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¿Sería acaso la virgen de la Caridad, aquella medallita en el pecho, lo que me obligó a darle el botellazo?
Al principio, en los primeros días de cárcel, con todo el tiempo que tenía para seguir navegando, llegue a pensar que sí, que fue sobre todo porque se me atravesó la virgen con los tres guardianes cuando yo intentaba echar mi barco a la mar.
Y no porque yo tenga o no tenga sentimientos religiosos,
no. Para mí las santas y los santos son gente aparte,
quienes viven acomodados en el cielo y a otra cosa,
no me interesan. Pero es el caso que pensando y analizando
he llegado a la conclusión de que el botellazo se lo
di porque algo incontrolablemente místico le queda a
uno confundido entre el manojo de sentimientos del que
ha sido cocinado desde niño, aunque sea en baño de María,
en una cultura de trasfondo cristiano.
Y como la virgen de la medallita me estaba impidiendo irme a la mar, se me disparó el botellazo que a fin de cuentas es lo único cierto y objetivo que sucedió sin más especulaciones.
Pero bien, el caso es que me echaron seis meses justos
y que, aparte del escándolo y la mentira de que yo estaba
borracho y la cogí con él, por encima de todo eso, me
resultaron encantadores los seis meses que me pasé detrás
de la reja, o me estoy pasando. Y no digo este último,
el sexto, porque no sé... no sé qué me voy a
hacer ahora [...]
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