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| Opiniones
de Alejo Carpentier |
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Su
Novelística
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«La novelística mía,
la obra mía de novela, personal, es muy tardía; es
sumamente tardía porque yo considero que el escritor debe
empezar a escribir cuando, primeramente, tiene algo que decir y,
en segundo lugar, cuando sabe cómo decirlo; es decir, que
la vieja querella del qué y del cómo, se vuelve a
plantear para el escritor […]. Yo insisto en el hecho de que
la novela no es un juego. Creo que la novela es, en este siglo [XX],
en este momento, aquí y de aquí en adelante —para
emplear un término teológico—, un medio de investigación
del hombre y que, por lo tanto, para hacer una novela no basta con
imaginar una acción más o menos inteligente, más
o menos graciosa […]».
La cultura
en Cuba y en el mundo,
Editorial Letras Cubanas, 2003 |
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¡Écue-Yamba-O!
«En ¡Écue-Yamba-O!
los personajes tienen los mismos nombres que yo les conocí».
«…en mi primera
novela, ¡Écue-Yamba-O! (1933)… quise escribir
una novela sobre los negros de Cuba, presentar una nueva visión
de un sector de la población cubana».
Les Langues Modernes, París, mayo-junio,
1965
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Viaje
a la semilla
«Viaje a la semilla […]
es una biografía tomada en tiempo recurrente, es decir, en
vez de hacer una biografía de un hombre desde el momento
en que nace hasta el momento en que muere, se le toma en el momento
en que está muriendo, en el momento en que se muere, y se
reconstruye su vida desde la muerte hasta su nacimiento. Me dirán
ustedes que hay, tal vez, en ello un juego gratuito. No, porque
precisamente ese tratamiento de una biografía, viene a mostrarnos
la coincidencia que hay entre los primeros días del hombre
y los últimos días del hombre […]. Se desarrolla
en La Habana, en una Habana barroca, en una Habana de comienzos
del siglo XIX, está relacionada con la pintura de Amelia
Peláez».
La cultura
en Cuba y en el mundo,
Editorial Letras Cubanas, 2003
«…responde a un amor
que siempre tuve al barroquismo criollo que se expresa en el inmenso
retablo de columnas, rejas, cristalerías policromas que es
La Habana. Pensé en la pintura de Amelia Peláez, de
Portocarrero al escribir este cuento de una sentada, con la preocupación
formal de hacer lo que en música se llama una recurrencia.
Recurrencia de un tema que es en sí, el de toda una vida
humana coincidente con su dibujo al derecho y al revés».
Antología
del cuento cubano contemporáneo, México,
1967 |
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El
reino de este mundo
«A mi regreso de Europa,
ya en La Habana comencé a trabajar en El reino de este mundo.
Un esbozo de su primer capítulo salió en La Gaceta de
Cuba que publicaba Nicolás Guillén en 1943. La obra
la terminé en Venezuela.
»En algunos de mis libros,
más particularmente en El reino de este mundo, he sufrido la
influencia del surrealismo en mi visión del mundo poético
y onírico de Haití. Sin embargo, siempre he tenido una
conciencia muy clara de que tenía una obra por realizar en
función de la América Latina, ese continente que me
interesa y me concierne al máximo».
Combat, París, 6 de octubre de
1967 |
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Los
pasos perdidos
«Los pasos perdidos es un intento de sintetización
de los valores americanos. El centro de la novela, el verdadero
protagonista de la novela, es el río Orinoco, que es una
manera de remontarse en el Tiempo. Es decir: cuando se navega en
él, se está descendiendo en el curso del tiempo; cuando
se navega contra él, contra su corriente, el hombre vuelve
a sus orígenes y vuelve, por ende, a los orígenes
de América».
«Los pasos perdidos la escribí en Caracas, volviendo
de la selva, con las sensaciones frescas de lo que había
visto allí. Todos los personajes tienen identidad real».
»¿Qué es la novela Los pasos perdidos? Es la
novela de remontarse en el Tiempo. Un hombre está, literalmente,
embrutecido por la vida que sus obligaciones profesionales le hace
llevar en Nueva York […]. Este hombre por un azar es enviado
a una misión a América Latina: recoger instrumentos
musicales para un museo organográfico […]. Este hombre
se ve llevado por una serie de circunstancias a remontar el Orinoco
y, al remontar el Padre Río, como yo le llamo, va, paso a
paso, retrocediendo en el tiempo.
»Publiqué este libro con cierto temor […] Creí
que el libro no iba a tener éxito. Cuando se publicó
me fue bastante criticado en Venezuela —yo vivía en
Venezuela entonces—. […]Me hicieron muchísimas
críticas. Pero resulta que en el año 1956, este libro,
traducido al francés, se ganó el premio particularmente
importante en Francia: el Premio del Mejor Libro del Año.
Inmediatamente el libro se tradujo al inglés…, y en
el mes de noviembre de año 1957, se agotaron cinco ediciones…
Y en aquel momento recibí, podríamos decir, es espaldarazo
de la más ilustre poetisa de Inglaterra: me refiero a Edith
Sitwell».
La cultura
en Cuba y en el mundo,
Editorial Letras Cubanas, 2003 |
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El
acoso
«La técnica
de El acoso está basada en una construcción musical,
es una sonata: exposición de tres temas, diecisiete variaciones
y acordes sobre dos temas, el tema masculino y el tema femenino».
Marcha,
Montevideo, 1 de mayo de 1965
«[…] transcurre dentro
del tiempo de duración de una correcta ejecución de
la Sinfonía heroica de Beethoven, o sea, generalmente son
unos cincuenta y tantos minutos.
»[…]Y esa novela la he querido hacer dentro de una unidad
rigurosa de tiempo, con una enorme economía de medios».
La cultura
en Cuba y en el mundo,
Editorial Letras Cubanas, 2003 |
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El
siglo de las luces
«La mayor parte de la acción
transcurre en La Habana, en los últimos años del siglo
XVIII. De ahí el título de El siglo de las luces…
»Situé la acción en una casa que todavía
existe, con un maravilloso patio, en la calle Empedrado, entre Cuba
y Aguiar. Sin embargo, añadí a esa casa una escalera
prodigiosa, de las más hermosas de La Habana Vieja, que se
encuentra en una casa de la antigua Plaza del Arco de Belén.
Imaginé los personajes con los cuales inicié la acción:
Carlos, Esteban y Sofía, jóvenes burgueses, conocedores
de las ideas filosóficas, deseosos de acción, asqueados
del medio en que viven, quienes llevan una vida desordenada y romántica,
antes del Romanticismo. Una noche alguien toca a la puerta y aparece
el personaje de Víctor Hugues. A partir de ese momento Víctor,
que trae consigo el fenómeno de todas las ideas humanitarias
de El siglo de las luces, transformará la vida de esos jóvenes
llevándolos hacia la acción».
Entrevistas,
Editorial Letras Cubanas, Ciudad de La Habana, 1985
«... El siglo de las luces […] es una novela de la vida
colectiva, y … el personaje entra en contacto con todo lo
que le rodea. Esta novela está terminada por mí en
vísperas de la Revolución Cubana».
Siempre!,
México, 20 de noviembre de 1963
«El siglo de las luces contiene una verdadera sinfonía
del Caribe. En esta novela he querido darle a la naturaleza una
importancia extraordinaria; en muchos capítulos los personajes
han desaparecido para ceder su lugar a una prosa totalmente descriptiva:
la descripción lo invade todo, como en las obras del pintor
Portocarrero».
Les Langues Modernes, París, mayo-junio,
1965
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La
consagración de la primavera
«La acción comienza
en 1937, en uno de los hospitales militares de descanso de los heridos,
de las Brigadas Internacionales, y prosigue hasta concluir con la
Batalla de Playa Girón […]. Playa Girón exactamente
porque es la primera victoria de una nación latinoamericana
contra el imperialismo norteamericano y porque la victoria de Playa
Girón ya es un hecho situado en la Historia, es una de las
grandes batallas en la historia de América; la más
moderna y la más amplia por su significado, por lo que implica». |
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Carpentier
periodista
«Podríamos definir al periodista como un hombre que
trabaja en caliente, que sigue, que sigue, rastrea el acontecimiento
día a día sobre lo vivo. El novelista…, es un
hombre que trabaja retrospectivamente, contemplando, analizando
el acontecimiento cuando su trayectoria ha llegado a su término.
El periodista, digo, trabaja en caliente, trabaja sobre la materia
activa, cotidiana. El novelista la contempla en la distancia con
la necesaria perspectiva, como acontecer cumplido y terminado».
»Si de algo me jacto, es de haber practicado todas las disciplinas
del hermosísimo oficio de periodista. Yo he sido corrector
de pruebas, traductor de cables, emplanador editorialista, columnista,
reportero, asistente de reportero gráfico, jefe de redacción,
director a ratos. Yo he hecho todas las disciplinas del periodismo.
Las he ejercido y con igual alegría en cualquiera de sus
sectores […].
»Amo este oficio […]. Lo he practicado en Cuba, lo he
practicado en Venezuela, en Francia, de paso por México igualmente…
el periodismo es una maravillosa escuela de vida».
El periodista:
un cronista de su tiempo
Acto de entrega de la distinción José Joaquín
Palma por la
Unión de Periodistas de Cuba. 13 de enero de 1975 |
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Lo
real maravilloso
«[…] lo maravilloso comienza a serlo de manera inequívoca
cuando surge de una inesperada alteración de la realidad
(el milagro), de una revelación privilegiada de la realidad,
de una iluminación inhabitual o singularmente favorecedora
de las inadvertidas riquezas de la realidad, de una ampliación
de las escalas y categorías de la realidad, percibidas con
particular intensidad en virtud de una exaltación del espíritu
que lo conduce de un modo de “estado límite”.
Para empezar la sensación de maravilloso presupone una fe.
»[…] pensaba, además, que esa presencia y vigencia
de lo real maravilloso no era privilegio único de Haití,
sino patrimonio de la América entera , donde todavía
no se ha terminado de establecer, por ejemplo, un recuento de cosmogonías.
Lo real maravilloso se encuentra a cada paso en las vidas de los
hombres que inscribieron fechas en la historia del Continente y
dejaron apellidos aún llevados: desde los buscadores de la
Fuente de la Eterna Juventud, de la áurea ciudad de Manoa,
hasta ciertos rebeldes de la primera hora o ciertos héroes
modernos de nuestras guerras de independencia de tan mitológica
traza como la coronela Juana de Azurduy».
Prólogo de
El reino de este mundo |
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La
Habana de Carpentier
«La Habana de mi infancia era
una ciudad de repique y repiqueteos: de cascabeles, de cencerros,
de esquilas y esquilones, de campanas arrabaleras, de bordones catedralicios…
»De aquellos obligados caminares por La Habana Vieja me quedó
una siempre renovada emoción al contemplar, de años
en años, sus casas antiguas, sus rejas andaluzas, puertas
claveteadas, pórticos barrocos, portafaroles, guardacantones
y guardavecinos… Muchas páginas he escrito desde mi
adolescencia acerca de La Habana Vieja “de intramuros””,
con sus calles eternamente abocadas al mar, completadas en su panorama
por un velamen, la proa de una balandra, la quilla de un buque,
se hace ciudad de misterios, de nocturnidad, de cuchicheo detrás
de persianas, de invitaciones al viaje que, con solo cruzarse el
puerto, puede conducir a las suntuosas coreografías de una
iniciación ñáñiga, a un encuentro fortuito
con gente de otras latitudes que remozan en pleno trópico,
la literatura del anhelo de evasión y del muelle de las brumas…».
Alejo Carpentier,
un hombre de su tiempo,
Editorial Letras Cubanas, 2004
«[…] Así, en muchos
viejos palacios habaneros, en algunas ricas mansiones que aún
han conservado su traza original, la columna es elemento de decoración
interior, lujo y adorno, antes de los días del siglo XIX,
en que la columna se lanzara a la calle y creara […] una de
las más singulares constantes del estilo habanero: esa constante
es la increíble profusión de columnas, en una ciudad
que es emporio de columnas, selvas de columnas, columnata infinita,
última urbe en tener columnas en tal demasía, columnas
que, por lo demás, al haber salido de los patios originales,
han ido trazando una historia de la decadencia de las columnas a
través de las edades».
La ciudad
de las columnas |
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América
«Remontando el
Orinoco, digo, y entrando ya en la zona amazónica, me di cuenta
que América es uno de los pocos lugares del mundo donde el
hombre del siglo XX, […], puede convivir con el hombre que corresponde
a la era del paleolítico o del neolítico en la historia
humana…». |
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Sobre
Carlos Enríquez
«Los lienzos de
Enríquez denuncian una profunda inquietud. No es un constructor
en el sentido neto de la palabra. Pocas veces conoce la serenidad
y sus cuadros no son siempre frutos de una lenta y meditada elaboración.
Es un artista de reacciones violentas, de temperamento recio, que
prefiere soluciones arbitrarias para resolver problemas trillados.
Si fuera pianista se me antoja que a menudo truncaría un alarde
de virtuosismo, rompiendo a puñetazos el teclado de su instrumento.
»El color lo obsesiona … A veces su paleta debe maravillarlo,
como el salvaje que contrae los párpados ante un collar de
abolorios».
Diario de La Marina,
La Habana, 15 de mayo de 1927
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Sobre
Eduardo Abela
«Vosotros podréis
afirmar que nunca habéis visto una comparsa como la de Abela.
Pero seréis justos en reconocer que cada vez que habéis
imaginado el espectáculo de una comparsa lo habéis visto
mentalmente, tal cual lo fijó el artista en su concepción
intrépida y fundamental.
»Abela nos ha revelado un aspecto mágico de las cosas
cubanas».
Social,
La Habana, enero de 1969
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Sobre
Wilfredo Lam
«Yo recuerdo que Wilfredo Lam, en contacto con la naturaleza
de Cuba, al volver a contemplar los árboles| que había
visto en su infancia, al ver las plantas que crecían a su
alrededor sintió una especie de choque. Hubo, de repente,
un cambio diametral en su pintura y en su manera de ver la superficie
por cubrir colores. Y un día, hallándose en La Habana,
el gran marchand francés Pierre Loeb […], fue a verme
y me dijo […]: “Vaya usted a casa de Wilfredo Lam y
verá usted que allí se está pintando un cuadro
absolutamente extraordinario”. Llegué, efectivamente,
y me encontré ante un cuadro titulado La silla, que representaba
eso: representaba una silla colocada en un jardín, y sobre
esa silla había un búcaro con flores. Pero la interpretación
de todo aquello , que al parecer podría ser una naturaleza
muerta, más o menos trivial, era de una novedad tan grande,
de una fuerza plástica tan extraordinaria, que en el acto,
al igual que Pierre Loeb, me di cuenta que estaba naciendo algo
nuevo en la pintura de Lam. Lam estaba realizando, poco a poco,
una especie de simbiosis; estaba hallando en los elementos de la
flora tropical, de la flora de Cuba, una serie de factores plásticos,
que iban a transformarse en las figuras imaginarias de sus lienzos».
La cultura
en Cuba y en el Mundo, Editorial Letras
Cubanas, 2003 |
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Carpentier
crítico de música
«[…]El ritmo de habanera, inconfundible, es del cual ciertos
derivados han venido a cobrar categoría propia, como el famoso
“cinquillo”, pero, en realidad el famoso cinquillo cubano
y algunos ritmos que aparecen en el danzón y algunos ritmos
que aparecen en la guaracha, no son sino alteraciones del ritmo fundamental,
de la célula ritmática, que es lo que llamamos en todas
partes y hemos llamado siempre, el ritmo de habanera».
La cultura en Cuba
y en el mundo,
Editorial Letras Cubanas, 2003
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Sobre
Amadeo Roldán
«Su obra entraña una aportación de tipo técnico
que no debe olvidarse: en ella aparecen notados, por primera vez
con exactitud, los ritmos de los instrumentos típicos de
Cuba, con todas sus posibilidades técnicas, y los efectos
sonoros obtenibles por percusión, roce, sacudida, glissandi
de dedos sobre los parches, etcétera. La gráfica de
Roldán, en este terreno, constituye un verdadero método,
que han seguido compositores cubanos y extranjeros».
La música
en Cuba,
Editorial Letras Cubanas, 2004 |
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Sobre
Alejandro García Catarla
«[…] Y es que en Caturla no obraba tan solo un sorprendente
poder de asimilación del ambiente, sino también una
instintiva propensión a recrear el timbre de los instrumentos
típicos , aun dentro del marco de la orquesta normal. […].
Bastaba que utilizara un clarinete, para que ese clarinete se hiciera
agreste, ácido como hecho de madera mal barnizada de los
músicos callejeros.
»Caturla dejó una obra considerable, sometida íntegramente
a un mismo orden de preocupaciones: hallar una síntesis de
todos los géneros musicales de la isla, dentro de una expresión
propia».
La música
en Cuba,
Editorial Letras Cubanas, 2004 |
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Carpentier
y la radio
«[…] urge crear un Arte radiofónico,
una preceptiva del radio, del mismo modo que existe un Arte poético
y una preceptiva literaria. Las posibilidades del radio son ilimitadas.
Mil géneros inéditos pueden nacer a su amparo. Basta
enfocarlo con un poco de imaginación y de iniciativa».
Carteles,
La Habana, 17 de diciembre de 1933
«Si poco escribí entre la publicación
de mi primera novela en 1933, esto se debió , simple y sencillamente,
al hecho de que, para ganarme la vida, tenía que pasarme
10 u 11 horas diarias en un estudio de grabaciones de discos, donde
los horarios de trabajo no tenían límites. Además,
en aquellos años yo creía en la radio como arte nuevo
y no me disgustaba la idea de trabajar con Louis Barrault, con Antonin
Artaud, etc.».
El Nacional,
Caracas, 23 de noviembre de 1952
«[…] Yo dejé la
radio hacia el año 1950 y confieso que tuve que imponerme
una verdadera “cura de desintoxicación “ para
curarme de facilidades inadmisibles y regresar a una prosa de otra
índole…».
Bohemia,
La Habana, 27 de diciembre de 1974
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