(Oh
María! ¡bendita eres
entre todas las mujeres!) |
Mi Carlos idolatrado:
Acabo de recibir tu tranquilizadora carta... ¡Gracias, gracias
alma mía! Ahora puedo llamarme dichosa. ¡Soy dichosa!...
y a tu carta se debe! La guardaré siempre. Es un documento
indispensable... quizá tenga que invocarlo algún día...
entonces acuérdate bien de que lo has escrito! Piensa y reflexiona!
Yo te conjuro por la memoria de tu padre, que para ti será
lo más sagrado, que no me hagas concebir esperanzas que no
serán realizadas. Lo que me prometes es para mí trascendental,
tan dulce, tan grande, tan tranquilizador que nunca me había
atrevido más que a soñarlo y cuando te conocí
no pude renunciar a mis sueños... Por lo mismo que te amo
tanto! Piensa y reflexiona.
Oh amor mío! Qué grande y puro eres! Lo serás
siempre!?... esto es lo que importa! Mis súplicas no son
para ahora ¿Me comprendes? ¡No son para ahora! Son
para cuando... para cuando tenga que ceder ante la lógica
de tus derechos... ¿Me comprendes?... ¡Para entonces!...
Piensa y reflexiona. Quiero que seas siempre mi ídolo...
quiero mirarte siempre con los ojos muy altos, y por lo mismo que
te amo, que te idolatro y que te venero, no quiero nunca sentirme
avergonzada de ti... ¡ay! Y de mí misma! Tu carta de
hoy tiene más trascendencia de lo que tú quisieras...
Ella me ha devuelto la felicidad verdadera que nace de la confianza
absoluta... ¡Piensa! Tienes razón! tú y yo,
somos seres excepcionales... Hemos roto el vínculo del cuerpo
y el alma, hemos quebrantado el yugo abrumador y degradante de las
solicitaciones corporales... ¡Podemos estar orgullosos de
ser puros... de ser de otro barro que la generalidad! Ésta
es la verdadera grandeza! Y yo te creo a ti verdaderamente grande
para esperar de ti, lo que jamás me hubiera atrevido ni a
soñar de ningún hombre... Tú por tu grandeza
eres el único hombre capaz de ser por mí heroico...
¿no es verdad alma mía? Pues bien; yo llego a ti y
te suplico que conserves mi alma, exageradamente sensible, casta
y delicada... Piensa y reflexiona! Vuelvo a suplicarte que seas
sincero... No prometas lo que no tendrás fuerzas para cumplir...
Voy a entregarme a la esperanza que tu carta de hoy me ha hecho
concebir... Oye bien esto. Sin un día tengo que renunciar
a ella y aceptar la imposición grosera de la realidad brutalmente
lógica, no vacilaré en quitarme la vida. Te lo juro
por Casal que es mi juramente más solemne...! Dices que te
morirías antes que causarme el más ligero disgusto?
Pues sabe que eso para mí no sería un disgusto sino
un naufragio, una desgracia inmensa, una sentencia de muerte...
porque entonces te odiaría, te aborrecería, me inspirarías
horror, y te amo demasiado para aceptar impasible el dilema horrible
de odiarte o de huirte... Piensa y reflexiona... Mi pretensión
tan pura como ilógica no está basada solamente sobre
un sentimiento personal... Lo hago también por ti que serás
el primero, el inflexible juez de ti mismo! Seamos grandes. Seamos
poetas. ¿Por qué no hemos de tener nosotros en nuestro
espíritu grandeza bastante para contrarrestar la tradición
y rechazar la costumbre? ¿Por qué no hemos de ser
bastante puros para anular ahora y siempre la materia y sentirnos
superiores a los demás seres vulgares esclavos de sí
mismos?
Carlos Carlos! Mi amor mi dueño, alma mía! ¿Sabes
cómo te amo! Lo sospechas siquiera? Eres mío, mío
como yo soy tuya... te pertenezco... desde antes de que tú
me pertenecieras. Mi ideal supremo es estar siempre a tu lado, cuidarte,
consolarte, alentarte, esperarte, be... besarte, estar cerca de
ti, hacerte dichoso como mi solicitud, con mi ternura... nunca jamás
traicionarte con nada ni por nada... y nada más. ¡Piensa!
Esta dicha inefable espero poder dártela... ¿no es
verdad mi amado que te basta...? Quiero mirarte frente a frente,
medir tu grandeza por la mía... Poder dormirme sobre tu hombro
tranquila confiada... sin sobresaltos instintivos. Quiero que tu
mirada no haga subir nunca a mi frente la ola ardiente del rubor
indefenso... Quiero que jamás la fiebre empañe el
tul diáfano de este amor infinitamente más puro que
el de todo el resto de los seres... Compenétrate bien del
sentido de estas frases... ¡Que tu resolución no sea
un aplazamiento, sino una decisión permanente...! Te repito
que mis súplicas no son para ahora... Reflexiona. Te ruego
que te hagas cargo de lo que te digo. Piensa que lo que me prometes
no es una cosa sin importancia. No quiero engañarte. Soy
demasiado noble, y te amo demasiado para ocultarte mi resolución
de matarme en cuando este amor pierda su fragancia ideal... Quiero
morirme antes que odiarte... Y ten por seguro que el odio nace y
el amor se extingue repentinamente cuando la materia se impone triunfante...
Oh! mi amor morirá sin remedio, desengáñate,
si no eres suficientemente grande para anularte a ti mismo y vivir
para mi espíritu solamente.
Soy tuya, soy tuya! Soy ya tu esposa y la fórmula ceremoniosa
no añadirá, no puede añadir nada a esta unión
amorosísima, espontánea, a esta nupcia ideal, celeste
de dos almas gemelas que se entregan una a otra seguras de sí
mismas! Si no te sientes con fuerza para ser siempre lo que eres
ahora, renuncia a mí que aún es tiempo! ¡No
me engañes! ¡No me hagas creer, por tranquilizarme,
en promesas que guardaré como juramentos. Si algún
día has de desmentirte renuncia a mí... Piensa que
lo que me prometes es serio, trascendental, único. ¡Ay
alma mía alma mía mi único bien sobre la tierra!
Yo no encuentro en otras, mis mismas ideas. Todas están metidas
por el rasero vulgar de la pasión degradante, de la tendencia
bestial. Mis amigas...! Las tengo acaso?... todas son iguales. Cuando
a veces me franqueo con ellas se asombran y tratan de combatir mis
convicciones con razones como ésta: "Pero chica esa
pretensión es inaudita"!... ¡Ay! Es que no tienen
el alma que yo tengo... y que tú tienes también dueño
mío! Piensa y reflexiona. Hoy soy feliz. Absolutamente feliz.
Te amo mil veces más que ayer y creo que mi amor crecerá
día por día... Sí, creo que me amas! No puedo
dudarlo ya porque sería una temeridad y una injusticia...
Tu última prueba accediendo a mis súplicas, a "mis
pretensiones inauditas" me convence. Te adoro y te creo...
¡Qué jamás tenga que perder esta dulce confianza!
Y aquí, una alusión oportunísima. Quiero amarte
siempre del modo que te amo ahora. Quiero que seas para mí
siempre el Carlos de ahora... El anverso me hace venturosa... ¡Qué
jamás me encuentre con el reverso de la medalla! Perdona
el tono solemne de esta carta. No he podido evitarlo. El negocio
vale la pena. Por última vez te conjuro que no me engañes.
Ahora un paso atrás. Enclaustrado... es mi credo. Quiero
que sea mi oración mi divisa y mi consuelo. Cuando la duda
me asalta lo leo y me tranquilizo. Ahora un paso adelante: anoche
cuando entraste te sentí muy bien, y sentí cuando
me besaste y colocaste la almohada bajo mi cabeza, pero me hice
la dormida... (¡Ah!) Ya ves que soy tierna hasta donde puedo
serlo...
Acabo de recibir El Fígaro. Leo tu Soneto... cuántos
recuerdos me trae! ¡Oh mi temerario! ¡Qué bellas
las rimas de Federico! ¿Conoces tú a esos muchachos
Uhrbach? Quiero que me los presentes. Adiós dueño
mío, un abrazo muy apretado y un millón de millones
de besos sobre tus ojos tan miedosos... Recíbelos con toda
el alma de tu feliz, de tu casta esposa, de tu dulce novia, de tu
buena de tu Ivone.
|
|
Martes. 9 de la mañana.
Carlos corazón mío. Acabo de devorar con verdadera
hambre tus líneas. La familia se aumenta hoy por acá...
yo te escribo en lo último del traspatio sobre el brocal
del pozo. Desde aquí desde mi refugio de muchas veces te
escribo con creyón por no tener lápiz ni tintero.
Allá arriba un ser que nace... y acá abajo yo, trazando
por milésima vez mi plan de vida futura...
Tus visitas me interesan vivamente tan vivamente como te interesarían
a ti las mías si yo tuviera la poca caridad de contártelas.
¡Pobres hijos de la noche! Pobre fantasmas errantes! Las palabras
de tu padre me afectan de un modo... Son para mí mucho más
tristes que para ti yo te lo aseguro. Ellas corroboran una idea
que tengo como una espina clavada en el alma!
No vengan esta noche. Hay aquí un tropel! El consiguiente.
No recibiré esta noche tus cartas qué vamos a hacer!
Veo ahora La Habana Elegante. Lindísimas las rimas
de Federico. Bastante bueno el trabajo de Oscar. Dibujo acertadísimo
y claroscuro equivocado. Leo también algo sobre nosotros.
De todo lo malo que se ha dicho sobre los modernistas esto es lo
que está más cerca de la verdad... No te parece a
ti?
Escríbeme alma mía. Guárdame allá tus
cartas y mándamelas con el primero que llegue de allá.
Yo me voy mañana para Marianao pero Lola irá a verme
y me llevará tus cartas. En la casa adonde voy me quieren
bien. Hay tres muchachas y dos jóvenes, uno de los cuales,
el mayor es cargante el pobre y el otro es casi bobo. Ésta
es mi opinión sincera sobre ellos. Me estaré allá
quince o veinte días y después volveré más
repuesta. Ámame alma mía. Si pudieras figurarte la
falta que me hace tu amor en estos días! Si dejo de escribirte
el mes que viene cinco días, perdónamelo y no me preguntes
nada por tu vida. Yo conmemoro en ese tiempo cinco días que
jamás jamás podré (ni podrás) arrancar
de mi alma! ¡Oh recuerdos crueles! Perdóname y ámame.
Ámame, sí, yo te adoro y soy tuya ¡y tan tuya!
Te beso dulcemente
Juana.
Del Epistolario, t. I, de Juana Borrero, Academia
de Ciencias de Cuba, Instituto de Literatura y Lingüística,
La Habana, 1966.
|