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Sus sentidos se aferran con avidez al mundo que se le escapa entre
las manos y que él lucha por retener. Su agonía no es la del místico,
sino la del mortal convencido de que no hay nada más que lo que tiene
ahora. Y es precisamente en esa sensualidad suya donde aflora su índole
de cubano gustoso de su paisaje, de su gente y de su historia.
Yo, Antón, no te digo nada, pero cada tanto me vuelven a
la memoria imágenes y sonidos, y tu tío loco Roberto
se pasea por las habitaciones desocupadas. Es eso la poesía,
¿no?
El trabajo [de Arrufat] de tantos años, tiene la fuerza y la
levedad suficientes para haber resistido y vencido todos los intentos
y los conciliábulos de negación, vilipendio o condena.
Mucho tiempo ha transcurrido, agua bajo los puentes, sequía
en los arroyuelos, ruido, algarabía. (...)Arrufat se ha mantenido
en vela; crea, toca y retoca para llegar al pulimento terso de sus
letras y, por eso y por muchas cosas más, obliga, mandato exigente
o gozoso, a volver sobre sus libros con mirada alerta y justicia crítica.
No conozco en nuestra literatura otro ejemplo de la historia de una
familia puesta en verso[Piñera se refiere al poema"Repaso
Final"](...)Si añadimos que esta misma historia de su
familia es el asunto de su novela La charanga (aún inédita
y de la que ya se han publicado varios capítulos) y de su pieza
de teatro El vivo al pollo, tendremos que convenir en que le
ha sacado todo el aceite a la aceituna.
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