Por
Luis
Joaquín Sánchez
La
literatura de horror y misterio
es heredera de la novela gótica,
que tenía por escenario los
castillos y palacios con esta arquitectura.
Entre sus primeros cultivadores
estuvo el ingles Horace
Walpole, que llamó la
atención con su novela El
Castillo de Otranto, surgida
en la segunda mitad del siglo XVIII.
No obstante escritores románticos
del siglo XIX cultivaron el género,
como es el caso del gran poeta británico
Lord Byron y no hay que olvidar
a la también inglesa Mary
W. Shelley, quien creo Frankenstein,
en la primera mitad del siglo XIX.
Por cierto, no faltan quienes consideran
a esa obra como una novela de ciencia
ficción, en lugar de una
terrorífica.
Así, el género de
que hablamos, nació en la
segunda mitad del siglo XVIII y
se extendió por todo el siglo
XIX, con distintos autores que se
sintieron atraídos por él,
atrapados en el palpitar del romanticismo.
Hubo instantes en que se mezclaron,
la semilla de la novela negra del
género terrorífico
y de la ciencia ficción.
Esto lo podemos percibir claramente
en Edgar Allan Poe, considerado
por muchos como el único
escritor norte americano verdaderamente
genial. Pero la atmósfera
espeluznante y fantástica
propia del horror más ortodoxo,
envolvió la imaginación
de un autor cojo, que llego tarde
al romanticismo en Irlanda. Nos
referimos a Bran Stoker, quien dio
a conocer Drácula,
en las postrimerías del siglo
XIX .Esta obra pasó inicialmente
sin penas ni glorias. Sin embargo
durante el siglo XX serviría
de base para que a partir de ella
comenzara el expresionismo en el
cine, en Alemania.
Pero no nos apartemos de la literatura
y vayamos a Cuba, país donde
floreció una pléyade
de escritores románticos,
como José Maria Heredia (en
su ultima etapa), Gertrudis Gómez
de Avellaneda, José Jacinto
Milanés, Juan Clemente Zenea,
por citar algunos ejemplos. No han
quedado huellas de que tales autores
experimentaran en el campo del romanticismo
negro. Pero ya en la primera mitad
del siglo XX, si sobresale un autor
nacido en España, cuya obra
se considera cubana, que se sintió
tentado a fabular historias provocadoras
de miedo. Este hombre se llamó
Alfonso Hernández Catá
y vivió entre 1885 y
1940.
José
Rodríguez Feo, mecenas del
grupo Orígenes, gran conocedor
de la literatura inglesa y norteamericana,
allá por la década
del sesenta del siglo XX, afirmó
que el verdadero iniciador del cuento
de horror moderno en la literatura
cubana, no fue otro que Arístides
Fernández, pintor y escritor,
cuyas primeras narraciones de esta
clase aparecen hacia el año1930,
criterio que compartimos. Fernández
nació en La Habana, en 1904
y vivió una existencia breve,
pero fructífera .Sus cuentos
se difundieron póstumamente
en publicaciones como Mesuario,
Espuela de Plata, Orígenes,
también se les reunió
en un solo volumen. Entre sus cuentos
terroríficos quizás
el más conocido sea, La
Cotorra, que Rodríguez
Feo incluyó en una antología
titulada, Cuentos de Horror
y Misterio, publicada en La
Habana durante la década
del sesenta del siglo XX y adaptada
a la radio en versión libre
por el autor de este articulo, para
el espacio Pasos
en la oscuridad,
de la emisora Radio Cadena Habana.
Más
sobre el programa Pasos
en la Oscuridad
Más sobre El
Castillo de Otranto,
en el Guaicán
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