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Palabras en el desierto, la obra de Basilia Papstamatíu

Marilyn Bobes, 18 de abril de 2018

La aridez de la existencia que algunas veces se extiende hacia el lenguaje y la inconformidad con lo que la vida nos ofrece, son tal vez las temáticas fundamentales de Basilia Papastamatíu, quien desde su primer libro El Pensamiento Común subvirtió la racionalidad para convertirla en un resultado del subconsciente.

Textos caracterizados por lo entrecortado y la precisión integran una obra pletórica de originalidad en un conjunto en el que asoma el estilo característico de esta autora, donde las interrogantes y las sugerencias se conjugan con el silencio expresivo dando pruebas de nuevo del oficio que nace de la intuición antes que de la intelectualización, aun cuando sus textos ofrecen dificultades a la recepción común por su alto nivel filosófico y conceptual.

A veces excesiva en la adjetivación Papastamatíu logra sin embargo una pulcritud que la coloca entre las voces más sutiles de la poesía latinoamericana, aun cuando la desilusión y la desesperanza se  han adueñado en sus últimos libros, tanto de la autora como de los sujetos de su escritura a los que se refiere siempre en la tercera persona del plural.

Si hasta Espectáculo Privado hay un tono más político que existencial, en sus libros más recientes ocurre todo lo contrario.

A mi entender no se trata del momentáneo fracaso que pueden haber sufrido los que soñaron cambiar el mundo por vías violentas sino de todos los seres: indefensos ante la realidad y tercos en sus ilusiones y deseos.

La poeta les muestra que no hay asidero posible: la cruda realidad es el mayor obstáculo a esa plenitud a la que todos aspiramos y que ni siquiera la poesía es capaz de darnos, puesto que el lenguaje también está cargado de contaminaciones y límites aun cuando los espejismos de este desierto nos hagan suponer lo contrario.

Muchos son los poemarios de esta autora que el lector no debe pasar por alto. Pero, en mi opinión hay muchos textos, entre todos, que merecerían figurar en cualquier antología bien sea de nuestro continente como universal.

Pongamos por ejemplo “Rozamientos” donde “el pensamiento gira interminablemente y la asfixia del lenguaje en su torpe andar, en su obstinada rebeldía” nos espera al final del camino.

Porque como bien dice la autora (o más bien se pregunta) somos perpetuos insomnes que no nos resignamos al silencio.

En sus cuadernos no hay siquiera la esperanza de otra vida a la que nos alientan las religiones. Nos queda solo esta, que es vana, que no ha cumplido con nuestras expectativas y que, por indeseada, produce un efecto de rechazo-aproximación a la muerte aun cuando no sea esta última una presencia recurrente todos sus libros.

La muerte es algo que está ahí, que nos espera. Pero lo más importante para la autora es la comprensión del vacío que se extiende ante nosotros. Esa es la cuestión esencial: la travesía del desierto.

Es evidente que nos encontramos ante una poesía compleja y que recurre todavía a la experimentación vanguardista, creo que de manera inconsciente, pues los poemas parecen sostenidos por un flujo de conciencia hábilmente controlado por Papastamatíu.

Según Rogelio Riverón en un prólogo que escribiera para uno de sus libros, pero que pueda aplicarse a toda la obra de Basilia “explicarse el desierto es conjurar la aridez y la fatiga. Porque el desierto encubre la vitalidad pero al mismo tiempo obliga al movimiento, hay que atravesarlo de manera perenne: está detrás y delante, es pasado y al mismo tiempo cuanto queda por andar”

En una era signada por las guerras, la destrucción del planeta, las hambrunas y el pésimo pronostico de un futuro que tal vez provoque la extinción de la especie humana, a estos textos no podría calificárseles de pesimistas aunque tal vez lo son.

Su universalidad es indudable porque el único escenario al que parece referirse la autora es nuestro planeta. El carácter ontológico de esta indagación en la conciencia no admite otro contexto y en este sentido sus poemas no pertenecen a ninguna literatura en específico: ni la cubana, ni la argentina siquiera la latinoamericana.

La originalidad de esta voz no tiene parentesco con ninguna otra que me haya sido dado a leer. Y esto otorga al libro un valor agregado que es el de su absoluta autenticidad, su compromiso con una individualidad que es paradójicamente solidaria puesto que no se complace en exaltar o desnudar al autor sino en ofrecernos una visión del mundo que apela a la intervención de los otros, todos los otros para quienes el enunciante se convierte en un analista o un demiurgo gracias a la efectividad de sus recursos.

En definitiva la obra de Basilia no hace otra cosa que confirmar el lugar de su autora en el contexto de la lírica internacional. Una poeta que escribe mejor y mejor a medida que nos entrega su hacer cotidiano en el campo de la escritura.

Una poesía que complacerá sobre todo a los que todavía buscamos en ella una suerte de mapa para desafiar a los espejismos que nos tocan.