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Los pasos nada apresurados de Arturo Arango

Marilyn Bobes  , 18 de enero de 2017

Si alguien todavía dudara de que el periodismo—y especialmente ese género híbrido que es la crónica—puede llegar a ser literatura cuando se realiza con toda la dignidad que exige recomiendo que busque el libro Paso de prisa, de Arturo Arango publicado recientemente por Ediciones Orto.
  
Nueve textos de espléndida factura se reunen en esta entrega del guionista, narrador y periodista para dar testimonio de sus viajes tanto interiores como espaciales con una prosa que deslumbra por su poder reflexivo y la luminosisdad de sus descripciones.
     
Como reza la nota de contracubierta “reincidir desde la palabra en el universo cosmovisivo del lector es lo que Arturo Arango intenta con estas magníficas crónicas que a modo de vasos comunicantes construye.
    
Los temores más íntimos y las impresiones más vívidas de este autor se conjugan aquí a modo de miscelánea en la que sin embargo existen leit motiv como ese terror por los aviones o esa vocación de pasar por los lugares no al modo de los turistas sino del observador al que no escapan las sutilezas de las relaciones interpersonales ni el contexto sobre el que realiza sus apuntes.
    
No sé si estas crónicas fueron escritas a posteriori o esbozadas en el mismo momento en que el autor visitaba lugares como la mítica Italia de los libros de arte, la violenta y al mismo tiempo poética Bogotá o una capital boliviana repleta de niños hambrientos a los que los visitantes y sus anfitriones ofrecían panecillos o plátanos frutas.
   
El caso es que el periodista, o más bien el narrador, nos hace coincidir en tiempo y espacio con las historias y los lugares que nos describe al tiempo que opina y reflexiona sobre diversas circunstancias sicológicas, políticas y humanas en una fusión en la que cuesta trabajo deslindar al periodista del escritor tanto por la calidad de la prosa como por el poder de seducción de sus palabras.
   
En estas crónicas el lector comprenderá mejor al Arango escritor que no elude los ángulos autobiográficos ni los pensamientos más íntimos y se deja arrastrar por los momentos que vive con una sinceridad que no se encuentra con mucha frecuencia en el periodismo cubano actual.
   
Muchas son las piezas dignas de citar en un libro que resulta ameno y es al mismo tiempo profundo.
    
Están por ejemplo, las dos crónicas con que se abre y se cierra el volumen:”Placer y espanto de volar” y “Dos profesoras italianas preguntan sobre mis relaciones con La Habana”, tal vez los dos textos en los que el periodista ha pedido prestado al escritor y a la persona, cautivadoras por su eficiencia comunicativa y el alto vuelo de su prosa.
    
En las crónicas desfilan también otros escritores, cineastas y amigos de Arango, con sus nombres reales y a ellos también los desnuda en un ejercicio peligroso pues para nada oculta desencuentros, peculiaridades y debilidades de las personas hacia las cuales, paradójicamente, ama y entiende a pesar de aparentes discrepancias.
     
Volviendo a la nota de contracubierta—dicho sea de paso difícil de leer por la utilización de una tipografía y un color inadecuados.—las redes temáticas de Paso de prisa “revelan, desde la gnoseología del autor, lugares, encuentros, así como el miedo en sus múltiples dimensiones”.
   
Y es quizás la presencia de ese confesado miedo lo que las vuelve más verosímiles y más humanas, a despecho de todo edulcoramiento con respecto a esas zonas casi siempre encubiertas cuando de hablar de nosotros mismos se trata.
      
Arturo Arango, redactor de La Gaceta de Cuba y periodista de muchas publicaciones tanto cubanas como extranjeras demuestra con este libro que también la realidad puede ser un objeto para la escritura y que periodismo y literatura merecen el mismo tratamiento en el momento de llenar esa temida página en blanco.
     
Lastimosamente la edición del libro pasó por alto algunas erratas que enturbian un poco el magnífico contenido de estas noventa y ocho páginas.
      
De todas maneras no puede más que calificarse como un acierto la publicación por Orto de este libro singular que constituye una verdadera clase magistral de lo que puede ser el periodismo literario en un país donde los escritores no suelen aparecer con mucha frecuencia en los medios de difusión masivo.
       
Ojalá otros autores se decidieran a publicar sus trabajos periodísticos con la misma entrega en que lo ha hecho Arturo Arango. Sin lugar a dudas un guionista, un narrador pero también un cronista de altos quilates.

Editado por Heidy Bolaños