Aquel hombre tan bello, que al pie de los versos tristes y joyantes parecía invención romántica más que realidad no es ya el hombre de un vivo. Aquel hombre fino espíritu, aquel cariño medroso y tierno, aquella ideal peregrinación, aquel melancólico amor a la hermosura ausente de su tierra nativa, porque las letras sólo pueden ser enlutadas o hetairas en país sin libertad, ya no son hoy más que un puñado de versos, impresos en papel infeliz, como dicen que fue la vida del poeta.
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(..) Quedan sus versos. La América lo quiere, por fino y por sincero. Las mujeres lo lloran.

José Martí


Los que lo amaron, que me amen; los que lo envidiaron, que me odien; porque puedo alardear de que Julián del Casal yace en dos tumbas: en la de mármol que encierra sus despojos, y en mi corazón, que guarda la esencia sutil de su alma pura, sus más recónditos secretos, como en urna sagrada.

 Enrique Hernández Miyares.


Tú sabes quién fue nuestro amigo; tú sabes que en el nuevo mundo después del alma de Edgar Allan Poe, la suya es la que ha volado más maravillosamente a la montaña del arte.
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................................................... En cuanto al poeta, al artista, hay que recoger, que compilar su producción, hacer la edición definitiva de su obra, dar a conocer el excelso mártir de su propio genio. Si no lo hace hoy Cuba, la generación del mañana lo hará. O se hará en otro país de América. Porque, en verdad te digo, un viento nuevo se siente venir sobre el alma de estas naciones, y los hijos de nuestros hijos se regocijarán en la luz ( ... )


Rubén Darío ( carta a Enrique H. Miyares )

Gutierrez Nájera es también como una estatua de mármol rosado; José Asunción Silva lo es como de mármol negro: Julián del Casal es todo albura. Nájera es amor; Silva el dolor: Casal es la pureza ( ... )


José Santos Chocano (carta a Enrique H. Miyares )


La entrada de Casal en nuestra vida fue algo así como la entrada de un ancho rayo de luna en una estancia desierta que estuviese, en sus cuatro paredes, revestida de espejos. Aquellos espejos, desnudos en su vida silenciosa, recibieron el beso azul de aquella aparición; pero sólo uno, el más hondo y pulido de todos, captó, entero, el fulgor de aquella luz. Vino el bardo a nuestra casa traído de la mano por el mismo padre que cuidaba nuestros corazones con un celo angustiado y expectante. Vino el bardo a nuestra casa con las turquesas de sus ojos errantes bañadas de ese brillo que parece plata del rocío, y que es sólo de un llanto no vertido, pero que está en reposo en la hondas cisternas del alma; vino con esa luz de perla y nardo , que no llega a ser luz, sin más bien sudario que arropa dulcemente a los tristes. Vino, repito, con las turquesas líquidas de sus ojos serenos, y el mármol se su frente circuido por una corona hirsuta de oro muerto, y con su continente de dios que va pisando la tierra sin amor, como quien va en el fondo de una ausencia.


Dulce María Borrero.


......................................Nuestro escandaloso cariño
te persigue
.............................................................y por eso sonríes entre los muertos.


José Lezama Lima

Un día tuve ojos verdes e inventé el suspiro. Yo-el-de-los-ojos-verdes tocaba puertas y suspiraba. Así pretendí enseñarle al hombre de qué modo se cantaba la tristeza. Me fui al campo, lo hice arder. Odié al sol, impedía que mi cuerpo fuera la porcelana perfecta. Odié al sol, que hacia sudar. Odié la lluvia del trópico y al cielo de azul insultante, sin alciones.
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Me cabe la gloria de haber legado a mis insatisfechos descendientes el suspiro, el hastío, la tristeza, la soberbia y la risa.


Abilio Estévez


Naturalmente en 1830

Como un pájaro ciego
que vuela en la luminosidad de la imagen
mecido por la noche del poeta,
una cualquiera entre tantas insondables
vi a Casal
arañar un cuerpo liso, bruñido.
Arañándolo con tal vehemencia
que sus uñas se rompían,
y a mi pregunta ansiosa respondió
que adentro estaba el poema.

Virgilio Piñera.


Algunas fotos del siglo XIX son veladas, deslustradas, opalescentes; indican, como frente a un espejo, el hábito de la depresión. Existe una de Casal todavía inédita, situada según parece entre las dos últimas crisis de su enfermedad, el mismo año en que muere. Cierto demonismo rebosa los bordes, el rostro se abre: su laxitud es la fiebre. Algo inclinado, la mandíbula es más descendida, con la mirada fija en un ángulo ausente. La pupila izquierda está llena de luz y tiesa, como rezagada ante los efectos de la cámara. El maxilar superior y los arcos superciliares son duros, prognáticos; la nariz apenas se ve..A mí me recuerda aquellas caras de un muestrario que Fernando Ortiz presentó para una revista de Medicina Legal, de Turín, que seguía la línea de Lombroso. Homicidas cubanos de fines de siglo (...) Según se mire, será el clásico erotómano con sus colgajos, a la manera del psiquiatra de Clarembault, o un poeta con sus rótulos demasiado erosionados por el afecto, desafiando la general pobreza.


Pedro Marqués de Armas.

Si preguntamos por qué recuperar a Casal escuchamos su réplica a la sentencia de Enrique José Varona. Con sus trajes y sus habitaciones, con sus páginas -no llamó a un poema ¿Páginas de vida?-- y sus paseos dentro de la ciudad, con su espejar frente a los otros marcando la memoria lo mismo que un emblema, demostró que entre nosotros puede no solamente hacerse poesía, puede también vivirse ( este es el verbo adecuado, este posesivo ) como poeta, Ambicionó, como nosotros, que todo fuera signo erguido.


Antonio José Ponte.

.La construcción del sujeto Casal que hace la crítica de su época nos lega como problema justo por la facilidad con la que tal operación es realizada. Neurótico, afiliado a una escuela literaria que hace de la neurosis emblema estético (por aquello de identificar al individuo como sensibilidad diferenciada de la masa), resulta demasiado simple establecer un signo de igualdad entre la enfermedad y la dirección de la obra. A primera vista Casal es el abrumado por la experiencia, el que se enfrenta al mundo durante el conocimiento y fracasa en el empeño ; apenas comprende, no encuentra más salida que replegarse a la interioridad y fabricar un espacio imaginario en el que cobran realidad los sueños: Japón, la antigüedad helénica, Palestina, el Oriente. El lenguaje privilegiado por la crítica a Casal es el de la medicina, si revisamos el número homenaje, que con motivo de la muerte del poeta publica La Habana Elegante el 29 de octubre de 1893, veremos como la vida y escritura de Casal tratan de ser comprendidos desde la óptica de la enfermedad; ya sea su amigo Enrique Hernández Miyares, quien nos lo retrata atravesando las calles "como un beodo, porque andaba siempre mirando al cielo y tropezando con la tierra" o alguien más distante y crítico como crítico Ricardo del Monte, para quien el poeta es ejemplo de que "faltando la acción y los cuidados y deberes de la vida práctica, las facultades internas y afectivas se irritan". Sin embargo, hay un Casal que se nos escapa(...)

Víctor Fowler

JULIÁN DEL CASAL
El talento de Julián del Casal, tiene veinticinco años; es un talento sólido y fresco, pero mal educado. Sí, le diré a usted: yo no sé quiénes fueron sus maestros ni cuáles sus aficiones pero estoy seguro que los poetas que más han influido en el son mis viejos amigos los parnasianos. Eso se ve fácilmente en todas las páginas de Nieve, y especialmente en los Cuadros de Moreau y en Cromos es pañoles. Su factura, como la de ellos, es preciosa, pero demasiado igual [...]
Creo, sin embargo, que el misticismo contemporáneo llegará hasta él, y que cuando la Fe terrible haya bañado su alma joven, los poemas brotarán de sus labios como flores sagradas. Es uno de esos jóvenes laxos de ciencia que necesitan reposar sus cabezas sobre el regazo de la Virgen. Lo que le hace falta es creer; cuando crea será nuestro hermano [...]
Es un hermoso cantor que Dios nos reserva... para los postres. Esperémosle y hagamos para recibirle una corona de laurel verde atada con una cinta color de carne morena...

Paúl Verlaine


Citado por Rubén Darío en "Julián del Casal", La Habana Elegante, 17 de junio de 1894.

 

Redacción Editorial:
José René Rodríguez Roig
Diseño: Yemly Figueredo Ayala
Edición web: Ruth Lelyen Fernández