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Mariano Brull Caballero nace en Camagüey,
provincia de Cuba, el 24 de febrero de 1891. Siendo niño fue trasladado
a España. Al regreso, ya adolescente, estudió la segunda enseñanza
y comenzó a publicar sus primeros poemas en revistas de su ciudad
natal. Desde 1912 formó parte de la Sociedad Filomática, y estuvo
entre los fundadores de esta agrupación juvenil que llevó adelante
diversos empeños de cultura; presidida desde sus inicios, durante
varios años, por José María Chacón y Calvo.
En 1913 se graduó de Doctor en Derecho en la Universidad de La Habana.
Ejerció su profesión durante algunos años desde 1913 hasta 1917. Formó
parte, de 1914 a 1915 del pequeño grupo reunido en torno a Pedro Henríquez
Ureña. En 1917 fue designado secretario de segunda clase en la Delegación
de Cuba en Washington. También prestó servicio diplomático en Lima,
Bruselas, Madrid, París, Berna, Roma, Canadá y Uruguay.
La llamada "poesía pura" tuvo en Brull un legítimo representante,
mundialmente conocido, luego de que Alfonso Reyes adoptara su palabra
inventada "jitanjáfora", para denominar un tipo de manifestación tropológica
propia de la época de las vanguardias. Como poeta, recibió
un fuerte influjo de la poesía francesa coetánea, quizás por sus prolongadas
residencias en París, donde llegó a escribir poesía en francés. "Yo
me voy a la mar de junio" muestra claramente el sentido íntimo y a
la par el afán estéticamente perfeccionista que presidió su obra.
Es también singular su poema "Epitafio a la rosa", con asunto que
lo acerca a los orbes poéticos de Juan Ramón Jiménez y Eugenio Florit.
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Es notable la actividad literaria del
autor en otras disciplinas, pese a que el centro de su expresión es
la lírica, fue conferencista y escribió varios opúsculos, como un
análisis de la poesía martiana, y dejó inédito un ensayo : "La
poesía como experiencia secreta". Participó muy activamente en
los Congresos de Cooperación Intelectual y en las tareas culturales
de la UNESCO.
Sus colaboraciones aparecieron en El Fígaro, Gaceta del
Caribe, Espuela de Plata, Clavileño, Orígenes.
Se le considera como el traductor de Paul Valéry, cuyos dos poemas
principales, "La Jeune Parque" (1917) y "Le cimetière
marin" (1920) llevó al español tras larga y paciente elaboración.
Tradujo además a Joyce Kilmer, Dante Gabriel Rossetti, Mallarmé y
otros autores.
En carta dirigida a Marta Linares Pérez, autora del libro La Poesía
pura en Cuba y su evolución; encontramos el testimonio de Luis
A. Baralt, cuñado de Mariano Brull, donde podemos acercarnos a conocer
un poco más al poeta:
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"El Mariano Brull escritor, el que se refleja en sus versos, era "exquisito",
un buscador de la belleza recóndita que se esconde tras la apariencia
de las cosas. Para captarla apuntaba palabras y más palabras en papelitos
sueltos, las tachaba, sustituía, mondaba y pulía hasta que salía un
poema. Huía siempre del lugar común y del clisé, sometiendo así a
duras pruebas la imaginación de sus posibles lectores, los que a él
no importaban fuesen muchos o pocos. Por eso se le considera poeta
de capilla. Los que no lo conocieron más que los que lo trataron de
cerca es su condición humana, su corazón generosísimo, presto siempre
a ayudar a cuantos estuviesen necesitados de recursos materiales o
de estímulo en el arte, cuyas causas tomaba con el ardor de cosa suya.
Abría su bolsa a cualquier empresa noble. Por ejemplo, la publicación
en París de las páginas escogidas de Martí traducidas al francés,
cuya edición gestionó y costeó (anónimamente) casi solo. Ni se sabe
tampoco de sus muchos intereses extra-poéticos. Conocía mucho, por
su larga experiencia diplomática, de cuestiones de política internacional
y de economía y le encantaban los negocios, en los cuales sí procedía
más como poeta que como financiero, pues generalmente las pérdidas
excedían a las ganancias. Lo que le fascinaba de los negocios era
la aventura, el riesgo, la imaginación, o, las más de las veces, mostrarle
a un amigo su fe en sus proyectos. En la vida íntima tenía Mariano
un gran sentido del humor, pues sabía darles a las cosas un sentido
distinto del que suele dárseles. En una fiesta invitaba a una amiga
a emborracharse con limonada en vez de con ron (él era abstemio).
"Lo mismo da una cosa que otra", decía, "lo importante es alegrarse".
Le gustaba una casa o no según tuviese "buenos duendes" o "malos duendes".
Para sus niñas escribía y éstas aprendían a recitar versos sin sentido
lógico, esas "Jitanjáforas" que Alfonso Reyes comenta en un célebre
ensayo. Refería Mariano con delectación cómo el escritor belga Herera
(pronúnciese Herrerá) le preguntó una vez, al serle presentado como
traductor de Valéry al español, si conocía algún traductor de Valéry
al francés. Y así, tantas y tantas anécdotas recuerdo reveladoras
del espíritu, la gracia, el ingenio con que transitó por la
vida esta alma amable y finísima."
Falleció en La Habana el 8 de junio de 1956. Sus cuatro poemarios
en español editados en ediciones particulares La casa del silencio
(1916), Poemas en menguante (1928), Canto redondo
(1934) y Solo de rosa (1941), un libro de poemas traducidos
al francés, Quelques poèmes (1926), dos libros de traducciones,
los poemas monumentales Le cimetière marin (1930) y
La jeune parque (1949) de Paul Valéry, y tres poemarios
editados en ediciones bilingües francés y español, Poëmes
(1939), Temps en Peine. Tiempo en pena
(1950), Rien que ... (Nada más que ...) (1954) le otorgaron
una sólida reputación literaria en el mundo de habla española y francesa
como uno de los más brillantes escritores de la vanguardia latinoamericana.
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