Muy pocas
veces nos habrá llegado del interior tan fino y depurado regalo
poético. Difícilmente habrá aparecido nunca en
Cuba tan rico contenido espiritual en tan pobre envoltura. Un cuadernito
humilde con un orgulloso presente: Camarada celeste.
Información,
La Habana, 4 de febrero de 1945.
Su poesía
se acerca más a usted que su prosa, y a usted mismo lo acerca
a su verdadero a su mejor— ser. Camarada celeste es un
encuentro, un verdadero y triunfal hallazgo lírico.
EMILIO
BALLAGAS
Carta del
18 de enero de 1945.
Beth-el
ha sido una revelación terrible, un no parar del sueño;
algo distinto y asombrado me tocó a su encuentro. Una música
sin letras ni sonidos sale del espacio infinito de cada una de sus páginas
maravillosas. Beth-el habla con la boca innumerable y definitiva
de un Dios que tal vez no existe. Ante él se rompen los arco
iris y las enredaderas. Todos debería arrodillarse ante una manifestación
así.
CARILDA
OLIVER LABRA
Carta del
primero de enero de 1950.
[...] Por
si acaso llegara la ocasión, mejor le digo aquí la espontánea
simpatía que le tengo y lo que lo estimo como poeta […] Me gusta
esa poesía clara, tan serenamente pura [de Libro de apuntes]
en la que, sin embargo, como diría su amigo Alcides Iznaga, hay
"algo herido y abandonado". Solo que sin grito y, por supuesto,
sin furia. […] Le respeto y le admiro la calidad lírica.
MIRTA AGUIRRE
Carta del
12 de noviembre de 1954.
Feijóo se desdobla, se multiplica y divide [...] la Revolución
le ofrece ancho campo en qué manifestarse, y él lo llena
con su poderosa frescura popular. Por cuanto hace: ¿qué goce
le brindaremos los cubanos? Aquel que puede ser también nuestro:
el de honrarle para honrarnos, como Martí quería que se
hiciera.
NICOLÁS
GUILLÉN
Hoy,
La Habana, abril de 1961.
Feijóo es un espíritu
inquieto, capaz de faenas múltiples. Ha desentrañado del
folklore esencias autóctonas y ha comunicado en formas diversas
su emoción del paisaje cubano. Ya en verso, ya en prosa y a veces
en prosa poética, su obra está difundida en multitud de
folletos y libros que es preciso clasificar cuidadosamente para apreciar
las distintas direcciones de su labor creadora. Él mismo ha señalado,
en esa labor, dos principales divisiones: una, la poesía interior;
otra, la que llama "línea vegetal cubana".
MAX HENRÍQUEZ
UREÑA
Panorama
histórico de la literatura cubana, pp. 445, La Habana, 1963.
La poesía
de Samuel Feijóo alcanza un lugar peculiar dentro de la poesía
cubana contemporánea. Por una parte, su obra revela una atención
aguda a los módulos de la poesía de inspiración
campesina, volcada hacia los temas de la fauna y la flora cubanas, asomada
al paisaje de tierra adentro, más que al paisaje, a la atmósfera
peculiar de nuestros campos, mientras que otra vertiente de su lirismo
va hacia los temas metafísicos o religiosos, como en su poema
Beth-el (1949), que lo aproxima a los poetas "trascendentalistas"
de la revista Orígenes.
SALVADOR
BUENO
Historia
de la literatura cubana, pp. 446, La Habana, 1963.
De nuevo
es responsable Samuel Feijóo de que vean la luz en figura de
libro meditaciones que no siempre miraron a ese destino. Cada escritor
debía tener en los linderos de su amistad un colega desinteresado
y generoso de los que deben amarse mucho, según el decir
de José Martí, para urgirlo a la frecuente comunicación
con las gentes; por lo que está dicho que merece Samuel Feijóo,
como caso ejemplar, la proclamación, sin voto en contra, de benemérito
de las letras y de las artes.
JUAN MARINELLO
Contemporáneos.
Noticia y memoria, t.2, pp. 1, La Habana, 1964.
El estudio
de la literatura debe rebasar las fuentes de información que
sean estrictamente literarias. Cuanto mayor y más diversas sean
esas fuentes, más complejo y ahondado es el rendimiento literario,
por eso nos ha parecido acertado el criterio de Paul Eluard, al incluir
en su Antología de la poesía francesa, leyendas,
cuentos infantiles, tradiciones populares, etcétera. Así
puede apreciarse con más precisión la extensión
de las motivaciones de toda índole que expresa un poema. Desde
luego que no puede establecerse en nuestra literatura esas fuentes extraliterarias,
con la nitidez que en otras literaturas europeas, por no estar realizadas
aún con precisión entre nosotros. Hay que señalar
en esa dirección las investigaciones folklóricas de Samuel
Feijóo, realizadas con verdadera alegría de creador, que
aclaran zonas de nuestro vivir que guardan profundas y soterradas relaciones
con la poesía.
JOSÉ
LEZAMA LIMA
La cantidad
hechizada, pp. 238, La Habana, 1970.
Feijóo,
con sus propios estudios, y con su generosa labor de editor y animador,
a través de la revista Islas, de la Universidad Central
de Las Villas, ha puesto su provincia y su universidad y, por
ende, a Cuba— en el mapa universal de la cultura contemporánea.
JOSÉ
ANTONIO PORTUONDO
Concepto
de la poesía, pp. 273, La Habana, 1972.
Lamento
no haberme convertido también en pintor, como Fayad Jamís,
que es tan buen poeta como pintor, o el gran Samuel Feijóo, excepcional
figura de nuestras artes, que lo mismo dibuja que escribe poemas, pinta,
hace novelas y dirige una revista como Signos, una revista floral,
insólita, como un esperado meteoro.
ROBERTO
FERNÁNDEZ RETAMAR
Entrevista,
pp. 21, La Habana, 1982.
La segunda parte de Faz
es uno de los momentos más grandes de la poesía cubana
de todos los tiempos. […] Quien tan incansablemente ha andado, y hasta
tan lejos, por los senderos del bosque real y espiritual, cuando se
acerca a su séptima década, la pitagórica, es ya
un sabio. Un poeta sabio, un niño sabio, un loco sabio.
CINTIO
VITIER
"Ciclo
poético de Samuel Feijóo", Poesía,
pp. 12 y pp. 20, La Habana, 1984.
Por la poética
de la naturaleza cubana se halla la unidad de toda la obra de Feijóo:
la pictórica, que deja ver el paisaje y el ser en los vivos colores
de la naturaleza; la del folklorista, que se alimenta por la propia
compilación folk; y el inmenso orbe de su letra impresa
–prosa, verso, narrativa, cuya unidad ideostética se explica
entonces […] como un método de trabajo que requiere varias artes
para su total expresión.
VIRGILIO
LÓPEZ LEMUS
Samuel
o la abeja, pp. 137, La Habana, 1994.
Mucho nos
enseñó Samuel de Cuba, pues aún de joven, y sin
proponérselo, era ya un maestro. […] Se trata de una batalla
espiritual insólita en nuestra poesía, tanto más
cuanto la libra a un tiempo en el terreno de la letra.
FINA GARCÍA
MARRUZ
"La
poesía joven de Samuel Feijóo", Signos, p.
24 y p. 57, número 39, Santa Clara 1990.