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Ejercicio 37

Jesús David Curbelo, 30 de octubre de 2019

El peor de la manada (III)

El viaje de Du Bellay a Roma constituyó un fracaso, al menos en el orden de sus ambiciones materiales. El poeta había estimado que su estancia en la corte romana le abriría una brillante carrera diplomática. No fue así. Aunque el cardenal vivía a todo tren en un magnífico palacio colmado de pajes, lacayos, cocineros, secretarios y gentileshombres —o precisamente por ello—, la misión de Du Bellay consistía en administrar aquel barullo. Resultó investido con el cargo de intendente, es decir, el que proveía la despensa y negociaba con los banqueros, mientras su benefactor se dedicaba a los asuntos de alta política. Enseguida, por si no bastara, cayó presa del «mal del país», la nostalgia por volver a Francia una vez comprobada la banalidad de su estancia en la capital italiana. Pero no podía ser. Era imprescindible su presencia allí como hombre de confianza del cardenal. Esto lo atormentó todavía más, y la idea del retorno se trocó en una verdadera obsesión. Por demás, la vida en Roma, en el Vaticano, se le convirtió en un calvario: no soportaba el espectáculo de los «verdaderos romanos», siempre en pugna por obtener favores, prebendas, y otra sarta de flaquezas humanas ajenas al espíritu del poeta. Se le hicieron intolerables la hipocresía, la ambición, las depravadas costumbres de quienes le rodeaban.

De estas amarguras surgió su principal colección de poemas: Lamentaciones (1558), compilación de 191 sonetos comenzados en Italia a partir de 1555, y concluidos en Francia, después de 1557, año en que, por fin, alcanzó a regresar a la presunta calma de su Anjeo natal. En ellos Du Bellay renuncia a la gran inspiración filosófica cara a Ronsard, a la imitación de los griegos, de Horacio y de Petrarca, y sigue una ruta más común, pidiéndole a sus versos que le sirvan de confidentes, de consuelo para sus desdichas. Los sufrimientos de la estancia en Roma le llevan a consolidar una poesía personal. Las Lamentaciones son el diario de viaje de un alma dolida y sincera, a la vez elegíaca y satírica. Es la sinceridad de estas confidencias lo que hace de Joachim du Bellay el más moderno de los poetas de la Pléyade.

El título indica el desencanto de toda la colección. El poeta recuerda a los exiliados que cantan sus angustias, en particular a Ovidio; pero parece absolutamente original por el hecho de ser siempre sincero. Se pueden apreciar las amargas decepciones sufridas en su misión diplomática en Roma y las padecidas luego de su regreso a Francia, angustias que le dan a sus poemas un tono exclusivo, una mezcla de ironía desengañada y de brutalidad dolorosa, en las cuales se oponen la ingenuidad de sus sueños y los rigores de la implacable realidad. Du Bellay pudo inspirarse en Burchiello, padre de la poesía burlesca, o en los sonetos de Berni, reeditados en 1555, pero él posee una inspiración satírica natural. Se venga de las decepciones del exilio —y luego de las del retorno— poniendo en tono de solfa todo cuanto tenía la vida romana de fútil y mediocre, burlándose de las costumbres y de la hipocresía de los cortesanos y los cardenales, e incluso de él mismo. Estas sátiras no carecen de variedad: ora son una serie de dardos pintorescos y coloreados, ora un aguafuerte, amargo y sarcástico, ora una ironía ligera y desenvuelta. Esa unión de la sátira y el lirismo dentro del molde del soneto constituye la gran originalidad de Du Bellay y su principal aporte a la poesía universal, pues alcanzó algo que pocos autores consiguen: poner en los metros más clásicos y aparentemente tradicionales las angustias primordiales del espíritu contemporáneo. Rompiendo con los principios de la Defensa..., no quiere ni «pulir sus rimas», ni «sus uñas roer», desea que lo escrito por él «sea una prosa en rima o una rima en prosa». Pero esta simplicidad, acorde con la sinceridad de su inspiración, es el fruto de un arte muy consciente. Du Bellay le imprime a sus sonetos una regularidad que les confiere gran perfección formal: alternancia de rimas masculinas y femeninas en los cuartetos, disposición «marótica» en los tercetos (ccd, eed). Un estudio a profundidad de estos sonetos revelará con qué perfecta maestría Du Bellay utilizó los recursos de la versificación: inversiones, cortes, traslaciones y encabalgamientos. Pero por encima de estas cualidades del oficio, es la flexibilidad evocativa y matizada de los sonidos lo que hace el valor de estos poemas: a los acordes triunfantes de las Antigüedades les sucede la música peculiar de las Lamentaciones, a veces incisiva, a menudo dolorosa y desengañada. Son el alma melancólica y el espíritu burlón de Du Bellay quienes se expresan en el misterio de estas armonías hoy todavía seductoras por esa fuerte dosis de autenticidad que trasuntan.

Luego de su regreso a Francia, el poeta obtuvo un ápice del ansiado reconocimiento que añoraba. En el año 1558 publicó las Antigüedades, las Lamentaciones, los Poemata y los Juegos rústicos. En 1559, dio a la imprenta la sátira El poeta cortesano, aparecida bajo un nombre falso, y en la cual desarrollaba, en tono burlesco, ideas opuestas a las expresadas en la Defensa.... Esta sátira es, sin embargo, una confirmación de las ideas de La Pléyade: con una absoluta firmeza de estilo y una ironía de altos quilates, Du Bellay retrata a los poetas cortesanos, dispuestos a cualquier sacrificio ético y estético con tal de obtener el favor real, sin parar mientes en las que, para él, seguían siendo —a pesar de sus continuas apostasías— las armas esenciales del poeta: el estudio, el conocimiento de los clásicos y un siempre laborioso oficio poético. No vacila en afirmar en estos versos su falta de habilidad para la adulación y el arte por encargo y nos deja una nueva constancia de su posición de perenne inquietud renovadora y heterodoxa. No obstante, para no dejar de mantenerse en ese raro movimiento intelectual, escribe, a la muerte de Enrique II, su Amplio discurso al Rey..., un documento destinado a atraer la atención del joven monarca Francisco II, y que le granjeara la inscripción en la lista de los poetas que debían ser pensionados por la realeza.

Lamentablemente para él, no pudo gozar de estos beneficios. Desde su llegada a Francia se había visto inmerso en constantes escaramuzas legales contra sus parientes para reconquistar sus propiedades. Escaso de amigos y de protectores, sobre todo en virtud de los agudos dardos de las Lamentaciones y El poeta cortesano, ya no contaba con el favor del cardenal Jean du Bellay, y fueron inútiles todos sus intentos por ganar el litigio. Hubo de vivir, cada vez más aquejado por la sordera (hasta el punto de que solo podía comunicarse por escrito), al amparo de Morel, devenido una especie de mecenas del autor en desgracia. En compañía de este, abatido por el desaliento y las molestias de sus «enojos domésticos» y también de los públicos, murió de apoplejía el primero de enero del año 1560, apenas cumplidos los treinta y siete años.

Después, como afirmé al inicio de este comentario, su obra poética fue quedando relegada a dos o tres poemas, acompañados de una breve nota, en las más severas antologías de la poesía francesa. Su nombre, muchas veces, ha sido vinculado solamente al tratado Defensa e ilustración de la lengua francesa, y eso haciendo notar que, en la génesis del mismo, gravitaban también numerosas ideas de Pierre Ronsard. No pretendo en absoluto emprender aquí una comparación entre ambos autores, ni desdorar en modo alguno la monumental faena literaria del creador de los Amores. Simplemente, mostrar a los lectores cubanos una breve selección de los textos más felices de Joachim du Bellay, con la esperanza de que sean leídos con similar fervor al que puse en el empeño de trasladar al español sus casi siempre difíciles (por las características estilísticas antes explicadas) y exquisitos versos.

Ojalá el esfuerzo no sea gratuito. Sobre todo por la enseñanza que encierra la observación acuciosa de cómo crece y se desarrolla el pensamiento poético de este autor. Evolución parangonable en muchos aspectos a la de Dante Alighieri, si nos fijamos en su sentido de la responsabilidad para con el idioma materno; en su visión desacralizadora del poder en cualesquiera de sus variantes; en su preclara noción de que un poeta de raza será, de manera inexcusable, un exiliado donde quiera que esté; y en su temprana comprensión de que la trascendencia no residirá jamás en mantenerse como corifeo en el canto coral de la manada que entona ditirambos a sus benefactores, sino en la peligrosa aventura de entenderse diferente y arrostrar las consecuencias sin vacilar, fiel hasta la muerte a un único compromiso: el de servir auténticamente al llamado de la poesía.

Lamentaciones
(1558)

Yo no quiero excavar de natura en el seno,
yo no quiero encontrar el alma universal,
yo no quiero sondear los abismos ocultos
ni designar del cielo la bella arquitectura.

Yo no pinto mis cuadros con pintura tan rica,
ni investigo en mis versos argumentos tan altos:
sino que persiguiendo diversos accidentes,
sea del bien, sea del mal, escribo a la aventura.

Yo me quejo en mis versos, si tengo algún pesar,
yo me río con ellos, les cuento mi secreto,
pues de mi corazón son secretarios fieles.

Tampoco quiero mucho juntarlos y fruncirlos,
ni quiero disfrazarlos tras de mejores nombres
que el de papeles diarios, o bien de comentarios.


Je ne veux point fouiller au sein de la nature,
Je ne veux point chercher l’esprit de l’univers,
Je ne veux point sonder les abîmes couverts
Ni desseigner du ciel la belle architecture.

Je ne peins mes tableaux de si riche peinture,
Et si hauts arguments ne recherche à mes vers :
Mais suivant de ce lieu les accidentes divers,
Soit de bien, soit de mal, j’écris à l’aventure.

Je me plains à mes vers, si j’ai quelque regret,
Je me ris avec eux, je leur dis mon secret,
Comme étant de mon cœur les plus sûrs secrétaires.

Aussi ne veux-je tant les pigner et friser,
Et de plus braves noms ne les veux déguiser,
Que de papiers journaux, ou bien de commentaires.


¿Dónde está ahora aquel desprecio de La Suerte?
¿Dónde aquel corazón invicto en la desdicha,
aquel honesto anhelo de la inmortalidad,
y aquella honesta llama del hombre no común?

¿Dónde esos dulces goces que, bajo noche parda,
las Musas me donaran cuando yo en libertad,
sobre el verde tapiz de un río solitario,
las guiaba a danzar entre rayos de luna?1

Ahora la Fortuna es la dueña de mí,
y el corazón, que antaño era su propio amo,
es siervo de mil males y pesares que afligen.

De la posteridad no tengo más cuidado,
aquel divino ardor no lo poseo tampoco,
y las Musas de mí, como extranjeras, huyen.

Las! Où est maintenant ce mépris de Fortune?
Où est ce cœur vainqueur de toute adversité,
Cet honnête désir de l’immortalité,
Et cette honnête flamme au peuple non commune?

Où sont ces doux plaisirs qu’au soir, sous la nuit brune,
Les Muses me donnaient, alors qu’en liberté,
Dessus le vert tapis d’un rivage écarté,
Je les menais danser aux rayons de la lune?

Maintenant la Fortune est maîtresse de moi,
Et mon cœur, qui soulait être maître de soi,
Est serf de mille maux et regrets qui m’ennuient.

De la postérité je n’ai plus de souci,
Cette divine ardeur, je ne l’ai plus aussi,
Et les Muses de moi, comme étranges, s’enfuient.


Francia, madre del arte, las armas y las leyes,
tú me has alimentado del jugo de tu ubre:
ahora, como un cordero que a su nodriza llama,
colmo yo de tu nombre las cuevas y los bosques.

Si me has reconocido alguna vez por hijo,
¿por qué no me respondes ahora, inexorable?
Francia, Francia, contesta a mi triste lamento.
Mas nadie, sino Eco2,  a mi voz le replica.

Entre los lobos crueles vago por la llanura;
y padezco el invierno, cuyo gélido aliento
de un horror tembloroso hace erizar mi piel.

Ay, tus otros corderos no carecen de pasto,
ni le temen al lobo, al viento, a la frialdad:
mas no soy yo, no obstante, el peor de la manada.


France, mère des arts, des armes et des lois,
Tu m’as nourri longtemps du lait de ta mamelle:
Ores, comme un agneau qui sa nourrice appelle,
Je remplis de ton nom les antres et les bois.

Si tu m’as pour enfant avoué quelquefois,
Que ne me réponds—tu maintenant, ô cruelle?
France, France, réponds à ma triste querelle.
Mais nul, sinon Écho, ne répond à ma voix.

Entre les loups cruels j’erre parmi la plaine;
Je sens venir l’hiver, de qui la froide haleine
D’une tremblante horreur fait hérisser ma peau.

Las! Tes autres agneaux n’ont faute de pâture,
Ils ne craignent le loup, le vent, ni la froidure:
Si ne suis-je pourtant le pire du troupeau.


Mientras que Magny3  sigue a su gran Avanson,
Panjas4  a su prelado, yo al mío todavía,
y la esperanza irreal devora nuestros años
y nos ceba el deseo con un goloso anzuelo,

tú a los reyes cortejas y, con un feliz trino
por la dicha de Enrique5,  que su siglo engalana,
a ti mismo te honras, y honras a aquel que honra
el honor que le haces con tu docta canción.

Y nosotros, en tanto, nuestra edad consumimos
sobre la orilla ignota de un extranjero río,
donde nos hace el hado tristes versos cantar,

como se observa a veces, si la muerte los llama,6
juntando flanco a flanco entre la hierba nueva,
muy lejos del estanque lamentarse a tres cisnes.7


Cependant que Magny suit son grand Avanson,
Panjas son cardinal, et moi le mien encore,
Et que l’espoir flatteur, qui nos beaux ans dévore,
Appâte nos désirs d’un friand hameçon,

Tu courtises les rois, et, d’un plus heureux son
Chantant l’heur de Henri, qui son siècle décore,
Tu t’honores toi—même, et celui qui honore
L’honneur que tu lui fais par ta docte chanson.

Las! et nous cependant nous consumons notre âge
Sur le bord inconnu d’un étrange rivage,
Où le malheur nous fait ces tristes vers chanter,

Comme on voit quelquefois, quand la mort les appelle,
Arrangés flanc à flanc parmi l’herbe nouvelle,
Bien loin sur un étang trois cygnes lamenter.


Feliz quien, como Ulises, ha hecho un viaje heroico,
o como el otro aquel que conquistó el vellón,8
y retornó, colmado de experiencia y de juicio,
a vivir con los suyos el resto de su vida.

¿Cuándo veré de nuevo, de mi pequeño pueblo
humear la chimenea, y en qué ansiada estación
contemplaré el jardín de mi pobre morada
que me es igual a un reino, y mucho más aun?

Más me place la estancia que hicieron mis abuelos
que el atrevido frente de una mansión romana;
y la pizarra fina me agrada más que el mármol,9

como mi Loira galo más que el latino Tíber,
o más mi Liré10  chica que el monte Palatino,
y el sosiego angevino más que el aire del mar.

Heureux qui, comme Ulysse, a fait un beau voyage,
Ou comme cestui-là qui conquit la toison,
Et puis est retourné, plein d’usage et raison,
Vivre entre ses parents le reste de son âge!

Quand reverrai-je, hélas! de mon petit village
Fumer la cheminée, et en quelle saison
Reverrai-je le clos de ma pauvre maison,
Qui m’est une province, et beaucoup davantage?

Plus me plaît le séjour qu’ont bâti mes aïeux
Que des palais romains le front audacieux;
Plus que le marbre dur me plaît l’ardoise fine,

Plus mon Loire gaulois que le Tibre latin,
Plus mon petit Liré que le mont Palatin,
Et plus que l’air marin la douceur angevine.


“Yo me haré un erudito en la filosofía
como en las matemáticas, también en medicina;
me volveré legista y, con sumo cuidado,
de la teología aprenderé el secreto;

del laúd y el pincel se gozará mi vida,
de la esgrima y del baile”. Así yo peroraba
y me vanagloriaba de aprender todo esto
cuando a Francia cambié por la estancia en Italia.

¡Ah, discursos humanos! He venido tan lejos
para hincharme de tedio, de vejez, de inquietud,
y perder entre viajes lo mejor de mi edad.

Así el marino a veces, por única fortuna,
trae arenques en vez de lingotes de oro,
habiendo hecho, cual yo, un desdichado viaje.

«Je me ferai savant en la philosophie,
En la mathématique et médicine aussi;
Je me ferai légiste, et, d’un plus haut souci,
Apprendrai les secrets de la théologie;

Du luth et du pinceau j’ébatterai ma vie,
De l’escrime et du bal». Je discourais ainsi
Et me vantais en moi d’apprendre tout ceci,
Quand je changeai la France au séjour d’Italie.

O beaux discours humains! Je suis venus si loin
Pour m’enrichir d’ennui, de vieillesse et de soin,
Et perdre en voyageant le meilleur de mon âge.

Ainsi le marinier souvent, pour tout trésor,
Rapporte des harengs en lieu de lingots d’or,
Ayant fait comme moi un malheureux voyage.


Tú no me ves jamás, buen Pedro, como dices
que estudie demasiado, o que yo haga el amor,
y que de tener siempre alrededor los libros
tenga ojos deslumbrados y la cabeza torpe.

Pero tú no lo entiendes, porque esta enfermedad
no viene de leer mucho o de una larga siesta,
sino del escritorio que me persigue a diario:11
este, mi amigo Pedro, es el libro en que estudio.

No me hables más, entonces, de tanto que has querido
provocarme placer y evitar fastidiarme:
es preferible que, mientras con mano hábil

tú me lavas la barba y me cortas el pelo,
con tal de distraerme, me cuentes si lo quieres,
las noticias del Papa, y el rumor de la villa.12


Tu ne me vois jamais, Pierre, que tu ne die
Que j’étudie trop, que je fasse l’amour,
Et que d’avoir toujours ces livres à l’entour
Rend les yeux éblouis, et la tête alourdie.

Mais tu ne l’entends pas, car cette maladie
Ne me vient du trop lire ou du trop long séjour,
Ains de voir le bureau qui se tient chaque jour :
C’est, Pierre mon amie, le livre où j’étudie.

Ne m’en parle donc plus, autant que tu as cher
De me donner plaisir et de ne me fâcher :
Mais bien en cependant que d’une main habile

Tu me laves la barbe et me tonds les cheveux,
Pour me désennuyer, conte-moi si tu veux,
Des nouvelles du Pape, et du bruit de la ville.


Marchar con grave paso y con el ceño grave,
y con grave sonrisa a todos hacer fiestas,
sopesar las palabras, responder cabeceando
con un “No, Señoría” o con un “Sí, Señor”;

entremezclar a veces un pequeño “Es así”,
con un «Su Servidor»  parodiar al honesto;
y, cual si uno tuviera su parte en la conquista,14
charlar sobre Florencia y también sobre Nápoles;

enseñorear a todos besándoles la mano
y, siguiendo la usanza del cortesano en Roma,
encubrir la pobreza tras elegante aspecto:

he allí la más grandiosa virtud de dicha corte,
de donde mal montado, enfermo y mal vestido,
sin barba y sin dinero, se vuelve a Francia a veces.

Marcher d’un grave pas et d’un grave sourci,
Et d’un grave souris à chacun faire fête,
Balancer tous ses mots, répondre de la tête,
Avec un Messer non ou bien un Messer si;

Entremêler souvent un petit È cosi,
Et d’un son Servitor contrefaire l’honnête;
Et, comme si l’on eût sa part en la conquête,
Discourir sur Florence, et sur Naples aussi;

Seigneuriser chacun d’un baisement de main,
Et, suivant la façon du courtisan romain,
Cacher sa pauvreté d’une brave apparence:

Voilà de cette cour la plus grande vertu,
Dont souvent, mal monté, mal sain et mal vêtu,
Sans barbe et sans argent, on s’en retourne en France.


Cuando veo esos señores, cuyo imperio
se aprecia aquí y ahora al comandar su clase,
bajo un frente atrevido marchar flanco con flanco,
me parece estar viendo a unos seres divinos.

Les veo palidecer, cuando Su Santidad
escupe en un barreño y, con el rostro blanco,
astutamente espiar si hay puntillos de sangre,
para entre sonrisitas fingir luego firmeza,

¡Oh, cuánto», digo entonces, «la grandeza que veo
es miserable precio al tamaño de un rey!15
¡Infeliz quien tan caro comprase tal honor!

Realmente el mortal hierro y también el peñasco16
penden bien sobre el jefe de los tales señores,
pues de una vieja red depende su ventura».

Quand je vois ces Messieurs, desquels l’autorité
Se voit ores ici commander en son rang,
D’un front audacieux cheminer flanc à flanc,
Il me semble de voir quelque divinité.

Mais les voyant pâlir, lorsque Sa Sainteté
Crache dans un bassin, et, d’un visage blanc,
Cautement épier s’il y a point de sang,
Puis d’un petit souris feindre une sûreté,

O combien, dis-je alors, la grandeur que je vois
Est misérable au prix de la grandeur d’un Roi!
Malheureux qui si cher achète tel honneur!

Vraiment le fer meurtrier et le rocher aussi
Pendent bien sur le chef de ces seigneurs ici,
Puisque d’un vieil filet dépend tout leur bonheur».


Yo pensaba también lo que pensaba Ulises,
que nada era más dulce que ver de nuevo un día
humear su chimenea, y tras de larga estancia
reencontrarse en el seno de su tierra nodriza.

Me alegraba de haber escapado del vicio,
de las Circes de Italia, las amantes Sirenas,17
y de haberme traído a Francia en mi retorno
el honor que se adquiere con un servicio fiel.

Mas luego del fastidio de tan larga estadía,
mil recelos mordientes encuentro en mi morada,
que el corazón me roen sin ilusión de alivio.

Adiós pues, buen Dorat18,  soy todavía romano,
si el arco que las Musas en la mano te admiran
aquí no me lo prestas para hacer mi venganza.19

Et je pensais aussi ce que pensait Ulysse,
Qu’il n’était rien plus doux que voir encore un jour
Fumer sa cheminée, et après long séjour
Se retrouver au sein de sa terre nourrice.

Je me réjouissais d’être échappé au vice,
Aux Circés d’Italie, aux Sirènes d’amour
Et d’avoir rapporté en France à mon retour
L’honneur que l’on s’acquiert d’un fidèle service.

Las! mais après l’ennui de si longue saison,
Mille soucis mordants je trouve en ma maison,
Qui me rongent le cœur sans espoir d’allégeance.

Adieu donques, Dorat, je suis encor Romain,
Si l’arc que les neuf Sœurs te mirent en la main
Tu ne me prête ici, pour faire ma vengeance.


Señor, yo no sabría mirar con buena vista20
a esos micos de corte que hacer no saben nada,
como no sea en su andar imitar a los príncipes,
y vestirse, cual ellos, con pomposo aparato.

Si su amo se burla, ellos le hacen pareja;
si miente, no son ellos quienes dirán lo opuesto:
habrán visto primero, con tal de complacerle,
la luna al mediodía y a medianoche el sol.

Si alguien delante de ellos recibe buena cara
allá van a halagarlo, aunque de rabia estallen;
si la recibe mala, el dedo le hacen ver.

Pero lo que, en su contra, más me despecha a veces
es cuando ante el monarca, con una faz hipócrita,
agarran a reírse y no saben por qué.

Seigneur, je ne saurais regarder d’un bon œil
Ces vieux Singes de Cour, qui ne savent rien faire,
Sinon en leur marcher les Princes contrefaire,
Et se vêtir, comme eux, d’un pompeux appareil.

Si leur maître se moque, ils feront le pareil;
S’il ment, ce ne sont eux qui diront du contraire:
Plutôt auront—ils vu, afin que lui complaire,
La lune en plein midi, à minuit le soleil.

Si quelqu’un devant eux reçoit un bon visage,
Ils le vont caresser, bien qu’ils crèvent de rage;
S’il le reçoit mauvais, ils le montrent au doigt.

Mais ce qui plus contre eux quelquefois me dépite,
C’est quand devant le Roi, d’un visage hypocrite,
Ils se prennent à rire, et ne savent pourquoi.


Yo amo la libertad, y me pudro en servicios,
no amo nada la Corte, y debo cortejar,
yo no amo el disimulo, y debo disfrazarme,
amo la sencillez, y aprendo la malicia.

Yo no adoro los bienes, y sirvo a la avaricia,
yo no amo los honores, y los debo tomar,
quiero cuidar mi fe, y la debo romper,
yo busco la virtud, y no hallo más que vicio.

Yo procuro el reposo, y encontrarlo no puedo,
yo me abrazo al placer, y soporto el fastidio,
yo no amo el perorar, en la razón me apoyo,

tengo el cuerpo enfermizo, y a viajar se me obliga,
nací para las Musas, se me hace administrar,
¿no soy yo, pues, Morel21,  el más pobre del mundo?

J’aime la liberté, et languis en service,
Je n’aime point le Cour, et me fait courtiser,
Je n’aime la feintise, et me faut déguiser,
J’aime simplicité, et n’apprends que malice.

Je n’adore les biens, et sers à l’avarice,
Je n’aime les honneurs, et me les faut priser,
Je veux garder ma foi, et me la faut briser,
Je cherche la vertu, et ne trouve que vice.

Je cherche le repos, et trouver ne le puis,
J’embrasse le plaisir, et n’éprouve qu’ennuis,
Je n’aime à discourir, en raison je me fonde,

J’ai le corps maladif, et me faut voyager,
Je suis né pour la Muse, on me fait ménager,
Ne suis-je pas (Morel) le plus chétif du monde ?


El poeta cortesano (fragmentos)
(1559) 

Notas:

1. Evocación inspirada en Horacio: Jam Cytherea choros ducit Venus imminente luna (Odas, I, 4): Ya de Citerea las danzas Venus guía bajo la luna (Versión mía).
2. La ninfa Eco.
3. Poeta, secretario del cardenal de Avanson, diplomático francés de la época.
4. También poeta, secretario de otro cardenal.
5. Enrique II de Francia.
6. Una antigua leyenda contaba que el canto de los cisnes era más melódico en el momento de la muerte.
7. Verso que recuerda a Virgilio: Dant sonitum rauci per stagna loquacia cycni (Eneida, XI, 456-458): Cantan los cisnes con ronco sonido por los estanques locuaces (Versión mía).
8. Referencia a Jasón, quien luego de conquistar el Vellocino de Oro, retornó a Grecia en otro viaje lleno de peligros.
9. Las casas de Anjeo (antigua provincia francesa cuya capital fue Angers) eran famosas por el empleo de la pizarra en su construcción.
10. Pequeña ciudad de la provincia de Anjeo donde nació Du Bellay.
11.Clara alusión a sus funciones como administrador del palacio del cardenal Du Bellay.
12.Puede percibirse, quizá, cierta similitud entre este poema y el conocido texto de José Martí que comienza: Dicen, buen Pedro, que de mí murmuras.... Aunque es evidente la intención ética y política mucho más elevada del poeta cubano, no es desdeñable la idea de que el Apóstol conociera y versionara —superándolo— el soneto del francés.
13. Todos los textos en cursiva están en italiano en el original.
14. Se refiere a la conquista de Italia por los reyes de Francia.
15. Los reyes heredan su trono y no pasan, según Du Bellay, por las penurias de este tipo de elección.
16.  Alusión a la espada de Damocles y el peñasco de Tántalo.
17. Tanto Circe como las Sirenas son indicaciones que remiten a las aventuras de Ulises.
18. Jean Dorat, importante helenista de la época, figura principal del Colegio de Coqueret, adonde estudiasen el arte de la poesía Ronsard, Du Bellay y otros importantes autores de la Pléyade.
19. Se refiere al arco de la sátira para castigar a sus enemigos, a semejanza de Ulises, que aniquilara con un arco a los pretendientes de Penélope que asolaban su morada.
20. Es bien acogido por el rey.
21. Este es un personaje que se convirtió, hacia el final de la vida del poeta, en su mejor amigo y principal protector. Lamentablemente, no he podido obtener referencias históricas más concretas sobre él.
22. Parnaso, montaña en Grecia central. En la mitología griega el Parnaso estaba consagrado al dios Apolo, cuyo oráculo se situaba en la base de la montaña, en Delfos. También se creía que era el lugar predilecto de las musas y centro de inspiración musical y poética. El Parnaso era, además, el lugar de adoración de los dioses Pan y Dioniso.
23. Alusión a Pegaso, en la mitología griega, caballo alado, hijo de Poseidón, dios del mar, y de la gorgona Medusa. Pegaso nació del cuello de Medusa después de ser vencida y muerta por el héroe Perseo. Poco después de su nacimiento, el mágico corcel golpeó con una coz el suelo del monte Helicón y en el acto comenzó a fluir un manantial, después consagrado a las Musas y que, según se cree, es la fuente de la inspiración poética.
24. Este verso encierra una clara referencia a las Odas de Pierre Ronsard, inspiradas de manera confesa en estos dos poetas clásicos de la antigüedad greco-latina; aunque atendiendo al tono satírico del texto, no creo que encierre del todo un matiz peyorativo.
25. Aquí Du Bellay insiste en sus viejas rencillas con la poesía de Marot, y satiriza el conocido verso: La Cour du Roi, mâitresse d’ecole (La corte del rey, maestra de escuela), que aparece en el poema «Au Dauphin, de Ferrare».

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