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La verdad es poliédrica

Emilio Comas Paret, 18 de enero de 2017

En febrero del 2012 la publicación El Tintero ofreció una entrevista realizada por Helen Hernández al historiador Oscar Zanetti, titulada “La Historia está en los matices”. De ella cito dos párrafos, uno de la propia Helen y otro de Zanetti.

En la introducción a la entrevista Helen afirma:

En nuestra era ya no existen las verdades absolutas. Los imaginarios sociales se van configurando con la participación de múltiples factores, especialmente influidos por los medios de comunicación. Pensar y escribir sobre el pasado en el contexto de esta superabundancia informativa reviste nuevos retos, pues conviven interpretaciones distintas –a ratos tergiversadas– para determinados acontecimientos personales  y procesos políticos.

Y luego Oscar Zanetti refiriéndose a la ética de quien escribe la historia, nos dice:

Por supuesto, porque se puede construir casi cualquier versión del pasado, solo depende de qué acontecimientos y protagonistas quieres tener en cuenta. Se pone a uno en primer plano y los otros se pierden de vista,  y se traza una versión determinada. Otro puede buscar lo que dejaste de lado, fijar su atención en lo que considera importante, y llegar a otra historia. Un historiador siempre va a ofrecer una visión relativamente parcial y tiene que ser consciente de que lo que ofrece es eso. No revela una verdad absoluta, sino una visión de los asuntos para que el lector se acerque a la verdad, con esos elementos y con los que pueda encontrar en otros lugares.

En algunos de mis ensayos publicados sobre el tema he abordado este asunto, llegando a las siguientes reflexiones:

Porque la historia real no existe, siempre serán aproximaciones, que pueden ser más o menos tendenciosas, por supuesto que desde la óptica del punto de vista personal de quien la vivió o quien la cuenta a partir de la búsqueda de documentos o testimonios orales que se apoyan en los recuerdos. Y trataré de demostrarles la veracidad de esta afirmación.

Partamos de que la ciencia admite que los seres humanos no vemos la realidad real, si no reflejos o fragmentos de esta realidad, por tanto, nunca seremos poseedores de la verdad absoluta, que no existe para nosotros, y solo veremos una verdad evidentemente poliédrica, con muchas aristas.

De otra forma, si nos atenemos a los testimonios de los protagonistas, estos siempre van a narrar a partir de sus recuerdos, y los recuerdos son muy veleidosos, y el ser humano en el transcurrir del tiempo los edulcora, los manipula, en fin, los cambia, oculta todo aquello que no le es conveniente y matiza lo que le conviene. Esto, si no es generalizado, puede pasar perfectamente en una investigación histórica a partir de testimoniantes. Carlos Fuentes, el escritor mexicano, tiene una frase muy esclarecedora: “El que recuerda imagina, el que imagina recuerda”.

En la próxima Feria Internacional del Libro de La Habana, y editado por Colección Sur Editores, se presentará el libro Las alas nacieron en China, del investigador Manuel Rojas.

El texto aborda la historia de una aventura, porque de manera evidente fue una gran aventura el hecho de que un grupo de jóvenes cubanos fuera, en épocas tan tempranas de la Revolución Cubana, a estudiar asuntos sobre la aviación de combate a la entonces joven República Popular China. Y quizás por eso mismo, por el sentido de aventura que tiene, cuando Manuel Rojas intentó escribir sobre los acontecimientos acaecidos a partir de ciertas notas imprecisas, se hace la colosal pregunta: “¿Cómo escribir, cómo contar algunos de esos acontecimientos de los cuales solo mantenía en mi  mente vagos recuerdos, para que los lectores lograran entenderme, captaran la esencia de lo ocurrido y les fuera interesante la lectura?”

Y por eso, tratando de interpretar el necesario know how, o cómo hacer  la escritura, se puso a estudiar y tropezó con varias aseveraciones de escritores reconocidos que aportaron luz al empeño, entre ellos las reflexiones de Jorge Semprún en su texto La escritura de la vida donde cuenta su internamiento y estancia en un campo de concentración durante la Segunda Guerra Mundial, y entonces nos dice: “… el verdadero problema no estriba en contar cuales quiera que sean las dificultades. Lo importante es que lo que se cuente sea escuchado, comprendido. Y para conseguir ese objetivo hay que utilizar el artificio literario: una ficción”. 

Y por eso se gesta este testimonio novelado que se nutre de pequeños apuntes, recuerdos, algunos textos escritos y publicados de los protagonistas y determinadas entrevistas con algunos de los participantes. Con todo ello Rojas logra darnos un producto verosímil, aceptado por el lector como una realidad, quizás una nueva realidad para algunos, pero realidad al fin “que construye mundos posibles no reales, sino verdaderos, y sobre todo habitables para nosotros, que estamos hechos en gran medida de palabras”.

Las alas nacieron en China pone de manifiesto la diversidad que desde muchos ángulos tenían los jóvenes estudiantes cubanos. Hay que recordar que la Revolución Cubana todavía estaba casi en ideas, que era muy incipiente, y por ello los muchachos presentaban diferencias de clase social, de escolaridad, de interés y dedicación, y hasta ideológicas. Y de la noche a la mañana chocaron con un gran país en construcción, con costumbres ancestrales desconocidas para nosotros, que siempre, y entonces más, estábamos influenciados por la cultura occidental y particularmente la norteamericana.

Se pone de manifiesto muy evidentemente los métodos pedagógicos de los instructores y profesores chinos, su dedicación y paciencia para con aquel grupo de niños revoltosos que hacían maldades y bromas “a la cubana”, las contradicciones de entonces entre la construcción del socialismo en China y en la antigua URSS, y por último, nos ofrece una serie de gráficos y fotos sobre los estudios realizados que el lector casi aprende a volar y se convierte en un alumno más de los dedicados profesores.

Les recomiendo por ello que no permitan que suba solo a la cabina de un avión, porque seguramente arranco el motor y verán cómo a partir de este testimonio también siento que me nacen las alas, y estoy convencido de que esa misma reflexión la tendrán ustedes luego de su lectura.

 

Editado por Yaremis Pérez Dueñas