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Desde el stand de la Colección Sur de la UNEAC

Emilio Comas Paret, 19 de febrero de 2018

El pasado sábado 3 de febrero de 2018 fue presentado en la 27 Feria Internacional del Libro de La Habana el texto Coplas al recuerdo de Manila, del escritor catalán Jordi Verdaguer Vila-Sivill.

Jordi Verdaguer es graduado de Derecho en la Universidad de Barcelona, amplió estudios en la Universidad de Sthendal en Grenoble y posteriormente en la Universidad Politécnica de Londres. Ha sido representante para España de la Asociación Internacional de Abogados Jóvenes. Su primera novela Azahares  de Granada ha tenido ocho ediciones, y se ha traducido al árabe. Ha sido finalista en los premios de novela de los ateneos de Sevilla y Valladolid. También fue finalista en el premio ”A la mejor carta de amor” organizada por el Ayuntamiento de Arucas en Palmas de Gran Canarias,  y obtuvo el premio de novela KIPUS del Departamento de Cochabamba en Bolivia en el año 2016.

Coplas al recuerdo de Manila es una obra que maneja el lenguaje poético, está cargada de metáforas y da una visión de las Islas Filipinas cuando eran colonia de España, como de “paz, tranquilidad y abundancia”. Otra característica de la obra es que atrapa al lector de tal manera que cuando uno deja de leer sigue conectado con la narración y siente un deseo irresistible de volver a leer el texto. Esto es, tiene mucha garra, cualidad muy importante para un escritor.

Como que la trama se desarrolla en unas islas, el mar puede ser considerado un personaje protagónico en la acción que se cuenta. También posee otra curiosa característica, la prosa detalla casi a la perfección las cosas y los acontecimientos, al estilo de los narradores clásicos del siglo XIX y principios del XX, y les confieso que en más de una ocasión me encontré pensando en Tomas Mann y La montaña mágica. Es impresionante cómo el autor narra los paseos por el malecón de Manila después de la asistencia a la misa cada domingo. Realmente vale leerlo con detenimiento.

Comienza la acción con el preludio a la invasión norteamericana a las islas, lo cual se desarrolla en las primeras 14 o 15 páginas de la obra. Y ahí me aparece la primera sorpresa, y ello lo he consultado con algunos colegas y coinciden conmigo, que aunque soy profesor de Historia, especialista en Historia de Cuba, con su lectura me he dado cuenta de que los cubanos sabemos muy poco del enfrentamiento del ejército español– filipino a las tropas norteamericanas, casi en el mismo momento que idénticas tropas estaban desembarcando en Cuba, siendo apoyadas por las mambises cubanos que le hacían la guerra a España por la independencia de la isla, y que contrario a lo que sucedía en Las Filipinas y estimulados por la Joint Resolution, que comenzaba diciendo: “Cuba es y de derecho debe ser libre e independiente…” creyeron en la palabra del presidente Mac Kinley y del congreso norteamericano de la época.

Pero es increíble que los dos acontecimientos se estuvieran desarrollando en islas y casi al mismo tiempo. Que un pretexto parecido al estallido del Maine, este fue el gran incidente en el puente de San Juan, se utilizó también en Filipinas para destruir la república independiente recién constituida, y que la batalla naval de Manila es casi una réplica de la batalla naval de Santiago de Cuba con las naves españolas al mando del almirante Cervera.

El texto desarrolla dos historias que suceden en momentos distintos: una a finales del siglo XIX y otra en la contemporaneidad, las dos se llevan a cabo en las Islas Filipinas y están organizadas de manera tal que un capítulo es el pasado y otro el presente. En las dos hay un historia de amor que se mantiene vigente a través de la acción y al final hay una suerte de confabulación entre las mismas que tal parece que estamos leyendo ahora una novela policiaca.

En el decursar de la lectura se siente un sentimiento antinorteamericano muy fuerte y muy constante, así como una gran frustración ante la circunstancia de que los invasores, al final ganadores en la cruenta guerra que destruyó Manila y muchas de las ciudades importantes en las islas, prohibieran oficialmente  el uso del idioma español en 1987, e impusieran con el inglés la manera de vivir del american way off live, que nada tenía que ver con la cultura de las islas, que era una mezcla de tradiciones y creencias de malayos, árabes y españoles.

La situación fue tan drástica que existía un Ministerio de Policía y Cultura, algo irracional, que tenía como función principal evitar que se hablara español. El protagonista de la acción bélica es un capitán filipino del maltrecho ejército español  de las islas llamado Santiago, hijo de la clase élite bien destacada en la narración del paseo por el malecón, y sobrino del gobernador de las islas. El protagonista de la segunda historia es Jaime, un profesor de Filosofía de la Universidad de Barcelona, español  pero con abuelos filipinos, que a sí mismo se cataloga como un fracasado depresivo, hijo de la imposición del capitalismo salvaje en el concepto de “vencedor y el perdedor”, también demasiado vinculado al parecer de su madre, y quien un día recibe una beca para estudiar la vigencia actual de la lengua española en Las Filipinas, lo cual le cambia la perspectiva de vida completamente.

Hay un contrapunteo inteligente entre uno y otro personaje a pesar del tiempo y las circunstancias diferentes, cuyo embrollo se resuelve muy adecuadamente al final de la obra. Es de destacar que la novela tiene algunas expresiones que se escapan al vocabulario común del cubano, pero si se hace una lectura inteligente y se asume el contexto, se entiende perfectamente el contenido. Las dos historias de amor, distanciadas en el tiempo, coinciden en la forma con idéntico lenguaje narrativo, y totalmente abierto a la vida y su decursar.

Impresionante a no más dar es la portada, y la foto de la bella mujer que en su expresión demuestra una rara combinación de enojo y tristeza, lo que da a entender en su inicio más primario, el espíritu real de las 280 páginas de la novela. Ha sido genial su utilización como mensaje iniciático. En fin, les recomiendo a mis lectores, tanto investigadores de la historia, como aficionados al solo placer de leer, que busquen esta obra, que no solo trasmite un conocimiento generalmente nuevo para el cubano medio, sino que también es un canto a la paz, la comprensión humana, y la solidaridad.