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La
columna bífida
© Angel Arango, 1993
INDICE
LEM DESCRIBE
HUECO
NEGRO
TARATARA
LA
EVOLUCION DIRIGIDA
DOS
BRAZOS, DOS PIERNAS, DOS MANOS,
DOS CABEZAS
EL
DESTINO DEL SOL NATURAL
MILENIOS
LA
COLUMNA BIFIDA
LA
MAESTRIA DE LOS METODOS
"IN
SITU"
LA
FUERZA DEL JUICIO
¿SOMOS
NOSOTROS O SOMOS ELLOS?
DESDE
UNA PROTESIS
INGENUIDAD
LETAL
TREMA
EL
SILENCIO Y LA NADA
SIGNO
ADITIVO
AFINIDAD
VULGAR
MUNDOS
DOBLES
TERENZO
CONCRETOS
DESIGNIOS, IGNOTOS DESTINOS
SER
Y NO SER
EL
JUICIO FINAL
"REDUCTIO
AD ABSURDUM"
LEM
DESCRIBE (fragmento)
Lem
encontró a los bicéfalos
con un desarrollo completo.
Doble cabeza con idénticas
manifestaciones externas. Cada
cabeza duplicó los órganos;
los sentidos podían utilizarse
indistintamente, pero el centro
rector estaba asentado en una
sola de las cavidades craneanas,
que no era fácilmente
identificable. Podía
interpretarse sin dificultad
que estábamos ante una
forma de mimetismo biológico
destinado a preservar a través
del azar un número de
probabilidades de sobrevivencia
ante enemigos primarios. Los
hombres de la Patrulla Sideral
también encontraron sorprendente
la forma bicéfala....
EL
DESTINO DEL SOL NATURAL
En
una de las primeras incursiones
teóricas sobre el alcance
biológico de la existencia
de los bicéfalos, Palas
Magorni se preguntaba si aquella
disposición dual no estaba
previendo el desarrollo de una
capacidad doble de pensamiento.
Lem
lo imputaba a la necesidad de
seleccionar formas más
eficientes y homogéneas
(simetría binaria) en
un curso de desarrollo determinado.
Ovambo-Ovambo
repasó cientos de veces
las grabaciones obtenidas y
llegó a adscribirse al
mimetismo biológico,
variante hipotética que
se vería justificada
mucho después, en la
época de Irs.
Mientras,
Rotus centraba la atención
en la intensidad de los procesos
a la hora de proponer una alternativa
a la vida coresiana.
Lo
precario de su salud, que había
empeorado a su regreso a Trema,
hizo que el explorador ahondase
su preocupación por las
posibilidades de subsistencia
de la materia altamente calificada.
-Debiera
asentarse en un estatuto el
respeto al sentido original
de la fórmula.
Y
Lem endosaba sus ideas con el
mayor entusiasmo.
-No
creo que debemos intervenir
en el proceso de la segunda
cabeza.
Palas
y Ovambo exaltaban el principio
de simetría en las especies
para salvar la "incuestionable
condición humana".
Al
margen de estos trabajos, Rotus
proseguía sus esfuerzos
por organizar otra expedición
y así lo hizo saber al
grupo. Magorni se opuso y, finalmente,
el teórico explorador
obtuvo un fallo desfavorable
de la Comisión Médica
que lo ubicó en un estado
depresivo permanente. Su anormal
estancia en Cores por tanto
tiempo, donde cumplió
un imprevisto proceso de adaptación,
lo descompensó al iniciarse
en Trema el curso regresivo
a su condición anterior
en un medio demasiado evolucionado
respecto al indicador telúrico
original.
En
el intervalo, Lem hizo una tesis
de grado en la Licenciatura
de Nuevas Culturas a partir
de la teoría de Rotus
para demostrar que "cada
cultura es parte de una superior
y que esto corresponde a diferentes
asentamientos en el espacio
cósmico, aunque dentro
de un mismo planeta puedan continuar
coexistiendo diferentes gradaciones
culturales".
La
tesis fue un gran triunfo para
el joven, pero su éxito
iba siempre acompañado
del prestigio de la teoría
de su predecesor.
Rotus
influyó incluso en navegantes
posteriores, como Lucio Sider,
y en los procesos de extrapolación.
Expuesto él mismo a prácticas
de telecinesia, había
logrado elevarse mediante la
acción de factores externos,
de fuerzas antigravitatorias:
artificiales, antieconómicas
e inconsecuentes con la proposición
de extrapolar los cuerpos llevando
la masa a energía para
luego restituir la misma masa
proveniente de la energía
intermedia.
Al
estructurar sus teorías,
Sider y los extrapoladores se
apoyaban también en alguna
forma en una admisión
de la relación de Rotus
con el espacio e incursionaban
en verdades transitorias no
aceptadas y las presentaban
como factibles en razón
de la audacia intelectual de
romper el infinito como frontera
inalcanzable.
Quienes
se desplazaban por el espacio
cósmico a velocidades
que tendían a aproximarse
cada vez más al límite
establecido por la velocidad
de la luz (en nuestra expresión
material) podían vivir
varios siglos y desarrollar
grandes proyectos. Sin embargo,
Rotus no pudo agotar los beneficios
de la paradoja del tiempo porque
como resultado de su forzada
estancia en Cores se consumió
prematuramente en una forma
extraña. Había
vivido 200 años y de
ellos los últimos los
dedicó al Instituto de
Biología, debatiendo
con Palas y Lem el destino de
los bicéfalos, y formulando
una serie de brillantes ideas
que más tarde llegaron
a convertirse en realidad, como
la Sala de Cerebros Excepcionales.
Al
morir, pese al corto tiempo
de existencia como navegante
espacial, era un respetado miembro
de la Academia de Filosofía
Material y Matemáticas
del Tiempo y pudo comprobar
el arraigo casi universal de
que gozaba su teoría
de retorno al punto de origen
a través del infinito.
Lem
continuó en forma práctica
sus esfuerzos casi inmediatamente.
Ante el sobrio monumento de
metal y piedra erigido a su
precursor convocó a Lota
Penélope, Joseph-José,
Brígida M., Valeria Valen,
Ovambo-Tzu, Hari-Mekarí
y al mismísimo Ovambo-Ovambo.
Navegantes, biólogos,
astrónomos, físicos,
químicos, ingenieros
y secretarios, aunque en lo
formal apareciera registrado
cada uno con dos o tres ocupaciones
asignadas. Humanistas integrales,
sólo Ovambo-Ovambo había
tenido en los últimos
tiempos una experiencia centralizada
en el estudio de los coresianos.
El propio Lem era polifacético
y, a pesar de su juventud, había
sido designado capitán
por su madurez y potenciales
dotes de comandante. Por su
poder de imaginación
para trascender los hechos y
lo multivalente de sus facultades
y sus concepciones del cosmos.
En
reuniones frecuentes, cada uno
expresaba cómo podría
llevarse a cabo el proyecto
de Rotus. Unos preferían
la idea de una expedición
convencional (Lota Penélope,
Valeria Valen y Ovambo-Tzu)
y otros se inclinaban por aguardar
al desarrollo ulterior de la
extrapolación (en su
sentido real) a fin de poder
trasladarse con velocidades
hiperlumínicas o idénticas
a la de la luz. En este sentido
coincidían, en primer
término, Ovambo-Ovambo,
que deseaba proseguir sus trabajos
con los bicéfalos y también,
en cierta medida, Brígida
M. y Hari-Mekarí. En
cuanto a Joseph-José,
su vocación por el proceso
de la extrapolación era
profesional. Como físico
anhelaba conocer el curso definitivo
que habría de seguir
esa investigación, pero,
por otra parte, subordinarse
al propósito de una expedición
al infinito podría revelarle
un caudal inmenso de nuevas
experiencias.
El
proyecto en sí era un
caro objetivo, anhelado por
mucho tiempo, al que Lem hizo
compatible con resultados próximos
y acorde con las posibilidades
y los intereses de los tremenses,
cuando adelantó ante
el Tribunal su propio discurso.
-La
humanidad -advirtió-
viaja de un sistema a otro y
escoge un planeta habitable
en óptimas condiciones.
Allí llegan con una elevada
civilización, pero el
nuevo medio se impone y los
doblega. Así, van perdiendo
el dominio de sus conocimientos.
Adoran algunas formas y, con
los restos de antiguos recursos,
hacen obras descomunales y dejan
huellas notables (desproporcionadas
para su grado de civilización).
Cuando conciben que su vida
en el planeta va a extinguirse,
se adentran en el cosmos para
alcanzar el óptimo planeta
de otro sistema y empezar un
nuevo ciclo. Siempre hay un
incremento cultural en el conocimiento
acumulado. De hecho, el crecimiento
se realiza escalonadamente y
cabe compararlo con la espiral.
Enfrentamos dos puntos de tensión:
la marcha al espacio y la preservación
de los conocimientos frente
al nuevo medio. ¿Dónde
radicar el coeficiente principal?
El
complejo telúrico era,
en apariencia, una excepción
a la teoría de Lem, pero,
en realidad, se convertía
en un testimonio. Arguria, Solex,
Larmes, Cores, R-2 y P-5, no
eran sino nombres dentro de
lo global. Pese a que la actividad
de los hombres alcanzaba a todos
y a distintos sistemas, incluso
P-5, y formaban una unidad orgánica
e institucional, no podía
ignorarse el hecho de que eran
la Tierra y Trema las que ofrecían
óptimas condiciones y
en donde la vida inteligente
se desarrollaba a plenitud,
incrementando y nutriendo el
progreso de las demás
áreas cosmográficas
(y del pensamiento).
Existían
en el complejo las condiciones
óptimas en la antigua
Tierra, y en su inseparable
Trema, que el esfuerzo de los
hombres había elevado
a un rango preferente.
Trema
disponía de recursos
preconcebidos desenvueltos por
la diligencia impaciente de
los terrícolas. Pero,
eventualmente, una y otra y
todo el complejo dependían
del destino de cada sol natural
o aguardaban la gradual extinción
de sus fuentes artificiales
de energía implantadas
en el espacio cuando los intentos
de excitar nuevamente a un viejo
sol no ofrecían el resultado
apetecido.
Esto
hacía más apremiante
aún la necesidad de abismarse
en el espacio exterior para
determinar potenciales centros
de asentamiento.
LA COLUMNA
BIFIDA
Kosam
asciende a lo alto del molino
y observa el paisaje. Percibe
el rítmico batir de las
aspas que repiten un horizonte
común en su mundo. A
la orilla de los flujos intensos
de los arroyos aparecen siempre,
en una modalidad que puede animarse
también con la fuerza
del viento. Esta doble virtud
los hace dúctiles y diversifica
en medida asequible para la
época sus posibilidades.
El molino asienta y afirma los
conocimientos de física
y la vida en común.
Kosam
está de espectador porque
su condición es la de
alquimista. Transforma la esencia
de las cosas. En el pueblo,
regido por un alcalde que informa
a los señores del castillo
como todos los demás
regidores de villa, ya existe
una comunidad bien constituída,
que se atiene a principios ético-religiosos
y socio-políticos, para
actuar económicamente
sobre el medio y avanzar dentro
de una curva de ascenso material
e intelectual.
Kosam,
sin embargo, se realiza en unas
condiciones de libertad ajenas
a la Edad Media del sapiens.
No existe compulsión
física para sus audacias
creadoras de parte de los órdenes
eclesiásticos ni por
parte del poder señorial.
Predomina
en esta Edad Media un sentimiento
muy fuerte del deber, del respeto
a los cánones establecidos
o convencionales. Las contradicciones
ideológicas son acérrimas
y poderosas, pero no se transfieren
a otros campos para su solución.
No hay duelos; no hay cárceles;
el hombre acepta como destino
la oposición de los demás.
A la mayoría no le inmuta
la permanencia de la minoría,
ni a ésta su condición.
Es
una Edad Media de castillos
sin fosos ni aspilleras.
Kosam
es filósofo. El elevado
ejercicio de la libertad y la
entidad de la alquimia lo llevan
a especular con el fondo ignorado
de las cosas.
Trasciende
así su propia realidad.
Kosam
visita los lugares con su hijo,
al que va formando en los sentimientos
sanos de sus congéneres,
de sus vecinos.
Allí
está con él, en
la plaza, en el templo, en el
molino. Asume su comprensión
humanista, ecuménica,
que se arraiga sin argucias
en el joven, porque no encuentra
otros ejemplos en la sociedad.
Quienes no son como Kosam, tampoco
actúan como criminales.
Este concepto es extraño
para el pueblo.
La
fauna de Cores -próxima
a la de la Tierra- se asentó
después que se insertó
en los coresianos la posibilidad
de domesticación y se
les anuló el escrúpulo
de no ingerir carne de res por
su similitud con la propia.
De cualquier modo, esta repulsión
congénita se tradujo
en una mayoritaria adhesión
a la mesa vegetariana aunque
sólo existía diferencia
cualitativa (las bestias estaban
más próximas al
hombre, pero ¿cómo
ignorar los antecedentes de
la Tierra y Trema?). Kosam concibió,
con bastante anticipación,
caldear sus retortas hasta alcanzar,
incluso, reposiciones sintéticas,
y no cesó de reconstruir
fórmulas.
Los
señores (una familia
en este caso) alentaban ese
quehacer como sendero para adentrarse
en mejoras y cambios. Esta acogida
venía condicionada por
la acción subliminal
del principio gregario inscrito
por el Instituto de Biología
y un íntimo afán
de superación. Señores
y eclesiásticos compartían
con su pueblo idénticos
afanes morales. Apenas era el
suyo un desempeño que
aceptaban como destino. En el
templo descansaba la más
alta responsabilidad reguladora
de la conducta sico-social.
Apoyados en la mística
y sólo en el dogma cuando
era absolutamente imprescindible,
estos patriarcas afirmaban los
motivos sobre causas morales
para darles una consistencia
inquebrantable a los actos de
los coresianos. Normas que surgían
de la propia necesidad de una
armonía cordial y de
un orden indivisible, ajeno
a ejercicios de fuerza y violencia,
emanaban del templo. Algunos
similares a los más altos
principios de las mejores religiones
humanas.
Es
curioso advertir que en todo
este proceso no aparecían
referencias a la condición
bicéfala. Los mandatos
se formulaban en términos
genéricos y rara vez
era requerido o ineludible describir
la situación externa.
Kosam
aplicó los recursos a
su alcance y excavó tumbas.
Así inició las
primeras investigaciones conscientes,
desde el mismo Cores, sobre
los antecedentes. Oportunamente,
pues su actividad permitió
rescatar y preservar evidencias
que luego habrían de
viabilizar a las generaciones
futuras su interrogar al pasado.
En ulteriores trabajos, algunos
biólogos acudirían
al Instituto (en Trema) y al
propio Cores para aproximarse
al análisis científico
e interpretación de la
evolución dirigida.
En
su carácter de exhumador,
el alquimista era un hombre
sobrio. Al no encontrar otros
aspectos somáticos de
interés evolutivo, Kosam
preservó sólo
los cráneos. Alineados
por distintas épocas,
algunos incluso provenían
del tribalismo contemplativo
en que vivieron Taratara y sus
coetáneos. Existían
diferencias de tamaño.
Desde una bicefalia simétrica,
casi idéntica o idéntica,
a no ser por su interioridad,
su oquedad, dispuesta a recoger
resonancias externas -hasta
la proporción actual
en que la segunda cabeza (por
así decirlo) llegaba
apenas a la mitad del tamaño
de la caja que albergaba la
materia altamente calificada.
Kosam
asentó en sus manuscritos
que la conformación craneana
primitiva era gemela. El esqueleto
de los bicéfalos seguía
las mismas líneas de
desarrollo en las dos expresiones
óseas superiores de su
cuerpo. Era el interior el que
había sido resuelto de
forma diferente. El aspecto
exterior, como pudo comprobar
en sus contemporáneos,
era similar en cuanto a que
se reproducían las formas
de los sentidos, casi fielmente,
incluso con un mecanismo de
ojo y párpado que garantizaba
efectos aparentes.
Kosam
era atacado con persistencia
por una fiebre de conocimiento
y saber que no encontraba una
razón justificativa en
el medio circundante. No sólo
era atraído por el interés
de sus inclinaciones sino que,
de súbito, podía
presentir que existían
otros campos de indagación,
impenetrados, desconocidos,
que surgían de la actividad
coresiana.
A
partir del doble cráneo
y de la columna bífida
(a la altura de la base del
cuello) Kosam reunió
cientos de ejemplares, representativos
de distintos estadios de la
evolución del hombre
de Cores. Sobre cada par, dejaba
asentadas sus observaciones.
Al final, podía comprobarse
cómo la segunda cabeza
había ido reduciéndose
gradualmente de tamaño.
Aunque
esta labor constituía
un gran auxilio para los hombres
del satélite de observación
y conducta, Kosam no podía
penetrar a lo profundo del pasado
remoto, en los antecedentes
primarios de la especie, por
las limitaciones de su época,
lo que sí le hubiera
sido posible al hombre de la
Tierra.
Pero,
éste, uncido a su política
establecida, de no permitir
que los coresianos conociesen
su presencia, se mantuvo oculto.
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