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Nota lírica sobre canciones populares: dos coincidencias curiosas

Virgilio López Lemus, 19 de febrero de 2018

La correspondencia entre la poesía de las emociones y el cancionero de boleros y trovas populares llega a ser curiosa, nadie podría sospechar que el célebre compositor cubano Sindo Garay (1867-1968), en su famosa canción "La tarde", haya copiado al poco conocido poeta y dramaturgo español Adelardo López de Ayala (1828-1879), quien dejó escrita esta redondilla, que Antonio Machado reprodujo en su libro Los complementarios:


El sol en sus ojos arde:
cuando los abre amanece;
cuando los cierra parece
que va cayendo la tarde.


El gran Sindo solo cambió "el sol" por "la luz", y el posesivo "sus" por "tus", canjeando a la vez los verbos hacia la segunda persona del singular. Este procedimiento de "captura" de letras fue habitual entre compositores cubanos, sin que se les acusara nunca de plagio, y, que yo sepa, nunca se reveló la verdadera fuente de "La tarde".

El habitual procedimiento del cancionero popular cubano está lleno de contactos mucho más evidentes, con música de los compositores, pero letras tomadas en mutuo acuerdo con poetas o tomadas para impulsar canciones. Así, podemos encontrar poemas musicalizados, luego muy populares, que son obras de José Martí, Nicolás Guillén, Agustín Acosta ("La cleptómana"), de Gustavo Sánchez Galarraga (uno de los más habituales en estas lides), de José Ángel Buesa, o tomados de la poesía de la lengua española, como de Gabriela Mistral, Amado Nervo, entre muchísimos otros. Es famosa la mexicana Rosario Sansori quien escribió su poema "Cuando tú te hayas ido", musicalizado como "Sombras".

Hay mucho al respecto y merecería un estudio especial, un ensayo en que se vea cómo la llamada "poesía culta" o de autor reconocido ha aportado letras bellísimas a la cancionística cubana, desde los tiempo de "La bayamesa", de José Fornaris y música de Francisco Castillo Moreno y Carlos Manuel de Céspedes, Padre de la Patria. Son poemas, más allá de textos de letristas y compositores que han pasado a la popularidad con el empleo de tales textos ya incorporados al cancionero popular cubano; por ejemplo, solo el gran compositor Eusebio Delfín usó poemas del ya mencionado Sánchez Galarraga, de Silverio Díaz de la Rionda, de Mariano Albadalejo y hasta del poeta argentino Leopoldo Lugones. Eliseo Grenet ("Chivo que rompe tambó") creó toda una suite de canciones con letras de Motivos de son y de Sóngoro cosongo, de Guillén, y no podemos olvidar que textos escritos por el gran Alejo Carpentier fueron musicalizados en Cuba y Francia para ser cantados por tenores y sopranos. Buena parte de la llamada poesía afrocubana ofreció letras para numerosas canciones de diversos géneros musicales. Incluso la canción guajira ha empleado poemas completos o fragmentos de poemas, como la famoso "Guajira guantanamera", de Joseíto Fernández, popularizada con algunos Versos sencillos de José Martí.

Existe otra rara coincidencia, quizás de puro azar, entre unos versos de una décima de fray José Rodríguez Ucres, autor de la segunda mitad del siglo XVIII, sacerdote encabalgado entre La Habana y Veracruz, más conocido como padre Capacho, quien escribió esta bella quintilla:

Dile que por ella muero
pero no, no se lo digas:
dile que su amor espero:
pero no, que la fatigas,
en fin, dile que la quiero.

La conocida canción "Pensamiento", de Rafael Gómez Mayea (Teofilito) se toca con tales versos, repitiendo textualmente algunos:

Pensamiento, dile a Fragancia
que yo la quiero,
que no la puedo olvidar,
dile que por ella muero,
anda, dile así,
dile que pienso en ella
aunque no piense en mí.

La presencia de versos en común, atrae esa familiaridad entre las dos letras. Mis apuntes se quedan solo en estos contactos. Es necesario un ensayo a fondo que saque a la luz el complejo mundo interrelacionado entre poetas y compositores, literatura y cancionística, porque muchas veces cantamos, sin darnos cuenta, poemas de autores más o menos reconocidos. Por supuesto que en las obras de nuestros más reputados compositores de la llamada "música culta", como Sánchez de Fuentes, Ernesto Lecuona, Amadeo Roldán, Alejandro García Caturla o Harold Gramatges, existen piezas para canto lírico tomadas de poemas de poetas célebres. Ese ensayo necesario no existe, merece una indagación de fondo para ofrecer un resultado que ponga al día la intensa relación entre poesía y música de canciones y trovas para ser cantadas. Saltaríamos en el asiento por las sorpresas que se revelarían.
 

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