Ángel Augier, 1999

Nadie mejor que Nancy Morejón para desarrollar tema tan esencial. Puede enfocarlo desde un origen étnico semejante al de nuestro poeta, pero, sobre todo, desde su muy cercana amistad discipular con el maestro, a quien ha estudiado a fondo en sus ideas y proyecciones fundamentales. Su ponderado ensayo Nación y mestizaje en Nicolás Guillén se considera justamente el más esclarecedor y lúcido estudio sobre ese aspecto capital de la obra guilleneana.

(...)He calificado de discipular la estrecha amistad que existió entre ella y Nicolás Guillén, para añadir ahora que, en este caso, la poetisa captó del maestro su ejemplo de rigor artístico, de autenticidad y transparencia, evadiendo naturalmente toda señal de servidumbre al estilo inconfundible de la obra magistral.

Pablo Armando Fernández, 1986

Siempre me conmueve oírle a George Lamming, cuantas veces llega a casa y tras el saludo sonriente y el abrazo fraterno, preguntar: ¿Y Morejón cómo y dónde está? No creo necesario aclarar que nuestra dulce Nancy, la muchacha poeta, es llamada por quienes le rinden su admiración, en países de lengua inglesa, simplemente Morejón.

A mí me ocurre que su poesía me devela insondables secretos de nuestro ser. Por negra y cubana, Nancy Morejón concilia la historia con la geografía, de tal modo que nos reconcilia con ambas. Nunca andan a la greña, por el contrario, van de la mano: imagen y acción integrándose a gusto para formar una estela de sucesivas posibilidades. Morejón reivindica para sí, y, por supuesto, para todos, el legado de los ancestros y con ello nos devuelve al pasado, nos instala en el presente y nos proyecta hacia el porvenir. (...) Nancy Morejón asume su cubanía en cubano, que es una forma de decir el español transculturado con el ritmo y la imaginería de pueblos traídos desde África.

Leyéndola se me ocurre que la oigo, en trance, comunicarme el mundo del espíritu que sólo a ella le es dado conocer y sólo a ella se le ha otorgado manifestar. Si la oigo con toda atención oigo la sugerente música de los caracoles, de las piedras, del palmar, las aguas y los montes. Ella pulsa los instrumentos más sutiles del hálito insular, no importa cuándo y dónde.

Siempre espontánea, canta con la naturalidad de quien conversa entre amigos, sin temor a que su voz se haga pública, así es de limpio y directo y firme cuanto dice. Por sentirse y saberse libre desdeña toda artificialidad y no se obliga a cualquier tipo de regimentación aprendida en el aula o en el oficio, cuando en un poema de escrupulosa y ardua ejecución se entromete un travieso consonante, ella le cede espacio con la generosidad que otorga la sabiduría.

Gerardo Fulleda León, 1997

La obra de Nancy Morejon irradia luminosidad. Hecha con la pericia creadora heredada de una orfebre de las aguas ancestrales; reinventada, una y otra vez, bajo la constante del sol del trópico que alienta en el centro de su sensibilidad y de su isla. Oidora de las voces que a su alrededor y en el seno de la casa materna funden lo mágico con lo contingente, lo insólito con lo cotidiano, la risa y el barullo con el llanto y de los cuales ella sabe extraer la sustancia dramática que arma la estructura de sus poemas.

Esencial como el viento que, a ratos, nos arremolina la cabeza y el corazón pero que a ella no le impide vislumbrar el mañana, entre la hojarasca del pasado y la neblina de lo diario. Sabe sostenerse, asi, inasible y cierta para llegar a nosotros con sus versos. Su voz entonces nos conmueve como un susurro que logra adentrarse en nuestros sentidos. Voz hecha a base de reverberaciones y contrastes, con tan peculiar cadencia, sensualidad y lirismo que viene, por derecho propio, a enhebrarse en el canto que atesoraremos como el botín poético más valioso de nuestros días.

Sigfredo Ariel, 1997

Vi a Nancy en televisión, alta, jovencísima, caminando, riendo. Acababan de editar Octubre imprescindible: "Desentierro la lengua del pájaro. Qué lindo mi país". Pero Nancy era decididamente coloquial. He ahí el gran obstáculo. Mientras nosotros tratábamos de violentar sintaxis y mezclar asociaciones lo más intrincadas posibles, ella tendía a todo lo contrario. Pero era "otra cosa" aquella lengua limpia, aquel amo a mi amo de fiero sarcasmo, la "Hora de la verdad", poema que hay que releer con urgencia hasta colocarlo en su justo sitio en la lírica de nuestro idioma. Pero nada de esto estuvo claro para mí hasta hace poco tiempo. Como un venado, tímidamente, contando cada paso nos acercábamos a ella con recelo. Cuando publicó Piedra pulida no pude hacer otra cosa que rendirme de forma incondicional.

Jorge Luis Arcos, 1998

Su poesía se desenvuelve dentro del conversacionalismo lírico. Es una poesía de lo inmanente, de poderosa visualidad y plasticidad, heredera de una zona de la poesía de Nicolás Guillén. Expresa, con una naturalidad no exenta de un legítimo orgullo, un universo cultural -su raíz africana- marginado o preterido, a través de una voz poética diríase que ancestral, que a menudo le confiere un aura mítica a la inmediata realidad.

Heather Rosario Sievert, 1995

Una mujer cubana cuya evolución poética está íntimamente ligada con el curso revolucionario de su país y cuya madurez refleja la inherente trasmutación de ese propio curso (...) El estilo de su poesía va moviéndose desde la afinidad con los simbolistas franceses hasta una expresión poética que, en el sentido nerudiano, puede ser clasificada como "impura" (...)Vinculada a muchos pintores a los que canta e invoca en sus poemas, indaga en el lenguaje de las artes visuales para ofrecer la posibilidad ulterior de encontrar una ulterior transformación llena de esperanza (...) Valiéndose de su modo, encuentra aliento en viejas formas -no necesariamente en las viejas estructuras cubanas- sino entre los más antiguos íconos del arte y la civilización mientras encuentra atractivos elementos para la creación de un arte nuevo.

Efraín Huerta
México-Tenochtitlán, enero de 1980

Yo conocía la poesía cubana escrita por mujeres, y sólo diré algunos nombres: Dulce María Loynaz, Mirta Aguirre, Fina García Marruz y Rafaela Chacón Nardi, todas ellas soberbias precursoras de la obra de poetas como Nancy Morejón, que el año pasado, cuando vino a México invitada por la UNAM a dictar conferencias sobre la poesía antillana y recitales con su propia poesía, traía un librito precioso, Parajes de una época (1979), que sigue en su bibliografía a Richard trajo su flauta y otros argumentos (1967).

En el siniestro prologuillo que escribí para mis Poemas prohibidos y de amor, comencé citando una frase del entrañable, inolvidable poeta, ensayista y político cubano Juan Marinello: "Y lo poético en definitiva es un gran ocio, una gran expectación". Debemos entender que, aquí, ocio no es inhabilidad ni pereza; que en realidad el poeta, aunque parezca el ser más ocioso -por poco escribo odioso- del planeta, en realidad es el incansable, el inalcanzable, el infatigable. Por tal motivo, los mejores poemas de Nancy Morejón son hallazgos sorprendentes en su sencillez y en su naturalidad.

(...) Yo no escribo más. Leamos sus poemas... No digo más, pero sí grito, al parejo de mi hermano mayor Nicolás Guillén: ¡Viva Nancy!

Kathleen Weaver, 1985

Poeta de La Habana y de la revolución; poeta de un pueblo frente al mar. El salitre del aire marino, los recuerdos latentes del puerto y los muelles han calado hondo en su poesía que es como una isla; una poesía caribeña, una poesía que se deriva de la poderosa fusión de elementos afrohispánicos que la cultura cubana engloba (...) Nancy Morejón concibe a la poesía como un don que no se atribuye a sí misma sino que mediante su ser lo entrega a los demás, en especial al pueblo cubano. En ella convergen la vocación personal y la social siempre en busca de un momento para escribir (...) La confluencia del poeta y del mundo se convierte en la fuente, en el firme dominio del poema.

Mario Benedetti, 1991

Nancy Morejón es una de las voces poéticas más originales de la Cuba posterior a 1959. Traducida a varios idiomas y traductora a su vez, su obra poética, junto a su labor crítica y ensayística, la han convertido en una figura insoslayable de la actual literatura cubana.(...)
Amor y ciudad serán una constante; son sus dos descubrimientos, sus revelaciones. Lectora de siempre y en varias lenguas, absorbe las vibraciones del surrealismo y la capacidad comunicativa de la poesía conversacional, incorporando provocativas exploraciones a su faena decididamente original.

Alice Walker, 1985

Qué refrescante y casi insólito el hecho de leer los poemas de una mujer negra que está en paz con su país.

Aitana Alberti, 1996

La poetisa Nancy Morejón , una de las voces más puras y relevantes de la generación de los años sesenta, crece como una palma oscura y luminosa al amparo de sus fuertes raíces ancestrales.

Miriam DeCosta-Willis, 1999

La Morejón no es un poetisa fácil. Los penetrantes pensamientos y los tópicos que moldean su oficioso y exquisito verso son profundos y complejos; su visión acerca de la raza refleja esa profundidad y esa complejidad. Descendiente de africanos, esta mujer nació en un hogar y en una comunidad que legitimaba su identidad étnica y esa etnicidad aparece en poemas sobre su ser, su familia, sus vecinos.

Claude Couffon, 2001

La poesía del fin de este siglo quiere ser -y es muy diferente- de la que se escribió durante todo su curso. Anuncia lo que será quizás la del siglo XXI. Desinteresándose de lo social y político, se dedica al culto del YO o la investigación lingüística. En Cuba, la búsqueda poética de la identidad y reivindicación negras o mulatas parece no ser ya un tema de inspiración.

Una sola escritora y poeta, negra, Nancy Morejón, une las dos tendencias, y con gran talento. Nacida en La Habana en 1944, hija y defensora de la Revolución, Nancy Morejón, desde su primer libro Mutismos, publicado a los 17 años, busca en su poesía su identidad negra, en una realidad cotidiana observada con un ojo femenino, profundamente erótico y revolucionario.

Carmen Alemany, 2001

Otro momento decisivo en la trayectoria poética de Nancy Morejón fue la publicación de Piedra pulida (1986). (...) Los versos de este volumen suponen una síntesis de todo lo acumulado en más de veinte años en los que el bagaje poético y cultural hacen que su poesía sea un sortilegio de sugerentes imágenes abstractas que depuran y agrandan la pureza de su lenguaje.

Enrique Saínz, 2002

Nancy Morejón ha venido conformando una valiosa obra desde los mismos inicios de su carrera literaria, allá por la década de 1960. Su primer poemario, Mutismos (1962), dejaba ver ya un talento fructífero que iría entregando más tarde sus mejores páginas. Desde entonces su quehacer se ha enriquecido con una escritura más plena y cuantiosa, nutrida de nuestro paisaje cotidiano y de las problemáticas y las mejores tradiciones que han conformado la identidad nacional., como lo atestiguan su poesía, recogida en varios libros, y sus ensayos, elaborados desde una cultura que ha venido asimilando los más granados frutos del saber universal, labor toda en la que se aprecia el rigor y la creatividad que caracterizan a su autora. Pero además, la obra de Nancy Morejón se desarrolla también en las múltiples tareas que ha realizado a lo largo de los años en diferentes cargos de dirección o de promoción de relevantes instituciones culturales del país, y en no menor medida en centros académicos de América Latina, de Estados Unidos y de Europa, todos de incuestionable prestigio y reconocimiento, en los que es muy apreciada como conferenciante por la calidad de sus exposiciones. Especializada en temas de las culturas caribeñas, su nombre posee un bien ganado prestigio que la sitúa entre las figuras notorias de esas disciplinas en nuestro país. Por la importancia de su quehacer en sus múltiples líneas de trabajo, puede afirmarse que Nancy Morejón es una representante altamente significativa de la riquísima vida cultural cubana de hoy.