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Acerca del manga y el anime en Cuba
 
 

Por Carlos Primelles

Tal y como ha sucedido a muchos, la primera vez en que disfrutamos de un anime fuimos tomados completamente por sorpresa. Nuestras mentes infantiles quedaron fascinadas por el toque peculiar de aquellos personajes de grandes ojos, éramos demasiado pequeños para hacer preguntas al respecto. “Historia de una vieja locomotora”, “La isla del tesoro”, “La espada del sol (La leyenda de Horus)”, “Jack y la brujita”, la saga de “El gato con botas” y “La sirenita”, son algunos de los títulos más tempranos que conservo en la memoria sin alcanzar a ordenarlos cronológicamente o recordar por completo sus tramas. Tendría que pasar un tiempo más para que…

A pesar de no ser el primero estrenado en Cuba, indiscutiblemente el boom del anime nos fue traído por 5 naves espaciales. Originalmente una serie de televisión, Voltus V fue editada y convertida en el filme que vimos en los cines. La aceptación de niños y no tan niños fue todo un suceso, me atrevo a decir, irrepetible hasta hoy. Es cierto que se trata de la clásica historia del robot gigantesco que defiende a la Tierra de los ataques extraterrestres. El tema ha sido explotado hasta la saciedad por los nipones a lo largo de incontables producciones animadas. Expertos lo consideran punta de lanza en la expansión del manganime hacia occidente, además de reconocer que todas las series que han aportado un cambio cualitativo a la trayectoria del anime pertenecen a este género.

Un fenómeno muy curioso e inédito más allá de nuestras fronteras, al que suelo llamar animefilatelismo, ocurrió entonces. A falta de tarjetas coleccionables o cualquier otro tipo de merchandising, los (en aquel entonces) más pequeños comenzamos a coleccionar los trozos de cinta con escenas de “Voltus V” que eran desechados en los cines. Los fotogramas eran recortados y colocados en álbumes originalmente concebidos para coleccionar sellos. A estos fotogramas recortados se les llamo “rollitos” o “sellitos” y durante mucho tiempo los niños cubanos se dedicaron a su colección e intercambio. Ni mencionar siquiera las incontables libretas de dibujo que recreaban escenas de la película, casi siempre obtenidas mediante el calcado de la imagen de los rollitos ampliada y proyectada sobre el papel.

Con el posterior estreno de otros anime en cine —“Cyborg 009”, “El pájaro de fuego (Hi no tori/ Space fire bird)”, “Mazinger”, “Technopolicía en acción”…— y televisión —“Mazinger”, “Fuerza 5 (SF Saiyuki/Starzingers)”, “Nave espacial” (Yamato)… — el fenómeno continuó vivo en muchos de nosotros. Se manifestó entonces uno de los problemas habituales con los que ha tropezado el manganimne en su expansión hacia occidente. Los occidentales concebimos el dibujo animado como “cosa de niños”; los nipones han ido más allá y creado producciones para satisfacer los gustos de cada grupo de edades, de hecho no hacen distinciones entre el anime y las películas de “imagen real”. Súmese a esto las diferencias culturales entre oriente y occidente; no es de extrañar que muchos de estos animados fueran brutalmente editados (sería muy largo mencionar cuantos animes que consideramos películas son en realidad series que constan de infinidad de capítulos) con el fin de hacer la historia “más asequible al publico infantil”... incluso si no fueron concebidas para el publico infantil. Los resultados en casos como “Nuevas aventuras de Lupin III” y “Yaltus” fueron desastrosos; lo que recibimos fue una historia lastimeramente mutilada.

Comparado con el anime, el manga ha tenido mucha peor suerte. Es un hecho que las editoriales cubanas nunca han publicado manga. Todo cuanto hemos leído es lo enviado por amigos extranjeros, lo introducido en el país por algún turista ocasional, o lo vendido en la Feria Internacional del Libro por editoras foráneas. ¿Qué podemos entonces decir acerca del manga en Cuba? Leamos.

Acerca de Mangakubano

Algunos, adolescentes en aquel entonces, no nos contentamos con ser meros espectadores y, hechizados por el dinamismo y originalidad del poco material visto, intentamos crear nuestras propias obras. Me referiré al caso específico del grupo Mangakubano, del cual formé parte y por tanto poseo más referencias.

Nos iniciamos llenando incontables libretas de dibujo (esto no significa que las de clases hayan escapado ilesas) con nuestras primeras invenciones… incluso en ambientes tan hostiles como un turno de clases. Más tarde, nuestra común afición por el dibujo nos llevó a integrar el Taller Joven de Historietas de la UPEC, dirigido por Manuel (Manolo) Pérez Alfaro y Blanquito, en el cual se adiestraba a los interesados e incluso tuvimos la oportunidad de ver publicada una recopilación de los trabajos creados tras varias jornadas de instrucción y debate. Gran parte de las discusiones se centraban en el imperecedero tema del estilo propio. Nuestros instructores insistían en que no copiásemos exactamente el estilo japonés, sino que tomásemos el lenguaje visual de este para recrear historias con verdadero sabor cubano. Realmente tardamos bastante en entender aquella insistencia, por aquel entonces lo veíamos como un intento de lavado de cerebro; hoy sabemos que nadie vendrá a Cuba en busca de e-xac-ta-men-te lo mismo que hacen los nipones. Paralelamente a las citas semanales en el taller, comenzamos a reunirnos por nuestra cuenta. Así surgió Mangakubano. Fueron días de trabajo en conjunto, búsqueda desesperada de materiales e información, intercambio de conocimiento empírico y aprendizaje mutuo que todos recordamos con nostalgia.

Por desgracia el Periodo Especial frustró cualquier esperanza de futuras publicaciones e incluso algunas conversaciones que temerariamente ya estábamos efectuando con el Departamento de Dibujos Animados del ICRT. Golpeados por la escasez, los “deja la bobería del dibujito que eso no da na’ ” y demás frases brutalmente esgrimidas por familiares y/o amigos irrespetuosos de la vocación, muchos colgaron definitivamente los guantes. Otros comenzaron a trabajar como animadores cinematográficos, pintar y vender cuadros, hacer artesanía, rapear, estudiar carreras técnicas o universitarias... En fin, el escaso tiempo libre fue todo cuanto pudimos dedicar a hacer lo que realmente nos gusta.

Viendo la batalla que hoy libramos para fortalecer el nivel cultural de nuestro pueblo, nos preguntamos: ¿Será que nadie se da cuenta de la falta que hace la historieta, de lo útil que puede resultar correctamente empleada? Lo notamos en la Feria del Libro cada año, cuando “Elpidio Valdés” le quita el récord de menor permanencia al merengue frente al colegio. Lo percibimos cuando alguien se queda mirando nuestros trabajos y, tras el ya clásico “¡¡¡No sabía que esto se hiciese en Cuba!!!”, con nostalgia recuerda los tiempos del “Pionero” semanal, “Pásalo”, “Zunzún” y “Cómicos”. Algunas de estas publicaciones han resurgido de sus cenizas, pero en ellas la historieta es sólo un complemento. ¿Será que nadie se da cuenta de la falta que nos hace a todos? Aún no perdemos las esperanzas.

¿Que está sucediendo actualmente?

En el 2001, algunos integrantes del Taller Literario Espiral decidieron crear un curso taller para los interesados en aprender a dibujar manga. El proyecto se presentó a la Asociación Hermanos Saíz. En octubre del mismo 2001 comenzó a sesionar en la Casa del Joven Creador de La Habana. Dicho taller, bautizado como "La Madriguera del Mapache", comprende dos actividades principales: las clases de dibujo e historietas y la muestra de materiales audiovisuales japoneses. Actualmente, a punto de finalizar el primer curso de manga, están preparándose condiciones para comenzar un curso básico de animación, así como la publicación de un modesto fanzine.

Especial mención merecen las más recientes producciones animadas cubanas, mayormente las del Dpto. de dibujos Animados ICRT. A pesar de que no se trata exactamente de anime, es obvia la influencia que este ha tenido en los noveles directores de animación. Los resultados obtenidos son clara evidencia de que se puede lograr lo que solían plantearnos nuestros instructores de Taller Joven.

Con el tiempo las proyecciones de anime en los cines decrecieron hasta desaparecer del todo. Actualmente, sólo la TV nos da la esporádica sorpresa de un estreno o nos obliga a contentarnos con una reposición.

La fuente de acceso al manganime que viene cobrando más fuerzas por estos tiempos es Internet. Apartando toda una discusión sobre piratería, hay que reconocer que existen muchos sitios en la red de redes que ofrecen volúmenes enteros de manga digitalizados y anime (tanto series como filmes), ideal para apetitos como los que tenemos por acá. A pesar del poco desarrollo de las computadoras personales en nuestro país, siempre hay un alma caritativa que descarga el material de la red. En el caso del manga, se graba en CDs y estos pasan de mano en mano. Con suerte, alguien lo imprimirá, o si no habrá que leerlo directamente del monitor. La animación se transfiere a VHS y también sale a viajar, entrando en casa de cuanto amigo o conocido demuestra interés.

Sí, algunos seguimos esperando la prometida continuación de “Voltus V”, aún creemos que el día menos pensado reaparecerán las historietas obligándonos a desperezar a nuestras musas. La vida dirá la última palabra.

 
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