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Mariano Shifman: cuestión de sonetos

Ricardo Riverón Rojas, 12 de noviembre de 2018

Entre los días 18 y 20 de octubre pasados, paralelo a la feria del libro, se celebró en Mendoza, Argentina, el festival de poesía. Por Cuba asistimos el poeta Alberto Marrero y yo. Leímos en la noche del 19. Además del recital debimos responder preguntas de los asistentes, y del organizador del festival, Fernando G. Toledo. Tenían interés por conocer algo sobre las poéticas en boga en nuestro país.

Una de las interrogantes me llegó de un acérrimo cultivador del soneto, alguien que luego supe se nombra Mariano Shifman, nacido en 1969 en Lomas de Zamora, provincia de Buenos Aires. Sorprendido por un soneto que leí, indagó sobre la prevalencia de esta composición en la dinámica literaria cubana y del resto de Centroamérica, pues en su país –me dijo– escribir poemas valiéndose de las estrofas tradicionales constituye, cuando menos, un pecado de lesa poesía.

El último día del festival el poeta me obsequió su libro Cuestión de tiempo, compuesto de cabo a rabo por sonetos endecasílabos. Su lectura me hizo meditar nuevamente sobre la validez de acogerse a las estrofas tradicionales para hilvanar discursos donde el espíritu contemporáneo no se desdibuje. El estéril diferendo demodé, aunque superado, también tuvo su momento en nuestro país, cuando los aguerridos antipoetas, monopolizando el espíritu vanguardista, devaluaron a trocha y mocha todo lo que apartara a la poesía del coloquio con un interlocutor al alcance de la mano.

Aquellos coterráneos míos, defensores a ultranza del verso libre, terminaron por asimilar, desde los años ochenta del pasado siglo, que se puede escribir con formas cerradas sin rendirle las armas a la afectación retórica. Comprendieron que eludir, además de determinados modos de adjetivar, cierta reiterada preferencia por el hipérbaton y la grandilocuencia simbólica resulta un buen algoritmo para hilvanar un sistema tropológico a tono con los códigos modernos, entre los cuales lo coloquial es solo un recurso más. La ampliación del horizonte preceptivo le permitió a la poesía rimada rasgar la pátina temporal que conminaba a creadores y críticos a disponer, con astigmática receptividad, que el soneto (endecasílabo o alejandrino) yacía anclado en las estéticas del romanticismo, el neoclasicismo y el modernismo.

El desenfado, la audacia tropológica, y hasta la irreverencia podemos hallarlos, tanto en la poesía medida y rimada como en el verso que solo se apoya en el ritmo interior y prescinde de tales herramientas. Equivocados están quienes ignoran tanto verso escrito con luces tradicionales, más aún cuando se distancian de los tópicos metafóricos convencionales y dotan al tropo de irracionalidad y connotaciones inusitadas, en el sentido con que Carlos Barral definiera lo visionario en su Teoría de la expresión poética.

Deleitémonos con "El remordimiento" de Jorge Luis Borges y pensemos si dicho soneto no comunica, con códigos actuales, la hondura y angustia que operan en el devenir humano de cualquier época. Nada lo separa de las más atrevidas composiciones de la vanguardia. El encabalgamiento abrupto discute gruesa y genialmente con la placidez del verso clásico.

He cometido el peor de los pecados
Que un hombre puede cometer.  No he sido
Feliz. Que los glaciares del olvido
Me arrastren y me pierdan, despiadados.
Mis padres me engendraron para el juego
arriesgado y hermoso de la vida,
Para la tierra, el aire, el agua, el fuego.
Los defraudé. No fui feliz. Cumplida
No fue su joven voluntad. Mi mente
Se aplicó a las simétricas porfías
Del arte, que entretiene naderías.
Me legaron valor. No fui valiente.
No me abandona. Siempre está a mi lado
La sombra de haber sido un desdichado.
1

En "El exorcista", de Oscar Hahn, también podemos advertir la irreverencia de poeta maldito, tan valorada por los versolibristas a ultranza que reducen los paradigmas de ruptura a las vanguardias deudoras del surrealismo (antipoesía, creacionismo, dadaísmo entre otras). La estructura del soneto, en este ejemplo, se completa de modo magistral:

No estoy en paz con todos mis demonios
algunos todavía me dan guerra
oficiando aberrantes matrimonios
de ángeles del infierno y de la tierra.

Sucede que un engendro del Averno
ha ocupado mi cuerpo sin permiso
y me asegura que es un paraíso
aquello que en verdad es un infierno.

Antes de que complete su conquista
necesito esta noche un exorcismo
que expulse al ser maligno de mi vista.

No logrará arrastrarme hacia el abismo
Aunque yo soy ese demonio mismo
también soy el mismísimo exorcista.
2

La lectura de Cuestión de tiempo, de Mariano Shifman, me devolvió la certeza de que a la poesía no se le puede acuartelar, y devaluar –juicio sumario mediante– por la forma que elige para existir. La poesía como experiencia ontológica, filosófica, vivencial, se estructura, y despliega su oblicuo desfile de asociaciones desde una convocante subjetividad que dota al lenguaje de tantas pluralidades como individuos existan. Todo eso lo sabe Shifman, evidentemente, y decidió exponerlo con rotundos sonetos donde una especie de teoría combinatoria de sílabas, acentos, y pies trocaicos, dactílicos y anapésticos definen una grácil e inquietante sinfonía.

Conocedor de las variantes del endecasílabo, Mariano prefiere, por lo general la clásica, con acento en sexta y décima sílabas, pero a muchos de ellos los recorre un aire sáfico, pues marca también sílabas tónicas en cuarta y octava. Además, tal como afirma en el prólogo el también poeta Rafael Felipe Oteriño: "La constante musical del metrónomo de antiguo cuño es favorecida por encabalgamientos que abren los versos hacia dimensiones impensadas del sentir y el imaginar".3 La expansión del pensamiento a través de la prolongación del período rítmico constituye uno de los recursos más preciados para quienes votan por el presente y un futuro legítimos para una construcción de probada eficacia comunicativa y conceptual. El poeta que hoy me ocupa hace un uso consciente y profesional de esas armas.

Dividido en tres secciones, Cuestión de tiempo nos conduce, con escrupulosa limpieza lingüística, desde la crónica vivencial de "El sabor de la manzana" hasta la profundidad filosófica de "Un poco de cosmos", con una estancia intermedia titulada "Muy distintos escenarios", de discreta proyección lúdica (desdoblamientos incluidos) concebida para el homenaje. Otra de las habilidades que le celebro a Mariano Shifman es la convicción del carácter sorpresivo de la construcción tropológica, estrategia compositiva que le confiere volumen semiótico al conjunto, pues expande el signo hacia diversas apropiaciones.

Tengo la esperanza de que este activo defensor de la estrofa clásica termine por vencer el dudoso rechazo de aquellos que en su entorno ignoran que muchas de las páginas más gloriosas de la literatura de su país, y de la lengua, se han compuesto al amparo de los principios que lo guían. Quizás cuando comprendan que el verso libre muestra una data casi tan antigua como el rimado y medido, acaben aceptando, entre otros valores, la excelencia de este soneto con el que Shifman cierra su conjunto:

LA PLUMA PENSANTE

Algún verso será el definitivo,
un paso habrá de ser, sin más, postrero;
observo con los ojos del viajero
que se sabe fugaz, confín, furtivo.

Cada día que vivo, sobrevivo,
entreviendo el final de mi sendero
–sendero o turbio azar, si considero
de cuántos vientos soy rumor cautivo–.

¿Diré también que muero si no muero
o en puridad me muero si no vivo?
A cada idea la atraviesa un pero.

Entretanto, sediento de un motivo,
abierto a lo posible, a Dios espero
(¿creyéndole o creándolo?); y escribo.
4

(Santa Clara, 8 de noviembre de 2018)


Notas

1 Jorge Luis Borges: "El remordimiento", en Páginas escogidas, Editorial Casa de las Américas, La Habana, 1988, sin ISBN, pp. 79-80.
2 Oscar Hahn: "El Exorcista", de Apariciones profanas, 2002, disponible en https://www.poesi.as/oh9606.htm, fecha de consulta: 8 de noviembre de 2018.
3 Rafael Felipe Oteriño: "Ser lo que se debe ser", prólogo a Cuestión de tiempo, de Mariano Shifman, Poemanía, Buenos Aires, 2016, ISBN 978-987-9175-90-3, p. 6.
4 Mariano Shifman: Op.cit., p.86.

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