| Ceremonia
de entrega
El
pasado día 3 de agosto, un
poco más allá de las
cuatro de la tarde, se dio inicio
a una corta pero nutrida ceremonia
de premiación, en la Galería
'Raúl Martínez"
del Palacio del Segundo Cabo, edificio
ubicado frente a la Plaza de Armas,
en el mismo centro de La Habana Colonial.
La
ceremonia comenzó un poco más
tarde de lo planificado, dando tiempo
a la llegada de algunos de los premiados
que por motivos de un pertinaz aguacero
se vieron retrasados en llegar a la
cita, aunque las inclemencias del
tiempo no fueron obstáculo
para la asistencia de numeroso público,
de tal manera que los organizadores
del evento se vieron en la necesidad
de solicitar más sillas para
poder acomodar a los asistentes. Así,
en medio de gran expectación,
dio inicio este sencillo acto.
Palabras de apertura
Las
palabras iniciales estuvieron a cargo
de Gerardo Chávez Spínola,
Director Editorial del Guaicán
Literario, quien explicó a
los presentes cómo un sueño
largamente acariciado, de propiciar
un Premio para estimular la creación
literaria dentro de la fantasía
y la ciencia ficción a nivel
verdaderamente nacional, se había
realizado gracias al impulso de la
Dirección General de la Editora
Electrónica Cubaliteraria,
el patrocinio del Instituto Cubano
del Libro y el Consejo Nacional de
Casas de Cultura Comunitaria.
Recordó
que se había estipulado un
solo Premio, consistente en $ 1 000.00
moneda nacional, pero el jurado había
acordado otorgar dos primeras menciones
y varias menciones más, de
acuerdo a la calidad de las obras,
todas con derecho a integrar una antología
de autores de la CF cubana a publicar
en soporte electrónico.
Informó
el director del Guaicán que
se recibieron 33 títulos, procedentes
de 12 de las 14 provincias que tiene
el país. Y a continuación
pasó a presentar el jurado,
que estuvo compuesto por los escritores
Rinaldo Acosta, Raúl Aguiar
y Alejandro Álvarez.
Palabras
de Raúl Aguiar (resumen):
El escritor Raúl Aguiar habló
sobre la calidad de la obras recibidas,
los temas, géneros y enfoques
que primaron en los textos, y realizó
una explicación detallada de
la forma en que trabajó el
jurado para llegar a un acuerdo. Valoró
también en alto grado la participación
de obras procedentes de casi todas
las provincias del país y señaló
este aspecto como el logro más
significativo de esta primera convocatoria.
Palabras de Alejandro Álvarez
(textual):
Aún cuando haya decidido ser
muy breve, permítanme empezar
con una larga cita, en liberal traducción,
de Robert Scholes:
Durante
las primeras ocho décadas de
este siglo –es decir, el pasado
siglo XX– los críticos
de la ficción literaria han
reservado sus mayores elogios a novelas
y cuentos que enfatizan la sicología
individual en las caracterizaciones,
excepcionales matices estilísticos
en el lenguaje, y plausibilidad en
los sucesos presentados. Es un rasgo
interesante de la historia literaria
que durante el mismo período
floreciera un cuerpo de ficción
que privilegia el tipo por sobre el
individuo, la idea por sobre la palabra,
y lo inesperado por sobre lo plausible.
Este cuerpo de obras, que ha venido
en llamarse –con sólo
parcial propiedad– “ciencia”-ficción,
ha tenido cierto reconocimiento por
parte de críticos serios, pero
aún se mueve entre la aceptación
genuina y la total desestimación
en los círculos literarios.
Veinte
años después, estas
palabras mantienen una sobrecogedora
vigencia, particularmente entre nosotros.
No voy a fatigarlos con la relación
de las venturas y desventuras de la
ciencia-ficción cubana y su
gemela la fantasía. Tampoco
quiero espantarlos del lugar con una
divagación sobre la evanescencia
de las fronteras entre géneros
literarios o con un panegírico
de esta zona, marginal por partida
doble, de nuestra literatura.
Este
Premio Guaicán de Ciencia-ficción
y Fantasía pretende, sin empaque
alguno (porque, entre otras cosas
y por suerte, no es el único),
abrir un espacio más a la creación
en el género y, por la vía
de estimular la aparición de
nuevas obras y autores, contribuir
a que, eventualmente y ojalá
nos sea concedido, aparezca al fin
una más detenida atención
de la crítica y de la mismísima
academia. No se trata de una fatua
pretensión, sino de la convicción
de que nunca antes la literatura cubana
estuvo en mejores condiciones para
cosechar un respetable y respetado
corpus genérico: a la proverbial
y ubicua capacidad de fabulación
del cubano, se añaden cuatro
décadas de un sostenido esfuerzo
educacional que resulta en un notable
nivel de cultura artística
y general, y en no menos notables
logros en numerosas ciencias (incluyendo
algunas de rancio esoterismo primer
mundista). Siempre hemos sido tierra
de poetas, ahora somos además
tierra de científicos; ¿alguien
podría imaginar combinación
más letal?
El
Premio Guaicán abre sus brazos
y ofrece la insondable vastedad de
la Red de Redes. La mesa está
servida. A partir de ahora, el límite
sólo puede estar, como dice
mi buen amigo Buzz Lightyear, “en
el infinito y más allá”.
|