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Noticias varias sobre poetisas cubanas del XIX

Virgilio López Lemus, 06 de julio de 2018

Confieso que no me ha gustado mucho a lo largo de mi labor como estudioso de la poesía, separar por sexos a los poetas de todos los géneros, incluso de las variantes sexuales homoeróticas. Pero el asunto se me ha impuesto en dos o tres ocasiones, muy a mi pesar, pues considero que la poesía, ella por sí misma, no tiene que definir sexualidades, aunque sea imperiosa la expresión identitaria del propio poeta. Así, se me ha acumulado un grupo de datos sobre mujeres poetas de Cuba, que valdría rescatar aquí, con el interés de no ser (muy) repetitivo sobre lo ya conocido al respecto.

Joven el siglo XVIII, nació la marquesa Jústiz de Santa Ana, era 1733, quien moriría en los inicios del siglo siguiente (1807). Ni imaginó que en Cuba creciera un movimiento poético romántico, pero la dama debió leer poesía alemana, quizás, y saber algo de los románticos ingleses. Ella se hizo célebre sobre todo por protestar: "Dolorosa y métrica expresión" fue su memorial en décimas al monarca español Carlos III, como reprobación por la actitud de las tropas españolas ante la toma de La Habana por los ingleses. Ella tuvo a bien criar a un esclavo que trascendió: Juan Francisco Manzano, poeta de expresión más bien "blanca" o propia de la cultura española dominante, aunque él fuese un dominado, lo que expresó mucho mejor en sus memorias. Las décimas del memorial de la Jústiz han tenido valoraciones y desvaloraciones con los años, pero están ahí, son un documento digno de la historia de Cuba.

En los años en que la marquesa muere, una mulata hace sensación con sus décimas: Juana Pastor, sin fecha de nacimiento o muerte para ella, como ocurrió con tanto poeta improvisador, como ella misma fue. La vemos en obra solo por unas muestras que ofrece Samuel Feijóo en La décima culta en Cuba, y hay otras noticias de ella por escritos del crítico literario Aurelio Mitjans, y algo mencionó al respecto Mirta Aguirre, desfavorable el primero, valorizándola la segunda. Mucho más, no sabemos de tan mítica dama decimista. Y lo mismo sucede con una Rafaela de Vargas, también mencionada por Mitjans, pero de ella hay más fuentes vivas, pues hay décimas suyas en El parnaso cubano (1881), aunque los poemas parecen ser de 1807. De iguales fechas es una poetisa llamada Francisca González Ruz, conocida a través del mencionado libro de Feijóo.

Más se sabe de María de las Mercedes Valdés Mendoza, de quien se dice que nació en la ciudad de Matanzas, y otros la hacen nacer en Guanabacoa en 1820, pero en verdad fue conocida ya en La Habana en la tertulia de Nicolás Ascárate, y porque esta dama llegó a ver traducidos algunos poemas suyos al inglés. De la que sí se sabe que fue matancera es de Luisa Molina (1821-1887), dama lírica insertada en pleno romanticismo literario cubano, publicó algunos textos, pero su vida estuvo siempre sumida en la extrema pobreza, lo que no le permitió levantar la cabeza con su talento.

De todas estas damas de los inicios de la poesía en Cuba, es Martina Pierra de Poo, camagüeyeana (1833-1990) la que logró mejor despliegue, sobre todo porque participó en sucesos históricos como la conspiración independentista de Joaquín de Agüero alrededor de 1851, por lo cual tuvo que irse desde su Camagüey para La Habana con toda su familia, exilio interno, mientras se dedicaba también a la actuación teatral. Jesús Orta Ruiz rescata algunos poemas de ella en Décima y folclor. No mucho sabemos de Catalina Rodríguez de Mendoza (1835-1894), salvo que residía en La Habana, pero ganó unos juegos flores en Matanzas en 1876. Escribía décimas con cierta facilidad casi repentista, pero era una mujer de mediana cultura, que conoció Europa, por lo que quizás disfrutó de alguna opulencia vivencial.

Con Luisa Pérez de Zambrana se dividen las aguas femeninas de la poesía cubana. Con ella tenemos a la segunda muy notable poeta mujer de las letras en Cuba, habida cuenta de que era al menos veinte años más joven de otra mayor aún: Gertrudis Gómez de Avellaneda. De ambas pueden escribirse tratados. La primera coronó a la segunda en un acto en el Teatro Tacón, de grata memoria y de bonito gesto de amistad. Luisa era de El Cobre, cerca de Santiago de Cuba, y habría nacido entre 1935 y 1937; murió en Regla cercana a los noventa años y ya sin familia, pues todos murieron a lo largo de su vida. La Avellaneda vivió casi toda su existencia creativa en España, donde alcanzó a ser la mujer más importante de la literatura española del  siglo XIX. 

En las noticias del devenir romántico decimonónico, tras estas dos cumbres femeninas, hay otras figuras que no levantaron tanto el cuello lírico, pero de gratas obras menores, como Úrsula Céspedes de Escanaverino (1832-1874), mujer docta, sabia en música, que llegó a fundar en Bayamo una escuela para mujeres, y una revista llamada El Céfiro. De Adela Saínz de la Peña solo se sabe que fue una cienfueguera distinguida, y Feijóo rescata algo de ella en La décima culta en Cuba. Más célebre llegó a ser Adelaida del Mármol (1846-1857), quien solo vivió diecisiete años y llegó a traducir a Byron; de ella pueden localizarse poemas en diversas colectáneas. Un interesante soneto suyo está dedicado a Luisa Pérez de Zambrana. De igual época, pero sin que pueda dar sus fechas de nacimiento y muerte, es Isabel Machado de Arredondo, de la cual Feijóo rescata unas décimas.

De medio social culto fue Domitila García de Coronado (1847-1937), quien llegó a publicar poemas en El Céfiro, junto a la Estévez y la Esnanaverino. Esta señora vivió en varios sitios cubanos, nació en Camagüey, residió en Manzanillo, murió en La Habana, y su mejor celebridad consiste en haber armado el Álbum poético fotográfico de escritoras y poetisas cubanas, quizás la primera antología de mujeres poetas de Cuba. 

Coetánea suya, Aurelia Castillo de González, pura camagüeyana, nació en 1842 y murió en 1920. Como vivió en España (era esposa de un militar español) pudo relacionarse con el ambiente cultural de la metrópoli, publicó en numerosos medios, pero de manera peculiar sufrió dos expulsiones de Cuba: una cuando su esposo fue dado de baja del ejército en la década de 1870 y otra vez cuando en 1896 tuvo algunas actitudes cercanas al independentismo. Regresó a la Isla y fundó la Academia Nacional de Artes y Letras ya en la República. Con esta dama, ya podemos decir que la poesía de Cuba tenía mujeres de primera línea hasta el siglo XIX, aseguradas por el renombre de la Avellaneda y de Luisa Pérez.

Entraba el siglo XX, cuando el número de ellas creció de manera muy visible, desde la gran Mercedes Matamoros. A veces olvidamos la gala que estas mujeres dieron a la poesía de Cuba desde los finales del siglo XVIII hasta la naciente República. Simple pase de lista el mío basta para rendirles homenaje de recordación.