Cartas

 

MADRID, 25, 9, 1936



Llegué anoche a Madrid, después de varios días en Barcelona. El viaje fue épico. Ya, desde las ventanillas, al pasar por el Alcázar de San Juan, pude presenciar los primeros estragos de la guerra: un bombardeo, sobre un pueblo indefenso, hecho por los "heroicos" aviadores fascistas, que, según me contó el propio teniente coronel Sandino, jefe de la Aviación y ministro de la Guerra de Cataluña, jamás dan la cara cuando el combate es serio y les acometen los aviadores leales.
Vine por la vía de Valencia, en un largo recorrido, lento. Aún no tengo que contarte nada de Madrid. Ya conocí a Alberti, a Bergamín y algunas otras personas de interés. Ya trabé amistad con un fiscal del Tribunal Militar y el lunes presenciaré juicios y después fusilamientos. Después iré enseguida a Toledo y al Guadarrama, que es lo más próximo que tengo.
Te escribo a ti, y no a Freeman o a Reed, porque considero que estás más despreocupado que ellos y podrás contestarme con mayor facilidad toda clase de instrucciones. Por ello, hoy mismo te mando mi mejor dirección aquí. Se trata de una dirección fija y, además, de un amigo de toda confianza para mí, aunque sea político. Di, pues, en New Masses, que espero toda clase de instrucciones. Pero que espero trabajando, como es natural. Pienso que después aquí podré desarrollar una actividad mucho más interesante que desde Barcelona. Ya hoy hice las primeras gestiones para ver a Azaña, Largo Caballero, Prieto y otros. No será fácil; pero no imposible. Tengo buenas relaciones entre escritores y periodistas y no pude conseguir la oportunidad de entrevistarlos.
Te he mandado ya desde París y Barcelona -excluyendo una crónica desde Bruselas- seis trabajos. Aún tengo material para varios más, de lo que recogí en Barcelona. Entre hoy y mañana y pasado intentaré darle remate.
Quisiera, como es natural, que para que ellas rindieran el beneficio revolucionario justo, no escatimaran en mandarlas a México, Costa Rica, Ecuador y otros países. Para Cuba te ruego muy encarecidamente que hagas lo siguiente: manda siempre una copia a esta dirección: Moderna Fábrica de Ladrillos, Tejar, Punta Brava, Habana, Cuba. Antepónle a Teté unas líneas dentro de tal dirección, indicándole que se las vas a mandar para que ella haga gestiones con Ramiro y con Guillermo, a fin de que aprovechen las que consideren buenas. Además, caso de que hayan sacado sus periódicos, que me manden instrucciones si quieren algún trabajo especial, de determinado tono, etc. Para el Partido, utilízalo todo siempre que pueda o haga falta.
Otro asunto: necesito que, de todos los números donde salga algo, me guardes un ejemplar allá y, además, me remitas siempre cuatro o cinco, o cuando menos dos o tres, pues casi todas las personas a quienes veo quieren tener el periódico donde salga lo que ellos dicen. Y es justo y nos conviene. No olvides, pues, esto.
También he gestionado hoy y obtenido, una entrevista con don Ramón Menéndez Pidal, la más alta figura de la intelectualidad española. Y ayer tuve una en el tren con un torero que pelea con Mangada.
Trabajo sin descanso. Me sobran energías, pero me falta tiempo. Debía prolongarse el tiempo, aunque fuera por un decreto revolucionario. Quisiera no tener que escribir por ahora, porque escribir me lleva el tiempo que necesito para ver. Mas, con todo, espero que no se quejarán, pues, con las dificultades naturales del desconocimiento del ambiente, he hecho más de una crónica por semana y, muy pronto, espero que haré no menos de dos o tres semanalmente. ¡Ah!, espero que habrás recibido el informe que hice desde Barcelona para el Comité Antifascista. Ya haré otro desde aquí.
Dile a Joaquín3 que el Partido ha cobrado aquí una fuerza extraordinaria. En Cataluña, el Partido Socialista Unificado, adherido a la III Internacional, es una cosa poderosa. En cuanto tenga tiempo le escribiré sobre estos aspectos de la revolución. En Cataluña hablé con el diputado Valdés, ex secretario general del Partido y hoy secretario de organización. Aquí, mañana espero hablar con Jesús Hernández y otros líderes para tener una impresión justa. Mientras tanto, hablo con el pueblo, que es lo que más me gusta.
No te escribo más por hoy. Hasta la próxima que será pronto.

Pablo




 



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