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Un
milano cierto día
Había cogido un palomo
Y le decía: Si te como,
Tu maldad lo merecía.
Malvada bestia, sé bien
El odio que profesabas
A mi raza, y que deseabas
El verme muerto también.
Pero hay Dioses vengadores...
Ojalá que los hubiera,
Dijo el preso;no sufriera
Yo en tus uñas mil dolores.
¡Oh colmo de las maldades!,
El milano aquí exclamó.
¡Cómo! ¡Tu impiedad osó
Dudar que hay divinidades!
El perdón ya te iba a dar,
Pero tú eres un malvado,
Y por eso que has hablado
Te voy a sacrificar.
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El
ruiseñor, el príncipe y su ayo |
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Un
príncipe paseaba
Con un ayo muy prudente
Por un bosque, y casualmente
Allí un ruiseñor cantaba.
El príncipe lo escuchaba,
Y su canto le agradó.
Luego cogerlo intentó
Para llevarlo a enjaular,
Mas no lo pudo lograr,
Porque el pájaro se huyó.
Dijo el príncipe indignado:
¿Por qué ese pájaro amable,
De un canto tan apreciable,
En el bosque está ocultado?
Respondió el ayo: Mi amado,
Cuando lleguéis a reinar
Esto os deberá enseñar
Que el que es necio se presenta;
El de mérito se ausenta,
Y es preciso irlo a buscar.
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La
presumida y la abeja |
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A
tiempo que Cloe se estaba
En un espejo mirando,
Entró una abeja zumbando
Al cuarto en que ella se hallaba.
Venid, criadas,exclamó
Echad ese monstruo alado.
Entonces el monstruo osado
En sus labios se paró.
Cloe se desmaya al momento.
Furiosa su vieja criada
En la abeja desgraciada
Quiere hacer un escarmiento.
Cuando ya la iba a matar
Dijo la abeja: Yo loca,
Creí que era rosa la boca
De Cloe, y la fui a chupar.
Las palabras de la abeja
A Cloe volvieron en sí.
Compasiva dijo así
A la colérica vieja:
Perdona su atrevimiento,
Por su confesión sincera.
Su picadura es ligera,
Desde que habla, no la siento.
¡Qué cosas se
hacen pasar
Con un poquito de incienso!
Esta abeja, según pienso,
Lo podrá certificar.
Heredia
reprodujo esta fábula en sus Obras Poéticas,
con el título
de Imitación de Florián, sin introducir
en ella ninguna variante.
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Los
dos diamantes |
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De una tierra los dos
hemos salido,
Decía un diamante tosco y escabroso
A un compañero suyo que bruñido,
Mostraba ya su resplandor hermoso.
Todavíaprosiguióno he
comprendido
Por qué a ti solo busca el poderoso.
Esdijo el otroporque me ha pulido
Del lapidario el arte laborioso.
Así lo que Natura ha producido
En el hombre de bueno y generoso,
O bien se pierde, o no se perfecciona,
Cuando en la juventud se le abandona.
Publicada
por Enrique Larrondo en Las Antillas, La Habana,
t. II,
No. 3, noviembre 1920, en el artículo Los
Ensayos Poéticos de Heredia. P. 232.
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El
filósofo y el búho
(Imitación de Florian) |
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Por decir la verdad pura
Un filósofo echado de su asilo,
De ciudad en ciudad andaba errante.
Detestado de todos y proscripto.
Un día que sus desgracias lamentaba,
Un búho vio pasar, que perseguido
Iba de muchas aves que gritaban:
"Ese es un gran malvado, es un impío,
Su maldad es preciso castigarla,
Quitémosle las plumas, así vivo."
Esto decían y todos le picaban,
En vano el pobre pájaro afligido
Con muy buenas razones procuraba
De su pésimo intento disuadirlos.
Entonces nuestro sabio, que ya estaba
De aquel búho infeliz compadecido,
A la tropa enemiga puso en fuga
Y al pájaro nocturno dijo: "Amigo,
¿Por qué motivo destrozarte quiere
Esa bárbara tropa de enemigos?"
Nada les hice el ave le responde
El ver claro de noche es mi delito."
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Soneto |
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Terrible incertidumbre, angustia
fiera,
Que siempre me tenéis atormentado,
Dejad ya descansar un desgraciado,
Que de vosotros compasión espera.
Decidme de una vez si es
verdadera
La triste suerte de mi padre amado,
De que todos me dicen que encerrado
Está en fluctuante cárcel de madera.
Si acaso fuere falsa la noticia,
Se quitara de mi alma el cruel recelo
Que en ella tengo fijo a mi pesar.
Pero si fuere cierta, y no
ficticia,
Quiero ver mi desgracia ya sin velo,
Para poderme de ella lamentar.
Créese
que pueda haber sido escrita en 1810.
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Al
concluirse una partida de campo |
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¡Oh, qué días
tan gustosos he pasado
En este campo ameno y delicioso,
Del bullicio del mundo separado,
Y donde nada veo que no sea hermoso!
En pescar y en pasear me he recreado,
Y quedándome aquí fuera dichoso.
Pero mi suerte lo contrario ordena,
Y ya me hace ausentar con mucha pena.
Ya, señores, de ustedes
me despido,
Y confieso sincera y francamente,
Que quisiera mejor no haber venido
Que haberme de volver tan prontamente.
Ocho días muy gustosos he tenido;
Quedarme aquí quisiera eternamente;
Pero no puedo. ¡Qué dolor profundo!
¡Ah! no hay gusto completo en este mundo.
Colección
de las composiciones de José M. Heredia.
Cuaderno Segundo, 1819.
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Las
ruinas de Mayquetía |
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Pasajero, cualquiera que
tú seas,
Que a Mayquetía veas,
No pongas tu atención, no tu cuidado
En este lugar triste y arruinado,
Ni en esos frontispicios,
Restos de sus caídos edificios,
Que antes fueron hermosos y habitados,
Y ahora ya derribados
Sirven de madriguera
Al sapo horrible, a la culebra fiera.
Créese
de fines de 1815 o de principios de 1816
Reproducida por Enrique Larrondo en la revista
Las Antillas, La Habana, t. II,
No. 3, noviembre de 1920, en artículo titulado
Los Ensayos Poéticos de Heredia, en
la p. 238
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La
desconfianza |
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Mira, mi bien, cuan mustia
y desecada
Del sol al resplandor está la rosa
Que en tu seno tan fresca y olorosa
Pusiera ayer mi mano enamorada.
Dentro de pocas horas será
nada
No se hallará en la tierra alguna cosa
Que a mudanza feliz o dolorosa
No se encuentre sujeta y obligada,
Sigue a las tempestades la
bonanza:
Siguen al gozo el tedio y la tristeza
Perdóname si tengo desconfianza
De que dure tu amor y tu
terneza:
Cuando hay en todo el mundo tal mudanza,
iSólo en tu corazón habrá
firmeza?
1818.
Ed. 1825.
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