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Carmen Yáñez: entre un país y dos reinos
Ernesto Sierra , 06 de marzo de 2008

Llegó febrero con sus torrentosos vientos de Feria del Libro. La otrora fortaleza de San Carlos de la Cabaña se transformó, como cada año, en baluarte inexpugnable del libro y la lectura. Sus añosas piedras recogieron las pisadas de millares de mujeres, hombres, niños, todos marcados por el denominador común de la avidez por conocer nuevos títulos, dialogar con escritores, conocer las caras y las voces detrás de la página escrita. Olor a tinta fresca, a papel recién cortado, a musgo sobre la piedra centenaria. Lo viejo y lo nuevo, el hoy el mañana. Fiesta de la palabra y de la cultura.

Junto a los nuevos títulos, la Feria nos trajo nuevos escritores, circunstancia feliz a estos Perfiles…que compartimos. Nuevas caras, nuevas voces, nuevos amigos, como la poeta chilena Carmen Yáñez, quien estuvo estos días entre nosotros.

Carmen nació en Santiago de Chile en 1952. De su quehacer literario no podemos decir –como en otros casos- que comenzó vinculada a tal revista o grupo literario. Como tantos hombres y mujeres de su generación sus sueños se vieron truncos por la sangrienta dictadura que derrocó al presidente Salvador Allende. Carmen sufrió cárcel y tortura en carne propia, estuvo desaparecida hasta que en 1981, bajo la protección de la ONU pudo salir a Suecia, dando comienzo así a un largo exilio que dura hasta hoy, entre el país escandinavo y su residencia permanente en la ciudad española de Gijón desde 1997.

Fue en Suecia donde comenzó a publicar su poesía. En 1982 vieron la luz Cantos del Camino; Al aire, en 1989 y Remanso, en 1992. Es una época fructífera en la cual publica poemas sueltos en las revistas suecas Signos, Ada e Invandraren y en la alemana Viento Sur y participa en la creación de los talleres literarios Lofche, Transpoetas y Madrigal. A partir de 1990 comienza a publicar sus poemas en las revistas chilenas Safo y La Garza Morena.

Su residencia en España a partir de 1997 le da un vuelco a su creación poética al enfrentarse a “una vuelta a las raíces” y, sobre todo, por el reencuentro con la lengua española, la pieza mayor de su equipaje europeo. Si la etapa sueca estuvo marcada, de manera general, por el descubrimiento de un paisaje y una naturaleza nuevos para la poeta: el invierno, los matices de la luz, el frío, la presencia de la nieve, la etapa española significa una mirada introspectiva donde reflexiona sobre la distancia, el destierro, y otros temas alimentados por la nostalgia, ahora en contacto con un nuevo entorno geográfico, en la región Asturiana, más cerca de su Chile natal. Será la etapa del regreso a la nueva patria: la del idioma. Anclada en Asturias se ha dedicado a su literatura y a la promoción literaria al dar vida y animar con intensidad el cada vez más conocido Salón del Libro de Gijón.

La propia Carmen confiesa haber comenzado a publicar tarde, pasados sus cuarenta, y lo afirma porque aunque había publicado poemas sueltos en revistas, no fue hasta 1998 cuando publicó su primer poemario completo bajo el título Paisaje de Luna Fría. Obra que fue traducida y publicada en Italia. En 2001 regresa con Habitata dalla memoria. En 2002 recibe en España el premio de poesía “Nicolás Guillén”. En 2006 publica su más reciente libro Alas del viento, traducido al francés por el Atelier de traduction d´espagnol de Saint Maló.

Fueron poemas de este libro y otros inéditos los que Carmen Yáñez compartió con el público cubano en intensas y emotivas lecturas en el Centro Hispano-Americano de Cultura, la Facultad de Artes y Letras de la Universidad de la Habana y en el recinto de la Feria del Libro, en la fortaleza de San Carlos de la Cabaña. Carmen intercambió poemas con anécdotas de su vida y su visión personal de la creación poética y la literatura. Una poesía de madurez, de domino del lenguaje y las formas poéticas, alejada de los lugares comunes del coloquialismo; salpicada por las experiencias vitales, la presencia de los años del horror fascista, el exilio, lo cotidiano, el amor, la amistad, todo aderezado por un tono íntimo, siempre optimista, alejado del panfleto, que la poeta caracterizó –junto a su público- como “dulce venganza”, al reconocer la función catártica de la literatura y su alto valor para vencer la adversidad.

Voz de Chile y del mundo que nos anuncia ya la próxima Feria del Libro -dedicada a Chile- donde esperamos encontrarla de nuevo en la luz que destilan la complicidad de la palabra y la hermandad de nuestros pueblos. Una nota que no pasará inadvertida en el concierto general que nos auguran los universos de Vicente Huidobro, Gabriela Mistral, Pablo Neruda, Nicanor Parra, Pablo de Rocka, Gonzalo Rojas, entre tantos otros hijos del Arauco irredento.

Poemas de Carmen Yáñez


Latitud de sueños

Una está tranquila
en un hotelito de Saint-Maló
frente al mar, es decir, expuesta.
El agua azul
y de pronto golpea el Pacífico espléndido
la brisa alimentada de eucaliptos
a la orilla de un recuerdo indeleble
donde moró la pequeña felicidad
que sostiene vértebras de vida.
¿Dónde tiene uno el mar que le pertenece para siempre?
¿En que órgano se oculta después de tantos viajes?
¿En qué víscera aúlla el animal de los recuerdos?
La infancia que brota entre las olas
desde la ventana de un exilio que nunca para de envolvernos
con sus pequeñas manos ahora.
Piedritas que juntaba y todo lo que fue posible
en los bolsillos rotos.
Una está tranquila
caminando sobre la arena tan tangible,
pero los zapatos se retrasan por el peso de la arena,
¡Tanta vida caminada!
Aunque los pies quieran despegar del suelo
confundirse con el azul.
Y en el fondo uno sabe
que todo es engaño
el aquí y allá en el cuerpo.
La única verdad es el dolor,
la incisión molesta
que ha hecho el filo de un guijarro en el zapato izquierdo
el talón herido que impide a veces avanzar
que va y viene
como la ola que muerde
a pesar de su belleza implacable.

Morada

Se han ido todos;
el bosque con su música de abetos,
los hombres cargando sus sombras
y sus perros.

Y eran de sueño los prismas de colores
que dejaban tras de sí.

Se han ido todos.

Yo me quedo
con un mínimo candil
entre las manos.

De vez en cuando
soy el árbol
que apuesta sus raíces
a la tierra.