suprimirá en parte la navegación”, responden que esta seguirá:
“- por dos anchas esclusas provistas de puentes de báscula para el paso del ferrocarril” [Planas, 1920, p.34].

( Este ferrocarril, dicho sea entre paréntesis, es el precio que pide la empresa norteamericana Gulf and East Works Co., como pago por su apoyo).

Bellamente ilustrado por Adolfo Galindo (uno de los mejores artistas de esta época), este volumen constituyó un éxito comercial y editorial pese a su precio, relativamente alto, de $ 2.00 pesos.

La dimensión intelectual de Juan Manuel Planas Saínz y su lugar en la Literatura fantástica Cubana, empero, han sido cuestionadas tanto por sus contemporáneos como por los estudiosos de la fantaciencia cubana... muchos de los cuales parecen haber juzgado este texto sin leerlo, ni mucho menos compararlo con el conjunto de la obra de este autor.

Continúa

 
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