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Concepto de la poesía
Roberto Manzano , 09 de enero de 2009

Si algo resulta verdaderamente indefinible sobre la faz de la tierra es la poesía. ¿Qué es la poesía? ¿Alguien sabe exactamente qué es poesía, y puede verbalizar su definición sin equívocos ni tanteos? Y la poesía, fuere lo que fuere, ¿es útil a la especie humana? ¿Resulta realmente necesaria?

Lo primero es deslindar. Diferenciar es conocer. Lo que permanece compacto es demasiado sólido como para penetrarlo con eficacia. Hay que distinguir entre las poesías. Está la poesía como manifestación artística, propiamente literaria, que se materializa en el poema. Y está la poesía que no necesita al poema, y que es de carácter antropológico, y constituye el grado más alto de la cultura humana.

Llamamos propiamente poetas a los que logran que la poesía, como el más alto grado de la cultura humana, se encuentre inscripta con naturalidad y eficacia en el poema como materialización de una manifestación artística. Si el poema no revela la presencia de la primera acepción, la amplia, cae por falta de esencia; y si no resuelve con espontaneidad y maestría la segunda, la estrecha, también cae, por ausencia de forma.

Vemos con frecuencia textos, de los más disímiles idiomas, que luchan por encarnar esta dialéctica entre lo humano y lo divino, pero realmente pocos lo logran con total acierto. Esos son los grandes poetas, y son escasos, pues lo que parece imposible no se alcanza todos los días. El primer poeta de Cuba, y uno de los más grandes del mundo, José Martí, decía que el genio es conocimiento acumulado.  Toda persona excepcional es una criatura voraz para aprender. Este aprendizaje no pasa necesariamente por las academias, pero sí por la capacidad de vivir permanentemente en una atmósfera de sensibilidad reflexiva.

Hay poetas sin poemas, porque lo son en actos, en conductas, en prédicas, en solidaridad, en amor a lo trascendente, en comunicación espiritual. Pero a quienes adjudicamos el nombre de poetas en nuestra vida cotidiana es a los que por medios escritos u orales nos ofrecen unas hermosas piezas de cultura que llamamos poemas.  Esos objetos sígnicos son patrimonio humano, no importa el idioma o la época a que pertenezcan. Y de ellos extraemos nuestros pensamientos corrientes de qué es la poesía, educados en su apropiación y disfrute. A veces olvidamos que la imaginación también posee su propia historia.

Como puede verse, no es conveniente definir qué es la poesía. No es práctico. Y siempre quedarán residuos; nunca se ofrecerá un enunciado con toda la exhaunción necesaria. Esto se debe a que la poesía es síntesis. Acumula tantos aspectos, los desenvuelve con tanta fractalidad, provoca tales sinergias que los sistemas de análisis conocidos no pueden manejar su abrumadora cantidad de variables. Por ello, los poetas saben que lo que hay que poseer es una buena hipótesis de trabajo acerca de qué es la poesía. Con esto basta para penetrar en ese reino espléndido de la espiritualidad de nuestra especie.

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