Alejo Carpentier - Carpentier por Carpentier .       Portada
           
   
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Opiniones de Alejo Carpentier  

Interior de la Habana Vieja

  Sobre sus Obras
Su Novelística
¡Écue-Yamba-O!
Viaje a la semilla
El reino de este mundo
Los pasos perdidos
El acoso
El siglo de las luces
La consagración de la primavera
  Generales
Carpentier Periodista
Lo real maravilloso
  La Habana de Carpentier
  América
    Carpentier Crítico de Arte
  Sobre Carlos Enríquez
  Sobre Eduardo Abela
  Sobre Wilfredo Lam
    Crítico de Música
    Sobre Amadeo Roldán
    Sobre Alejandro García Caturla
    Carpentier y la Radio

Su Novelística .
«La novelística mía, la obra mía de novela, personal, es muy tardía; es sumamente tardía porque yo considero que el escritor debe empezar a escribir cuando, primeramente, tiene algo que decir y, en segundo lugar, cuando sabe cómo decirlo; es decir, que la vieja querella del qué y del cómo, se vuelve a plantear para el escritor […]. Yo insisto en el hecho de que la novela no es un juego. Creo que la novela es, en este siglo [XX], en este momento, aquí y de aquí en adelante —para emplear un término teológico—, un medio de investigación del hombre y que, por lo tanto, para hacer una novela no basta con imaginar una acción más o menos inteligente, más o menos graciosa […]».

La cultura en Cuba y en el mundo,
Editorial Letras Cubanas, 2003

¡Écue-Yamba-O!
«En ¡Écue-Yamba-O! los personajes tienen los mismos nombres que yo les conocí».
«…en mi primera novela, ¡Écue-Yamba-O! (1933)… quise escribir una novela sobre los negros de Cuba, presentar una nueva visión de un sector de la población cubana».


Les Langues Modernes, París, mayo-junio, 1965

Viaje a la semilla

«Viaje a la semilla […] es una biografía tomada en tiempo recurrente, es decir, en vez de hacer una biografía de un hombre desde el momento en que nace hasta el momento en que muere, se le toma en el momento en que está muriendo, en el momento en que se muere, y se reconstruye su vida desde la muerte hasta su nacimiento. Me dirán ustedes que hay, tal vez, en ello un juego gratuito. No, porque precisamente ese tratamiento de una biografía, viene a mostrarnos la coincidencia que hay entre los primeros días del hombre y los últimos días del hombre […]. Se desarrolla en La Habana, en una Habana barroca, en una Habana de comienzos del siglo XIX, está relacionada con la pintura de Amelia Peláez».

La cultura en Cuba y en el mundo,
Editorial Letras Cubanas, 2003

«…responde a un amor que siempre tuve al barroquismo criollo que se expresa en el inmenso retablo de columnas, rejas, cristalerías policromas que es La Habana. Pensé en la pintura de Amelia Peláez, de Portocarrero al escribir este cuento de una sentada, con la preocupación formal de hacer lo que en música se llama una recurrencia. Recurrencia de un tema que es en sí, el de toda una vida humana coincidente con su dibujo al derecho y al revés».

Antología del cuento cubano contemporáneo, México, 1967

El reino de este mundo
«A mi regreso de Europa, ya en La Habana comencé a trabajar en El reino de este mundo. Un esbozo de su primer capítulo salió en La Gaceta de Cuba que publicaba Nicolás Guillén en 1943. La obra la terminé en Venezuela.
»En algunos de mis libros, más particularmente en El reino de este mundo, he sufrido la influencia del surrealismo en mi visión del mundo poético y onírico de Haití. Sin embargo, siempre he tenido una conciencia muy clara de que tenía una obra por realizar en función de la América Latina, ese continente que me interesa y me concierne al máximo».

Combat, París, 6 de octubre de 1967

Los pasos perdidos
«Los pasos perdidos es un intento de sintetización de los valores americanos. El centro de la novela, el verdadero protagonista de la novela, es el río Orinoco, que es una manera de remontarse en el Tiempo. Es decir: cuando se navega en él, se está descendiendo en el curso del tiempo; cuando se navega contra él, contra su corriente, el hombre vuelve a sus orígenes y vuelve, por ende, a los orígenes de América».
«Los pasos perdidos la escribí en Caracas, volviendo de la selva, con las sensaciones frescas de lo que había visto allí. Todos los personajes tienen identidad real».
»¿Qué es la novela Los pasos perdidos? Es la novela de remontarse en el Tiempo. Un hombre está, literalmente, embrutecido por la vida que sus obligaciones profesionales le hace llevar en Nueva York […]. Este hombre por un azar es enviado a una misión a América Latina: recoger instrumentos musicales para un museo organográfico […]. Este hombre se ve llevado por una serie de circunstancias a remontar el Orinoco y, al remontar el Padre Río, como yo le llamo, va, paso a paso, retrocediendo en el tiempo.
»Publiqué este libro con cierto temor […] Creí que el libro no iba a tener éxito. Cuando se publicó me fue bastante criticado en Venezuela —yo vivía en Venezuela entonces—. […]Me hicieron muchísimas críticas. Pero resulta que en el año 1956, este libro, traducido al francés, se ganó el premio particularmente importante en Francia: el Premio del Mejor Libro del Año. Inmediatamente el libro se tradujo al inglés…, y en el mes de noviembre de año 1957, se agotaron cinco ediciones… Y en aquel momento recibí, podríamos decir, es espaldarazo de la más ilustre poetisa de Inglaterra: me refiero a Edith Sitwell».

La cultura en Cuba y en el mundo,
Editorial Letras Cubanas, 2003

El acoso

«La técnica de El acoso está basada en una construcción musical, es una sonata: exposición de tres temas, diecisiete variaciones y acordes sobre dos temas, el tema masculino y el tema femenino».

Marcha, Montevideo, 1 de mayo de 1965

«[…] transcurre dentro del tiempo de duración de una correcta ejecución de la Sinfonía heroica de Beethoven, o sea, generalmente son unos cincuenta y tantos minutos.
»[…]Y esa novela la he querido hacer dentro de una unidad rigurosa de tiempo, con una enorme economía de medios».

La cultura en Cuba y en el mundo,
Editorial Letras Cubanas, 2003

El siglo de las luces

«La mayor parte de la acción transcurre en La Habana, en los últimos años del siglo XVIII. De ahí el título de El siglo de las luces…
»Situé la acción en una casa que todavía existe, con un maravilloso patio, en la calle Empedrado, entre Cuba y Aguiar. Sin embargo, añadí a esa casa una escalera prodigiosa, de las más hermosas de La Habana Vieja, que se encuentra en una casa de la antigua Plaza del Arco de Belén. Imaginé los personajes con los cuales inicié la acción: Carlos, Esteban y Sofía, jóvenes burgueses, conocedores de las ideas filosóficas, deseosos de acción, asqueados del medio en que viven, quienes llevan una vida desordenada y romántica, antes del Romanticismo. Una noche alguien toca a la puerta y aparece el personaje de Víctor Hugues. A partir de ese momento Víctor, que trae consigo el fenómeno de todas las ideas humanitarias de El siglo de las luces, transformará la vida de esos jóvenes llevándolos hacia la acción».

Entrevistas, Editorial Letras Cubanas, Ciudad de La Habana, 1985


«... El siglo de las luces […] es una novela de la vida colectiva, y … el personaje entra en contacto con todo lo que le rodea. Esta novela está terminada por mí en vísperas de la Revolución Cubana».

Siempre!, México, 20 de noviembre de 1963


«El siglo de las luces contiene una verdadera sinfonía del Caribe. En esta novela he querido darle a la naturaleza una importancia extraordinaria; en muchos capítulos los personajes han desaparecido para ceder su lugar a una prosa totalmente descriptiva: la descripción lo invade todo, como en las obras del pintor Portocarrero».


Les Langues Modernes, París, mayo-junio, 1965

La consagración de la primavera

«La acción comienza en 1937, en uno de los hospitales militares de descanso de los heridos, de las Brigadas Internacionales, y prosigue hasta concluir con la Batalla de Playa Girón […]. Playa Girón exactamente porque es la primera victoria de una nación latinoamericana contra el imperialismo norteamericano y porque la victoria de Playa Girón ya es un hecho situado en la Historia, es una de las grandes batallas en la historia de América; la más moderna y la más amplia por su significado, por lo que implica».

Carpentier periodista
«Podríamos definir al periodista como un hombre que trabaja en caliente, que sigue, que sigue, rastrea el acontecimiento día a día sobre lo vivo. El novelista…, es un hombre que trabaja retrospectivamente, contemplando, analizando el acontecimiento cuando su trayectoria ha llegado a su término. El periodista, digo, trabaja en caliente, trabaja sobre la materia activa, cotidiana. El novelista la contempla en la distancia con la necesaria perspectiva, como acontecer cumplido y terminado».
»Si de algo me jacto, es de haber practicado todas las disciplinas del hermosísimo oficio de periodista. Yo he sido corrector de pruebas, traductor de cables, emplanador editorialista, columnista, reportero, asistente de reportero gráfico, jefe de redacción, director a ratos. Yo he hecho todas las disciplinas del periodismo. Las he ejercido y con igual alegría en cualquiera de sus sectores […].
»Amo este oficio […]. Lo he practicado en Cuba, lo he practicado en Venezuela, en Francia, de paso por México igualmente… el periodismo es una maravillosa escuela de vida».

El periodista: un cronista de su tiempo
Acto de entrega de la distinción José Joaquín Palma por la
Unión de Periodistas de Cuba. 13 de enero de 1975

Lo real maravilloso
«[…] lo maravilloso comienza a serlo de manera inequívoca cuando surge de una inesperada alteración de la realidad (el milagro), de una revelación privilegiada de la realidad, de una iluminación inhabitual o singularmente favorecedora de las inadvertidas riquezas de la realidad, de una ampliación de las escalas y categorías de la realidad, percibidas con particular intensidad en virtud de una exaltación del espíritu que lo conduce de un modo de “estado límite”. Para empezar la sensación de maravilloso presupone una fe.
»[…] pensaba, además, que esa presencia y vigencia de lo real maravilloso no era privilegio único de Haití, sino patrimonio de la América entera , donde todavía no se ha terminado de establecer, por ejemplo, un recuento de cosmogonías. Lo real maravilloso se encuentra a cada paso en las vidas de los hombres que inscribieron fechas en la historia del Continente y dejaron apellidos aún llevados: desde los buscadores de la Fuente de la Eterna Juventud, de la áurea ciudad de Manoa, hasta ciertos rebeldes de la primera hora o ciertos héroes modernos de nuestras guerras de independencia de tan mitológica traza como la coronela Juana de Azurduy».

Prólogo de El reino de este mundo

La Habana de Carpentier

«La Habana de mi infancia era una ciudad de repique y repiqueteos: de cascabeles, de cencerros, de esquilas y esquilones, de campanas arrabaleras, de bordones catedralicios…
»De aquellos obligados caminares por La Habana Vieja me quedó una siempre renovada emoción al contemplar, de años en años, sus casas antiguas, sus rejas andaluzas, puertas claveteadas, pórticos barrocos, portafaroles, guardacantones y guardavecinos… Muchas páginas he escrito desde mi adolescencia acerca de La Habana Vieja “de intramuros””, con sus calles eternamente abocadas al mar, completadas en su panorama por un velamen, la proa de una balandra, la quilla de un buque, se hace ciudad de misterios, de nocturnidad, de cuchicheo detrás de persianas, de invitaciones al viaje que, con solo cruzarse el puerto, puede conducir a las suntuosas coreografías de una iniciación ñáñiga, a un encuentro fortuito con gente de otras latitudes que remozan en pleno trópico, la literatura del anhelo de evasión y del muelle de las brumas…».

Alejo Carpentier, un hombre de su tiempo,
Editorial Letras Cubanas, 2004

«[…] Así, en muchos viejos palacios habaneros, en algunas ricas mansiones que aún han conservado su traza original, la columna es elemento de decoración interior, lujo y adorno, antes de los días del siglo XIX, en que la columna se lanzara a la calle y creara […] una de las más singulares constantes del estilo habanero: esa constante es la increíble profusión de columnas, en una ciudad que es emporio de columnas, selvas de columnas, columnata infinita, última urbe en tener columnas en tal demasía, columnas que, por lo demás, al haber salido de los patios originales, han ido trazando una historia de la decadencia de las columnas a través de las edades».

La ciudad de las columnas

América
«Remontando el Orinoco, digo, y entrando ya en la zona amazónica, me di cuenta que América es uno de los pocos lugares del mundo donde el hombre del siglo XX, […], puede convivir con el hombre que corresponde a la era del paleolítico o del neolítico en la historia humana…». 
Sobre Carlos Enríquez
«Los lienzos de Enríquez denuncian una profunda inquietud. No es un constructor en el sentido neto de la palabra. Pocas veces conoce la serenidad y sus cuadros no son siempre frutos de una lenta y meditada elaboración. Es un artista de reacciones violentas, de temperamento recio, que prefiere soluciones arbitrarias para resolver problemas trillados. Si fuera pianista se me antoja que a menudo truncaría un alarde de virtuosismo, rompiendo a puñetazos el teclado de su instrumento.
»El color lo obsesiona … A veces su paleta debe maravillarlo, como el salvaje que contrae los párpados ante un collar de abolorios».
 

Diario de La Marina, La Habana, 15 de mayo de 1927

Sobre Eduardo Abela
«Vosotros podréis afirmar que nunca habéis visto una comparsa como la de Abela. Pero seréis justos en reconocer que cada vez que habéis imaginado el espectáculo de una comparsa lo habéis visto mentalmente, tal cual lo fijó el artista en su concepción intrépida y fundamental.
»Abela nos ha revelado un aspecto mágico de las cosas cubanas».

Social, La Habana, enero de 1969

Sobre Wilfredo Lam
«Yo recuerdo que Wilfredo Lam, en contacto con la naturaleza de Cuba, al volver a contemplar los árboles| que había visto en su infancia, al ver las plantas que crecían a su alrededor sintió una especie de choque. Hubo, de repente, un cambio diametral en su pintura y en su manera de ver la superficie por cubrir colores. Y un día, hallándose en La Habana, el gran marchand francés Pierre Loeb […], fue a verme y me dijo […]: “Vaya usted a casa de Wilfredo Lam y verá usted que allí se está pintando un cuadro absolutamente extraordinario”. Llegué, efectivamente, y me encontré ante un cuadro titulado La silla, que representaba eso: representaba una silla colocada en un jardín, y sobre esa silla había un búcaro con flores. Pero la interpretación de todo aquello , que al parecer podría ser una naturaleza muerta, más o menos trivial, era de una novedad tan grande, de una fuerza plástica tan extraordinaria, que en el acto, al igual que Pierre Loeb, me di cuenta que estaba naciendo algo nuevo en la pintura de Lam. Lam estaba realizando, poco a poco, una especie de simbiosis; estaba hallando en los elementos de la flora tropical, de la flora de Cuba, una serie de factores plásticos, que iban a transformarse en las figuras imaginarias de sus lienzos».

La cultura en Cuba y en el Mundo, Editorial Letras
Cubanas, 2003

Carpentier crítico de música
«[…]El ritmo de habanera, inconfundible, es del cual ciertos derivados han venido a cobrar categoría propia, como el famoso “cinquillo”, pero, en realidad el famoso cinquillo cubano y algunos ritmos que aparecen en el danzón y algunos ritmos que aparecen en la guaracha, no son sino alteraciones del ritmo fundamental, de la célula ritmática, que es lo que llamamos en todas partes y hemos llamado siempre, el ritmo de habanera».

La cultura en Cuba y en el mundo,
Editorial Letras Cubanas, 2003

Sobre Amadeo Roldán
«Su obra entraña una aportación de tipo técnico que no debe olvidarse: en ella aparecen notados, por primera vez con exactitud, los ritmos de los instrumentos típicos de Cuba, con todas sus posibilidades técnicas, y los efectos sonoros obtenibles por percusión, roce, sacudida, glissandi de dedos sobre los parches, etcétera. La gráfica de Roldán, en este terreno, constituye un verdadero método, que han seguido compositores cubanos y extranjeros».

La música en Cuba,
Editorial Letras Cubanas, 2004

Sobre Alejandro García Catarla
«[…] Y es que en Caturla no obraba tan solo un sorprendente poder de asimilación del ambiente, sino también una instintiva propensión a recrear el timbre de los instrumentos típicos , aun dentro del marco de la orquesta normal. […]. Bastaba que utilizara un clarinete, para que ese clarinete se hiciera agreste, ácido como hecho de madera mal barnizada de los músicos callejeros.
»Caturla dejó una obra considerable, sometida íntegramente a un mismo orden de preocupaciones: hallar una síntesis de todos los géneros musicales de la isla, dentro de una expresión propia».

La música en Cuba,
Editorial Letras Cubanas, 2004

Carpentier y la radio

«[…] urge crear un Arte radiofónico, una preceptiva del radio, del mismo modo que existe un Arte poético y una preceptiva literaria. Las posibilidades del radio son ilimitadas. Mil géneros inéditos pueden nacer a su amparo. Basta enfocarlo con un poco de imaginación y de iniciativa».

Carteles, La Habana, 17 de diciembre de 1933

«Si poco escribí entre la publicación de mi primera novela en 1933, esto se debió , simple y sencillamente, al hecho de que, para ganarme la vida, tenía que pasarme 10 u 11 horas diarias en un estudio de grabaciones de discos, donde los horarios de trabajo no tenían límites. Además, en aquellos años yo creía en la radio como arte nuevo y no me disgustaba la idea de trabajar con Louis Barrault, con Antonin Artaud, etc.».

El Nacional, Caracas, 23 de noviembre de 1952

«[…] Yo dejé la radio hacia el año 1950 y confieso que tuve que imponerme una verdadera “cura de desintoxicación “ para curarme de facilidades inadmisibles y regresar a una prosa de otra índole…».

Bohemia, La Habana, 27 de diciembre de 1974

       
 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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