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Emilio Mozo, poeta

Luis Álvarez, 20 de abril de 2017

Emilio Mozo (Camagüey, 1941) es, lamentablemente para nosotros, un poeta muy poco conocido en su patria, Cuba, y apenas conozco un texto sobre su obra escrito por Virgilio López Lemus. Como ha comentado Virgilio López Lemus en “Mocedades de Emilio Mozo” —prólogo suyo a Entre el agua y el pan, uno de los poemarios más penetrantes de Mozo—:

Mozo es un camagüeyano en viaje constante, un poco a la manera que lo fue su coterráneo Severo Sarduy; pero Mozo es profesor en Massa-chusetts, vivió desde 1958 en Canadá, donde le sorprendió el triunfo de la Revolución cubana, tiene hijos norteamericanos y libros españoles y argentinos; conoce Asia y Europa y no ha dejado de visitar, toda vez que le es posible, su patria.1

Desde el ojo de la hormiga, (1987), uno de sus primeros poemarios, marca ya el tema de la soledad, recurrente una y otra vez en su poesía, pues, como ha apuntado Myrna Santiago sobre esta tendencia general en Mozo, “Resalta la quietud y la bruma del poeta. Buenos ratos enterrados, desolado y frío, desde el velo del olvido, coagulando sentimientos que no pueden, pero buscan, ser poesía”.2  Personalmente prefiero considerar lo que la Santiago denomina “coagular sentimientos” como una capacidad peculiar de integrar diversos tonos poéticos en una orquestación muy personal de coloquialismo y entonación marcadamente lírica, sobre todo en la creación de concentradísimas imágenes —es un poeta de envidiable agilidad con el verso corto—, como puede advertirse en estos dos agudísimos versos del mencionado libro: “los fantasmas cazadores / de secretos subterráneos”,3  donde en dos duros trazos levanta un perfil perturbador. En otro momento de ese mismo el lector puede hallar otros dos versos en los cuales la intensidad de estilo se orienta no a crear un punzante panorama, sino a enfrentarnos a una pregunta de sobrecogedora energía reflexiva: “por qué hay una sombra sola / una sola sombra”.4
 
Su poemario Marginalmente literario fue publicado en 1991.5  Resulta un libro de eficiente brevedad, en el cual el tema de la creación lírica constituye un eje fundamental que prevalece por encima de otros abordados por el autor. Incisivo y apretado, el verso de este libro alcanza una voluntaria desnudez que lo separa del neobarroquismo que caracterizó la poesía de otros autores de la vetusta ciudad natal del poeta —Nicolás Guillén, Emilio Ballagas, Severo Sarduy—. El primer poema del libro ya evidencia este áspero, pero también inten-so rasgo de estilo, en el que se abandona cualquier nexo sintáctico que no sea esencial, para dejar al verso en su más interna carne despojada:

nosotros cantantes
cantantes de caminos
nosotros cantantes de estaciones
canciones de abril
canciones del corazón en mayo6

Es un hermoso inicio para un libro en el cual el tema de la expresión poética se asoma reiteradamente. El rostro inmemorial de los poetas aparece por momentos como el de un “vendedor de sueños”,7  inmerso en sus “[…] sonetos / de mediodía / de sol y sal”,8  pero también alude a los poetas —en un poema que sugiere un diálogo con el gran narrador argentino Ernesto Sábato— como “frágiles herederos”,9  mientras que en otro poema del libro asume el oficio literario en sí desde una perspectiva simultáneamente estética y ética:

el precio legítimo
de todo lo escrito
puede calmar injusticias
terminar una vida

el precio legítimo
de la envidia
llena de ojos las luces
oscurece autores


Mozo no deja de aludir a sus propios versos, asumidos “[…] como calles gordas / en un mundo ajeno y solitario”,10  con lo que subraya uno de los temas fundamentales de todo el libro: la soledad, un rasgo temático que recorre en general la poesía de Mozo.
 
Una como autobiografía espiritual (1993) alcanza un vigor especialísimo —a mi juicio es uno de los poemarios suyos con alcance más largo—.  Co-mienza con “Canción de Pandora”, donde el lenguaje se presenta con un refinamiento envidiable:
 

desea primavera en la poesía,
cántale al destino
el poema más convencional escrito
el de ramas íntimas de enero11

Hay en este poemario un trascendentalismo refinado, que quizás el pro-pio poeta hace evidente en uno de los poemas, “Primera madurez”, si bien habría que acotar aquí que sus libros precedentes no pueden considerarse precisamente como bisoños.

Una como autobiografía espiritual, por otra parte, es un libro donde se advierten, aquí y allá, vasos comunicantes con la tradición lírica cubana. “Ex-traños lamentos” y “Pretérito”, por ejemplo, son poemas donde me parece per-cibir resonancias del grupo Orígenes, si bien muy destiladas desde la personal óptica poética de Mozo. Un texto como “Reina tú para siempre” se diría un diá-logo muy íntimo, en hermosa sordina, con ciertos giros de El oscuro esplendor, de Eliseo Diego:


pobre canción de ensueño
reina tú

ilusión de marzo
música de olvido
reina

ritmo ausente
imperio del tiempo
en tu grandeza
reina12 

Entre el agua y el pan (1996) contiene uno de sus poemas de mayor es-tatura, “Muerte”, donde integra con maestría la gran herencia poética en lengua castellana sobre el tema, en específico su elegancia, con la entonación contemporánea de su propio estilo personal:


lava tus ilusiones en otra chimenea
muerte
vete a una ciudad distante
 de tiovivos paralíticos
vete
muerte
cubre tu seno zigzagueante
recoge la cortina
vete
infrecuente como bisagra o rueda
vete
muerte
hay tanto por hacer y deshacer
muerte
recoge la cortina
vete
nos veremos en mi muerte.13

Concentrada y punzante, la poesía de Emilio Mozo se nos muestra en-raizada en diversos ámbitos de la tradición lírica española, pero particularmente en el tronco mismo de la poesía cubana. 

 

Notas:

1 Virgilio López Lemus: “Mocedades de Emilio Mozo”, en: Los mejores poemas de Emilio, Centro de Estudios Ibéricos y Americanos de Salamanca, Salamanca, 2010, p. 149.
2 Ápud ibídem, p. 16.
3 Ibíd., p. 19.
4 Ibíd., p. 21.
5 Emilio Mozo: Marginalmente literario, El Editor Latinoamericano, La Plata, Buenos Aires, 1991.
6 Ibíd., p. 11.
7 Ibíd., p. 33.
8 Ibíd.
9 Ibíd., p. 35.
10 Ibíd., p. 37.
11 Emilio Mozo: Los mejores poemas de Emilio, ed. cit., p. 91.
12 Ibíd., p. 113.
13 Ibíd., p. 179.