Apariencias |
  en  
Hoy es viernes, 13 de diciembre de 2019; 6:51 PM | Actualizado: 13 de diciembre de 2019
Búsqueda de artículos
título
autor
Artículos en esta columna: 100 | ver otros artículos en esta columna »
 
Página

Volver sobre Alfonso Carmín

Emilio Comas Paret, 31 de octubre de 2019

Alguna vez escribí en este mismo espacio, hace ya varios años, sobre un viaje que hice a Asturias con una delegación cultural cubana, y conocí a la figura de Alfonso Camín, “Hijo Predilecto” y “Poeta de Asturias”, que en su región es considerado un poeta cubano asturiano.

Camín vino para La Habana con quince años, de polizón en un barco mercante y con nombre cambiado, y aquí se hizo poeta y periodista, y vivió varios años en la Isla. Siendo todavía muy joven tuvo una trifulca con un hombre, y en la riña el hombre cayó por un barranco y se mató. Entonces cayó preso, y en la prisión  de Prado Uno, donde estuvo Martí, se encontró con un babalawo matancero que le dio información sobre las religiones afrocubanas vigentes en la Isla, y quizás eso lo marcó para siempre.

La vida trae muchas complicaciones, aunque también alegrías, y ha habido una confusión grande en relación con quién fue el primer poeta cubano que le cantó a la belleza, y al poder seductor de la mujer negra. Las antologías que se hicieron entonces reconocen a Zacarías Tallet como el primer cubano en apreciar la belleza de la mujer negra en un poema llamado “La rumba”, pero en realidad Camín, unos años antes escribe en Cuba y publica en Madrid primero y luego en el Diario de La Marina en La Habana, un poema inspirado por una mujer negra, villaclareña, conocida por Dámasa Jova.


Dámasajova

Negra, carbón celeste, carne de tamarindo,
que desprecias al negro barbilindo
que está a la puerta de la barbería
multicolor, viendo morir el día.
Y guardas corazón y simpatía
para el fuerte emigrante español
que se tuesta en tus campos, al sol
que incendia a veces los cañaverales
y que pone los nervios borrachos,
y es miel morena y cálida en los lachos
y en las centrífugas de los «centrales».
Negra, vigor mellizo de una raza
hecha de miel, de lujuria y «cachaza»;
mezcla de yuca y de boniato,
de café y de azúcar mulato.
Negra estupenda;
que te me diste como negra ofrenda,
entre la fronda de los guayabales,
con gran escándalo de los pavos reales,
de las guineas y de aquel puerquito
que tenía una Actitud de San Benito.

Yo soy villaclareño, de Caibarién, y en mi barrio, barrio de pescadores, había una familia negra de apellido Jova, que es un apellido muy extraño. Esa familia tenía una pequeña tintorería con la que se buscaban la vida, eran muy amables. Y yo, cuando niño, era muy amigo del hijo más pequeño de ellos.

Ya en La Habana me busqué el concurso de mi amigo, el importante investigador Jorge Domingo, quien ha estudiado la vida de Camín tanto en Cuba como después en México, pero nunca pude conocer quién era la mujer inspiradora de este primer poema.

Hace unos días, leyendo el boletín del IPS y en la sección “La esquina de Padura” conocí sobre una investigación que se hizo en relación con la primera mujer negra dueña de una imprenta en Cuba, y cual no sería mi asombro que esa mujer se llamaba María Dámasa  Jova, es decir, la inspiradora de Camín, la que había nacido en 1890 y murió en 1940.

Personaje desconocido para muchos y que la investigadora Aracely Rodríguez nos la ha servido en bandeja, haciéndonos saber que fue maestra por mucho tiempo, fundó las revistas Ninfas y Umbrales para niños y adolescentes, tuvo un programa de radio titulado “Hora Radial” y escribió para la prensa plana de la época. Publicó en Santa Clara dos poemarios, Amigos íntimos y Ufanía y luchó a brazo partido por el reconocimiento social de la mujer negra en el ámbito racista y machista de su época.

Camín siguió caminando por casi todo el país, conociendo personas y lugares, estuvo en mi pueblo, Caibarién. y hay varios poemas en que lo menciona, y junto a ello cantándole a las mulatas. Aquí van dos relativos al caso: 

Cienfuegos y el Damují
ardientes besos sonoros
Caibarién, cangrejos moros
y negra en Camajuaní.
De San Antonio a Maisí
desde el Sur al Septentrión
siempre unida al corazón
te llevé de tal manera
que donde fue mi galera
dijo Cuba su canción.

El otro:


Mulata, tú sabes bien
que yo te amé como un toro
olías a cangrejo moro
de Sagua y de Caibarién.
Sonora como un centén
era tu alegre cintura
tus senos en calentura
como de miel de corojo
humo de amor en tus ojos
y una pasión con ternura.
Cuando tu cuerpo y el mío
son dos gallos de pelea
allá en la hierba guinea
salta un caimán en el río…


Y quizás influenciado por Camín y su priorización por las mulatas, quiero regalarles a mis lectores este poema que recientemente acabo de concebir:


Solo para mí

Mira mi amigo, te sugiero
desdeña a las mulatas
son seres complicados
y no te va dar la cuenta.
Búscate otra mujer
acorde con tu raza
supuestamente blanca
y en lo real ambigua.
No te juntes con ellas
porque va y te lastiman
déjalas a mi cuenta
que yo sé cómo amarlas.

Emilio, agosto con calor.