PREMIO NACIONAL DE LITERATURA
REGRESO A CubaLiteraria

Selección de textos

Biografía de un cimarrón

Bibliografía activa

Ediciones principales

Miguel Barnet en la música, el cine y el teatro

 
CANCIÓN DE RACHEL
 

Las confesiones de Rachel, su azarosa vida durante los rutilantes años de la belle époque cubana, las conversaciones en los cafés, en las calles, han hecho posible este libro que refleja la atmósfera de frustración de la vida republicana. Rachel fue un testigo sui generis. Ella representa su época. Es un poco la síntesis de todas las coristas que conoció el ya desaparecido teatro Alhambra, verdadero filtro del quehacer social y político del país. Otros personajes que aparecen en este libro, complementando el monólogo central, son generalmente hombres de teatro, escritores, libretistas y los inevitables de la tramoya. Canción de Rachel habla de ella, de su vida, tal y como ella me la contó y tal como luego yo se la conté a ella.

(Nota preliminar)

 
GALLEGO
 

Cuando me siento en el parque no pienso más que en mi tierra. Y eso que quiero a Cuba como si hubiera nacido aquí. Pero a mi tierra no la puedo olvidar. Algunos me critican porque todavía hablo con acento gallego. Bueno, el acento no se pierde. Yo llegué aquí con dieciséis años. Ahora tengo ochenta y hablo igual. La lengua gallega es difícil de olvidar. Lo que pasa es que ya no hay con quien hablarla. Y al parque éste no vienen más que cubanos. A mí me gusta llegar por la mañana, cuando todavía el sol no da tan fuerte en el banco. Si vengo en la tarde, me siento debajo de aquel árbol, el más coposo de todos; es un laurel. Ya la gente sabe que yo tengo esos dos bancos y me los respetan. Por la mañana uno y por la tarde el otro. Hasta con lluvia he venido yo al parque. Los domingos es cuando se pone más movido. Llegan los niños en carriolas, los perros, los cochecitos, todo el barrio. Hay quien me pica con bromas pesadas. Pero yo, como si conmigo no fuera. Lo que quiero es tranquilidad y descanso, y aquí los tengo. A veces vienen los muchachos y me gritan:

—¿Qué es lo que hay Manuel?

Es que me ven pensativo, y creen que estoy en decadencia o que me voy a dormir. Pero nada de eso. Tengo los ojos bien abiertos y voy a vivir hasta que llegue mi hora. Entonces vuelven:

—¿Qué dice Manuel? Y no digo nada. ¿Qué voy a decir ya?

(«La vuelta»)

 
LA VIDA REAL
 

Hoy me he levantado con la cintura abierta. Debe ser de palear nieve y de cargar las bolsas plásticas de basura para la acera. O a lo mejor de estar tanto rato agachado frente a la boila. Cuando hay un frío polar como el de este año, no la puedo perder de vista. Es posible también que sea de tanto abrir y cerrar las puertas o simplemente de los achaques de la vejez, aunque yo me niego a aceptar mis años.

El día de la firma del Social Security en vez de alegría me dio tristeza. Salí de allí con todos los papeles listos en media hora. La muchacha me atendió muy bien, la verdad. Yo he tenido suerte con las mujeres puertorriqueñas. Pero me dijo:

—Tenga, mi viejo, todo está en regla. Se puede ir tranquilo. ¿Okay? Have a good day!

Salí a la Sexta Avenida y me sentí muy solo, a pesar de mi mujer y mi hija. Entré a un café y me puse a cavilar. Cada hombre es un mundo. Nadie sabe de veras cómo sienten los demás. Una gota de agua no se parece a la otra, un hombre tampoco se parece al otro. En este país he aprendido muchas cosas, pero la más verdadera es que no hay casa en tierra ajena. Esa ha sido la mayor lección de mi vida. Y yo la he escarmentado en mi propia piel.

(«La emigración»)

 
OFICIO DE ÁNGEL
 

La ventana se cierra de un golpe de viento. La noche quiere entrar por una hendidura. Acomodo la tabla de madera entre mis piernas. El ruido de un helicóptero pasa rasante. Se agolpan en mis oídos múltiples sonidos: el maullido de un gato, las tazas de loza de mi vecina Flor, la voz tronante de mi abuelo hablando por su enorme caracol.

La memoria urde de nuevo con sus trampas. He perdido la facultad de poder rescatar de la maleza al negrito congo que mi madre veía en su infancia. No quiero recordar. Quiero sólo el presente.

Un guiñol me manipula. Me rindo ante esas cuerdas que tiran de mi cabeza. Veo a mi padre entrar, con la dignidad de un caballero de las cruzadas y su barba blanca, en la casa de la calle Quinta a su regreso de Playa Girón.

Unas voces discordantes anuncian por una emisora extranjera, instalada en un cayo silvestre, el comienzo del fin. El pueblo cubano proclama su libre albedrío con una conga callejera.

Nada podrá asustarnos. Nada nos asustará. Lo extraordinario se vuelve cotidiano. La corneta china y el tambor batá apagan el estruendo de los cohetes de la Crisis de Octubre.

 
AKEKÉ Y LA JUTÍA
 

Las tortugas crecen bajo el agua.

Arriba no.

Las jicoteas lo saben, y se preocupan porque ellas quisieran ser grandes como las tortugas.

Las jicoteas se dejan coger chiquitas en las orillas de los ríos y lagunatos.

Por eso no les crece el carapacho.

Las tortugas le dicen a las jicoteas:

Tortuga: — Yo soy más hermosa que tú, jicotea.

Jicotea: — La más hermosa soy yo.

Tortuga: — Mi carapacho sirve para hacer una batea.

Jicotea: — Yel mío sirve para hacer una cuchara, que es más importante que una batea.

Y diciendo esto, la Tortuga la pisa y la Jicotea se hunde y crece debajo del agua y sale hecha una batea gigante, riéndose de Tortuga que por hacerle mal, le hizo bien.

Y se acabó.

(«Los carapachos de Tortuga y Jicotea»)

 
AUTÓGRAFOS CUBANOS
 

Es fácil ahora aplaudir a Merceditas. Es cómodo reconocerla y gustar de su arte. (...) Pero cincuenta años atrás otras eran las circunstancias sociales. Una joven, qué digo joven, una jovencita cantando rezos lucumíes —o yorubás como decimos con toda propiedad—en emisoras de radio y anfiteatros no era común, se requería mucho coraje y una voluntad a toda prueba. Su talento habló por sí mismo. Ella, desde su irrupción en el ilé ochá, fue una ráfaga que atravesó la Isla con su voz de akpuona principal. Si bien es cierto que el cubano es sobre todo bailador, sus facultades de canto no van a la zaga. Merceditas reunió ambos dones, los acopló armónicamente en un estilo personal, dentro de la gran pléyade de cantoras afro, y lo convirtió en un sello identificador de gracia y cubanía. Su voz pequeña pero muy bien timbrada se destacó entre las otras, más nasales, más agudas o sencillamente más estridentes. Esa dulzura y sobriedad inherentes al rezo y la invocación buscaban una como la de Merceditas. Por eso es que Don Fernando Ortiz la escoge entre muchas otras para ilustrar sus conferencias sobre las músicas de procedencia africana en Cuba. Existía en los años cuarenta un rico arsenal de voces, pero él, con un gusto esmerado, supo intuir que su pequeña Aché, como la llamó más tarde, era de antemano la elegida.

(«Merceditas Valdés: la pequeña Aché»)

 
LA FUENTE VIVA
 

El azúcar unió a Cuba. La cultura que se generó en su ámbito conforma hoy la cultura nacional. El batey, coto cerrado, célula fundamental, contribuyó a la fusión integradora de todos los valores originarios de nuestro país. Ahí se fundieron las corrientes básicas de nuestro ser, como antes se habían encontrado las de origen africano en el barco negrero, en el barracón, en los cabildos y, finalmente, en el solar donde se dan el brazo definitorio todas las manifestaciones que componen nuestro acervo espiritual y material. Las culturas africanas llegadas a Cuba en oleadas intermitentes se transformaron y crearon nuevas especies y categorías. Todo este proceso sincrético, que se inició en las costas africanas del Golfo de Guinea y de toda el África subsahariana, se desarrolló con mayor fuerza y complejidad en las tierras de América. Proceso de sincretismo que no cesa, pues se da de una forma dinámica y permanente. Junto a los distintos grupos étnicos que llegaron de África, vinieron sus expresiones culturales, tanto artísticas como religiosas. Y todo ese conglomerado humano estaba orientado hacia los campos donde se cultivaba, principalmente, la caña de azúcar.

(«La cultura que generó el mundo del azúcar»)

 
POESÍA
 

Patria

No puedo esperar más
digo y vuelvo a repetir ahora
que cada día que pasa
quiero más este viento debajo de las hojas.
 
Esta casa que mis ojos han visto diariamente
que yo sabré cuidar
y la sombra del jagüey
y la tierra.
 
Pero no basta. Ahora van a oírme una voz
templada en el fuego
porque han preguntado por mí.
 
Y me parece que se trata
de un amigo cercano
y mi corazón me entiende
y yo sé que a mi lado, en los pueblos, lejos, en el campo
hay una fuerza como el viento
que está dispuesta a defender la vida.
 
(De La piedra fina y el pavorreal)

 Che

Che, tú lo sabes todo,
los recovecos de la Sierra,
el asma sobre la hierba fría,
la tribuna,
el oleaje en la noche
y hasta de qué se hacen
los frutos y las yuntas.
 
No es que yo quiera darte
pluma por pistola
pero el poeta eres tú.
 
(De Carta de noche)

Fe de erratas

Donde dice un gran barco blanco
debe decir nube
donde dice gris
debe decir un país lejano y olvidado
donde dice aroma
debe decir madre mía querida
donde dice César
debe decir muerto ya reventando
donde dice abril
puede decir árbol o columna o fuego
pero donde dice espalda
donde dice idioma
donde dice extraño amor aquel
debe decir naufragio
en letras grandes.
 
(De La Sagrada familia)

Oriki para Bola de Nieve

Caballero de Olmedo,
juglar herido por la flecha de Ochosi, el cazador,
ven en tu trineo de yaguas
y enciende las calabazas.
 
Dueño de la fragua y del colmillo del jabalí,
sumérgete en la espuma de las cinco palanganas de Ochún.
 
Entra, con tus calderos de cobre,
al monte carulé,
apaga los grillos,
estruja las esponjas,
que aquí estamos flautas, arcángeles
péndulos silbantes
para oír cómo crujen tus viejos caracoles.
 
Vamos, despréndete de los cascos,
salta estremecido del Puente a la Alameda
y déjanos tu capa de lagarto raída,
tu ronquera ancestral,
tu canto antiguo.
 
Zumba la curiganga
mi negro
¡Zumba!
 
Zumba la curiganga
mi negro
¡Zumba!
 
(De Orikis y otros poemas)

Revolución

Entre tú y yo
hay un montón de contradicciones
que se juntan
para hacer de mí el sobresaltado
que se humedece la frente
y te edifica.
 
 Peregrinos del alba

Extranjero, tú que no pudiste ver los ahorcados,
abuelos, padres, alucinados alguna vez, constructores
del marfil en Ifé o Benin, príncipes amurallados.
Tú que no puedes imaginar este mar lleno de muertos
este país como una obscena laguna,
como un umbral de maliciosos recuerdos.
Quiero que conozcas la impiedad del yugo
q ue te avergüences también
de la sangre aminorada
................................................
Escucha, extranjero,
s é tú mi única ventura
d éjame darles a estos ojos un sosiego
a este remordimiento una salvación
a compáñame hasta el amanecer.
Te parecerá mentira una isla así tan sola
y estos peregrinos inaugurando el alba siempre.

 
(De Dice Ifá y otros poemas)

Canción I

Te quedaste con todo,
el libro y la memoria,
los paseos y la flor.
Pero yo tengo tus ojos
y de vez en cuando
me miro en ellos –tan tristes y huidizos–para que tú me lo devuelvas todo,
el libro y la memoria,
los paseos y la flor.
 
(De Orikis y otros poemas)

El oficio

Quédate con tu misterio,
describe la mesa, el animal doméstico,
el delantal floreado de la madre,
el presuroso amor si lo deseas,
pero no lo digas todo en el poema,
que permanezca siempre una puerta abierta y golpeando,
un campo no surcado a la intemperie,
deja para el otro que vendrá, amigo o enemigo,
esa leve ambigüedad, ese otro poema.
 
(De Carta de noche)

Ante la tumba del poeta desconocido

Ante esta tumba
inclínate, pastor, y arroja tus semillas.
Haz tu mejor discurso, hombre de barricada,
ante estos huesos verdes ya del moho de la noche.
Y tú, mujer, recuerda que aquí yace uno
que cantó a tu belleza
solo, en un cuarto oscuro de una casa de huéspedes cualquiera.
Niño gentil, deposita aquí tu flor pequeña,
ésta es también la tumba de un soldado.
 
(De Carta de noche)

Memorándum XII

Nada se interpone entre nosotros.
Los dados sobre la mesa
presagian buena fortuna.
El moscón posado en el florero
anuncia tu llegada
el yin y el yan tintinean
armónicamente en la palma de mi mano
Desde mi ventana el mar es un disco azul,
metálico.
La noche nos espera sin flaquezas.
Sólo en el ópalo de la tarde
aparecen vetas oscuras,
ajenas a la felicidad.
 
(De Poesía inédita)

A J. L. B.

Yo también pienso en las cosas
que pudieron ser y no fueron.
Pero son cosas que tú y yo
no compartiríamos.
Por ejemplo, que el rostro de Helena
quedara o no en la historia,
q ue Beda llegara o no a escribir
el tratado de mitología sajona
que tú, severamente, le impusiste.
Lo que me importa son otras cosas,
mucho menos tantálicas,
las manos que no pude tocar,
los ojos que una vez me miraron con terror
y que amé,
la culpa que quedó atrapada
en la rama de un árbol,
el pájaro que no cantó porque le apretaron
el cuello y que no aparece en ningún tratado
de ornitología,
la muerte que no tendré, abismal y catártica
junto a la fuente de Antinoo,
el espejo y el tigre de tu oscuro laberinto,
el Borges que no fui por culpa de Borges.
 
(De Otros poemas)

Poema chino III

Pregunté qué fruta era ésa
que colgaba en ramos de un árbol
tan fino como las venas de la princesa Fu Peng
—Ciruelas, me contestó el edecán.
Pregunté si la grulla esculpida
a las puertas del pabellón de las Bodas
era de jade legítimo.
—No hay otro, me contestó el edecán.
Pregunté a la hora de la cena,
si la raíz de loto era realmente
la comida preferida de la emperatriz.
—Lo era, me contestó el edecán.
Pregunté, al pie de la muralla
si la sangre derramada allí por millones de hombres
que dejaron sus casas enlutadas no era monumento
a la historia de China.
—Lo es, me contestó, grave, el edecán.
 
Pregunté si aquel dragón tallado en la piedra
Era un símbolo imperial.
—Lo es, me contestó el edecán.
 
Pregunté si era un dragón con cabeza de león
O un león con cabeza de dragón.
—Lo es y no lo es, me contestó con ironía el edecán.

 
CLAVES POR RITA MONTANER
 

Rita Aurelia Montaner y Facenda, hija de Guanabacoa, de padre blanco, masón y de madre mulata, se sitúa en el mismo centro de la fiesta con sus gajos de yerbas y sus enaguas bordadas. Inicia la gran procesión submarina, vegetal; como una flecha, dibuja una larga línea de estrellas hasta tocar el corazón de la Isla. La canción sencilla, nacional, le ciñe la cabeza con una cinta de flores amarillas.

Pajaritos traigo aquíiií,
los zunzunes más bonitos del paíiií.
El zunzún es el pájaro mejor.
El zunzún es juguete y es amor.
El zunzún vuela y canta en su prisión.
Tiene en sus plumas un rayo de sol
El zunzún, fugaz ilusión.
La canción sencilla, nacional, vuela y canta

Rita sopla un caracol rosado
La canción nacional canta, vuela
Rita, colérica, golpea el paño de la noche
con una mano de fuego
Rita construye un mapa de jicoteas
La canción nacional canta, vuela
Rita sacude su rebelión contra el tedio,

Contra la nada
Rita empuja una carreta de frutas hacia el cielo inmortal.
Se cubre de velámenes y sale a afinar su flauta de madera
sobre la raza viva de su pueblo.


Redacción Editorial: Ángel Fernández Guerra Corrección editorial: Nora Lelyen Diseño Web: Nelson Ponce Sánchez