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Jean Portante: una poética de la respiración

Marilyn Bobes, 16 de marzo de 2017

Al fin un libro del poeta franco-luxemburgués Jean Portante ha aparecido en Cuba y se trata, nada menos, según su prologuista Víctor Rodríguez Núñez de la muestra más representativa de su obra que se ha publicado en lengua española.

La antología, publicada por la Editorial Arte y Literatura y titulada El trabajo del pulmón, recoge textos de diez cuadernos de Portante publicados entre 1994 y 2003.

Con un excelente y esclarecedor prólogo del cubano Víctor Rodríguez Núñez, esta compilación nos ofrece un muestrario de un poeta diferente, singularísimo, tal vez porque su condición de políglota y su nomadismo existencial lo remiten a una especie de otredad que no solo se advierte en el lenguaje sino que transita los contenidos complejos de una lírica nada convencional.

Nacido en Differdange, localidad luxemburguesa, en 1950, Portante domina las tres lenguas que son los idiomas de su país natal: el francés, el alemán y el luxemburgués, pero su condición de inmigrante italiano hace que sea esta última la lengua en la que también se reconoce, tal y como la ballena, que siendo pez, esconde y utiliza su pulmón en ese arte de respirar con el que puede identificarse la poesía de este autor.

Jean Portante vivió en Cuba entre finales de la década de los ochenta y principios de los noventa del siglo pasado, por lo que el español se suma también a este entramado lingüistico cuya polifonía resuena en unos textos caracterizados por la búsqueda de una ética. Esta, a su vez, se conjuga con la de sus múltiples identidades, un angustioso nomadismo que deviene en un yo desarticulado, repartido en la disociación provocada por viajes interiores y externos, como un eterno peregrinaje que no excluye la condición anfibia de una poética afincada en la originalidad.

Una originalidad que, según Rodríguez Núñez, llega a ser “inconfundible, segura de su propia capacidad, creadora y por tanto de reconocimiento en la otredad”.

En opinión del prologuista ese sello incuestionable no se circunscribe a la poesía escrita en lengua francesa. Y estoy de acuerdo con él. Portante deja su marca en la lírica universal porque conoce de ella y la ha asimilado no de manera epigonal sino con un poder comunicativo enmascarado en una tropología densa y compleja, pero siempre auténtica y emotiva, a pesar de sus fundamentos racionales.

“Una poesía—según, otra vez Rodríguez Núñez.--- de la inteligencia que no renuncia al sentimiento, donde reflexión y emoción se revelan siempre unidas”.

Preciso es advetir al lector que no se encontrará con unos textos fáciles. La decodificación de un lenguaje muchas veces abstracto requiere de esa labor participativa del receptor. quien debe estar atento a sus claves como quien busca en un mapa las pistas que lo lleven hacia un lugar determinado.

Ese lugar es el de la palabra, insuficiente siempre para expresar aquello que permanece oculto en su significado y que es objeto ella misma de los hallazgos que no podemos encontrar en la propia comunicación. Significante que se transforma en significado o tema recurrente de una poética que tiene más que ver con el lenguaje que con la realidad.

Aunque la polisemia se afinca en los tropos hay que sumergirse en la semántica de poemas caracterizados por su condición (creo que ya lo he dicho) anfibia.

La apariencia de pez de la ballena lleva escondido ese “pulmonear” que no solo se verifica en el idioma: un francés que nos conduce a la lengua de origen del emisor, es decir, el italiano.

También puede percibirse en estos poemas una especie de silencio donde lo implícito es tal vez más importante que la palabra inscrita dentro de la página.

La anécdota es sustituida por sus efectos en la subjetividad e interrogada una y otra vez por un sujeto que no parece acomodarse demasiado al mundo exterior y que se rebela ante un contexto que lo sobrepasa.

En este sentido, y solo en él, es que pudiera hablarse de preocupaciones sociales en la obra de Jean Portante. No se trata de un cuestionamiento directamente relacionado con la circunstancias sino de una suerte de malestar que recorre todos los libros antologazos en su agazapada inconformidad existencial.

El valor de la pregunta se reafirma siempre a las previsibles respuestas. Porque en la poesía de Portante no encontraremos respuestas.

Rodríguez Núñez ha señalado el carácter dialógico de sus textos y esta característica permite a su autor subvertir los acontecimientos por intermedio de un lenguaje en el que todas las aseveraciones superficiales que, en ocasiones, damos a nuestros cuestionamientos parecen anularse.

Un poco heredero del estructuralismo y otro poco de la reconstrucción derridariana los poemas de esta antología constituyen una prueba de la importancia de la teoría en estos tiempos donde “lo poético” cada vez está menos involucrado con el autor.

No se piense entonces en una búsqueda de la belleza por sí misma sino quizás todo lo contrario. Esta poesía no aspira a la belleza ni tiene como fin trasmitir sentimientos individuales. Hay en ella un afán desacralizador que arrasa con todo lo que el romanticismo nos ha dejado a su paso.

Poesía inteligente, ha dicho Víctor Rodríguez. Y de eso precisamente se trata. Aun cuando lo racional se entrecruce en estos versos con momentos surrealistas y de refinada sensibilidad, el sabor que nos deja apela más a nuestro intelecto en cuanto instrumento de penetración de nuestra existencia.

Inclasificable, poderoso y experimental serían los adjetivos más socorridos para llegar a las esencias de una poética de vanguardia.

Agradezcamos pues a Arte y Literatura la publicación de este poeta que mucho influenció a las generaciones de escritores cubanos de los ochenta y los noventa y que a su paso por esta Isla enseñó y rediseñó no solo su obra personal sino una concepción del mundo sui géneris nacida de las experiencias pero también del propio lenguaje.

Invito pues al lector a descifrar la compleja y singular cosmovisión de este poeta llamado Jean Portante.

Editado por Heidy Bolaños