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Cosme de la Torriente y la crisis bancaria de 1920

Jorge Renato Ibarra Guitart, 04 de julio de 2019

Un episodio complejo de la historia nacional en el que el entonces senador Cosme de la Torriente tuvo protagonismo, fue en la crisis bancaria de 1920. Algunos historiadores lo han responsabilizado de la quiebra de los bancos cubanos y españoles debido a las llamadas “Leyes Torriente”, que condujeron a la liquidación bancaria; previamente se habían ensayado otras propuestas como las de Dolz y Tarafa, sin éxito alguno1 . En realidad su intervención de último momento tuvo lugar cuando apenas habían salidas efectivas que pudieran salvar esas instituciones monetarias de la crisis profunda que enfrentaban. Sin embargo, varios autores argumentan que el sistema financiero nacional pudo sobrevivir si no se hubieran aplicado medidas tan extremas, también refieren que el código de comercio vigente en Cuba proporcionaba mayores posibilidades de perdurabilidad a las empresas con riesgo de quiebra.2

Diversos motivos dieron origen a la moratoria bancaria dictada por el Presidente Mario García Menocal; los mismos iban desde el anhelo nacionalista de algunos sectores de la burguesía por aumentar la renta azucarera hasta la irresponsabilidad de la banca radicada en Cuba. Esta última no prestó la debida atención a los cambios en el mercado internacional y se afanó en patrocinar una intensa campaña especulativa a partir de la retención del azúcar en los puertos. Los hacendados cubanos no concertaron con otros productores latinoamericanos una política dirigida a hacer sostenible precios relativamente altos y en un sistema liberal donde los Estados apenas intervenían en la economía, el libre mercado dictaba las pautas de todo. El solo hecho de que Cuba, en razón del tratado de reciprocidad comercial, tuviera la ventaja de pagar aranceles más bajos no garantizaba que otros productores de la región pudieran competir favorablemente en un escenario de precios elevados. Fue así que productores como México y Argentina ocuparon el espacio de los azúcares cubanos retenidos en los puertos sin que desde la mayor de las Antillas se reaccionara a tiempo para revertir esta situación. Al propio tiempo los sectores usureros de la Isla no supieron apreciar a tiempo la crisis que les acechaba, siendo el Banco Nacional que atesoraba los fondos del gobierno cubano, el que más debió estar alerta.

Por otro lado, los bancos estadounidenses que también se habían lanzado por el mismo camino se encontraban apoyados fuertemente por sus casas matrices. A Cosme de la Torriente se le atribuye haber favorecido a estos últimos con su propuesta de cese de la moratoria, aunque ciertamente el país se encontraba amenazado de caer en la ruina definitiva y no podía funcionar en medio de las restricciones financieras contempladas por esa medida de aplazamiento de pagos por tiempo indeterminado.

En esa circunstancia la acción de Torriente estuvo dirigida a destrabar el nudo que se había creado ya que en un régimen de libre mercado como el que existía en la Isla esta situación era insostenible, al respecto afirmaría:

Creo que los defectos que se pretende hallar en la Ley sobre liquidación de la Moratoria, se señalan sin recordar que el 31 de enero, si esa ley no se hubiera votado, la situación ofrecería iguales peligros a la del 10 de octubre de 1920 cuando el Señor presidente de la República dictó su decreto estableciendo tal moratoria. Entre no obtener nada y haber conseguido lo que dispone la ley (…) creo que existe una notable diferencia.

Debe recordarse, al formar juicio sobre este asunto, que el 75 % del comercio de Cuba se hace con los Estados Unidos; y que todos los intereses americanos afectados por la moratoria, desde hace muchas semanas se han venido oponiendo -apoyados fuertemente por su gobierno- a que aquélla continuara en vigor. Pensemos también que para algo Cuba vive la vida internacional; y que el Gobierno cubano no puede resolver nuestros asuntos interiores sin tener en cuenta los intereses extranjeros, al mismo tiempo que los nacionales, en la vida de relación mercantil.

                              (….)

Si no se hubieran votado ninguna de esas leyes, los banqueros y comerciantes se verían el primero de febrero compelidos a suspender pagos o a declarase en quiebra (…) y entonces sí que el desastre hubiera sido, como algunos anuncian, muy grande.

                             (….)

Las leyes del congreso obligarán a todos ahora a perseguir esas soluciones por medio de arreglos privados (…) no debe olvidarse que en negocios mercantiles (…) una inteligencia y hasta un mal arreglo son mucho más ventajosos y más útiles que acudir a los remedios que las leyes conceden.3

Debemos recordar que Torriente era partidario de mantener un modelo de relaciones de dependencia con los Estados Unidos que diera márgenes para la soberanía formal y el consenso burgués. Sus consideraciones giraban en ese entorno ideológico, lamentablemente la presencia hegemónica del capital estadounidense era una realidad que no se podía obviar a la hora de aplicar medidas macroeconómicas.  En cuanto a la crisis financiera que debutó con la moratoria bancaria, todas las alternativas presentes eran perjudiciales a Cuba; el país enfrentaba el riesgo de una parálisis general de la economía. Desde su condición neocolonial los cubanos poco podían hacer para revertir aquella situación crítica, de hecho no podían salvar su banca con recursos propios. Además el mismo aplazamiento de los pagos se estaba utilizando para cometer fraudes financieros, tampoco era previsible la obtención de un préstamo urgente de una entidad extranjera que pudiera salvaguardar a los bancos de la quiebra. El Comité de Ventas de azúcar de los hacendados cubanos, en su afán por asegurar ganancias máximas al país, cometió el error de jugar con las mismas cartas de Washington que no eran otras que  las de la especulación desenfrenada. Cualquier salida propuesta terminaba enredada en la red de la estrecha dependencia de Cuba a los Estados Unidos. A menos que se planteara una ruptura revolucionaria con todo ese sistema neocolonial lo cual no estaba en la agenda de los principales actores políticos del momento.

 

Notas

 

1 Los autores a los que me refiero son Oscar Pino Santos, Jorge Ibarra Cuesta y Rolando Rodríguez. En cuanto a las soluciones ofrecidas por Dolz y Tarafa debemos recordar que ambas dependían de que la banca estadounidense concediera un crédito amplio que terminaría endeudando al país todavía más. La suscrita por Dolz también proponía hacer un cambio de moneda y limpiar las finanzas lo cual podía generar inflación de precios e inestabilidad económica, la segunda planteaba que además de negociar un crédito se debería implantar en Cuba el sistema de la reserva federal estadounidense. 

 

 

 

2 Me refiero sobre todo a Oscar Pino Santos quien parte de las consideraciones originales de Henry C. Wallich. Ver: Pino Santos, Oscar: Cuba, historia y economía. Ed. Ciencias Sociales, La Habana,1983. p. 449.

 

 

3 “Para liquidar la crisis” publicado en Mercurio y La Discusión, 31 de enero de 1921. En: Ibidem p.148-150.

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