Presentación
Biografía
Bibliografía
Obras
Fragmentos
Valoraciones
Galería

 

La cabeza en la almohada
 

De qué modo, viejo, los años lo fueron disfigurando a usted. Si hasta parecía haberse reducido su estatura, y eran sus manos temblorosas ahora, incapaces de encontrar el rumbo de su tabaco escapado de los dedos.

Pero sobre todo lo otro: entrar uno por la puerta y usted quedarse mirándonos sin reconocernos hasta partirnos el alma con la pregunta airada:

—¡Eh! ¿Quién tú eres? ¿Quién te manda a pasar en casa ajena?

Y entonces tener que decirle lo mismo: «Fulano, viejo.» Su hijo; Yeyo, como nos decía usted cuando todavía no rebasábamos la altura de la mesa; Aurelio después, ahora, con sus nietas de la mano haciendo su propio lugar de padre en el tiempo correspondido, amparándolas de este mundo duro que a usted mismo le cubrió del nacimiento a la muerte.

Solo el amor y la angustia encuentran. Y un día encontramos cómo. Avivarle la memoria más antigua, aquella que extrañablemente solía encenderle a chispazos los recuerdos. Y entonces oirle las cosas de Calimete y de Paso Real de San Diego, donde ...«si tú vas ahora mismo y registras encuentras casquillos de tercerola todavía, porque con el General en Occidente se dormía a caballo y se peleaba todos los días».

Sin embargo, todo eso de repente fallaba; como si se le apagara el pensamiento, y uno ahí, soplando los rescoldos de su memoria donde sólo topábamos ahora con dos ojos neblinosos sin mirar a ninguna parte [...]

 

Presentación  Biografía  Bibliografía  Obras
Fragmentos  Valoraciones  Galería
Corrección editorial:
Ruth Leyen Fernández

Actualizado: 27/05/02
Página anterior Página arriba Página siguiente