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A veces tengo ganas de ser (entre otras cosas) cursi

Ricardo Riverón Rojas, 28 de mayo de 2019

¿Existe alguna forma más eficiente de decir "te amo", o "me muero sin ti" que hacerlo con todas las letras que configuran las frases? Acaso el prurito clasificatorio nos impida expresarlo públicamente, aunque en el paladeo amatorio, ningún arma como la ternura y la exaltación. Rubén Darío, sin mucho miramiento confesó en su poema titulado "Que el amor no admite cuerdas reflexiones": Señora, Amor es violento, / y cuando nos transfigura / nos enciende el pensamiento / la locura.

Pudieran decir que también dijo: "quién que es, no es romántico" y, ciertamente, más que proclamarlo, lo asumió con todas las resonancias de sus impecables hemistiquios.

Lo romántico identificado con el arrebato, con el impulso irrefrenable; he ahí una de las etiquetas más socorridas para el impulso lírico y la efusión sentimental. Pobre de aquellos que solo alcanzan a ver un estilo y no una esencia en el papel de los sentimientos para el automático accionar del hombre. Si bien es cierto que el propio Darío, matizándolo todo con el refinamiento de los ambientes palaciegos y los paisajes inefables, les restó peso específico –con lo cual le dio vida al modernismo– también lo es que los incorporó, con similar empuje, a su nueva visión de lo poético. Veamos si no un fragmento de "Yo persigo una forma": Yo persigo una forma que no encuentra mi estilo, / botón de pensamiento que busca ser la rosa; / se anuncia con un beso que en mis labios se posa / el abrazo imposible de la Venus de Milo.

La rosa, el beso imposible, los labios, el abrazo, el botón, lo inefable, tópicos sensoriales que los románticos acunaron prolijamente. Ver en el amor de la pareja el sentido de la vida impulsó al cantor Joaquín Sabina, ya en plena posmodernidad, a un delicioso juego de ingenio, donde lo referencial se demarca en los vertiginosos aconteceres cotidianos para concluir, con un ritornelo trágico-sarcástico: Y morirme contigo si te matas, / y matarme contigo si te mueres / porque el amor cuando no muere mata / porque amores que matan nunca mueren.

No son pocos quienes cierran sus puertas radicalmente al decir centrado en la efusión sentimental. Sin embargo, ni siquiera un antipoeta fundacional como Nicanor Parra lo hizo, aunque en lo humilde de sus escenas hiciera descender a las musas, del Parnaso a la aldea: Juro que no recuerdo ni su nombre / mas moriré llamándola María, / no por simple capricho de poeta, / por su aspecto de plaza de provincia. De esa forma introduce en lo inefable amatorio al personaje anodino que solo exhibe su parca condición de persona común.

Y siguiendo con el ejemplo del chileno, ¿podríamos negarle la sal romántica a estos versos?:

Cuando pasen los años, cuando pasen
los años y el aire haya cavado un foso
entre tu alma y la mía; cuando pasen los años
y yo sólo sea un hombre que amó,
un ser que se detuvo un instante frente a tus labios,
un pobre hombre cansado de andar por los jardines,
¿dónde estarás tú? ¡Dónde
estarás, oh hija de mis besos!

La promoción de los 80 cubana, como rompió, con portazo, con su antecesora coloquialista, se centró en la vuelta al decir clásico, una norma donde la efusión sentimental no reportaba muchos créditos. Aunque a decir verdad, en lo variopinto de ese grupo se localizan también algunas voces, como la de Frank Abel Dopico, Jorge Luis Mederos, Alberto Rodríguez Tosca y Ramón Fernández Larrea, para citar solo cuatro, donde aquellos enfoques no se perdieron totalmente.

Podríamos decir que en aquellos años en nuestro país, tan dado al parricidio literario, la poesía coloquial fue decapitada en la plaza pública, con pitos y fanfarrias convocando a todos. Luego volvería, con una segunda cabeza, aupada por voces de los mismos que antes la repudiaran, aunque, también con otras calidades. Pero aún así, no recuerdo a un poeta que, para expresar las venturas y veleidades del amor, se nutriera de un arsenal simbólico diferente al que animó a los románticos. Cambian la enunciación, la tropología, el trasfondo y hasta la anécdota, pero no la esencia. Hasta la poesía homoerótica –de tan poco esperada y hoy profusa tradición pública– bebe de esas aguas.

El canto a la pareja pasó a formar parte, en un momento de nuestra dinámica, del inventario de los temas demodé. De finales de los setenta a acá la densidad amatoria de los poemarios descendió notablemente cediendo protagonismo a los textos de tesis existenciales o de reverencia cultural. No obstante, cuando  lo erótico aparece, le resulta muy difícil eludir la masa metafórica de aquellos abuelos.

Un ejemplo (bueno) de lo dicho antes podemos hallarlo en el poemario Miniatura con abismo, de Alberto Sicilia, publicado por la editorial Letras Cubanas en 2008:

TIEMPO
Por la calle Alemán amaneciendo,
pensando en alemán
como un fatuo Fausto de provincia.

Por Castalia al atardecer,
con palabras de una hispánica fragancia,
describo la semejanza entre tú y la mañana,
ente la tarde y tú.

Por el parque nocturno,
guiado por el insulto del alumbrado público,
y por el recuerdo de tu noche,
la exacta semejanza en su misterio,
con esta noche solar prefabricada,
tan cerca de ti,
y de tu mundo. 

El poema en cuestión fechado en 2004, apela a términos como el amanecer, la fragancia, la mañana, la tarde, la noche, el misterio, y aunque los somete a cierta corrosión irónica, termina asumiendo su influjo positivo, con lo cual reivindica de algún modo la ascendencia romántica.

Mi planteamiento final es que, tras los desmontajes conceptuales de la globalización posmoderna, en la amplitud del closet donde entra cualquier traje, la poesía sigue y seguirá elaborando sus vestiduras con los mismos tejidos, aunque los modelos cambien y regresen en el incesante péndulo de la receptividad; poco importa que en ocasiones esos trajes no sean más que disfraces para escamotear lo que siempre será patrimonio de la sentimentalidad humana. La breve oración "Te amo" siempre carecerá de sinónimo o construcción que la supere.

Con rima o sin ella, más metafórica o más conceptualmente, con mayor frialdad o carga emotiva, la poesía que le canta al amor no puede desprenderse definitivamente de las comparaciones del cuerpo con la naturaleza, de la referencia a cuerpos que se acercan y tiemblan, del beso que lo sella todo.

Santa Clara, 27 de mayo de 2019
 

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