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Cosme de la Torriente, actor político de primer orden… (IV y final)

Jorge Renato Ibarra Guitart, 13 de agosto de 2018

Después de una oleada de atentados dinamiteros conducidos por el ABC al embajador estadounidense, Summer Welles, no le quedó otra alternativa que pactar la mediación. Serían Cosme de la Torriente y José Rivero, director del Diario de La Marina, sus voceros e ideólogos a escala nacional. Torriente había alentado la idea de promover un arreglo negociado a la crisis política cubana desde 1931, oportunidad en que fue calificado de traidor por la Junta Revolucionaria de Nueva York. El embajador Welles, tras un periodo inicial de estudio de la situación cubana y de entendimiento complaciente con el régimen, le indicó al presidente Machado que debía suavizar la censura de los periódicos. En ese sentido solicitó diera libertad total a Cosme de la Torriente para hacer declaraciones a través de la prensa.1 Sería Cosme el encargado de lograr que la opinión pública nacional se pronunciase a favor de la mediación del representante norteamericano. Torriente, un veterano de la guerra de independencia, hombre ilustrado que había asumido importantes responsabilidades nacionales e internacionales era la persona ideal para dirigir una campaña pública que le ganase adeptos a la mediación: ¨Aceptaré con el mayor gusto los buenos oficios y la mediación pública o privada de los Estados Unidos en la ocasión en que dos tendencias, al parecer irreconciliables, sea cual sea aquella en la yo figurara, no pudiera zanjar sus dificultades y amenazaran, por eso, producir la intervención, prevista en el Tratado Permanente¨.2

Cosme de la Torriente estaba convencido de que solo la fórmula de la mediación “de un poder tan respetado y respetable como el de Estados Unidos en Cuba” podía hacer frente a la crisis política nacional y consideraba “suicida” a la oposición que la rechazare. Desconfiaba que en Cuba pudiera sostenerse un movimiento revolucionario en el poder y en carta a José I. Rivero explicaba la postura que había asumido después del fracaso de la revuelta organizada por Unión Nacionalista en 1931: ¨ Expuse que había dos caminos que yo no tomaría: el de pedir el establecimiento de un gobierno interventor; o el de una nueva revolución, que también pudiera ponernos en manos de un gobierno de esa clase si los Estados Unidos entendiesen que la misma degeneraba en anarquía¨.3

Al final todo dependía de las decisiones de Washington, el modelo de relaciones entre Cuba y los Estados Unidos no estaba hecho para permitir que los cubanos aprobaran transformaciones nacionalistas actuando como dueños efectivos de su país. Torriente aseguraba a la prensa cubana, con respecto a la mediación de Welles, que “el presidente de los Estados Unidos estará siempre a favor de que dicha solución sea cumplida”. 4 Para él, los garantes del modelo cubano de capitalismo dependiente eran los Estados Unidos, la sociedad difícilmente podría ser reformada desde adentro sin una clara inteligencia con Washington. La mediación fue un proceso político ajustado a esas premisas.

Welles, en entrevista de 25 de mayo de 1933 con Torriente, le dio a conocer que rechazaba las exigencias iniciales de la Junta Revolucionaria de New York dirigidas a deponer de inmediato a Machado y emplazar un gobierno provisional. A partir de ese momento Cosme se convirtió en abanderado de la división de las fuerzas oposicionistas, su misión fue neutralizar el sesgo revolucionario de las demandas de la oposición.5

En el caso de José I. Rivero, quien ya en enero de 1930 había discurrido sobre la actuación de Torriente en el posible escenario de una mediación, procuró neutralizar las posturas radicales de los revolucionarios y alentar la interposición de oficios de Washington como fórmula salvadora; comentando las palabras del excoronel planteó:

Revolución y Mediación no son términos antagónicos. Se debe hacer una revolución cuando se pueda, y se puede aceptar una mediación cuando se deba; pues ya hemos dicho que una Revolución es la razón última a que es lícito y consciente apelar (…). La revolución es una carta que se juega de resultados aleatorios y, si triunfa, casi siempre fatales. La mediación es la posibilidad sin costo, riesgo ni sacrificios de ninguna especie, y solo es concebible que se rechace por elementos demasiado jóvenes, cuya juventud les veda sacrificar ni un átomo de su romanticismo en aras de soluciones prácticas.6

En ese sentido cabe destacar que Torriente, en diversos escritos y discursos, se esforzó por presentar la mediación de Welles como la salvación a los problemas cubanos en el periodo crítico de la administración de Gerardo Machado. Su prédica, con la que pretendía respaldar su postura política, estaba impregnada de actitudes ambivalentes con respecto al papel de los Estados Unidos:

La oposición contra Machado y su tiranía luchó con la palabra y la pluma, en la prensa y en los tribunales, y después con las armas (…). Cuando fracasó en las armas, la lucha continuó con la inteligencia; y contra muchos de los revolucionarios que no se daban cuenta de que los buenos oficios y la mediación de los Estados Unidos de América, lejos de significar la aplicación de la Enmienda Platt eran el fin de esta, unos pocos obtuvimos la eficaz actuación que acabó con Machado el 12 de agosto de 1933 y con la propia enmienda el 29 de mayo del año en curso.7

En realidad la causa fundamental que provocó la caída del Machadato fue la protesta revolucionaria de los sectores populares que decidieron llevar la huelga obrera hasta sus últimas consecuencias. Por otro lado, la mediación fue hija directa de la Enmienda Platt en la circunstancias de un giro de la política hegemónica del imperialismo estadounidense ante la crisis general del capitalismo entre 1929 y 1933. Incluso, el propio secretario de Estado, Cordell Hull, en las orientaciones iniciales a Welles dejó claro que la mediación, aunque no debía verse como una medida intervencionista, merecía ser respetada en virtud de la propia Enmienda Platt. La amenaza de una intervención militar estuvo actuando como fantasma devorador de conciencias, Washington se tomaba el derecho de dictarle las pautas de comportamiento a todos los políticos cubanos, tanto del gobierno como de la oposición. El embajador Welles compulsó al ejército a ejecutar el golpe de Estado del 12 de agosto mediante una carta que divulgó entre políticos y militares de rango donde se anunciaba la inminente invasión estadounidense.8 Por su parte, el historiador estadounidense David Cronon estableció que, en el caso cubano, bajo la política de Buena Vecindad no se abandonó la Enmienda Platt.9

Desde el momento en que Cosme de la Torriente se propuso impulsar la mediación como vía para superar la crisis política, tuvo lugar la división entre las agrupaciones que formaban la Junta Revolucionaria de New York. Cuando Welles envió a los Estados Unidos una comisión de políticos cubanos para procurar convencer a dicha Junta a que aceptase la mediación, Mendieta le escribiría Cosme: “Nos apena la incomprensión de tus patrióticos esfuerzos”.10 Con posterioridad esta entidad de los exilados cubanos desapareció, pero algunos de sus integrantes como los miembros del Directorio Estudiantil Universitario y Menocal se opusieron al arbitraje de Welles y Torriente.

Como Torriente no había cumplido su objetivo de atraer a toda la oposición a las negociaciones conducidas por el embajador Welles, la nueva arquitectura de cambios atravesó por momentos críticos que concluyeron en la huelga general y el golpe de Estado del 12 de agosto. Torriente siempre se lamentó de la división que se había entronizado entre los sectores que habían combatido al régimen machadista, pero lo cierto es que la primera fisura tuvo lugar cuando se recurrió a los Estados Unidos para que actuara como árbitro en los asuntos cubanos y al propio tiempo se abandonó el programa de la Junta Revolucionaria de New York.

Los sectores que participaron en la mediación, solían decir que esta era positiva, en tanto aseguraba no tendría lugar una intervención militar de los Estados Unidos y se facilitaría así la salida del poder a Machado. El propio Cosme se lamentaba de las críticas que esta suerte de conciliación fuera objeto: ¨ Muchos de los opositores no han tenido más que motivos de censura y de odio para los que llevaron a cabo la mediación, cuando muchos de esos que nos atacaron, a mí uno de los principales, se encontraban en el extranjero (…) Nadie olvidará que fui objeto de varios atentados, de los que escapé gracias al favor de Dios, sin que haya conservado para nadie mala voluntad siquiera¨.11

En varias oportunidades Torriente se esforzó por ocultar la intrusión imperialista durante la mediación, incluso llegó a plantear que “se siguieron las prácticas del derecho internacional en vez de la absurda Enmienda Platt, que se nos había obligado a incorporar en un apéndice constitucional”.12 No obstante, podemos afirmar que en la propia actividad mediadora de Welles estaba presente la postura injerencista de Washington; además, durante el proceso de negociaciones el embajador amenazó varias veces con utilizar la intervención militar para controlar la situación interna. Es decir, la inminencia de una posible invasión estuvo latente todo el tiempo como mecanismo de presión política. Una evidencia de lo que planteamos se puede encontrar en las palabras que les dirigió Welles a los miembros del ABC presentes en la mediación cuando les aclaró que su intención no era propiciar una intervención sino dirigir un esfuerzo para evitar que los Estados Unidos tuvieran que atender a sus responsabilidades contenidas en el Tratado Permanente.13

En cuanto a la actividad desarrollada por Torriente durante las sesiones de la mediación podemos decir que en representación de la Unión Nacionalista adoptó posturas que la mayor parte de las veces facilitaron la actividad de Welles. Al principio de las conversaciones se mantuvo renuente a aceptar una amnistía general de todos los presos como lo quería Machado y después consintió esta medida para aprovechar lo positivo que podía tener. Al propio tiempo se opuso a la liberación de los comunistas -en lo que coincidió con el ABC- consideraba que los marxistas eran enemigos de todos: gobierno, mediación y oposición.14 Fue bastante crítico con la ley de imprenta propuesta por el gobierno machadista que limitaba la libertad de expresión y se manifestó siempre a favor de que se aprobasen las garantías constitucionales.15

En las conversaciones sostenidas, su actividad como presidente de la comisión encargada del estudio de las reformas constitucionales fue clave. Sin embargo, estas propuestas nunca tuvieron fechas de cumplimiento y por ello fueron cuestionadas por el miembro de la Unión Revolucionaria, Jorge López, quien pretendía llegar lo más pronto posible al derrocamiento de Machado por medio de la mediación, según las actas recogidas: “El Dr. López dice que discrepa del Dr. Torriente, que no tiene fe y que debe anularse todo. El Dr. Torriente contesta que el país está a favor de la mediación (…) que este ambiente no se debe a jefes algunos sino a la mediación y a la confianza que se tiene en el presidente Roosevelt”. 16 Torriente también apoyo la propuesta de Welles de no producir actos públicos durante la mediación pues ello generaba desestabilización política lo cual no era bueno para las negociaciones en curso, en realidad temían se produjera un vacío de poder que pudiera ser ocupado por los sectores revolucionarios que eran opuestos a la mediación y estaban convocando a huelgas y protestas continuas.17

Cosme, en las reuniones celebradas durante los días previos y posteriores a la salida de Machado de Cuba, jugó un rol principal cuando se sumó al criterio de los militares golpistas de rechazar la candidatura de Machado para que el general Alberto Herrera, jefe del ejército, fuera su sucesor en la presidencia de la República. En estos conciliábulos se negó a ser propuesto para la primera magistratura y presentó las candidaturas de Horacio Ferrer y luego de quien en definitiva asumiera ese cargo, Carlos Manuel de Céspedes.18 La mediación , episodio de hipocresía con el cual se inauguró la política del Buen Vecino a escala continental, dejó claro que los Estados Unidos reformarían las relaciones interamericanas siempre que se respetasen los intereses del imperialismo ante el avance de las revoluciones sociales. En Cuba, durante la interposición de oficios por Washington se combinaron los arcaicos presupuestos del “Gran Garrote” con los más novedosos del “Buen Vecino”.

 

Notas

1 Foreign Relations of the United States Papers (FRUS.), vol. V, 1933, p. 303.
2 Diario de la Marina, La Habana, 10 de junio de 1933, p. 1.
3 “Más sobre la mediación”, carta publicada en los periódicos Información, 6 de junio de 1933 y Diario de La Marina, 17 de junio de 1933. En: Ibídem, pp. 264-265.
4 “Personalidad del mediador”, Información y El País-Excelsior, 17 de junio de 1933. En: Ibídem, p. 268.
5 Foreign Relations of the United States (FRUS), vol. V, 1933, p. 295.
6 Diario de La Marina, La Habana, 20 de junio de 1933, p. 1. En: Ibarra Guitart, Jorge R: La mediación del 33. Ocaso del Machadato, Editora Política, La Habana, 1999, pp. 56-57.
7 “Problemas cubanos”, declaraciones de Cosme de la Torriente publicadas en los principales periódicos de La Habana, 11 de septiembre de 1934. En: Ibídem, pp. 287-288.
8 Archivo Nacional de Cuba. Fondo: Secretaria de la Presidencia, caja 70, no. 40.
9 David Cronon: “Interpreting the Good Neighbor Policy. The Cuban crisis of 1933”. En: The Hispanic American Historical Review, noviembre de 1959, vol. XXXIX, no.4. Published quartly by the Duke University Press.
10 Diario de La Marina, 30 de junio de 1933, p. 1.
11 “Que fue la mediación de Welles”. En: Por la Amistad Internacional, escritos y discursos de Cosme de la Torriente, Ed. Academia de la Historia de Cuba, La Habana, 1951, p. 220.
12   “El 12 de agosto, día de la libertad”. En: Ibídem, p. 248.
13 Lionel Soto: La Revolución del 33, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1977, t II, p. 222.
14 Archivo Nacional de Cuba. Fondo: Donativos y Remisiones, fuera de caja 149, no. 15, memorial no. 3.
15 Archivo Nacional de Cuba. Fondo: Donativos y remisiones, fuera de caja 149, no. 15, memorial no. 3 p. 10; Diario de La Marina, La Habana, 2 de agosto de 1933, pp. 1-3.
16 Archivo Nacional de Cuba. Fondo: Donativos y Remisiones, fuera de caja 149, no. 15, memorial no. 8.
17 Archivo Nacional de Cuba. Fondo: Donativos y Remisiones, fuera de caja 149, no. 15, memorial no. 10.
18 Cosme de la Torriente: “El retorno de la vida constitucional”. En: Carteles, 14 de agosto de 1938, p. 59. Ver también: “Por qué no acepté la candidatura vicepresidencial”. En: Por la Amistad Internacional, escritos y discursos de Cosme de la Torriente, Ed. Academia de la Historia de Cuba, La Habana, 1951, pp. 207-208.