Apariencias |
  en  
Hoy es lunes, 26 de agosto de 2019; 1:56 AM | Actualizado: 23 de agosto de 2019
Búsqueda de artículos
título
autor
Artículos en esta columna: 162 | ver otros artículos en esta columna »
 
Página

Homenaje a Sergio Valdés Bernal

Luis Álvarez, 18 de marzo de 2019

El premio de Ciencias Sociales es, oficialmente, uno de los dos premios de relieve mayor en toda feria del libro cubana. El otorgamiento a Sergio Valdés Bernal en su última edición tiene, sin embargo, una significación colateral. En efecto, el destacado intelectual galardonado ha sido uno de los pocos agraciados con ese galardón —junto con Fernando Martínez Heredia, Ana Cairo Ballester, Rogelio Martínez Furé— que no es un profesional de la historia. Pues, en verdad, el Premio de Ciencias Sociales ha sido asignado, a lo largo de su existencia, sobre todo a historiadores. Ningún musicólogo, un teatrólogo, un sicólogo social o un sociólogo, han recibido un galardón tan significativo.

Con la entrega este año al Dr. Valdés Bernal, por fin un lingüista alcanza, por razones más que merecidas, un reconocimiento de tanta importancia.

Sergio Valdés Bernal tiene un impresionante currículo académico: Fue uno de los primeros becarios cubanos en la prestigiosa Universidad Carolina de Praga. Cursó estudios universitarios en la Facultad de Filosofía de la Universidad Carolina de Praga, donde obtuvo los títulos de Máster en Filología Checa y Rusa (1968), doctor en Filosofía con especialidad en romanística (1975) y M.Sc. en Eslavística (1969). En Cuba obtuvo el título de doctor en Ciencias Filológicas. Su sistemática cuanto notable labor como lingüista, así como su infatigable trabajo como profesor universitario —los centros de Educación Superior de Camagüey han tenido el privilegio de contar varias veces con sus cursos y asesoría—, sus destacadas publicaciones especializadas, le han merecido la pertenencia a diversas asociaciones profesionales, tales como la Asociación de Lingüistas de Cuba, el claustro de profesores titulares de la Universidad de La Habana; la condición de miembro de número de la Academia de la Lengua de Cuba, así como la de miembro correspondiente de la Real Academia Española y de la Academia Norteamericana de la Lengua Española. Asimismo es socio de número de la Sociedad Económica de Amigos del País, de la Cátedra de Antropología de la Universidad de La Habana, así como de la Fundación Fernando Ortiz, y la de miembro del Consejo Científico de la Comisión Nacional de Patrimonio Cultural.

Sus artículos y libros especializados se han concentrado en un terreno fundamental para el conocimiento de la identidad cultural cubana, pero que también es campo de muy difícil acceso y que exige una vocación, un profesionalismo y una aptitud investigativa particularmente afiladas, capaces de moverse a la vez en el área de dos ciencias complejas e interconexas como la lingüística y la antropología. A tales características personales se han debido libros de tanta magnitud como:

• Indoamericanismos no aruacos en el español de Cuba (Lingüística), 1978, L, 80 pp.
 Los indoamericanismos en la poesía cubana de los siglos XVII, XVIII y XIX (Lingüística), 1984, L, 143 pp.
 La evolución de los indoamericanismos en el español hablado en Cuba (Lingüística), 1986, L, 185 pp.
• Las lenguas del Africa subsaharana y el español de Cuba (Lingüística),1987, L, 112 pp.
• Visión lingüística del Africa al sur de Sahara (Lingüística), 1990, L, 311 pp.
• Las lenguas indígenas de América y el español de Cuba (Lingüística), 1991, L, tomo I.
• Antropología linguística. Ed. Nuevo Milenio, 2009.
• La hispanización de América y la americanización de la lengua española, Editorial UH, 2013. Premio de la Crítica Científico-Técnica 2013


No puedo caracterizar en tan breve tiempo la obra completa de Sergio Valdés Bernal.  De modo que me referiré a su más reciente manuscrito —que espera ver la luz en la Editorial Universidad de La Habana—. Me refiero a una obra tal relevante como La conquista del archipiélago cubano.

El método  histórico-comparativo  y los trabajos  de  H. Schuchardt  han   resaltado que  el  desarrollo  de  un idioma por su dinámica  interna  sin  agentes exógenos  es  un ideal  que  apenas  llega  a  realizarse. Lo  común es  que  los grupos humanos —y con ellas sus  lenguas— se extiendan  más allá de sus fronteras, lo  cual  provoca cruces  e interferencias  lingüístico-culturales  en los grupos  implicados  en  ese  encuentro. De modo que la historia  de las  lenguas es, en esencia,  situaciones  de contacto  y   de los  conflictos  que acarrean.

El  intercambio entre diversos grupos humanos  favorece  la  incorporación  de neologismos  y préstamos entre los sistemas participantes en dicho proceso ante la necesidad  de nombrar  nuevos  objetos, ideas  y  relaciones sociales. Numerosas  de estas formas suelen  incorporarse  sin  ninguna alteración. Sin  embargo, con frecuencia, se adaptan  a  la grafía  o  fonética del idioma que las recibe. Cuando  esos términos  adquieren  acepciones diferentes  a  las originales, suele dificultarse   el  intercambio  entre  la cultura  receptora  y  la  “prestamista”.

El contacto también  puede  dejar  huellas  en  la fonética. Los especialistas han destacado  que en este  plano las  modificaciones  son  causadas  por  la  influencia de  sustratos y adstratos. Por ejemplo  Malmberg  atribuye  el   vocalismo  del  español de  Paraguay a  la lengua guaraní y la entonación característica del español en México al nahualt. Aun cuando el  nivel morfosintáctico es más conservador, no está  exento de transformaciones  por situaciones de contacto. Con  el tiempo  estas  innovaciones  se van  asentando por  una  suerte endosmosis  insensible , sin   que los  hablantes  del  idioma receptor  conozcan la  procedencia de muchos  de  los términos o  giros empleados  en  su comunicación  cotidiana.

El grado  de intensidad  de  los  influjos idiomáticos  puede  ser considerable  en situaciones  de  contacto asimétricas: conquistadores-conquistados, países  de gran  desarrollo  económico y  científico-técnico  frente a naciones  en  vías   de  desarrollo. Estas relaciones siempre  generan  conflictos  que  o bien  amenazan  la   estabilidad  del idioma  autóctono  en un territorio  etnohistórico o bien provocan  la   imposición  de la lengua del grupo dominante en todas  las  esferas  de la comunicación.

F. de  Saussure distinguió dos  movimientos  contrarios  que  entran en juego  en las  situaciones  de  contacto ( fueran  del tipo que fueren) :  el espíritu  de campanario  y  el gregario. El primero  expresa todo lo  que estrecha los lazos  de  unión  entre  los  miembros  de   una  comunidad.  El segundo, en  cambio, representa aquello  que  los diferencia o separa. 

La lengua  es  el  eje  en  que actúan esas dos  tendencias: es símbolo de  identidad  entre sus usuarios , expresión  de  sentimientos,  experiencias  y conocimientos que  se  transmiten  socialmente,  a la vez  resulta  índice  de los  elementos de desunión  entre los grupos  en  que se estructura dicha comunidad. Algunas  de  las diferencias entre   estos grupos  no quebrantan, necesariamente , el sentido de pertenencia  o  identidad  a una comunidad  de  lengua. Pero otras lo  debilitan o pueden vulnerarlo. El encuentro  con otras culturas activa las fuerzas gregarias y  favorece  la  difusión de  elementos  innovadores.

Hay  otras  causas   que  impulsan  la incorporación  de  préstamos:

1) El prestigio del  impulsor  de  las  innovaciones.
2) La recepción de quien(es) las escuchan. 
3) Las circunstancias socioculturales e históricas en las que aparecen 
4) E l potencial  de recursos lingüísticos de la lengua receptora
5) L a  función  de   los organismos macrodifusores en la permanencia  o proscripción de las formas  innovadoras.  La inestabilidad que ocasionan las interferencias  a partir del contacto  hace necesario la implementación  de  estrategias encaminadas a la normalización.

Las  situaciones  de contacto asimétricas: conquistadores-conquistados, países  de  gran desarrollo económico  y científico-técnico  frente a  naciones emergentes suelen  amenazar  la estabilidad de  la lengua  de  la comunidad etnohistórica dominada e incluso podría  desplazarla  por la  del grupo dominante. Muchos  de  los conflictos  de esos choques desequilibrados aún  se mantienen y  han centrado la atención de los  especialistas  por su importancia en  el origen de  lenguas o  dialectos.

De  los disímiles   contactos  desequilibrados, el  encuentro del  español  con las lenguas  indígenas como resultado de la conquista y  colonización del Nuevo Mundo  ha sido uno  de  los más  estudiados, porque tanto en la conformación como en el desarrollo del  español  americano se revelan tendencias generales  en la evolución  de las lenguas, cuya  explicación  resultan de interés para la lingüística  histórico-comparativa  para  el desciframiento de  cruces  e interferencias de  índole diversa. 

Según  Rosenblat, Bartos  y Alvar entre los aspectos de importancia en  relación con la extensión  del español más allá de la Península se destacan las  siguientes:

1. Convergencia/  divergencia  entre  el español  peninsular y  el americano.
2. Establecimiento  de zonas dialectales.
3. Estudios monográficos sobre  las distintas variedades.
4. Situaciones  de  bilingüismo o  diglosia.  

La conquista lingüística  del archipiélago cubano  se   inscribe  en el tercer tipo de  estudios. El  volumen  ofrece  al lector información  actualizada sobre los aportes de diversas culturas en  la evolución  del español en Cuba. Su autor, Sergio Valdés Bernal, máximo representante  de la  lingüística  antropológica  en  la Isla, ha dedicado  su labor investigativa,  ensayística y  docente  al estudio de los nexos entre  lenguaje y cultura.

Estructurado en diez  capítulos y alejado  de tecnicismos  que dificulten  la  interpretación  de  las  ideas  sustentadas  por  su  autor, el presente libro  profundiza  en  varios de los  temas  de  reiterado  interés en las publicaciones del  especialista:

a) Circunstancias socio-históricas  de la conquista.
b) Influjo  de  las lenguas amerindias.
c) Intensidad del contacto con otras lenguas  durante  la colonización. 
d) Impronta  de  la presencia subsaharana  y su importancia en el  origen  de  lenguas  especiales y  jergas. 
e) Modalidades de  coexistencia entre razas y grupos sociales.
f) Dicotomía entre el campo y  las capitales (consecuencia de  la índole de las economías caribeñas históricamente monoproductoras) y su relevancia en las matizaciones dialectales.
 

Consciente de que toda historia tiene lagunas o períodos insuficientemente conocidos, el  autor  se  apoya  en los hallazgos de los estudios arqueológicos, para reinterpretar nuestro pasado  a  partir de  evidencias materiales. Asimismo  aboga por vínculos más estrechos entre antropólogos y lingüistas para  el  análisis de  las relaciones históricas  entre lenguas.

Si bien en varias de sus obras, el autor se apoya  en los presupuestos del método  genético  así  como además en el modelo del árbol genealógico —muy empleados en los manuales de historia comparada para  establecer las  relaciones  de parentesco lingüístico—  en  el presente libro se acerca más a los principios  del comparatismo  moderno, que considera inadecuadas  dichas propuestas pues establecen un falso paralelismo entre especies biológicas claramente  diferenciadas  entre  sí  y variedades idiomáticas, que sólo pueden definirse  como el cambio de  un  estado  de diversificación en otro; es  decir, con tendencias  en pugna cuyo avance o retroceso está determinado por  múltiples causas.

Como  paso  previo a la descripción  de la época en  que se produce el  arraigo del español  en el archipiélago cubano, el autor  caracteriza  la situación de  la península pirenaica  en etapas anteriores  a  la conquista  con lo  cual  intenta  atender  a los otros dos grandes  temas de importancia establecidos por los  estudiosos en relación con el choque  entre  el español  peninsular y las lenguas indoamericanas: esto es  convergencia/divergencia y  zonas dialectales. 

A partir del contraste  entre una Hispania indoeuropeizada  y otra iberotartesia con  la zona vasca como apéndice/espacio en  donde convivían  poblaciones de  origen  celta, libio y bereber, entre otras, se destacan dos factores que distinguen ese periodo: la fragmentación tanto social como geográfica  y la transculturación. Aun  cuando la  romanización intentó establecer  fronteras para  un mayor control entre las tribus, ambos procesos continuaron de  forma indetenible.

De no  ocurrir la conquista  árabe  —y  su larga  ocupación—  el contacto entre esas poblaciones habría dado  origen  a  una variedad de lenguas  y dialectos(con  numerosos rasgos comunes) agrupados  en  torno  a  los lugares  de  mayor vitalidad. La reconquista  fue extendiendo   el  castellano de  norte a sur. A derecha  e izquierda del  habla de Castilla  se conservaron  elementos  de los grupos que  habitaban  en la península  pirenaica  en los dialectos de León y de Aragón. 

A medida que se  extendía  la reconquista al territorio de Andalucía, se propagaron rasgos lingüísticos que se debían al contacto con otros dialectos (como por ejemplo el mozárabe): todo  ello influyó  en la estructura interna del castellano. La procedencia de  los repobladores de la zona andaluza  era muy  variada  por lo que estas innovaciones tendrían  un carácter nivelador  y simplificador. 

Un segundo  aspecto examinado por  el autor  es el fenómeno de criollización cultural y lingüística como resultado del choque entre  el español  y las lenguas indígenas. Valdés Bernal  expresa que los descubrimientos arqueológicos han revelado  que el archipiélago cubano estaba habitado  desde hace  más de  siete mil  años, lo  cual  apoya la hipótesis de una variedad  antillana   conformada  con  elementos de los pueblos amerindios que transitaban por  las  islas. Se refiere, además, a las principales vías de procedencia  de los pobladores amerindios. El hecho de que  tanto la conquista como la colonización en  la etapa inicial fuera empresa de hombres solos, por razones obvias, propició el mestizaje cultural y lingüístico.

Es necesario destacar que en relación con el legado indoamericano  al español  se encuentran puntos de contacto entre este volumen y La aventura  del español de América de  Humberto López Morales. En esta  última  obra se hace referencia  no solo a  las voces indígenas que llegaron  al español  general sino inclusive  a la literatura y se hace  mención de  las palabras relativas a la flora y la  fauna, empleadas  por Silvestre de  Balboa en Espejo de Paciencia.

Otra  coincidencia entre la obra  de López Morales y la de Valdés  Bernal es la importancia que  ambos autores le otorgan al componente migratorio en  el arraigo y  extensión  del  español en el Nuevo Mundo.  Fernández  de Oviedo, cronista de Carlos V, ya había relatado en su  Historia general  y natural  de las Indias las  discordias entre  los primeros colonizadores, las  que atribuyó a  su  diferente origen  provincial. Para  estos  especialistas el  insuficiente  conocimiento  de  los flujos migratorios (tanto  en forma ordenada  como ilegal) dificulta evaluar qué  importancia tuvo dicho factor  en  la  evolución del español americano. 

Con la introducción  en la Isla de poblaciones de  las distintas  regiones subsaharanas a medida  que la trata negrera  se fue desarrollando, se inició la convivencia  de la lengua  con las que procedían de África. Los esclavos  llegados a América no poseían  en general un  criollo de base léxica portuguesa que les permitiera comunicarse. El hecho de  que  hablaran lenguas  diversas fue  aprovechado  por  los esclavistas en  su beneficio para organizar las  cuadrillas  con africanos que no se entendían entre  sí. Ello obligó a los negros a incorporar  la lengua de sus explotadores. Valdés Bernal explica  que, al producirse  el cruce hispanosubsaharano en  el cual participan los préstamos del  árabe, la  lengua española había pasado  por  una koienización que le permitió dar  respuesta  a las necesidades de comunicación en el Nuevo Mundo.

En todas  las publicaciones de Valdés  —y esta no es una excepción— el léxico constituye un puente entre  antropología y lingüística. El  autor se  refiere a  los campos semánticos en los que se  producen los  influjos  idiomáticos: principalmente la flora  y  la  fauna  en  el caso del legado amerindio  así como el  de los  cultos religiosos en lo concerniente a  las lenguas  subsaharanas. Asimismo señala que es necesario la revalorización  de  ese legado y su  vitalidad. En este punto coincide  con  las ideas de H. López Morales, quien  señala también que   investigaciones  sobre  disponibilidad o  riqueza léxicas pueden revelar  cuánto de esos aportes se  encuentran vigentes  en  el español coloquial.

La  conquista del archipiélago  cubano  no se limita al influjo indoamericano o subsaharano en  el  español  en Cuba  sino que analiza  el aporte de otras culturas,  algunas de las  cuales  como  las de Malasia u Oceanía resultarán sorprendentes para  el lector. 

Se ha  repetido  hasta el cansancio que  el lenguaje es vida. Esta imagen significa  que es expresión y reflejo de  las peripecias de  sus hablantes, de sus alegrías  y avatares,  en síntesis, de lo  que nos identifica  como miembros  de una comunidad  y que suele activarse ante  elementos  disgregadores. Este libro nos  ofrece  un capítulo de nuestra vida, del largo y complejo, que hizo del español  símbolo de nuestra identidad  y de nuestra cosmovisión. Es  además una invitación a continuar  profundizando en su estudio para el esclarecimiento de lagunas o  aspectos insuficientemente conocidos. A ello nos convoca  Sergio Valdés  Bernal.    
 

Un joven llamado Fidel Alejandro
María Luisa García Moreno
La paloma de vuelo popular
Nicolás Guillén
Enlaces relacionados
Reforma constitucional
Decreto No. 349
Editorial Letras Cubanas
Editoriales nacionales
Editorial Capitán San Luis