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Traducción y cine: observaciones obvias

Olga Sánchez Guevara

Imaginemos que asistimos al estreno de un filme mudo, a comienzos del siglo XX. En la pantalla, un grupo de personas reunidas. De pronto irrumpe un personaje gritando con expresión y ademanes de alarma. ¿Qué ha sucedido? Nos auxilia un cintillo: “Fire!” Quien tenga nociones de inglés sabrá de qué se trata. Pero quien no, ¿cómo sabría, sin la traducción, si el personaje avisa sobre un fuego, un terremoto u otro desastre, un accidente o un asesinato? Desde su nacimiento, el cine ha estado estrechamente unido a la traducción, como lo están la literatura y todas las artes.

Para escapar a la limitación del ámbito lingüístico-cultural en el que se originan, y devenir universales, la literatura y el arte necesitan la traducción. Incluso la música, la danza, la pintura y la escultura, que hablan por sí solas, recurren obligadamente a la traducción, tanto en el proceso de su enseñanza y aprendizaje como a la hora de escribir su historia. El cine no constituye una excepción. Como apuntábamos al inicio, ya desde los tiempos del cine mudo, en el que muchas cosas eran comprensibles a través de las expresiones de los actores y su mímica, se hacía necesario traducir los cintillos que, para hacer más clara la acción, se insertaban en los filmes. Es obvia la necesidad de la traducción en el cine sonoro, donde los diálogos son parte fundamental de la estructura dramática y narrativa del filme.

Sobre el nexo entre traducción y cine existen trabajos de excelente calidad, escritos por colegas vinculados directamente al arte cinematográfico. Un ejemplo de ello es el artículo “El llanto de los dioses”, publicado por la revista Cine cubano después de haber sido presentado por su autor, Jorge Yglesias, en uno de los simposios internacionales de traducción literaria que organiza con carácter bienal la Sección de Traducción Literaria de la Asociación de Escritores de la UNEAC. “El llanto de los dioses” tiene por tema el cine de Akira Kurosawa en cuanto traducción, mediante la poesía de las imágenes, de la obra de William Shakespeare al lenguaje cinematográfico.

Por su parte, María Josefa Gómez Álvarez, especialista en subtitulaje del ICAIC, es autora de un trabajo titulado “Venturas y desventuras de la subtitulación”, presentado durante el II Encuentro de Traductores e Intérpretes Iberoamericanos y Caribeños, en el que aborda la importancia de la traducción en el cine cuando se trata de filmes basados en obras literarias, y señala algo que tal vez muchos espectadores no nos detenemos a pensar:

Un gran número de obras literarias son conocidas por el público en general gracias a las adaptaciones al cine, felices o infelices, de que han sido objeto. Obras tales como Lo que el viento se llevó o El nombre de la rosa, por sólo mencionar dos, son conocidas del hombre de a pie por haberlas visto en el cine de su barrio.

En el caso de obras literarias adaptadas al cine, grande es la responsabilidad del traductor que subtitula, pues de él dependerá en gran medida que tales obras literarias lleguen, con la mayor integridad posible, a un público mucho más amplio que el de los lectores de libros. Y si se tiene en cuenta que en el trabajo de subtitulado hay que ceñirse a lo esencial de cada parlamento, esa responsabilidad se hace aún mayor.

Citando lo acotado por Lourdes Arencibia en su libro ¿Traducción científica o traducción intuitiva?, tocante a las cualidades que debe poseer el traductor-subtitulador, María Josefa Gómez continúa:

El traductor de cine, con su trabajo, hace posible que ese mensaje se transmita de una cultura a otra, es un elemento más en esa realización (…) Consecuentemente, el traductor de cine debe poseer las cualidades del traductor literario, y la formación y disciplina del traductor técnico. Decimos que debe poseer las condiciones de un traductor literario porque su material de trabajo es el guión escrito de las películas, y esos guiones son textos literarios que tienen un autor, un mensaje y un estilo.

La adaptación fílmica de obras literarias como traducción de uno a otro lenguaje artístico, la elección entre subtitulado y doblaje y sus motivaciones, las características del subtitulado como traducción de lo “esencial” en los diálogos fílmicos, la opción de traducir o no las llamadas “palabras soeces” en los diálogos, son facetas de la obligada relación entre el arte de traducir y el llamado séptimo arte. La traducción, indispensable para el diálogo entre culturas en general, no lo es menos en la divulgación internacional de la creación cinematográfica.

Sean estos apuntes un sencillo y merecido homenaje a todos aquellos colegas que, como María Josefa, nos hacen accesibles las grandes obras del cine universal creadas en lenguas que nos son ajenas.

 
     
  Publicado en CubaLiteraria  
         
 
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