[La
Obra Narrativa de Lino Novás Calvo] [Opina
Lino sobre algunos géneros literarios] [Fragmento
de Pedro Blanco el Negrero] [Cuento
Long Island] [Lino
Novás Calvo periodista] Lino
Novás Calvo traductor] [Valoraciones
de la crítica sobre su obra]
"En el periodismo cabe todo. El papel lo aguanta
todo. Y puede ser bueno o malo. Cabe el buen ensayo, el
buen artículo y el reportaje, que bien hecho es casi
como literatura. Asi que [...] depende de lo que podamos
hacer de él".
Lino Novás Calvo
1958
Así se expresaba Lino Novás Calvo acerca del
periodismo, manifestación de las letras que cultivó
desde sus inicios como escritor a través de diversas
publicaciones, bien publicando reseñas, breves ensayos
y comentarios sobre libros, a los que habría que
agregar, con posterioridad, sus reportajes y crónicas,
en las que fue todo un maestro.
Buena parte de la vida de Lino Novás Calvo transcurrió
detrás de una máquina de escribir, pergeñando
cuartillas, bien de ficción, o periodísticas,
y pudiera pensarse, por su irresistible vocación
literaria, que el periodismo fue para él una labor
que lo 'consumió' en tanto escritor. Creo que fue
todo lo contrario y casi podría afirmar que una de
las relaciones mejor establecidas, más provechosas
y reconocidas fue la que sostuvo con el periodismo, al cual
se vinculó desde 1928 hasta que tuvo posibilidades
físicas de ejercerlo. Frente a versiones, al parecer
ciertas, acerca de que Lino Novás Calvo aconsejaba
a los jóvenes que se le acercaban en busca de una
orientación literaria que no siguieran por ese rumbo,
ha dicho el también periodista Norge Céspedes
en su trabajo "Novás Calvo periodista encontrado",
que nuestro autor fue con el periodismo "siempre más
benévolo o, mejor dicho, más comprensivo.
Hasta el momento no se ha descubierto un solo intento suyo
de ponerle un dedo encima para tratar de invalidarlo. Se
sabe, además, que con frecuencia recomendaba a los
jóvenes dedicarse por completo a ese oficio. Independientemente
de que a esos criterios (demasiado tajantes, injustos y
rencorosos) los condujera o no el desespero, la amargura
que por aquella época iba minando de manera fatal
su espíritu y su impulso creativo, emitía
así una especie de asentimiento en todos los sentidos
hacia el periodismo, donde se desenvolvió de manera
intensa hasta alcanzar un determinado reconocimiento, donde
encontró la fuente pecuniaria que en parte financiaría
su vida y su camino por la literatura; donde se topó
con un excelente canal para desembarcar sus inquietudes
intelectuales y los complejos matices de su experiencia
vital, y para establecer una conversación de alta
fidelidad con la sociedad".
Si bien su ejercicio escritural comenzó en la Revista
de Avance, en Social y en Revista de La Habana,
sus colaboraciones fueron de carácter eminentemente
literario: cuentos, poemas, ensayos breves, una pieza teatral,
comentarios a libros. No es hasta que se incorpora a la
revista gráfica Orbe, semanario que fue propiedad
de la misma empresa editorial del Diario de la Marina,
que sus colaboraciones van adquiriendo un sostenido carácter
periodístico a través de dos géneros
fundamentales: la crónica y el reportaje. Ya antes
de salir para Madrid como corresponsal de esta publicación,
publicó varios trabajos acerca de diversos aspectos
de la vida habanera: los choferes , sin dudas basado en
sus experiencias personales en el ejercicio de ese oficio,
los carretones tirados por caballos, en los que ya se puede
advertir el narrador que sin dudas se iba forjando en él.
Con ello estaba comenzando a demostrar que, al menos en
su caso, periodismo y literatura formarían una conjunción
enriquecedora, llamada a trascender, como en efecto sucedió.
Así, sus trabajos enviados a Orbe desde
Madrid, en su mayoría crónicas y reportajes,
aunque también hay entrevistas, trasuntan un espíritu
narrativo que le otorgan un valor literario inapreciable,
y leídos con detenimiento, bien puede haber en alguno
de ellos la simiente de lo que más tarde sería
un cuento. Otras colaboraciones suyas en periódicos
madrileños y, más tarde, en la prensa cubana,
particularmente en Bohemia, revista a la que se vinculó
desde comienzos de la década del 40 y de la que fue
jefe de información entre 1954 y 1960, confirman
y reafirman lo antes expresado: el narrador y el periodista
marcharon en él siempre juntos, y cuando un relato
no se le daba con facilidad, el periodismo, en cierto modo,
suplía sus sinsabores en el acto de la creación,
que en él tuvieron un efecto particularmente doloroso.
Novás Calvo fue asiduo colaborador, en Cuba, además
de en Bohemia, en las revistas Ultra, Trimestre,
Revista Bimestre Cubana, Grafos, Carteles,
Mensuario de arte y literatura, Mediodía
y en los periódicos Noticias de Hoy, Información
y El País-Excelsior. Los textos publicados
en periódicos fueron, por lo general, extensos, como
propios de una narración, y poseen, en muchos casos,
las estructuras características de este tipo de creación
literaria ficcional, sólo que en su caso estaban
basadas en sucesos absolutamente reales. De esta manera
podemos advertir que el movimiento de las personas que aparecen
en ellos y la propia dramaturgia informativa estaban encaminados
hacia el logro de objetivos que traspasaban lo meramente
informativo: frases nerviosamente expresadas, expresión
de sentimientos personales y ajenos, visiones forjadas a
partir de elementos donde lo imaginativo iba de la mano
de lo real en busca de lograr ambientes que dieran un marco
adecuado a sus descripciones, metáforas sugestivas.
Su opinión, expresada al también periodista
y narrador cubano Lisandro Otero, acerca de que "El
pueblo no acepta más que lo que le llega al corazón"
formó parte de su credo periodístico, a la
vez que defendió la idea de que la única manera
de ser objetivo era respetando la subjetividad del ser humano.
Lino Novás Calvo recibió dos importantes premios
periodísticos: el "Enrique José Varona"
por su artículo "América sin patitos
feos", publicado en Información el 27
de febrero de 1945; y el "Eduardo Varela Zequeira",
por el reportaje "Guerra de nervios en Santa Lucía",
aparecido en Bohemia en números correspondientes
al 15 y al 22 de agosto de 1948. Fue sin dudas en esta importante
revista donde Novás desplegó su más
intensa vida periodística. Vinculada a ella desde
que el 27 de junio de 1943 publicara una especie de semblanza
titulada "El guajiro: un hombre olvidado" fue,
desde 1954, su jefe de información, y antes había
atendido las sección Así va la ciencia y La
marcha del tiempo. Se sabe que, de manera anónima,
colaboró en la sección En Cuba de dicha revista,
en la que se comentaban importantes sucesos de la vida política
de la nación, además de traducir numerosos
reportajes tomados de publicaciones extranjeras, preferentemente
norteamericanas.
Este vínculo con la prensa plana, adquirido prácticamente
desde sus comienzos literarios, fue un elemento decisivo
en su formación como narrador y su estilo literario
puede advertirse en muchas de las versiones que hizo al
español de textos periodísticos en inglés,
a las cuales aportaba su peculiar modo de contar.
Ya en el exilio se mantuvo colaborando en Bohemia Libre
durante algún tiempo. De esta etapa datan dos
trabajos excelentes publicados en dicha revista con motivo
de la muerte de Ernest Hemingway y William Faulkner, titulados,
respectivamente, "Adiós a Hemingway" (julio
16, 1961) y "Así era William Faulkner"
(julio 22, 1962). También su firma apareció
en publicaciones españolas y en norteamericanas de
expresión española.
Sin dudas, el periodismo cubano tiene en Lino Novás
Calvo uno de sus exponentes más relevantes. Le sirvió
para crearse una poética narrativa o, quizás,
a la inversa, su poética narrativa surgió
de la práctica permanente del periodismo. No importa
lo ocurrido, sino los hechos; y lo cierto es que de esta
simbiosis nació tanto una obra periodística
como literaria de una solidez impresionante, personalísima
y que ha resistido como pocas el paso implacable del tiempo
y las maneras de contar.