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HORACIO QUIROGA:
UNA VIDA CUBIERTA CON LA MÁSCARA DE LA MUERTE

Esta magnífica obra que ponemos hoy a la consideración de nuestros visitantes habituales, tiene connotaciones de ser uno de los más serios ensayos contemporáneos sobre este gigante de las letras de Latinoamérica. Ha salido de la pluma de otro brillante latinoamericano, el profesor José Antonio Pulido Zambrano, quién desde su natal Venezuela se une a la cofradía de los colaboradores de El Guaicán.

El presente artículo ha sido publicado en www.tumbaabierta.com

 
 
 
El Horror bajo el llamado de la
Selva Latinoamericana


Por: José Antonio Pulido Zambrano

Había ya, á pesar de mis lentos pasos,
internándome tanto en la antigua selva,
que no podía descubrir
por dónde había entrado en ella.
Dante. Canto Vigésimoctavo.
El Purgatorio.

El horror –tan presente en la historia– ha vuelto a hacer acto de presencia durante el siglo XX. No ya en las terribles guerras, persecuciones y holocaustos con que tristemente ha quedado marcado. La afición al horror es una actitud paradójica. Siendo de suyo algo indeseable, el horror y todas las emociones afines habrían de provocar, al parecer, más bien rechazo. No es así: muchos lo buscan. Pagan para experimentarlo. Se recrean en él. Un ejemplo es la proliferación de películas de horror a partir de Nosferatu (1922) de Murnau.
Ya Sigmund Freud (1919) se había planteado la cuestión, discurría sobre "lo siniestro", asignándole un sentido bastante próximo al que interesa a este estudio. Su primera aproximación apunta al carácter ajeno que lo caracteriza (lo desconocido como causa de zozobra): "Lo siniestro nos causa espanto precisamente porque no es conocido, familiar" (p. 10).
Lo siniestro sería siempre algo en el que uno se encuentra, por decirlo así, desconcertado, “perdido”. Es mérito de Freud (1978) haber destacado esto como psicólogo. Jentsch (creador del estudio Sobre la psicología de lo siniestro, 1906) señala como “caso por excelencia de lo siniestro, la duda de que un ser aparentemente animado sea, en efecto, viviente". Este será uno de los componentes estremecedores en el caso del vampiro. Su teoría psicoanalítica, ya entonces (1919), ofrecía una explicación: "Lo siniestro no sería realmente nada nuevo, sino más bien algo que siempre fue familiar a la vida psíquica y que sólo se tornó extraño mediante el proceso de su represión" (ibid). Pero se llega, en fin, a los temas mortuorios, es decir, lo siniestro mezclado con lo espeluznante:

Difícilmente haya otro dominio en el cual nuestras ideas y nuestros sentimientos se han modificado tan poco desde los tiempos primitivos, en el cual lo arcaico se ha conservado tan incólume bajo un ligero barniz, como en el de nuestras relaciones con la muerte. (Freud, 1978:47)
Es quizá por ello que Horacio Quiroga, uno de los escritores latinoamericanos menos entendido en su época, hoy día se nos presenta tan contemporáneo, ya que su literatura es de esas que rompen las fronteras del tiempo, y siempre sus temas son tan actuales, porque Horacio Quiroga no escribió para un tiempo específico, atado a una regionalidad específica. Horacio Quiroga escribió sobre temas de la universalidad del hombre, temas que han estado en lo más profundo de la psique humana, temas que aluden a motivos arquetípicos de nuestra sociedad.

Por qué abordar a Horacio Quiroga desde la temática del horror. La respuesta nos la dan su obra y su vida, una y otra inseparables. Autor y creación unidas en las letras, realidad y ficción se entrelazan. Desde sus primeras narraciones con "El crimen del otro" (1904), Horacio Quiroga nos anuncia que sus libros van estar dominados por el horror, este autor “no necesita nombrar lo repugnante para hacer sentir asco y horror al lector” (Rodríguez, 1981:XII). Su vida misma va estar marcada de tragedias; inicialmente su padre se hiere involuntariamente en una partida de caza, luego su hermano mayor perece de una forma accidental, seguidamente su padrastro, quien se había convertido en su guía, queda paralítico y se suicida accionando con el dedo del pie el disparador de una escopeta cuyo cañón tenía apoyado contra el rostro. Casualmente Horacio Quiroga observa la escena de este crimen, y a éste le sigue la muerte accidental de su amigo Federico Ferrando, al que Horacio Quiroga da muerte al preparar el arma que éste iba a usar en un duelo. Luego en Misiones su primera esposa se suicida. Tales ingredientes tuvieron un fuerte impacto sobre él, aspecto que según Stavans (1991) es similar a la inescapable presencia de la muerte en el acontecer literario de Howard Phillips Lovecraft (1890-1937), y él mismo acabará con su vida en un Hospital de Buenos Aires. Quizá William Butler Yeats nos resume la vida de Horacio Quiroga en el siguiente verso:

Ángel tenebroso, con tu lujuria agonía
por librar al mundo de la penitencia:
Ángel maligno cómo ejerces todavía
contra mi alma tan sutil violencia.

La tragedia y el horror vividos en su infancia van a marcar la narrativa de Horacio Quiroga. "El hijo" (1928), por ejemplo, no es más que la máscara de protección que busca Horacio Quiroga para huir de sus horrores nocturnos. En este caso se invierten los papeles, el padre queda vivo, es como un reclamo a la vida, por ello el artista recrea su vida pero al revés; el muerto no es su padre, el que muere realmente desde un principio es él, el hombre. Retrato que se refleja muy bien en "El hombre muerto" (1920), donde el narrador en la voz del personaje principal reflexiona sobre el tema de la muerte:

La muerte. En el transcurso de la vida se piensa muchas veces en que un día, tras años, meses, semanas y días preparatorios, llegaremos a nuestro turno al umbral de la muerte. Es la ley fatal, aceptada y prevista; tanto que solemos dejarnos llevar placenteramente por la imaginación a ese momento, supremo entre todos, en que lanzamos el último suspiro. (1981:191)


El tema de la muerte se impone inevitablemente en toda su obra. Él ya se ha enfrentado a ella, empieza a conocerla, a estudiarla y a saberla esperar, y ésta cruza como una línea vertical toda su narrativa. Piénsese en un cuento como "A la deriva" (1912); un hombre mordido por una víbora se deja escapar en el río, en una canoa, como huyéndole, pero esta le alcanza, y muere realmente en la tercera orilla del río, pues ya no regresa del más allá. Coincidencia, su ultima antología de cuentos está intitulada Más allá (1935). Aquí se observa la tremenda preocupación del escritor por el tema de la muerte.

Si alguna originalidad tienen las páginas escritas por Horacio Quiroga es la aceptación de la muerte. Horacio Quiroga no se deja engañar por ella, la espera. El hijo nos resume esta inquietud; acaso el padre al salir en búsqueda de su hijo, ¿no sabe que va a encontrar? Él sabe que en su camino la va a encontrar a ella, la muerte. “¡Oh muerte, viejo capitán, ya es hora! Levemos el ancla” -dicta Baudelaire (1997), pero la muerte no engaña a Horacio Quiroga, él cómo Dédalo sabe como salir de su laberinto.

Horacio Quiroga empieza a cuestionar el inicio de lo urbano en su narrativa, al transgredir las normas y escribir en ese afuera (la selva). Es él un tránsito de la narrativa de la selva a la ciudad, y que se consolidará en el discurso narrativo de Felisberto Hernández con cuentos como "El cocodrilo". Horacio Quiroga trae de lo más profundo de la selva ese horror desconocido, un terror inclemente queda evidenciado en el cuento La miel silvestre y que alcanza su más grande cúspide de horror en "El almohadón de plumas". Una literatura de horror que en palabras de Tzvetan Todorov (1982) pertenece a la categoría de lo “extraño”, de lo inexplicable. Horacio Quiroga viene a continuar una saga comenzada por Poe, Maupassant; y que él recreará en un contexto latinoamericano, concibiendo a la par de Howard Phillips Lovecraft una literatura de horror ambientada en un mundo primigenio de caos y espanto, así como el manto de lo no concebible venido de lo más profundo de la selva.

Como cuentista, Horacio Quiroga es básicamente tradicional o, si se prefiere, clásico –por actitud natural para contar y por doctrina adquirida que él mismo adapta, aclimata, codifica. Su apego a la acción, a la trama, le viene de Aristóteles, para quién esta es el alma de la tragedia. La primacía del efecto único preconcebido al que todo en el cuento debe servir y conduce, lo estudió en Poe. Su visión del mundo y de sus personajes y su suerte es naturalista, aunque la lectura cuidadosa revela que Quiroga intuyó la posibilidad de escoger entre alternativas de conducta y que las motivaciones humanas eran más complicadas, ambiguas y sutiles que lo que permitía descifrar la formula de herencia y medio. (Díaz S., 1992:XI).

Horacio Quiroga apegado a sus raíces impone y adapta los temas de la muerte y lo desconocido a su época. La frase injusta de Borges hacia él, al catalogarlo de que escribió los cuentos que Poe y otros maestros del género habían escrito, es injusta y rechazable. Únicamente un hombre que haya tocado tan de cerca la muerte puede escribir de ella como lo hizo él. Si es bien cierto que es seguidor del canon, y él reconoció ser un adepto de Poe y Maupassant, no se le puede catalogar como un copista; hay relatos de Quiroga que son tan originales como los de cualquier otro escritor.

 
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