|
III PARTE
«De los poetas
cubanos más importantes de su generación, Francisco
de Oraá (1929) fue el que más tardó en hallar sus caminos,
pero una vez hallados una cosa se hizo evidente: ninguno
de los otros es mayor que él, ni más profundo. Aún
más: Ciudad ciudad, su libro recién publicado,
se ha establecido de golpe como el texto poético más
profundo que haya dado a conocer cualquiera de ellos,
como uno de los mejores de la poesía cubana en los últimos
veinte años.
Libro de un solo poema,
pero de un solo poema sorprendente, ya desde el título
se anuncia el posible colmo que lo rige. [...] es poema
de preguntas y respuestas -preguntas graves, graves
respuestas-, de planteamientos y replanteamientos, de
integración y desintegración de mundos; poema de recuento
y arribada, honestísimo inventario de lo personal, lo
familiar, lo nacional, lo ontológico; poema de referencias
cruzadas, de universos cruzados, en el que las palabras
adquieren peculiares, ondulantes acepciones, donde las
metáforas trasponen con pasmosa naturalidad verdades
de unas ciencias a otras; poema del mucho nombrar cada
vez que nombra, poema del sueño y de la noche. Y, por
todo ello, también, poema de complejidades y resistencias.
[...]
No quisiera terminar
sin llamar la atención sobre esa desgarradora página
que se titula "Hermanitos"; sobre el orden
riguroso de las rapsodias; sobre la técnica empleada,
en la que veo la sombra de la novela moderna (narrador
que se desdobla, dialogantes, monólogo interior, interlocutor
desconocido que no se sabe quién es ni a quién se dirige,
la alternancia en un mismo discurso, los distintos planos
entremezclados, las sorpresivas irrupciones, la suma
de mundos), sobre el tono enérgico y delicado del poema,
sobre las tres rapsodias de historia nacional que en
él se incluyen (decimocuarta, decimoctava, vigesimosegunda).»
Roberto Friol: "Sueño
y noche en la ciudad de Oraá"
[Acerca de Ciudad ciudad],
en Santiago,
n. 41,
pp. 188-195, Santiago de Cuba, marzo 1981.
|