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EL ÁMBITO Y LA ARENA
Adelanta
tu ruido de luz por los cristales,
tu gruesa flor
en su delgado asiento, escondido de gracia,
y tu estandarte de centella azul,
tu dominio silenciador y tu cesta de ruidos:
Ténme bajo tus ojos en la estación
de la tarde
con su luz jardinera, su miel
de color, su rocío
oscuro: todo
estante e infinito, para nunca moverse.
(Anterior a Es
necesario, 1964.)
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