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Jesús Lara Sotelo y sus impresiones de Berlín

Marilyn Bobes, 16 de julio de 2018

Presentado en su estudio de Sevilla y en un festival en Suiza en el que Jesús Lara Sotelo representó a Cuba, país invitado de honor, el cuaderno Poemas de Berlín, publicado por la editorial española Punto Rojo, se encuentra ahora con su público natural: el cubano.

Con su lanzamiento en La Habana, precisamente en la localidad donde nació su autor, Poemas de Berlín es un libro que conmociona, porque parte de un enfrentamiento entre dos culturas que Lara ha sabido convertir en las impresiones de un viaje peculiar y muy cubano.

No es el deslumbramiento ante el desarrollado primer mundo lo que encontraremos en estos textos cargados de una singular tropología y un poder de síntesis que permiten que hayan sido escritos en un teléfono móvil. El sujeto lírico ha dejado de reflexionar sobre una ciudad a la que se acerca con entero conocimiento y siempre desde la perspectiva de su yo en los nuevos o revisitados paisajes por los que transita como un viajero cuya pupila se instala en lo esencial.

Y es ese poder de no dejarse impresionar por lo que ve y sí discernir con entera conciencia que es un extranjero capaz de pasar un bisturí a la realidad en la que se encuentra inmerso, lo que da un atractivo particular a estos textos que, en edición bilingüe del español al alemán y traducidos por Klaus E, Lehman, lo sitúan en un lugar destacado en el actual panorama poético cubano, donde no abundan mucho las referencias a otros sitios del mundo.

Como ya dijera en el prólogo que tuve el privilegio de realizar para Poemas de Berlín “este cuaderno, al contrario de lo que pudiera pensarse, no es un libro de viajes donde el visitante del Tercer Mundo descubre asombrado ese universo desarrollado donde no hay rascacielos como en Maniatan —para decirlo con las palabras de Lara— pero sí un sentido del tiempo muy diferente que en los textos adquieren marcas notorias de ubicuidad”.

Por su parte la ensayista y académica Cira Romero ha señalado con atinado criterio que la mirada de Sotelo no recorre el Berlín laberíntico con sus calles adoquinadas, tampoco exalta la ciudad. La carga emocional de la escritura está en el proceso interior del escribiente, en su poética creativa en consonancia con el tema evocado, en un posible naufragio oculto que recorre estas páginas.

Y es quizás esta última condición, señalada por Romero, lo que otorga universalidad a unas páginas escritas con toda la irreverencia de la que ya ha dado muestras el autor en sus más de diez libros publicados y en el resto de una treintena de inéditos.

Se trata de un encuentro entre dos culturas distantes, en las que el sujeto lírico intenta hacer comprender su realidad a las mujeres que conoce en su mágico recorrido y a las cuales intenta explicar, por ejemplo, qué cosa es una guanábana.

Sin renunciar a su identidad el autor no se adscribe a corrientes como una negritud que puede resultar autodiscriminadora y castrante, sino que exhibe con naturalidad tanto sus características personales como lo que estaba escondido en el inconsciente, dando muestras de una madurez que le ha permitido conformar un sistema poético-pictórico que ha hecho catalogarlo a Cira Romero como el artista de las posibilidades.

Y muchas son las posibilidades ya concretadas de un poeta pintor o un pintor poeta que ha irrumpido con credenciales mayúsculas en el acontecer literario y visual de la Cuba de hoy.

Con este poemario, como he dicho en el prólogo, el autor da pruebas de un autoconocimiento que le permite relacionarse en el entorno para reafirmar su propia identidad, siempre con la convicción, y lo cito, de que “si el arte fuera un antídoto la subasta de las ruinas no sería vital”.

Estas ruinas están en el espacio atemporal donde el poeta se inscribe sin olvidar las urgencias de las coyunturas ni dejarse vencer por ese escepticismo que, por momentos asoma y se pierde después en una cosmovisión cuya lucidez fuera de serie deja al lector paralizado.

Poemas de Berlín, reitero, es el resultado de un largo proceso de maduración con la palabra de alguien que se ha hecho visible, muy visible, con mucho más que “un puñado de metáforas".

Con ellas tanto el lector en lengua alemana como el de lengua española descubrirán un universo novedoso, veloz como los tiempos en que vivimos y se sentirán fascinados por una aparente distopía que no es más que el intento de llegar al fondo de las cosas, es decir, mucho más allá de las apariencias con las que muchas veces nos engañamos.