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Atento a Liliana Rodríguez

Virgilio López Lemus, 19 de abril de 2017

Liliana Rodríguez (Puerto Padre, 1992) es una poeta doble: de la oralidad (canta bellamente décimas, es una improvisadora), y de la escritura. De este último rango creativo es su libro de poemas Crepusculares (2014), en el que la artista de la palabra hace gala de madurez y bien decir. Ella domina la estructura de la décima espineliana con una facilidad de asombro, pero no se queda en la clásica composición en octosílabos, sino que muestra en el libro un dominio formal de diversos metros, pues se trata de un ejercicio de audacia creativa.

Lo primero que sobresale, tras ese encanto formal, es su dicción clara, de mujer que ha leído buena poesía y es capaz de volar sobre ella sin imitación, pero con un trasfondo que le permite tratar temas tan «eternos» como el amor, la muerte, el misterio vital, el estar aquí y ahora, con grados existenciales y cierta expresión del goce de vivir. La ruptura de la tradición espineliana se produce de formas diversas, una de ellas es el uso de la rima asonante, tan poco típica del decimismo hispano: «Beberse el té, y con el té / el descuido, la palabra, / el aire, tu propia llama / y arder por dentro y arder…»

Resulta que los poetas nacidos tras 1960 se han sentido, al parecer, abrumados por el ritmo constante de la forma de la espinela, y la han transgredido de formas tan diversas como las que ensaya Liliana en su libro: imitando prosa, cortando los versos por sus encabalgamientos, diluyendo la décima en composiciones inspiradas en ella, pero que por la cantidad versal y la disposición de los propios versos ya no pueden considerarse estrictamente décimas. Pero es peculiar que Liliana, como buena improvisadora, trata de respetar el patrón abba.accddc, y lo hace con endecasílabos o con los clásicos octosílabos, aunque a veces vaya más allá, omitiendo la pausa en el cuarto verso.

El conjunto, más allá de estos asuntos formales, presentan a una poeta que desea dos asuntos esenciales: 1) la comunicación con sus posibles lectores, 2) las referencias cultas o poéticas, haciendo citas de variados autores, tomando temas de ellos para componer sus estrofas. Creo que uno de los mejores ejemplos es este valioso texto Crónica del ausente, en el que Rainer Maria Rilke sigue vivo entre los nuevos lectores cubanos; Liliana Rodríguez glosa o comenta al poeta:


He dejado París hace unos días
como quien deja máscaras detrás,
la vana superficie, el antifaz,
el soplo de metal, las profecías.
He dejado París hace unos días.
Quién notará mi ausencia sobre el muro,
a quién le está doliendo mi futuro,
quién pregunta si acaso soy feliz
sobre estas yerbas blancas
si París
es algo más que un horizonte oscuro.


La poeta que es Liliana desentraña la emoción que Rilke oculta, al regresar a Worpswede, donde le esperan su esposa y su única hija. La poeta cubana logra captar una emoción oculta en un simple párrafo del poeta de lengua alemana al irse de su amada Francia. Creo que es un muy buen ejercicio lírico, un poema en dos décimas muy logradas, porque ella acopla la forma, el contenido, la emoción y lo anecdótico convertido en estremecimiento. Y no es que busque en lo literario un alejamiento de la vida en torno, pues lo que importa a la poeta sigue siendo su aquí y ahora, su transcurso vital, también expresado en otras páginas de su libro.

Es de esperar que Liliana Rodríguez ofrezca una obra cada vez más brillante. Que se convierta en lo que tiene capacidad de ser: una poeta decisiva en el transcurso lírico cubano. Ha demostrado que como improvisadora tiene un camino seguro, ella es una excelente repentista, ha obtenido premio por esa labor. Pero la duplicidad poética es bien difícil, son dos caminos diferentes, la oralidad y la escritura, no sabrá por momentos distinguir esos rumbos, ¿o sí? ¿Crepusculares no es ya una muestra de ello, de fusión y armonía entre dos expresiones diferentes del arte poético?

El camino poético es ancho, pero empedrado. El poeta corre por él sin meta, rehaciéndolo al andar, borrándolo a su paso, porque es un camino único para un caminante solo. La buena poesía no escoge frasco especial, la forma y el contenido deben, eso sí, viajar en armonía. Esperemos que la huella de Liliana sea profunda.

 

Editado por Yaremis Pérez Dueñas
 

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