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Desde pequeño aprendía
versos de memoria
Yo fui su compañera inseparable de juegos y estudios.
Nos llamaban en casa "los camaradas". Nuestros temperamentos,
tan diversos, se complementaban admirablemente. Mientras yo
lo llevaba al juego, a las discusiones, a la pelea, al estudio
de las matemáticas, él me orientaba en el manejo
del diccionario, me enseñaba geografía e historia.
Hacíamos competencias de memoria. Ya aprendía
versos, y se imponía la tarea de aprender una página
de un diccionario pequeño, que me hacía tomarle
de memoria, sin un error, con sólo leerlo tres veces.
Zoe de la Torriente
Brau
La más limpia, alegre y
honda amistad de mi vida
Conocí a Pablo en el estío de 1930. Hacía
una semana que andaba, a toda hora, con un libro suyo bajo
el sobaco. Ni que agregar tengo que aludo a Batey, una colección
de cuentos cubanos, escritos una mitad por él y la
otra por su fraterno amigo Gonzalo Mazas Garbayo. Me había
asombrado su imaginación fabulosa, su estilo desenfadado,
su pupila afiebrada, su afán de servicio, su corazón
trepidante y su generoso amor a los que sufren sueñan
y pelean.
Era un mocetón alto, de musculatura atlética,
pelo oscuro, frente dilatada, voz grave, mentón altivo,
sonrisa franca, mirada diáfana y jocundo talante. De
vez en cuando lanzaba una carcajada estruendosa que estremecía
los cristales de las ventanas.
Nos despedimos con un vigoroso apretón de manos. Anochecía.
La ciudad se enguirnaldaba lentamente de ascuas. Yo iba silbando
de júbilo. Había conocido a un hombre entero
y verdadero. Y había anudado, también, la más
limpia, alegre y honda amistad de mi vida.
Raúl Roa
García
Un escritor natural
En nuestro escritor se produce, como en pocos casos, la ensambladura
armoniosa y contrastada entre lo tradicional, lo nacional
y lo universal. Su cubanismo fue, al mismo tiempo, soterrado
y ostensible. [...] // Es un escritor natural de mucha sabiduría.
Es distinto, y llega a todos. Transmite lo que ve sin artificio
ni revoque, pero siempre con acento propio y modo nuevo. Su
amor a la vida [...] lo identifica con toda peripecia y a
todo le indaga su razón de existencia. La originalidad
le llega a cada paso del recuerdo sensual [...] pero todo
confluye, al final, en una marcha ascendente, benéfica,
de profundo sentido moral. Lo dionisíaco nacido de
su naturaleza poderosa y activa sirve en la perspectiva, como
en Martí, al duro deber. Se sabe bueno. Y como bueno,
debe morir de cara al sol.
Juan Marinello
Con Pablo de la Torriente
Brau
Cada hombre, amigos cubanos y españoles, puede pensar,
sentir y hacer de sí mismo, con relación a una
paz acostumbrada, y sobre todo, a una mala guerra, lo que
quiera o lo que pueda. Y todos merecerán, con la sola
condición de que sean sinceros y honrados, o ¡ay!
de que lo parezcan, nuestra consideración absoluta...
o relativa.
Sí, sí. Pero ningún hombre, ni uno solo,
que sea del lado y de la cara que fuese, y sea el que fuere
su acuse de destino, se atreverá a dudar ni a sonreír
pública ni íntimamente de la fe, la esperanza,
la caridad, el noble heroísmo de otro hombre palpitantemente
joven y poeta, que deja una hirviente paz y su patria viva
para morir con el corazón en la mano, por el mundo
que sueña, en otra.
Esta vez, la otra patria ha sido España, el héroe,
un cubano: Pablo de la Torriente. Yo, como español
del mundo que él soñaba, me inclino ante el
ejemplo generoso de su muerte.
Juan Ramón
Jiménez
Recuperación
de Pablo de la Torriente Brau
Yo no vi nunca en talla corporal a este Pablo de la Torriente
Brau [...]. No miré su estampa de jefe natural de hombres
ni oí su voz a la que subiría su autoridad que
trajo trabada con su alma.
Creció y se hizo mozo como muchos de ustedes, mirando
de una parte los pedazos rotos del siglo XIX [y] viendo del
otro lado apuntar el cuernecillo del tiempo nuevo de la edad
suya, de la que le tocó en ración.
Los escombros románticos no le parecían buenos
sino para molerlos en albañilería y aprovecharlos
así majados para hacerlos ladrillos en la segunda faena
republicana de América. Pero dentro de los escombros
su mano sacó una cabeza entera de carne, no de tiza,
y allí unos ojos llenos de futuro y una boca cuya sonrisa
medio era de padre, medio era de madre; lo que Pablo recogió
y guardó fue su José Martí, único
romántico digno de sobrevivir en la América
criolla.
A España fue derecho a morir DE la Torriente, entregado,
regalado a la muerte como el puñado de café
a la mano del cosechero. Muchos hablarán de su muerte
inútil; siempre se dijo del hombre que da sangre en
vez ce dar dinero o especies. No puede haber sido sal echada
al agua la pobre vida del mozo cubano.
Gabriela Mistral
Un soneto de Pablo a
Julio Antonio Mella
[...] En realidad, lo que tendríamos que apuntar es
que más bien por excepción Pablo transita por
los caminos de la poesía; o dicho de otro modo, en
el conjunto conocido de la obra escrita de Pablo -y a Pablo,
afirma Raúl Roa, escribir le era tan natural como sudar
o respirar-, se localizan hasta el momento tan sólo
tres composiciones poéticas. No obstante, su tercer
poema, el soneto a Julio Antonio Mella, merece especial atención.
Diana Abad
(Fragmentos de audio)
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