En cuanto a su obra pictórica, que en ella fue tanto o más importante que la poética, poco ha quedado. Del relato de Dulce María Borrero deducimos también que quizás algunos de los más valiosos cuadros de Juana quedaron en Nueva York. Otros fueron a los hogares cubanos de algunas de las amigas de la poetisa –tan apasionada en la amistad como en todo lo demás– Estela Broch, María Luisa Chartrand, cuyas caras cierran y abren tantas veces sus "abanicos" poéticos.


Fina García-Marruz, en prólogo a Poesías, Academia de Ciencias de Cuba, Instituto de Literatura y Linguística, La Habana, 1966.



Obra plástica
 
El clavel y la rosa, dibujado a los cinco años Retrato de Doña Crucecita, vecina de Puentes Grandes. Pintado a los 13 años
 
Retrato de su hermana Ana María (1892). Óleo. La niña de la derecha es Mercedes Borrero, a los cuatro años.
 
Dibujo que ilustra el cuento Machito, pichón de Lectura de Pascuas, de Esteban Borrero. Prosa enigmática: poema en prosa ilustrado por Juana.
Dibujos .  
 
Fantasía de primavera, 1895. De 1895.
 
Boceto para un cuadro sobre el nacimiento de Venus . Tabla pintada en Cayo Hueso, en 1896.
 
Copia al óleo de Juana la loca, acuarela de Pradilla, pintada por Juana en el Museo Metropolitano de Nueva York. Su último cuadro, Los pilluelos, pintado en Cayo Hueso, 1896.

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