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Erik Mota. Del traje invisible al sable de luz

 
 

Por Gerardo Chávez Spínola

La Anticipación Científica, canon de las profecías en la modernidad, juega en nuestros tiempos un importante rol social. Uno de sus cometidos es la adaptación gradual de la sociedad a los cambios que producirán las nuevas invenciones y descubrimientos. Como ya es bien sabido, la ciencia y la tecnología están avanzando a pasos tan acelerados que gran parte de la población mundial resiente el trauma de no poder asimilar, con la velocidad de respuesta adecuada, las transformaciones que se producen como consecuencia de este desarrollo. Pero no sólo cumple la Anticipación Científica esta labor social. Otra aun más importante aparece en el panorama internacional, para este gustado género.

Bien conocidos son, por todos los seguidores de la ciencia ficción, los autores que tuvieron una visión de largo alcance, suficiente como para predecir los grandes adelantos tecnológicos de la humanidad. El teléfono, la televisión, los viajes espaciales, el láser y la robótica, fueron para muchos simples fantasías literarias; mientras que para otros, significaron fuente de inspiración y chispa que prendió el fuego de una creatividad dirigida al nacimiento de estos anunciados artilugios.

Pero una vez lanzada la profecía, siempre hizo falta otra mente privilegiada que se encargara de fundamentar, con los principios tecnológicos de su época y los que estaban próximos a llegar, y para motivar a los genios de su tiempo, o de las venideras generaciones, la dedicación al logro material del objetivo. Esto significa que entre la predicción y el cumplimiento de esta por lo general mediaron hombres capaces de mezclar ciencia, tecnología y capacidad de fantasear, para organizar de manera lógica los conocimientos de la época, e inspirar a otros, tan capaces como ellos, para acometer la realización del proyecto.

El profeta, utilizó su mente. El realizador del vaticinio, su cerebro. La diferencia es muy sencilla. El alcance del cerebro llega hasta donde termina la frontera del cuerpo de su portador. La mente suele llegar hasta donde sea su dueño capaz de ubicar esta frontera. El cerebro trabaja en base a los conocimientos adquiridos. La mente obedece a otras concepciones mucho más allá de nuestros alcances inmediatos. A través de los tiempos, entre el profeta y el realizador ha estado mediando alguien capaz de poner la mente y el cerebro en función de realizar esas profecías, hurgando en la historia de los grandes inventos de la humanidad. Es regla no escrita, al parecer, que este mediador quede por siempre desconocido.

En no pocas ocasiones han coincidido en la misma persona el mediador y el realizador. Solo entonces el mediador sale del anonimato. Aunque, por lo general, después de muchas tribulaciones. Pues casi siempre cuando coinciden el fantaseador y el hombre de ciencias en una misma persona, ésta suele ser muy capaz, pero introvertida, sencilla y desinteresada, de continuo expuesta a que alguien se apropie de su trabajo.

Así lo demuestra la historia en los casos de Antonio Meucci, el italiano que implementó los principios técnicos del teléfono y construyó sus primeros aparatos en el Teatro Tacón, en la Habana, para ser luego arrebatados por Alexander Grahan Bell; de Nicolás Tesla, con sus principios de la generación de energía eléctrica por corriente alterna, y que fuera cruelmente explotado y finalmente despojado por Edison; y del científico cubano Doctor Carlos J. Finlay, quien tras múltiples experimentos lograra descubrir el agente transmisor de la Fiebre Amarilla, y cuyo mérito fuera arrebatado por el médico militar norteamericano John Reed. Ellos, luego de muchos años de persistentes y valientes esfuerzos, fueron al fin reivindicados por la historia, pero nadie sería capaz de imaginar cuántos quedarán por siempre desconocidos de la humanidad.

Tal pareciera que este tipo de inteligencia suele germinar solo en los grandes países desarrollados del mundo. Pero si bien en los registros históricos la estadística produce semejante impresión, en realidad este tipo de personajes puede darse en casi todas partes, donde estén creadas las condiciones para el surgimiento de una mentalidad capaz de combinar con creatividad la fantasía, la ciencia y la tecnología.

En este pequeño archipiélago del Caribe, desafortunadamente más conocido en el mundo por el ron y las mulatas que por sus logros científicos, también existen intermediarios-demiurgos.

El novel creador cubano Erik Mota parece estar incluido en esta categoría de profeta-mediador. Aunque realiza sus trabajos a modo de divertimentos nada serios en los eventos del género, disfrazados de “entretenidas conferencias ciencificcionistas”, brinda sin recato alguno y con verdadero derroche de conocimientos los principios tecnológicos por medio de los cuales habrán de realizarse grandes inventos del futuro, solo vistos hasta hoy en las obras cumbres de la ciencia ficción. Bordeando con maestría la frontera difícil que va del ensayo a la ficción, el físico-demiurgo Mota, como buen mediador, disfruta explicando a quién los desee conocer los fundamentos teóricos por los que habrán de guiarse aquellos encargados por el destino para acometer la realización de tales proyectos, así como los principales obstáculos con los que habrán de encontrarse. Y lo hace brindando no solo inspiración a las elevadas mentalidades que estén preparadas para iniciarse en la aventura, sino también, de cierta manera, preparando a la sociedad para enfrentar sin traumas los desafíos, presupuestos y consecuencias de estos inventos.

Pero, ¿quién es Erik Mota?

Estudiante de Licenciatura en Física por la Universidad de La Habana. Miembro del Taller Espiral y de la Asociación Hermanos Saíz. Mención Especial del Concurso de Ciencia Ficción de la Revista Juventud Técnica, 2000. Primer lugar en el Concurso de Ciencia Ficción y Fantasía “Otra Vuelta de Tuerca”, 2001. Primer lugar en el Concurso de Cuento Breve “Dragón”, 2001. Premio miNatura de Cuento Breve, 2001. Y recientemente ganador del Premio Guaicán 2004 de Literatura Fantástica y Ciencia Ficción.

En él coinciden el fantaseador y el hombre de ciencias en una misma persona. Es capaz, introvertido, sencillo y desinteresado. Posee las características comunes a estos tecno-mediadores: capacidad de mezclar con armonía natural ciencia, fantasía, y tecnología, así como posibilidades de fantasear, para organizar con gracia y de manera lógica los conocimientos de su tiempo, e inspirar a otros en el logro de estos objetivos. Desde su época de estudiante, se ha dedicado a esta tarea premonitoria con destacado fervor y no pocos admiradores.

La primera demostración pública de este afán fue la conferencia, Introducción a la física de las superficies foto-replicativas y aplicaciones comerciales del camuflaje termo-óptico, que brindara en el marco del Cubaficción 2001, y fuera luego publicada en una edición de ese propio año, en El Guaicán Literario. Una nota del editor, bien visible al margen derecho de la página, contenía el siguiente texto: “Los editores del Guaicán advierten que el presente artículo ha sido publicado como material de ciencia ficción, y su categoría de Anticipación Científica puede traer por consecuencia que, de ahora en lo adelante, cualquier persona con la calificación suficiente como para llevar a la práctica los principios técnicos, y desarrollar la tecnología que este autor expone, pueda estar en condiciones, si dispone del presupuesto y los medios necesarios, de llevar a la práctica la construcción de estos dispositivos, por lo cual los editores no nos hacemos responsables de las posibles consecuencias, al publicar este artículo.”

Pero los sucesos se desencadenaron después, a la velocidad de la luz. Viernes 7 de febrero del año 2003. Hora: 2:24 a.m. y 0724 GMT. La CNN hacía pública la noticia de una demostración de Camuflaje Óptico, en la Universidad de Tokyo, mostrando una foto del estudiante graduado, Kazutoshi Obana, con un jacket que, mirado con mucho entusiasmo, parece tener ciertas características muy cercanas a lo que se promueve en la noticia. Por otra parte, los también japoneses M. Inami, D. Sekiguchi y S. Tachi, presentaron del 13 al 18 de mayo del 2003, en una feria francesa llamada Lava Virtual 2003, varias prendas al parecer confeccionadas utilizando los principios tecnológicos del camuflaje óptico. Los mismos divulgados por Erik Mota en su conferencia del año 2001 y publicados en Guaicán, en diciembre de ese año. (1)

La segunda de estas históricas intervenciones de Erik Mota se registró en el marco del Ansible 2004, evento organizado por el Taller Espiral, cuando el tecno-mediador cubano derramó sobre los asistentes a su conferencia Discusión sobre principios técnicos del sable-luz y algunas consideraciones sobre la esgrima jedi una apretada y entendible síntesis de los principios tecnológicos en los que habrá de sustentarse en el futuro el mencionado artilugio.

Muy pronto tendremos noticias sobre alguien que en alguna parte del mundo ha desarrollado el sable jedi. Para bien, o para mal de la humanidad.

Pero lo más curioso de toda esta historia es que tanto Erik Mota como la gran mayoría de sus escuchantes y seguidores están total y absolutamente convencidos de que en la práctica, este ejercicio intelectual solo es un sano divertimento para gustadores del género, sin ninguna consecuencia. ¿Pensarán lo mismo ustedes ahora…?

 

Usted puede enviar sus comentarios a: guaican@cubaliteraria.com

Nota:
Desde luego, no está en el ánimo de quien firma este texto recriminar a nadie ni mucho menos por hacer uso práctico de los textos de Anticipación Científica que se exponen públicamente en nuestras páginas al mundo entero. Máxime, cuando ha mediado tan poco tiempo entre la publicación en Guaicán de la revelación de los principios técnicos del camuflaje óptico, en el artículo de Erik Mota, y las noticias que comentamos, pues está claro que muchos otros en el mundo llevan ya alguna delantera publicando textos de todo tipo sobre este tema y es de suponer que, de llegar a ser cierta la existencia real y funcional de estas prendas de camuflaje óptico, quienes fueran capaces de crearlas merecen gran respeto y admiración. No solo por el aprovechamiento práctico de su inteligencia, sino por la cantidad de años que deberán aplicarse a la investigación y desarrollo de esta tecnología.

 
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