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I hope you understand all this, dear Guillén. What I am trying to say is: I like your new poems immensely [Nota: se refiere a Motivos de son]. And I only hope the pressure of success will not make you write too fast. What you have done already is grand -everyone of them!
Langston Hughes, 1930

Hace ya tiempo, señor y compañero, desde que recibí y leí -apenas recibido su Sóngoro cosongo-, que me propuse escribirle. Después lo he vuelto a leer -se lo he leído a amigos míos- y he oído hablar de usted a García Lorca. No he ponderarle la profunda impresión que me produjo su libro, sobre todo "Rumba", " Velorio de Papá Montero" y "Motivos de Son". Me penetraron como a poeta y lingüista. La lengua es poesía. Y más que vengo siguiendo el sentido del ritmo, de la música verbal, de los negros y mulatos. No solo en los poetas negros norteamericanos, que gusto con fruición, sino hasta en los que cantan en papiamento -lengua, como sabe, de los de Curaçao- que he aprendido. Es el espíritu de la carne, el sentimiento de la vida directa, inmediata, terrenal. Es en el fondo, toda una filosofía y toda una religión. Usted habla, al fin del prólogo, de "color cubano". Llegaremos al color humano, universal o integral. La raza espiritual humana se está siempre haciendo. Sobre ella incuba la poesía.
Miguel de Unamuno, 1931

Nicolás Guillén es cubano en el fondo y en la forma. Es el primer poeta nuestro que descubre un ritmo, extrae una observación, crea una forma. Se aparta , por igual, de Francia y de España. No es ni Darío ni Chocano, ni Juan Ramón Jiménez. Es Guillén. Y cuando se trate de esbozar una historia de nuestra evolución lírica y muchos nombres caigan en el silencio, hundido en la mediocridad de la obra o en la pobreza de la creación, el nombre de Guillén quedará. Y con Nicolás Guillén el de su libro Sóngoro cosongo.
Alberto Lamar Schweyer, 1931

Guillén hunde sus raíces raciales en terreno propicio de donde le viene una rica savia inédita, y abre arriba -por encima de lo folclórico- su "sencillo canto" como halo de palmera. Goza del ambiente que ahora Langston Hughes cuando habla de su tierra "donde la alegría está mal". Vive Nicolás Guillén "bajo un lujoso sol, entre altos y espesos árboles agobiados de loros -y de políticos- charlatanes". Con estos materiales y con su talento ha modulado la voz profunda que le regala nuestro ancestro mulato. Ha sido el canto suyo el mensaje inédito, que nos envía nuestro propio medio rítmico y plástico. Con la poesía de Guillén, original, sincera y fuerte, estamos empezando a ser América.
Emilio Ballagas, 1931

Y aquí es donde Guillén da su nota más bella y auténtica y por donde su libro se erige en un buen ejemplo para Urrutia, de lo que puede ser la mejor influencia negra sobre el arte cubano. Había que empezar a recoger ese caudal de ritmo, de simplicidad vital, de verdad humana, de poesía, en una palabra, que se estaba perdiendo en los temas negros. La música los estaba salvando entre nosotros, gracias a un Roldán y a un Caturla, y en otro plano, a los compositores populares. Apenas si la literatura había rozado ese rosario folklórico negro del dominio plebeyo, lo estiliza, lo depura, lo hace materia artística. Y así ha logrado esos deliciosos "motivos de son", esas versiones deliciosas de la rumba y del chévere y del velorio de Papá Montero, cuyo interés estético estriba en una gracia primitiva natural e inmediata.
Jorge Mañach, 1931

Dentro de la trayectoria de los Motivos de son era posible una poesía más elevada, más responsable, algo como un cancionero afrocriollo; y eso es lo que Nicolás Guillén acomete y resuelve en Sóngoro cosongo, que en tal concepto sí es lo definitivo.
Regino Boti, 1932

Pero habíamos dicho que Nicolás Guillén nos importaba en definitiva por ser un hecho americano. Ahora decimos que es, además, una fe americana. Veamos por qué. Mil veces hemos pedido una literatura nacida de nuestra más profunda realidad, pero no desentendida de su estirpe europea ni del aporte esclarecedor de lo universal. Voz y conflictos nuestros, cultura de raíz, información perfecta e inquietud sin fronteras, sería quizás la fórmula. Hemos querido la única novedad apetecible, la que se suba, por obra de nuestro deseo más hondo, sobre el tesoro substancial de la lengua y de la historia. El verso de Guillén cumple ese deseo, es parte de nuestra carne porque encontramos en él nuestro ayer, nuestro presente y nuestro mañana. Este verso, esta rara y ajustada expresión, es un hecho americano del amplio significado porque es un triunfo definitivo del mestizaje antillano. Adviértase el tamaño de esta ocurrencia Guillén es el más cubano de cuantos artistas pudieran imaginarse, el más pueblo de los poetas de las islas y, al propio tiempo, el que da con una expresión más genérica y universal, el que logra, por la posesión de la Europa que le es más cercana, una resonancia más fiel y más actual.
Juan Marinello, 1937

Yo comprendo que Nicolás Guillén tenga pocas ganas de marcharse de Chile; lo que pasa es que tiene muchas de volver a Cuba, y yo también. Cuba es un punto de tierra rodeada por todas partes por el mar y por la poesía de Nicolás Guillén. Allí los brazos y los vasos, las palmeras y las caderas, los vientos y los cuentos tienen el perfume ácido, salado y azul de la espuma antillana, y propagan un sonido de plata fina y cascabel silvestre; son sonidos que Nicolás Guillén recibió como herencia en la sangre o donación que él hizo de su activo corazón haciéndolo patrimonio sonoro de su pueblo.
Pablo Neruda, 1947

Nicolás Guillén escribe exactamente para el hombre del pueblo, para el hombre elemental y fundamental y el que está más cerca del hombre universal y eterno, como quería Antonio Machado, a quien hemos de recurrir siempre para dar la pauta más sabia de lo que en esencia es nuestra inquietud por decir, saber decir, y saber lo que queremos decir. Por esto, toda la poesía de Nicolás Guillén siempre ha de tender a "aumentar el humano tesoro de la conciencia vigilante", gran querer para el poeta, en especial para el de nuestro tiempo.
Jesualdo, 1947

Muchos críticos importantes han rendido tributo a los valores literarios de su poesía, su diversidad, música, aliento, pasión y fuerza. Su estilo varía desde un delicado lirismo y una ultramoderna poesía libre hasta el canto de versos del dialecto afrocriollo, pero su tema principal es casi siempre los problemas, la pobreza, y los modos folklóricos de su Cuba natal. Que este tema principal encuentre su contrapartida en las demás islas de las Antillas y América del Sur, no nos hace dudar en absoluto de la gran popularidad de Guillén hoy por hoy. Con Aimée Césaire de Martinica y A.J. Seymour de la Guayana Británica, Nicolás Guillén es uno de los conmovedores, de los múltiples e interesantes poetas de sangre negra que escriben ahora en el área del Caribe.
Langston Hughes, 1948

Y todos sus temas eseciales están en este son entero, que, para dejarnos con un regalo de la más pura poesía, termina con el poema "Rosa tú, melancólica ..." que quiero dar completo aquí porque soy poeta y soy cubano y por serlo estoy orgulloso de mi hermano Nicolás Guillén.
Eugenio Florit, 1948

En la revista Orto se publicó, si no toda, la mayor parte de la obra adolescente de Nicolás Guillén. Ningún otro poeta de Cuba, a mi juicio, se ha iniciado con pasos tan firmes y seguros. Y porque así lo comprendimos, desde el primer momento, todos los compañeros del Grupo Literario de Manzanillo , lo presentamos en nuestra revista como una revelación.
Manuel Navarro Luna, 1952

La publicación de West Indies, Ltd. en 1934, inmediatamente después de la revolución que depuso la dictadura de Machado ( 1925 - 1933), marca una significativa transición en el desarrollo de la poesía de Guillén. Motivos de son introducía al lector en lo anecdótico y externo en su grado más simple; Sóngoro cosongo penetraba del modo más profundo en el mundo del negro, pero hablaba a toda la nación cubana. Con West Indies Ltd., el poeta ensancha su área de interés para ceñir todo el archipiélago antillano y los elementos de protesta social pasan a un plano prominente.
Robert Márquez, 1952

El ritmo en el verso de Guillén -al menos, así lo veo yo- hermana las diferentes etapas de su devenir con aquellas más o menos idénticas, en el terreno musical. La vertebración métrica en su verso la percibimos de tal manera difundida por todo el cosmos poético, que nos alcanza, mediante su palpitación, un fluir que yendo de adentro hacia fuera, hace andar su expresión como a paso de danza, pudiéramos decir, ya en la rica trasuntación esencial de nuestros sones como en la compleja palpitación de su poema "Elegía a Jesús Menéndez".
Nilo Rodríguez, 1952

Hay poemas que son música. No en lo que se refiere a lo melódico sino a lo arquitectónico. Ambiciosos y felices poemas que logran sin ser partituras, la robusta substancia de lo orquestal. Ya se ha dicho alguna vez que el "Llanto por la muerte de Ignacio Sánchez Mejías" era una obra sinfónica dotada de los cuatro movimientos perfectamente delimitados de cualquier sinfonía: un Lento sostenuto -" La cogida y la muerte"-, un Andante -"La sangre derramada"-, un Allegro con brío -"Cuerpo presente"-, y un Finale vivace -"Alma ausente"-. Y, como el "Llanto" -sin que ambos se parezcan- puede decirse que es música la "Elegía a Jesús Menéndez", ese poema grande que hoy toda la crítica literaria nacional señala en voz baja -en voz baja, porque para decirlo de otro modo, salvo un excepción honrosísima, nadie ha tenido coraje de reconocerlo- como el logro más alto de cuanto ha producido la poesía cubana en cien años. Y, acaso, en toda su historia.
Mirta Aguirre, 1952

El poeta de El son entero ha incorporado a su obra, como un poliedro de ónix bien facetado, los múltiples aspectos del fenómeno negro entre nosotros lo pintoresco, lo plástico, el drama social, el problema del mestizaje, el lado supersticioso y mágico. También la proceridad natural del caballero negro (maravillosamente cogida ya por Martí). La elegancia de movimientos del negro cubano está en la netitud de su verso. La gloria de primer poeta de la raza negra o mulata en Cuba no se le puede discutir. Sin embargo, a pesar de su porfiado africanismo recurrente, yo entiendo que lo mejor de Guillén no es lo calificadamente negro o mulato de su obra, sino lo específica y libremente cubano.
Cintio Vitier, 1958

Si fijamos dos deslindes en la poesía castellana en Machado y García Lorca, tendremos la posición de Guillén en el cuadro general perfectamente señalada. Guillén no representa lo oriental, sino lo africano, somático, étnico. Si dijera un aporte de índole humana y verbal iría directamente al quid; si buscamos lo cubano en su poesía hallaremos todos los elementos tegumentales dentro de los cuales está la pulpa y la semilla afrocubana. Tendremos la fruta ya con sabor nacional de un árbol de otra tierra tropical, aclimatado pero no nativo, de fruta y corteza dura.
Ezequiel Martínez Estrada, 1962

Heredia fue poeta contra España. Martí lo fue también y dio inicio a la mirada que había de volverse contra la amenaza anglosajona que apuntaba hacia la América Latina. Y contra esa amenaza ha sabido ser poeta Nicolás Guillén, fiel a su hora histórica y a la misión que le venía señalada en el panorama de nuestras letras.
Mirta Aguirre, 1962

"Y ahora Nicolás Guillén, nuestro poeta nacional..." . Desde el triunfo de nuestra Revolución, hemos escuchado constantemente esas palabras: ¿ De dónde le habrá venido este título a Guillén? ¿ Le habrá sido otorgado en cónclave parlamentario, o después de someterse a alguna prueba? ¿ O acaso es piropo que se le ocurrió a algún periodista ingenioso y que se ha venido repitiendo como si se hubiera convertido en apellido nuevo del poeta?. Si lo primero, ese título sería pariente de uno de barón o de dentista. Si lo segundo, dependería de un azar bondadoso. Y sucede que esa denominación, ni es resultado de decisión exterior alguna, ni es hallazgo de nadie. Es la consecuencia de desempeñar una función dentro de nuestra sociedad, una función que no siempre es desempeñada, o no lo es a cabalidad. Es decir, que hay épocas o países en los que a ningún poeta le interesa -o ningún poeta logra- expresar no su ser individual, sino el de su colectividad; en que ningún poeta da voz permanente a una gran experiencia suprapersonal, que acaba por crecer y confundirse con la de su nacionalidad. Cuando sí ocurre esto, cuando sí hay un poeta que realice tal tarea y la realice bien, ese poeta es un poeta nacional. Es decir, no es un poeta que se limite a las realidades de la vida individual; no se cierra a decirnos si está triste o alegre, si le duele la nariz o está aburrido, sino asume su colectividad como su ser, y logra que por sus palabras hable esa colectividad. En este sentido es también, y en primer lugar, un poeta social, un poeta en que se reconoce la sociedad. No quiere ello decir, desde luego, que no existan en él reacciones específicamente individuales. Claro que sí existen. De lo contrario nos encontraríamos con un monstruo sin cuerpo o hecho de muchos cuerpos amalgamados: poeta de humo o poeta de mil cabezas o de dos mil piernas. Pero aún en las reacciones propias del individuo, todo poeta de veras expresa lo que llamaba Antonio Machado "el tú esencial" . Sin reacción individual no sería posible poesía, ni nada humano. A la vez, sin embargo, esa reacción ha de tener una resonancia extraindividual, ese " yo" del poeta -como lo vemos en el "yo" de la poesía popular, en el de los" Versos sencillos" de Martí- ha de ser también y acaso primordialmente, un "nosotros" . Cuando acaba de abarcar, en su crecimiento, a una nacionalidad, estamos frente a un poeta nacional. Ese es el caso de Guillén, quien empezó significativamente por querer expresar la parte más infeliz de nuestro pueblo, y por ello logró darle voz al pueblo todo.
Roberto Fernández Retamar, 1962

Así, lo que caracteriza a West Indies, Ltd., después de su alcance de amplitud geográfica, es su sentido de profundidad social. Puede decirse que para expresar la realidad cósmica y humana del Archipiélago del Mar de las Antillas, no tuvo necesidad Guillén de abandonar su Isla, sino más bien hundirse a plenitud en ella - en su dramática ansiedad tanto como en su espléndida nauraleza. Asimismo, para dilatar su mirada y hacer que llegara más allá del colorido y de la periferia del medio ambiente hasta el turbio origen de la angustia negra -hermana de la angustia blanca- no tuvo necesidad el poeta de moverse de su firme zona folclórica, sino por el contrario, penetrar más hondamente el alma de su pueblo, llevado de su certero sentido de orientación. Por eso los personajes de los sones de Wets Indies, Ltd., sin desprenderse del mágico ritmo, encienden en el canto el sufrimiento vivo que antes disimulaban: lo sacan con valentía y ya a conciencia de que la pena personal es una mínima parte de la gran pena colectiva, que aflige casi alícuotamente a negros y blancos, es decir, al cubano que trabaja y lucha y sueña, y por extensión a los habitantes todos de este disperso mundo oceánico que, al final de su poeema, Guillén vislumbra iluminado de futuro no obstante las sombras que lo afligen:
Resoplan vientos independientes
Pasa un crucero de la Unión Americana.
Después otro crucero,
y el agua ingenua ensucian con ambiciosas quillas
nietas de las del viejo Drake, el filibustero.
Lentamente , de piedra, va una mano
cerrándose en un puño vengativo.
Un claro, un claro y vivo
son de esperanza estalla en tierra y oceáno.
El sol habla de bosques con las verdes semillas.
West Indies in inglés. En castellano,
Las Antillas.
Queda flotando así, en el archipiélago sojuzgado, la esperanza de la redención.
Ángel Augier, 1963

En Cantos para soldados y sones para turistas (1937) se hace patente una influencia que ya había asomado en algunos rasgos aislados de Guillén: la de Langston Hughes, que además de amigo ha sido su excelente traductor en lengua inglesa. Se identifican los dos poetas en la clara y escueta presentación de los temas y en las formas del comentario dialogado.
Max Henríquez Ureña, 1963

En la poesía de Nicolás Guillén el equilibrio entre la forma y el contenido, entre el lenguaje eminentemente comunicativo y la intención expresiva es tal, que alcanza una genuina calidad clásica. Frente a algunas de las letrillas y aún de sus sones, nos acordamos de Lope, y muchas de sus sátiras recuerdan a Quevedo. No hay, sin embargo, una relación inmediata entre ellos, sino la coincidencia de una actitud y una sobriedad absolutamente clásicas. Lo cual nos lleva de la mano a plantear el problema del escritor revolucionario como testigo y expresión de su tiempo, tiempo de confusión para muchos en cuanto a la expresión literaria se refiere.
José Antonio Portuondo, 1964

En la poesía de Nicolás Guillén, el afán de belleza del verso, su musicalidad, su fuerza de combustión lírica, y la voluntad de eficacia social de su palabra, con la ayuda de una técnica consumada, no son sino una sola llama en la noche del mundo.
René Depestre, 1969

No creo que sea incurrir en el ditirambo ni minimizar la abundante y rica aportación de los muchos y grandes poetas que ha producido, y produce Cuba, diciendo:
1. que Nicolás Guillén fue, en poesía, el verdadero descubridor de Cuba, el poeta de la totalidad cubana
2. que Nicolás Guillén es uno de los artesanos de mayor envergadura de la poesía total, es decir, de la realización, a escala mundial, de la poesía como síntesis.
Alfred Melon, 1970

El concepto de nacionalidad, en Guillén, no sólo se sustenta con la transculturación y el mestizaje mencionados, sino que se engrandece con una vocación popular que pone su aliento al servicio de las grandes masas trabajadoras y campesinas del país, para convertirse en su fiel reflejo. Volviendo, entonces, sobre el terreno de nuestra cultura mestiza y transculturada, habría que decir que la dimensión fundamental y prioritaria de Guillén se cumple desde el momento en que transpone el acervo cultural, que proporciona nuestro componente africano, dándole su justo lugar.
Nancy Morejón, 1982

Los poemas negros de Guillén rezumaban una agresividad que no tenían la estilizada "Bailadora de rumba", de Ramón Guirao, ni la rítmica "La rumba", de José Z. Tallet, aparecidos en 1928 y 1929 respectivamente, e iniciadores de la tendencia en Cuba. Agresividad por la pintura descarnada de ambientes y personajes populares, siempre excluidos de la poesía al uso entre nosotros; agresividad verbal, por la aprehensión del léxico, la sintaxis y la fonética del habla del negro y el mulato (y también de muchos blancos) cubanos; agresividad por la asimilación a la poesía culta de las estructuras del son y la guaracha, a despecho de los que veían en ellas manifestaciones artísticas avulgaradas que, por supuesto, que estaba bien que el pueblo bailara en los solares, pero que en modo alguno debían elevarse al rango de literatura.
Guillermo Rodríguez Rivera, 1982

Uno de los libros más recientes publicados por Nicolás Guillén, El diario que a diario (1972), es en muchos sentidos una culminación y una síntesis de su total expresión y visión ideológica. Las dos principales áreas de la literatura que han ocupado su vida de escritor -la poesía y el periodismo- se funden abiertamente en esta obra. La unión está regida por una nítida perspectiva histórica, con una ironía y una sátira que determinan su predominante estado de ánimo. El formato del libro remeda los periódicos cubanos de épocas pasadas y su contenido es una colección de noticias representativas, proclamaciones oficiales, un amplio abanico de anuncios y notas de sociedad presentados todos de manera tal que constituyen una exposición del desorden, el absurdo, la inmoralidad, la injusticia, la inseguridad y el mimetismo de la sociedad colonial española hasta la fuga de Batista y el triunfo de la Revolución.
Keith Ellis, 1987

En el caso de los Motivos de son, por ejemplo, el efecto onomatopéyico de percusión de tambor no depende sólo de la organización fónica del texto, sino también del contexto estilístico. Como anuncia el título general, cada uno de los "motivos" es una estilización según las letras de sones, o, como aclaró en su tiempo el propio Guillén, un "poema-son, basado en la técnica de esa clase de baile", y el son se caracteriza por el papel fundamental que desempeña en él la percusión; por otro lado está la peculiar organización rítmica que, por su parte, también tiende a establecer una relación de iconismo con el ritmo de la percusión propio del son.
Desiderio Navarro, 1988

He tratado de sustentar mi convicción de que existe un diálogo interno, esencial, en la poesía guilleniana. Creo que ello no se materializa como un sector paralelo, autónomo y ajeno, que se diferencie en su poesía de los momentos -por cierto cuantitativamente mayoritarios- netamente monológicos. Muy al contrario, se interpenetran: la extraordinaria intensidad subjetiva de "Elegía camagüeyana", " Elegía cubana" y " El apellido", no hubiera alcanzado los mismos perfiles estilístico-connotativos de no haberse concebido éstos, en contrapunto de experiencias y sensibilidad, con los textos en que Guillén da entrada a voces diversas de la suya propia -o, más bien, de las de los sujetos líricos por él creados-, es decir, a entonaciones emanadas de las más encontradas zonas de expresión que confluían en Cuba en la época en que el poeta comienza a integrar los perfiles básicos de su estilo.
Luis Álvarez Álvarez, 1997
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